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Vélez Sarsfield. Se legisle a favor de la costumbre de los Pueblos

El cordobés junto al tucumano Juan B. Alberdi dieron las leyes fundamentales a la Argentina. Hace 151 años la mente de la organización legislativa legó un código asentado liberalmente en la propiedad y católicamente en la familia.

Hasta que en 2015 el gobierno de Fernández de Kirchner puso en vigencia el Código Civil y Comercial, Ley 26994, nos regíamos en nuestra vida cotidiana por un cuerpo escrito hacía 145 años. Con algunas modificaciones había llegado casi intacto el texto principal que demandó una titánica tarea a Dalmacio Vélez Sarsfield. Ciclópea labor de cuatro años para el doctor Mandinga, apodaban los porteños que lo veían pasear severo por la calle Rivadavia, a metros de su buffet. Para 1865 era un personaje legendario de los avatares de un país. Vélez Sarsfield estuvo en el Congreso unitario de 1826, alabó y denostó a Juan Manuel de Rosas por igual, y  fue un pandillero de la Buenos Aires sesionista después de Caseros y,  más tarde, un firme defensor de las soberanías provinciales en la Convención de 1860. Admirado por los contemporáneos, consultado por unitarios y federales, Vélez Sársfield sintetizó el pensamiento liberal, con los retoques criollos, impresos en las leyes fundamentales en vigencia “Me hago un deber –dijo el presidente Sarmiento en 1872- en expresar ante el país un sentimiento por la reciente renuncia del ministerio del Interior, que deja como actos suyos en la vida nacional, los Códigos Civil y Mercantil, el primer censo de la República (1869) y la red de telégrafos. El doctor Vélez Sarsfield al dejar por su edad avanzada el ministerio, se retira igualmente de la vida política y he creído que este hombre excepcional y sus prolongados servicios me autorizan a unas palabras en su honor”, con el aplauso cerrado de un recinto que lo había tenido a Vélez Sarsfield en el debate de las leyes más relevantes desde la federalización de Buenos Aires a la creación de la banca nacional “No he faltado un solo día”, se congratulaba el Viejo Vélez Sarsfield. Y  el objetivo cumplido de un legislador que organizó la Nación confiando en las autonomías de sus hombres.

A pesar de que habían compartido el exilio montevideano y las conspiraciones contra la Confederación Argentina presidida por Urquiza, las relaciones entre Bartolomé Mitre y Vélez Sarsfield jamás fueron cordiales. Dalmacio despotricaba contra “la miserable nulidad de Don Bartolo”, criticó las historias de Mitre de Belgrano y San Martín, “parecen la vida de un zonzo escrita por otro zonzo”; algo que Mitre devolvió en andanadas lapidarias a los escritos de derecho entre el Estado y la Iglesia de Vélez Sarsfield (realizados a pedido de Rosas en 1850, publicado una década después, sin embargo son el directo antecedente del código civil en cuanto al matrimonio)  Sin embargo el presidente Mitre en 1862 reconocía la capacidad intelectual y jurídica del cordobés y lo nombró al frente de la política económica, dictándose así las primeras leyes ferroviarias, el Código de Comercio –en el cual colaboró en la redacción, el primer código del nuevo Estado- y la nacionalización de la aduana. Este debate, y un áspero cruce con José Mármol, devino en un hombre mayor, de 61 años, el impulso de abandonar el gobierno nacional. Pero el afán de Mitre de institucionalizar el país pudo más y el 20 de octubre de 1864 dictó un decreto encomendado a Vélez Sarsfield el Código Civil.  

“No me parece hacer el código civil que debe regir en la República Argentina, sino principiar la obra, y poner en las fórmulas del proyecto, los problemas jurídicos, que otros hombres y otros conocimientos a los míos deben resolver. Esta es la conciencia y el objeto con que acepto el honroso cargo que me ha hecho el gobierno nacional”, quizá Vélez Sarsfield recordando cómo había sido rechazado por sus comprovincianos con la Constitución unitaria de 1826 en mano, o las puertas cerradas de Paraná cuando viajaba a presentar el boceto de reforma constitucional de 1860. El hecho, pecho, habrá pensado Don Dalmacio y se encerró largos años el doctor, que nunca fue doctor, pero sí el mejor litigante de los terratenientes de mediados del siglo XIX. Y consejero del Restaurador de las Leyes en el fusilamiento de Camila O´ Gorman.

¿Quién era Dalmacio Vélez Sarsfield?         

Había nacido en los Valles de Calamuchita mientras la madre Rosa recorría la hacienda, en medio del campo, pueblito de Amboy, entre la noche del 18 y el 19 de febrero de 1801. La niñez transcurriría en la Córdoba monacal aunque el joven Dalmacio pronto se vio atraído por el liberalismo prometido en la Revolución de Mayo. A los 19 años, con estudios jurídicos y en artes, opuesto al caudillismo de Juan Bustos, se aloja en Buenos Aires, en la casa de un tío. Al poco tiempo casa con la prima Paula, presentando al Cabildo una dispensa que ya muestra sus profundos conocimientos jurídicos autodidactas. Obtiene la matrícula de abogado y se vincula con los liberales que apoyan a Bernardino Rivadavia, siendo designado diputado por San Luis en la constituyente de 1824 –nunca había pisado la tierra puntana pero el cuñado, el gobernador provincial José Santos Ortiz, hizo elegir. Defendió la Ley de Enfiteusis de Rivadavia, que benefició principalmente a los latifundistas, durante medio siglo, y tocó a él derogarla con el Código Civil de 1871, “en las tierras enfitéuticas no se cultivan ni se mejoran con edificios”  

En el imperio del rosismo, Vélez Sarsfield en un principio es perseguido, separado de su familia que vive en sus campos de Arrecifes, pero vuelve a Buenos Aires para ser el abogado de Facundo Quiroga. Ocupa puestos en la Universidad, publica libros de estudios, aunque nunca encontró la docencia en su vocación.  Interviene en los casos más resonantes, como la quiebra de Lezica en 1839, gana fama, pero Rosas decreta el embargo de sus bienes y muda a Montevideo. Cuatro años después regresa de Uruguay y pasa a integrar la corte de Manuelita Rosas en Palermo, y a pedido del gobernador, que respetaba a un “unitario propietario” (sic), escribe textos señeros sobre los vínculos del Estado y la sociedad  y la soberanía nacional. Vélez Sarsfield es uno de los juristas que califican a Urquiza de “loco, traidor, salvaje unitario”. Esto no impide que el vencedor de Caseros en 1852 le encargue un código civil y su mediación en el conflicto entre Buenos Aires y el resto del país. Sería Vélez Sarsfield el ministro de los gobiernos separatistas bonaerenses y orientará sus gestiones a fortalecer los lazos de los terratenientes con la banca británica, bajo una constitución porteña que Alberdi tildó de “aborto de los Anchorena” –que también usó de base para el futuro Código Civil, en particular en las cuestiones de propiedad. Por su parte, Vélez Sarsfield recogería el guante en las reuniones previas a las reformas constitucionales de 1860, señalando “una mano ignorante” que habían deformado el modelo norteamericano. “Mil felicitaciones, mil parabienes a VE que ha puesto su poderosa influencia moral para hacer efectiva la unión de la República”, lisonjeaba en Paraná a Urquiza el veterano doctor cordobés, a lo que se ex amigo Adolfo Alsina lo califica de “pigmeo de las ideas liberales”. 

Después de entregar su obra magna, el Código Civil, se enfrasca en una discusión con Mitre y es el primero en realzar la figura de Martín Miguel de Güemes y la participación de las provincias en la Independencia. El presidente Sarmiento lo convoca una vez más al gobierno, “¿Viene en busca del latín?” le retruca al iracundo sanjuanino el traductor de La Eneida; además con la confianza de ser el padre de la amante de Domingo, Aurelia. Defendió las intervenciones armadas en San Juan y Corrientes para aniquilar a las montoneras, al tiempo que impulsó las comunicaciones con los primeros telégrafos. Renunció en abril 1872 aunque siguió ligado a la gestión del Banco Nación unos meses,  Vélez Sarsfield que ejerció funciones públicas en todos los gobiernos del convulsionado XIX. Fallece el 30 de marzo de 1875 en la ciudad que defendió a muerte y sus restos descansan en el Palacio de Justicia de Córdoba desde 1981.   

Vélez Sársfield, el cerebro legislativo de una Nación

Así como Alberdi ha sido el cerebro de la organización nacional, Vélez Sarsfield habría sido el cerebro de la organización legislativa. Tal cual como reflexionaría Sarmiento, “se espíritu había echado el ancla en cierta época de la vida, mirando desde allí con indiferencia el movimiento moderno”, en la sintonía de buscar una versión del liberalismo pero que se adapte a las tradiciones hispánicas e indianas, “se legisle a favor de la costumbre de los Pueblos”. Porque si bien el código civil argentino vigente casi 150 años tiene una preocupación en el desarrollo económico de los individuos, inspirándose en el código rural de la provincia de Buenos Aires que consagra la propiedad, en sus tres mil artículos, cuatro libros entre 1864 y 1869, también incorpora derecho canónico en la tradición española, evidente en el caso  de instalar la culpa en la responsabilidad civil, el matrimonio insoluble y,  aún,  en oficializar el poder de la Iglesia sobre los individuos “Yo no legislo para Buenos Aires o la ilustrada San Juan –escribe Vélez Sarsfield a Sarmiento, defendiendo el matrimonio católico- sino también para la campaña de La Rioja, de Corrientes, de San Luis y dígame usted si podría permitirse la celebración del matrimonio ante comisarios y jueces de paz, las más no saben leer…veo entrar una pareja ante el juez de paz de Nogoyá y que les dice, vaya nomás, ya están casados, luego se le estenderá el acta”, remata el legislador –recién habría matrimonio civil en 1888 bajo la presidencia de Juárez Celman.

“Madrugador en invierno y en verano, a las cinco de la mañana, hallábase en pleno estudio, ganándole horas al día –describía al mentor, Victorino de la Plaza, asistente del doctor, y futuro presidente de la Nación- Era entonces cuando dictaba, y puede decirse que realizaba una suma de trabajo enorme. Los cuadernos originales salían poco a poco de aquel dictado de material, e iban abultándose las tiras de papel, que el doctor Vélez Sársfield pegaba en los costados, escritas generalmente en puño y letra; agregando además entre líneas manuscritas, de todo lo cual el trabajo resultaba bastante complicado para las copias, si se tiene en cuenta las notas tan abundantes y escritas en tan variados sistemas”, destacando uno de los graves problemas en las siguientes ediciones. Muchas veces las “abundantes notas”, que referían desde códigos del Brasil imperial de Pedro II a los napoleónicos, pasando por el derecho romano y el código de New York, no correspondían o, directamente, contradecían toda la doctrina. Sin embargo, apenas terminada la redacción, el presidente Sarmiento solicita que se vote a libro cerrado, sin mediar intervención del Congreso, y es promulgada el 25 de septiembre de 1869 por Ley 340. Una curiosidad es que el Paraguay, aún con las fuerzas invasoras de la Triple Alianza,  adoptó el mismo código en 1889. Sufriría varias reformas parciales, e intentos de totales en 1926, 1936, 1954 y 1987, aunque sin perder la habilidad del legislador que inventó palabra por palabra una normativa resorte del desarrollo económico. Ejemplo del mundo liberal. Vélez insufló en el Código Civil Argentino, además, el espíritu de fundador a la criolla, “Es inexacto, no lo dice Toullier –recordaba otro de los discípulos, Nicolás Avellaneda, un episodio entre Vélez Sarsfield y un legislador opositor- Pues si éste no lo dice, contesta el cordobés, lo dice su continuador  Troplong. Es inexacto, contesta la misma voz. Pues si no lo dice Toullier, responde con acento grave Vélez –esa tonada que relucía en el doctor Mandinga a punto de largar una picardía-, y no lo dice Troplong, lo digo yo”

 

Fuentes:  González Arzac, A. Vélez y el Código Civil en revista Todo es Historia Año IV Nro. 45 Enero 1971. Buenos Aires; Luna, F. Dalmacio Vélez Sarsfield. Grandes Protagonistas de la Historia Argentina. Buenos Aires: Grupo Editorial Planeta. 1999; Sarmiento, D. Bosquejo de la biografía de Don Dalmacio Vélez Sarsfield. Obras Completas XXVII. 1875.

Imágenes: Ministerio de Cultura

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