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Universidad de Buenos Aires. 200 años formando futuro

Nacida por gestión del primer Rector Antonio Sáenz, con el apoyo de Rivadavia, en sus claustros pasaron cinco Premios Nobel, diecisiete presidentes y las primeras mujeres universitarias de América. Historias de la principal universidad latinoamericana.

El domingo 12 de agosto de 1821, a las dieciséis horas, con pompa y solemnidad en la Iglesia de San Ignacio queda fundada la Universidad Pública de Buenos Aires. En el casco histórico de la Manzana de las Luces, y con la presencia del gobernador Martín Rodríguez, el ministro Bernardino Rivadavia, el primer Rector Antonio Sáenz y una selecta comitiva de autoridades civiles, militares y eclesiásticas, más los representante extranjeros, hecho inédito en la aldeana ciudad, comienza una historia universitaria consustanciada con la vida de un país. A lo largo de 200 años la UBA fue ámbito de hechos que marcaron el rumbo nacional, hombres y mujeres que modelaron identidad.  La UBA siguió el camino de los sueños de Independencia de próceres como Manuel Belgrano, quien se preocupaba por la educación masiva en todos los niveles, “un país nuevo que necesita echar los fundamentos de prosperidad perpetua, es preciso que se impriman en las virtudes sociales y morales que sólo puede imprimirse bien -en la educación pública-”, y que forma a “hombres de una república libre”, en el espíritu de la Reforma de 1918.

En el edicto firmado por Martín Rodríguez el 9 de agosto de 1821 real fecha de fundación de la UBA, aparece, “las calamidades del año veinte lo paralizaron todo, estando a punto ya de realizarse. Pero habiéndose restablecido el sosiego y la tranquilidad de la Provincia, es uno de los primeros deberes del gobierno entrar de nuevo a ocuparse en la educación pública y promoverla por un sistema general", a fin de alumbrar una “nueva y gloriosa Nación” Este origen provincial, no nacional,  coronaría los esfuerzos de los porteños en contar con una propia casa de altos estudios, y que se remontaban a 1767, cuando expulsados los jesuitas del Río de la Plata se pensó en trasladar la única universidad, en el actual territorio argentino, de Córdoba a Buenos Aires. Si bien no ocurrió por las airadas protestas de los cordobeses, que desde 1613 contaban con una universidad en los rígidos cánones eclesiásticos españoles, la capital virreinal comenzaría por su cuenta las iniciativas tendientes a la instauración de una academia mayor; y en 1772 el Virrey Vértiz inauguraría el Real Colegio San Carlos, germen tanto de la UBA como del Colegio Nacional Buenos Aires.  Mientras tanto en los jóvenes de Mayo  iban ganando fuerza las ideas de la Ilustración, en especial la concepción bonapartista de una educación superior cuna de dirigentes, y en los primeros meses revolucionarios se reactivan los proyectos universitarios por “doctores” porteños, de una mentalidad abierta, enfrentados con el Viejo Orden hispano. Sin embargo, quienes sostendrían durante los turbulentos diez el proyecto universitario sería la curia de formación tradicional, en la figura del presbítero Antonio Sáenz, quien tuvo destacadas intervenciones en aquellos tiempos, por ejemplo participando activamente en la Independencia del 9 de julio de 1816 en Tucumán, en representación de Juan Martín de Pueyrredón. Desde los tiempos de la Colonia, y la influencia de la Salamanca medieval, las universidades eran cosa de curas.

 

La amistad de Sáenz con el director supremo Pueyrredón fue fundamental para que en 1819 se solicitara al Congreso, que dictaría la unitaria constitución, uno de los motivos de las “calamidades del año veinte”, lo siguiente: “se digne mandar de nuevo a que se funde –la Universidad de Buenos Aires, reconociendo los intentos anteriores; uno de ellos del mismo Sáenz que ya había presentado un reglamento de Universidad al Triunvirato, en 1815-” para la cual se pidió “la plenitud de facultades necesarias –a Sáenz-”, manifestando que se recurrirá a la “Corte de Roma para su confirmación  a su debido tiempo –señal de dos cuestiones en la fundación de la UBA; el lazo innegable con la Iglesia, y la sujeción a la voluntad política de los porteños, tímido gesto autónomo-“ El gobernador Rondeau convalidó a Sáenz en el liderazgo del proyecto y el gobernador Rodríguez, un 16 de febrero de 1821, otorgó todas las facultades necesarias al presbítero.  Un 21 de febrero apareció en la Gazeta de Buenos Ayres un “Aviso a los literatos”, a fin de que los doctores graduados en otras universidades revaliden sus títulos en la UBA, primer acto administrativo, y al día siguiente se hizo un llamado a concurso, previo acuerdo con el obispado por las rentas, y proveer de profesores en los departamentos de primeras letras, estudios preparatorios –Rivadavia sería su primer titular-, ciencias exactas, medicina, jurisprudencia y ciencias sagradas –Sáenz ocupó la cátedra de Derecho Natural y Gentes, que publicaría “Instrucciones Elementales”, el primer manual universitario de Sudamérica. En junio entonces estaba todo listo para la inauguración en los antiguos predios de los jesuitas, la fecha original era el 9 de julio de 1821, coincidiendo con la Declaración de la Independencia, pero diversas circunstancias retrasaron el acto; entre ellas la asunción de Rivadavia el 27 de julio. Ahora sí, Rodríguez y Rivadavia juntos refrendaron el decreto el 9 de agosto; Rivadavia, uno de los primeros políticos atento a la divulgación de su obra de gobierno.

 

En el diario cercano a Rivadavia,  El Argos de Buenos Ayres, se  afirmaba "jamás un establecimiento, ni una función pública, ha tenido un séquito tan interesado y numeroso; el pueblo se hallaba verdaderamente exaltado de alegría y ha dado a conocer hasta qué grado es entusiasta por las letras [...] el gobierno que preside Buenos Aires está profundamente penetrado del espíritu ilustrado y amor a las ciencias que domina tanto a esta provincia". Todos manifestaban que la nueva institución "alejaba los temores de que se aproxime una generación desmoralizada y bárbara", con las guerras civiles y caudillaje en las puertas de la Perla del Plata, como se llamó por su progresismo a Buenos Aires, en los tiempos de la “feliz experiencia” del ministerio rivadaviano. En aquellas direcciones fundacionales, dominadas por clérigos rectores, se hizo patente que la universidad porteña tenía sus fuentes en un pensamiento crítico, insuflados en las ideas en boga en Europa, antes que en el dogma católico. Por ejemplo el profesor de ideología, el presbítero Juan Agüero, osó mencionar a Jesucristo como un terrenal filósofo, algo que llevó a la recriminación pública de Sáenz. Luego Rivadavia “reconvino privadamente” al rector, argumentando que esos  ámbitos eran justamente para la discusión y el debate. Más tarde sería como presidente Rivadavia quien contrataría a los primeros profesores europeos, ajenos a la Iglesia, ellos liberales.  Además de la libertad de pensamiento, allí florecen las primeras semillas de la autarquía.    

Todos estos brillos tempranos caerían durante el rosismo, y años posteriores a Caseros, con una mayor influencia de la Iglesia, hasta que el presidente Mitre decide retomar la senda liberal de Pueyrredón y Rivadavia. Hasta 1862 serían los únicos ciclos lectivos en que la UBA fue privada.

El rector humanista Juan María Gutiérrez, destacado miembro de la Joven Argentina y de la Generación del '37, cuyo rectorado se extendió entre 1861 y 1873, Vicente Fidel López y Manuel Quintana (futuro presidente), hombres de la generación  del ochenta, darían el marco favorable al desarrollo de la actividad científica y filosófica, conservadora y positivista hasta entrado el siglo XX, y que la Reforma del 18 ampliaría en sus horizontes democráticos y sociales, con los rectorados modernistas de José Arce y Ricardo Rojas. Luego sobrevendrían los tiempos difíciles de las intervenciones de la década infame y el peronismo, aunque ése último periodo merece aún una relectura que cuestione del mito “alpargatas, sí, libros, no” Fue el presidente Perón que promulgó la gratuidad de la educación superior, y la UBA pasó de 15 alumnos en 1946 a 74 mil en 1955.

UBA en números e hitos

La UBA cuenta en 2021 con 320.000 alumnos, 6 colegios preuniversitarios, 13 facultades, 100 carreras de grado, 500 posgrados, 20 sedes del Ciclo Básico Común, 30.000 docentes y 14.000 no docentes.  También posee 69 institutos de investigación, 5 hospitales públicos, un hospital escuela veterinario, 17 museos universitarios, la Editorial EUDEBA, Radio UBA, el Programa UBA XXI -de educación a distancia-, el Programa UBA XXII -que dicta carreras de grado y actividades de Extensión en establecimientos del Servicio Penitenciario Federal-, el Cine Cosmos y el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas.

A lo largo de la vida de la Universidad de Buenos Aires han pasado por sus claustros 5 Premios Nobel, hecho único en una institución superior de Iberoamérica. Ellos son Carlos Saavedra Lamas, graduado, docente y rector de la UBA, fue el primer latinoamericano en ganar un Premio Nobel; Bernardo Houssay, quien además cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, fue el primer premio Nobel científico argentino y latinoamericano en 1947; Luis Federico Leloir formó parte de la escuela de Houssay, de quien fue discípulo y amigo, y su trayectoria fue tan importante como la de su maestro, en 1970 obtuvo el Premio Nobel en Química; César Milstein, graduado de Ciencias Químicas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, recibió en 1984 el Premio Nobel en Fisiología y Medicina; y Adolfo Pérez Esquivel, Honoris Causa de la UBA y Profesor Titular de la Cátedra Cultura para la Paz y Derechos Humanos, quien obtuvo el galardón de la Paz en 1980.

 

 

Los presidentes argentinos egresados de la UBA son Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña, José Evaristo Uriburu, Manuel Quintana, Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Hipólito Yrigoyen, Agustín P. Justo, Marcelo T. de Alvear, Roberto M. Ortiz, Ramón S. Castillo, Arturo Frondizi, Arturo Umberto Illia, Raúl Alfonsín, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Duhalde  y Alberto Fernández, actual presidente de la Nación.

 

Entre las primeras mujeres recibidas en la Universidad, muchas de ellas en el continente, en 1885 se registró la primera egresada de la carrera de Farmacia,  Elida Passo; en 1889 se graduó la primera mujer de Doctorado en Medicina, Cecilia Grierson; en 1901 se graduaron cuatro mujeres de la Facultad de Filosofía y Letras, Elvira y Ernestina López, María Atilia Canetti y Ana Mauthe; y en 1912 egresaron de la Escuela de Ciencias Naturales, Juana Guillermina Dieckmann y las hermanas Axa y Lía Acevedo. La carrera de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Exactas entregó en 1918 el diploma a la primera Ingeniera Civil, Elisa B. Bachoffen, que al mismo tiempo se convertiría en la primera egresada de América del Sur “Todavía se me critica haber conseguido que las mujeres ingresen al Colegio Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini –acotaba el doctor Florencio Escardó, vicerrector de la UBA en 1958, junto la señera gestión de Risieri Frondizi, tiempos en que la UBA colabora activamente en la creación del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), y se establece al aún vigente Estatuto Universitario, refrendado en 1983- Yo me acuerdo que cuando se debatió mi ordenanza, un político dijo “Hace 100 años que no hay mujeres en los colegios” Y el rector Frondizi le contestó “¿Qué quiere? ¿Qué la vergüenza siga un año más?” Eso es la educación, eso es la enseñanza”, enfatizaba el eminente médico, parte de un gestión que continuó las bases del rector José Luis Romero, iniciada en 1955 y amparadas en las máximas de la Reforma del 18, la autonomía plena, el cogobierno, los cursos intensivos, las miles de publicaciones, las becas y la dedicación exclusiva de los docentes. Fue la década más luminosa e influyente de la UBA a nivel mundial.

La Noche de los Bastones Largos y la dictadura: golpes a la UBA

El 29 de julio de 1966 -a un mes de instaurada la dictadura militar autoproclamada "Revolución Argentina"- el presidente de facto Onganía firmó el Decreto-Ley N° 16.192, por el cual se suprimía el gobierno tripartito y la autonomía de las universidades nacionales, que regía desde finales de la década de 1950. Esa misma tarde, el Rector de la UBA, Ing. Hilario Fernández Long, rechazó las nuevas disposiciones. Él y su equipo de asesores presentaron inmediatamente sus renuncias. En señal de repudio a la medida, en cinco Facultades -Ciencias Exactas y Naturales, Arquitectura, Ingeniería, Filosofía y Letras y Medicina- grupos de estudiantes y docentes decidieron tomar los edificios.
La noche del 29 de julio el gobierno resolvió el desalojo utilizando las fuerzas de seguridad. La Guardia de Infantería de la Policía Federal expulsó violentamente a los miembros de la comunidad académica que habían ocupado los edificios de las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y Arquitectura en protesta. Se llevaron detenidas a más de un centenar de personas, y otras tantas resultaron heridas, y fue el clímax del fracaso de varias reuniones de científicos que trabajan en organismos cercanos a los militares como la Comisión de Energía Atómica, en búsqueda de una solución pacífica. Algo que la dictadura de Onganía no pretendía, un prolegómeno del  terror estatal,  y el aniquilamiento del pensamiento plural, instaurado en 1976.
Días después, también como acto de protesta ante el avasallamiento de la autonomía y el ejercicio de la violencia, cerca 1.300 docentes de la UBA presentaron las renuncias a sus cargos. Muchos de ellos abandonaron la actividad académica de manera definitiva. Otros, continuaron sus carreras como académicos y científicos en universidades extranjeras. Algunos retornaron muchos años más tarde a la Universidad.
A partir del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976,  el país sufrió su momento más oscuro desde lo social y político a lo económico y cultural. La UBA no resultó ajena con más de mil detenidos-desaparecidos, y una inclemente intervención, que había sido anticipada con el rectorado del profascista Alberto Ottalagano de 1974, en la presidencia de Martínez de Perón. Varios de los estudiantes asesinados, en plena carrera, estaban alejados de la militancia política.   Planes de estudio censurados, limitaciones en el ingreso, libros quemados, y miles de docentes cesanteados, y hostigados, fueron algunos de las consecuencias del terrible impacto en la comunidad universitaria, y en el desarrollo científico en general.

 

Desde el retorno de la democracia, la UBA consolida su prestigio social, pese a un medio tensionado en el incremento sin contralor de universidades privadas y nuevas nacionales, y las erráticas políticas científicas, y lleva como símbolo la diversidad, la modernización  y la gratuidad, triplicando en cuarenta años su matrícula; sin contar con la experiencia masiva del Ciclo Básico Común, que empieza a funcionar en el sistema educativo argentino, para bien o para mal, como un gigantesco nivelador de la desastrosa y desigual educación secundaria. Este periodo tendrá a uno de sus rectores más longevo en el cargo, Óscar Schuberoff (1985-2002), que transformó a la UBA en un baluarte crítico y democrático durante la ola privatizadora que pretendía limitar el ingreso de alumnos, y liquidar la investigación pública.  Con el lema “200 años formando futuro”, hoy la UBA, que nació cuestionadora, autónoma, plural y pública, viva la llama Reformista de la “lucha suprema por la libertad”

 

 

 

Fuentes: Halperín Donghi, T.  Historia de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: Eudeba. 1962; Plate, L. Yankelevich, P. Historia de la Universidad de Buenos Aires. Bibliografía. Buenos Aires: Eudeba. 1990; Unzué, M. Historia del origen de la universidad de Buenos Aires (A propósito de su 190° aniversario) Revista Iberoamericana de Educación vol.3 no.8 Ciudad de México sep. 2012; www.historiahoy.com.ar

 

Imágenes: UBA  // Twitter UBA online 

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