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Solís en su salsa

Las instrucciones a Juan Díaz de Solís son el primer documento de organización en el Río de la Plata. Y algunas de sus cuitas.

Historia
 Juan Díaz de Solís

Entre Fernando II, y Carlos V,  la España Imperial  tenía en el horizonte hacia 1514 de gobernar medio continente americano y medio continente europeo.  Pero codiciaba más. Quería navegar a través de la América a las legendarias islas Molucas (de la Especiería), y conquistar el majestuoso país de Ofir, en el Océano Pacífico. Desconociendo la inmensidad del Nuevo Continente busca afanosamente el paso a los Mares del Sur. Y así encomiendan a su piloto mayor, “es el más excelente en su arte de los hombres de su tiempo”, el portugués Juan Díaz de Solís, reemplazante de Américo Vespucio, la tarea de a apoderarse de esas míticas islas. Desisten de hacer el viaje a través de la costa africana e inflaman las velas con proa a unas tierras inconquistadas.

“EL REY.- lo que vos Juan Díaz de Solís mi piloto mayor habéis de hacer para lo del viaje que enhorabuena habéis de hacer de llevar a descubrir…oro”, arranca este documento conservado del Archivo General de las Indias en Sevilla, y prosigue la casa de Aragón y Castilla en los tiempos que guerreaba también con su competidora expansionista Portugal,  “habéis de mirar que en esto ha de haber secreto é que ninguno sepa que llamado a dar dinero para ello ni tengo parte del viaje hasta la tornada… is a aquellas partes bajo dónde está Pedrarias – el gobernador Pedro Arias Dávila que mandaba desde las actuales Nicaragua a Colombia- e qué vos hagan hacer de la licencia para ello e de las dichas lombardas e  armas para el dicho viaje… tener mucho cuidado de las tierras pertenecientes a la Corona Real de Portugal… enviadme la figura ya de aquella costa e escribid también a Pedrarias… si dicha Castilla de Oro quedare en isla”, cierra la primera parte de las precisas instrucciones en un plan de rapiña.

Las primeras naves avistaron en febrero de 1516 un gran río que Solís bautizó Mar Dulce, asombrado por la magnitud del estuario de aguas barrosas “ Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria”, escribía Jorge Luis Borges en Fundación Mítica de Buenos Aires (1923). Solís decide hacer tierra en las en la costa oriental –o la isla Martín García- viendo que eran seguidos por  los indios guaraníes, en un río que los nativos llamaban Paraná Guazú. Apenas bajan entablan contacto con los aborígenes y, a partir de ese momento, son leyendas contadas en poemas y ficciones.

Buenos Aires comenzó por no existir

En el misma decreto surge un primer intento conocido en la futura Argentina de organización civil, al menos en papel del castellano antiguo, “la manera que habéis de tener en el tema de la posesión de las tierras é parte que descubriéredes ha de ser dictando vos en la tierra o parte que descubriéredes, hagáis ante escribano público y el más número de testigos que pudiéredes e los más conosidos que hubiera un auto de posesión en nuestro nombre, cortando árboles e ramas, e cabando o haciendo si hubiere disposición algún pequeño edificio e que sea en parte donde haya algún cerro señalado un árbol grande, e decir cuantas leguas está de  la mar poco más o poco menos… e hacer allí una horca e que algunos pongan demanda ante vos o como nuestro capitán e juez vos sentencieis y determineis, de manera de quien todo tomeis la dicha posición…e por todo su partido e provincia o isla… testimonio sinado del dicho escribano que haga FE. Fecha en Mansilla a veinte e cuatro días de noviembre de mil quinientos e catorces años. YO EL REY”, con lo que no solamente se instituyen la civilidad, edificios y religión en manos de las gobernantes, sino un sistema punitorio a disposición de una única cabeza, la vida y la muerte, en este caso el adelantado español. 

El fracaso de la expedición de Solís fue solamente temporal. Porque los que sobrevivieron comenzaron con el mito de que navegando por el Río de Solís, o Mar Dulce, se encontraba la Sierra de Plata,  también llamada el Imperio del Rey Blanco.  Algunos tenían joyas en platería arrancadas de las tolderías como pruebas del poderío incaico. Los primeros españoles alimentaron los mitos que llevarían a Pizarro a la conquista del Perú, arrasando sus tesoros, destruyendo sus templos y violando a las vírgenes del Sol. Eran los que prometían un camino resplandeciente a la Ciudad de los Césares por un río que empieza a denominarse Río de la Plata en la codicia de los conquistadores europeos. Sebastián Caboto, quién funda la primer pueblo en la futura Argentina, Sancti Spiritu (1527), en la confluencias del Paraná con el Carcarañá, Francisco César y Diego García recorrieron afiebrados la cuenca litoraleña, y los desiertos puntanos, buscando la dorada Trapalanda. La avaricia hizo que combatieran entre ellos mientras los indios incendiaban el primigenio pueblo hartos de ser esclavizados y sus tierras violentadas.

También allí hay una leyenda romántica del cacique Siripo enamorado de la española Lucía Miranda, con varias versiones noveladas como la de Eduarda Mansilla (1860), y que derivó por “celos” en la destrucción del primer asentamiento en suelo nacional que no tenía más que veinte ranchos -aunque rodeados de siembras fértiles de trigo y maíz aprendiendo de los indios, en un adelanto de que las riquezas argentinas no eran mágicas sino fruto del trabajo compartido.

Estas experiencias civiles no del todo felices tal vez fueron un antecedente sombrío para que en la capitulación a Pedro de Mendoza se ordenara que su misión era levantar fortalezas, casas-fuertes, asientos militares, pero no ciudades. El objetivo de fundar el 2 de febrero de 1536 el “Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire” fue básicamente contar con un astillero que construya embarcaciones y que remonten el Río Paraná en busca de plata y oro.  Nada había de suministros e implementos para establecer casas o industrias sino que todo lo que venía en los barcos de Mendoza servía para construir bergantines a remo y vela, bateles o botes. Tal conocimiento en carpintería permitió que la dañada carabela “Santa Catalina” posibilitara la construcción de la primera iglesia argentina. Podemos decir que aquella primera Buenos Aires fue una de las mayores empresas de artesanía naval del del Siglo XVI. Pero de ciudad para habitar y crecer, ni hablar. Algo que sufrió en carne propia el mismo Mendoza que tuvo que abandonar a su suerte el puerto un año después, tanto por el hostigamiento de los querandíes, como por seguir empecinadamente las instrucciones de fundar un astillero y puerto de defensa, no un pueblo. Buenos Aires fue puerto, dos veces porque Garay también la fundó con ese título, antes que ciudad.

Un río sabroso de sueños y fantasías

Cerramos con un fragmento del santafesino Carlos Schlaen (1948-2012), un notable dibujante y escritor que realizó en 1987 una novela gráfica sobre el famoso libro del alemán Ulrico Schmidl, primer cronista del Río de la Plata, el Litoral, el Chaco y el Paraguay, “Mar Dulce = delicado y sugestivo nombre que Juan Díaz de Solís habría dado al Río de la Plata. Es que el ilustre navegante tenía, a la postre, un exquisito buen gusto. Esta afirmación, cuya procedencia parece insinuarse en pretéritas tradiciones folklóricas de esas latitudes litoraleñas, constituye el aspecto único sobresaliente con los que los naturales han preservado su memoria en el tiempo, a diferencia de las biografías europeas que lo distinguen exclusivamente en su carácter de descubridor del ancho río. Este caso, que configura un interesante modelo de relativismo histórico, resultará fácilmente comprensible ya que Solís, visto de la perspectiva de aquellos indígenas -antropófagos ocasionales en cuya compañía termina sus días- es sólo un visitante providencial más que alegró su mesa sin que para ellos, en definitiva, hubiera descubierto nada nuevo”

 

Fuentes: Levene, R. Lecturas históricas argentinas. Tomo 1. Buenos Aires: Editorial Belgrano. 1978; Madero, G. Historia del Puerto de Buenos Aires.  Buenos Aires: emecé. 1955; Schlaen, C. Ulrico. La historia secreta de la conquista. Buenos Aires: Libros del Quirquincho.  1987

Fecha de Publicación: 03/10/2020

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