Buenos Aires - - Viernes 30 De Octubre

Home Argentina Historia Un picnic nacional: los estudiantes a través del tiempo

Un picnic nacional: los estudiantes a través del tiempo

Símbolo de las tensiones entre la sociedad y los jóvenes por siempre, el estudiante del siglo XXI marca agenda como en 1810.

Historia
Un picnic nacional: los estudiantes a través del tiempo

Al promediar el siglo XVIII la futura “Atenas del Plata” carecía de instituciones medias y superiores. Esporádicos cursos de teología y filosofía, algunas institutrices inglesas, fueron el paliativo de las familias adineradas en Buenos Aires. Solamente la Compañía de Jesús de manera privada mantenía escasos cursos elementales de lectura. Todo cambió con la expulsión  de los jesuitas en 1767. El virrey Juan José Vértiz, un español ilustrado y progresista, encaró el primer programa educativo en suelo rioplatense.  Y con los recursos y terrenos confiscados a la orden expulsada  creó el  Real Colegio San Carlos, cuna de la generación de la Revolución de Mayo, y antecedente del Colegio Nacional Buenos Aires. Allí apareció por primera vez el estudiante porteño con su primer regente, Juan Baltazar Maciel, en el intento demorado de alcanzar el desarrollo educativo de otras ciudades coloniales como Córdoba y Charcas.

Ese niño de diez años llevaba una “veca”, una banda roja como un collar, el antecedente de la uniformidad del guardapolvo, tenía someros conocimientos de lectura y escritura, y debía ser “hijo legítimo, cristiano viejo y limpio de toda mácula  y raza de moros y judíos” Y que se cuide de no cumplir un estricto reglamento, mediado por extenuantes prácticas religiosas, que incluía la prohibición de leer libros contrarios a la Iglesia, comer en el cuarto o jugar a los dados y naipes. El castigo era el grillete y azotes.

Bajo la sombra del cepo los estudiantes porteños igual se la ingeniaban para romper las reglas de un rígido internado. Pedro José de Agrelo, luego ilustre presidente de la Asamblea del Año XIII, orador patriota y autor de la primera constitución nacional, recordaba que se rateó cinco veces y que la tropa lo buscó por la ciudad. También cuenta que una vez un alumno fue “maniatado” por los soldados y regresado a la casa por un “mejor educación” Las travesuras de los pequeños criollos iban desde el Río de la Plata a las sierras. En la mediterránea Córdoba, que tenía su Colegio de Monserrat fundado en 1684, uno de los más avanzados hacia 1810 debido a la acción de Liniers y Deán Funes,  también tenía sus indisciplinados.  El futuro dictador paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia quedó en la historia del colegio como un campeón de las rabonas y manteadas.

La situación de los estudiantes no varió demasiado hasta la segunda mitad del siglo XIX, con el impulso organizador de Urquiza, Mitre y Sarmiento.  Los alumnos complementaban la errática formación de los colegios con bibliotecas privadas, e incluso públicas,  donde la prohibición inquisioral sobre la literatura era bastante relajada. Monteagudo, el ala más radical de los hombres de Mayo, se había formado en la biblioteca de un colegio realista y eclesiástico. Fue esta una juventud que sostenía al ideal emancipador a toda costa, con Rousseau y Voltaire bajo el brazo, “son los estudiantes Moreno y Belgrano, desde las tablas de los pupitres y con los dedos manchados de tinta. Son los mozalbetes de las escuelas quienes deciden el destino de AméricaBolívar no tiene más que dieciséis cuando escandaliza al virrey con el que América no pude concebirse sino independiente y libre. Belgrano no más de diecinueve cuando traduce la obra de los enciclopedistas…-ante los estudiantes muertos en Caracas y Lima por revolucionarios- el juramento de una nueva raza americana hecho sobre el altar de los dioses jóvenes”, afirma místico Gregorio Bermann en “Juventud de América”.

La reforma de 1918, un antes y después

Seguir las vicisitudes de los estudiantes a partir de 1864 es recorrer la dura y espinosa lucha de la educación argentina en general. La modernización liberal comenzó en Entre Ríos con las escuelas de Urquiza mientras Buenos Aires continuaba con una rígida égida religiosa. Miguel Cané, que luego describiría para la posteridad al Colegio Nacional Buenos Aires en “Juvenilia” (1884), memoraba la figura de un circunspecto canónigo del  Eusebio Agüero, que gustaba de castigar corporalmente a los alumnos. Hasta que una vez estos se revelaron con un cartel en las ventanas exteriores que decía “Socorro, aquí nos matan”.

Mitre fue quien pergenió al Colegio Nacional y con el propósito de que fuera rector e inspirador de los demás colegios nacionales que empezaron a fundarse en Catamarca, Mendoza, Salta, San Juan, Tucumán y una flamante La Plata. El alma máter de semejante proyecto fue Amadeo Jacques, el asesor pedagógico de Urquiza, que venía de Francia con una enorme experiencia docente. Captado por Mitre a instancias de Marcos Paz, en 1863 presentó el primer modelo del bachillerato argentino. Años después presentaría un plan universitario asentado en las necesidades del país, “agrimensura y minería”, y con diferencias por región.

Mucho de la corta gestión en el Colegio Nacional de Jacques lo leemos y reelemos en las vibrantes páginas de “Juvenilia”. Escrito durante los “meses de aburrimiento” como diplomático en Venezuela en 1882, Cané imaginó un libro raro, sin demasiado empeño literario, pero dotado de una vivacidad fuera de lo común que terminan definiendo la vitalidad, la rebeldía y la curiosidad del estudiante nacional de todas las épocas. Quien entre hoy en al Nacional Buenos Aires  podrá recitar junto a sus paredes las líneas finales, “yo diría al joven, que tal vez lea estas líneas paseándose en los claustros donde transcurrieron cinco años de mi vida, que los éxitos todos de la tierra arrancan de las horas pasadas sobre los libros en los primeros años”, cierra además Cané e inaugura una tradición con libros sobre este emblemático colegio porteño desde “El mal metafísico” (1917) de Manuel Gálvez a “Ciencias Morales” (2007) de Martín Kohan.  

El sentimiento de independencia de los estudiantes porteños hacia 1860 era una señal de los años venideros y cada vez más iban a tomar protagonismo en el debate pedagógico. Y político. Hubo en 1871 una importante protesta de alumnos de la universidad que lograron cambiar los humillantes exámenes  ante el suicidio de un compañero,  tras un bochazo. Al despuntar el nuevo siglo aparecen los primeros centros de estudiantes al calor de la prédica radical y socialista. Fue un proceso de toma de conciencia estudiantil que desembocó en la Reforma Universitaria de 1918. Sesenta años antes del Mayo Francés, en otro contexto, con otras clases, con otras intenciones,  aunque con la misma mecha ante un sistema educativo que pedía a gritos democracia. Fogoneados por Deodoro Roca, el ideólogo de una revolución latinoamericana desde Córdoba, unos desacatados estudiantes ponían en letras la imaginación en el poder, “la juventud vive siempre en  trance de heroísmo…no ha tenido tiempo de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de los propios maestros…hay que dejar que ellos mismos elijan a sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones…la juventud ya no pide. Exige…la juventud universitaria de Córdoba saludo a todos los compañeros de América Latina y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia”  Y que aún lejos está de terminarse con una ambiciosa plataforma que extiende la educación  superior a cada argentino.

El avance en los niveles superiores no necesariamente llegaba a la primaria. Las acciones modernizadoras de Rosario Vera Peñaloza   y, más tarde, Olga Cossettini chocaban con una escuela que aún seguía promoviendo el castigo físico y los plantones con orejas de burro en las esquinas. Y con internados donde se retaceaban los alimentos  en el almuerzo y la cena como recordara el general Juan Perón, que hizo sus estudios primarios en el Colegio Internacional Politécnico de Caballito. Esta institución de Raimundo Douce funcionaba en la actual avenida Rivadavia al 5900, entre Acoyte e Hidalgo. En esa década del diez se había duplicado la población de alumnos primarios, asimilando a los inmigrantes, con respecto al novecientos,  y la deserción rondaba el 50 por ciento.     

Del educado al soberano

A partir de los treinta se instalada la imagen del “sospechoso” a los estudiantes secundarios y universitarios, que se reforzará durante los gobiernos peronistas.  Y que la historia posterior argentina no hará más que confirmar trágicamente en la década del setenta, con el prolegómeno triste de La Noche de los Bastones Largos en 1966. La juventud, los estudiantes, que hasta los 50 eran un sector a “educar”, tan bien cristalizada en el hit de Los Twist “El estudiante” y su clip en un ejemplar Instituto Bernasconi,  pasaron a ser un grupo a “controlar”. Recién en la década del 80 volverán a tomar conciencia con las históricas conquistas por el boleto estudiantil,  o la pelea en la reforma universitaria durante la presidencia de Carlos Menem.  Ya pisamos los años noventa, que en varios aspectos culturales y sociales dejó huellas hasta nuestros días, en donde los jóvenes estudiantes encontraron una inédita emancipación ante un mundo excluyente, y habitan en todos los niveles educativos instituciones cuestionadas y desfasadas, plagadas de enseñanza voluntarista. Recuperamos la semblanza de Laura Ramos en 1992, y reemplacemos artefacto tecnológico por otro del siglo XXI, “el chico aguja es el típico hijo de la televisión. Hagan cuentas: siete horas diarias de máquina idiota durante los años de su escuela primaria más tres horas diarias de videogames en los años de la secundaria…es uno de los mejores alumnos del Nacional Buenos Aires, aunque casi no estudia…creo que en el colegio la va bien porque mira y atiende cada clase como si fuera un programa de tele (pero el colegio le gusta más porque es de veras)” Con el cambio de siglo se retomó “el gesto que más seduce a nuestras juventudes,  el de verter la vida sobre una bella ilusión”, en palabra de Germán Arciniegas, y volvieron a las fuentes luminosas de generaciones anteriores estudiantiles. La marea verde sería inexplicable sin las miles de estudiantes universitarias y secundarias en las calles y en las mesas familiares.  Vuelven sus pasos sobre los jóvenes estudiantes Reformistas del 18, “si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado de la insurrección”

 

Fuentes: Roca, D. Prohibido Prohibir. Buenos Aires: Capital Intelectual. 2012; Margulis, M. La juventud es más que una palabra. Buenos Aires: Biblos. 1996; Sanguinetti, H. Los estudiantes. En La vida de nuestro pueblo Volumen 4. Buenos Aires: CEAL. 1982

 

 

 

 

Fecha de Publicación: 21/09/2020

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

Estudiantes secundarios Estudiantes secundarios bonaerenses obtienen el segundo puesto en una competencia internacional
Estudiantes se unen para darles agua a los parajes1 Estudiantes se unen para darles agua a los parajes

Temas

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Tradiciones
San Cristóbal: maestros del caballo San Cristóbal: maestros del caballo

En San Cristóbal, Santa Fe, tienen añares de tradición en cría de caballo. Lo celebran con una enorm...

Historia
 democracia argentina 1983: año cero de la democracia argentina

El triunfo en las urnas de Raúl Alfonsín no solo marcó el regreso del estado de derecho, sino que in...

Música
Charly García música Charly García: somos de acá

Letras y vivencias de un músico imprescindible para entender la Argentina contemporánea. Un bandido...

Espectáculos
Jero Freixas Jero Freixas, un "capo" de los videos virales

La historia del instagrammer que revolucionó las redes sociales con sus videos virales. Conocela en...

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades