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Segunda Batalla de Tuyutí. Comienzo del fin de la Guerra contra el Paraguay

Una victoria pírrica de los paraguayos sobre los Aliados, un ataque sorpresivo en inferioridad numérica, 4 contra 1 a favor de la humillada Alianza, y que decidió el destino de un Continente.

Historia
Batalla de Tuyutí

La madrugada del 4 de noviembre de 1867 aún se escuchaban disparos lejanos en Tuyutí. Pocas horas antes el Mariscal Francisco Solano López había enviado a la carga sus últimos soldados de línea para saquear  e incendiar el campamento argentino-brasileño, una verdadera ciudadela. En el mismo barro que el año anterior se había derramado sangre en la mayor batalla en suelo americano, casi 60 mil almas participaron de la primera batalla de Tuyutí, el sueño imposible de los paraguayos de revertir el arrollador avance de tres naciones quedaba en los esteros y los pantanos, al igual que los cañones modernos ingleses que eran pagados por cuantiosos empréstitos rubricados en Buenos Aires y Río de Janeiro. A partir de aquella osada acción, que el general Mitre nuevamente erró en la táctica de la defensa y, por ello, fue sutilmente apartado de la comandancia general, los brasileños llevaron la carga del conflicto por casi tres tortuosos años más. A los imperiales esclavistas cupo desfilar -y arrasar- Asunción, como habían hecho con Buenos Aires y Montevideo, en nombre de la civilización“Después de todo, la Guerra del Paraguay es comparable a la de Vietnam, por la dificultad logística, por la participación de la población del país y hasta por las acciones de guerrilla. Lo notable es que hayamos vencido” se congratulaba el vicealmirante e historiador brasileño Armando de Senna Bittencourt ¿Hubiera sido el mismo resultado si Solano López optaba por una guerra de montoneras sistemáticas, en vez de irreflexivos ataques frontales como en Tuyutí? ¿Hubiera sido el Vietnam del liberalismo autoritario, conservadorismo y antirepublicanismo fundacional del Cono Sur? Hoy sólo se escucha un grito lejano en el Río Paraguay, otro tiro en la oscuridad.

La segunda batalla de Tuyutí fue el prolegómeno del decisivo año 1868, que terminaría con el grueso de la resistencia paraguaya, con la toma de la fortaleza de Humaitá en agosto, y el combate con los restos de la población guaraní que podía empuñar un arma contra los invasores, niños, mujeres y ancianos, en las Lomas Valentinas, en diciembre. Después solo restaba la cacería de Solano López, en un país reducido a un tercio de la población, hambreado y flagelado, y que, sin embargo, se extendería a marzo de 1870. También señaló casi el fin de la intervención argentina, quedando pocos cientos de los miles a los cuales Mitre había prometido pasear en tres meses en Asunción, en un lejano 1865, y canceló el mando del mismo general Mitre, responsable del desastre de Curupayty, a escasos kilómetros del nuevo Tuyutí.

Pese a la inmovilidad de las fuerzas navales brasileñas durante casi tres años, a mitad de camino ante el terror que tenían a las fortalezas y minas paraguayas -muchas, damajuanas pintadas-, y la desconfianza a la comandancia de Mitre, que insistía en sobrepasar Humaitá y copar Asunción, las esforzadas tropas terrestres argentina-brasileñas (ya los uruguayos en combate eran ínfimos) continuaban avanzando en el indómito Chaco “Hoy a las siete de la mañana me sorprendió una diana general en el ejército, más tarde llegó la noticia que los brasileños habían tomado la guardia de Tahí -Tallí en el original- situado a dos leguas más abajo de la Villa del Pilar -conquistada unos días antes por 4 mil aliados-, tomando prisioneros tres vapores de pique de la escuadra enemiga, dos mil cabezas de ganado, muchos ahogados y muertos en el campo de combate…con esta operación se cree que el enemigo nos ataque de hoy a mañana”, vaticinaba con increíble visión Joaquín Cascallar, un boticario argentino, el 2 de noviembre de 1867 en Tuyú Cué, poblado cercano al campamento de Tuyutí. Una mirada estratégica de un humilde farmacéutico que los altos mandos argentinos y brasileños no poseían. Porque el pequeño puerto de Tahí era el único contacto que le quedaba a los paraguayos entre la fortaleza y Asunción, así que su caída era el final previsible de Humaitá, y libre paso de los invasores al Paraguay. Por lo tanto, una vez más, por orgullo o suma irresponsabilidad, el mariscal decidió atacar de frente, con sus mejores hombres al mando de Vicente Barrios, Bernardino Caballero -futuro presidente de su país y fundador del Partido Colorado- y Sebastián Bullo. Y el 3 de noviembre a las cuatro de la mañana se abalanzaban al grito sapucai 9 mil paraguayos, varios de ellos en estado de inanición, en la Segunda Batalla de Tuyutí. Del otro lado los esperaba una guarnición rala de defensa y escasamente fortificada pese a casi dos años de permanencia en este claro en medio de la selva, dispuesta por la impericia del general Mitre, y lamentablemente, varios dormidos en una fuerza de 13 mil, con casi 30 mil aliados en las proximidades.

“Tuyutí, fundido en la fragua del patriotismo”

“Las posiciones ocupadas por el ejército aliado en Tuyutí acusaban el perfecto aprovechamiento de las ventajas proporcionadas por un terreno variado: de accesos difíciles para tomar la ofensiva sobre un enemigo encastillado detrás de un gran campo atrincherado, con defensas naturales de primer orden como eran los profundos esteros que costeaban aquellas prolongadas líneas” dice el general José Garmendia, uno de los principales retratistas del conflicto, a la altura del pintor Cándido López, y agrega el paraguayo Juan E. O´Leary, “-los aliados, en su gran mayoría brasileños y la infame legión paraguaya que peleaba por la Alianza; algunos sostienen que ellos filtraron la máxima debilidad del campamento- nadaban en la abundancia, pasaban sus días entregados a plácidas digestiones dentro de sus muros, donde todo sobraba, desde el vino de mejor calidad, hasta las prostitutas de alto copete y bajo precio que hacían las delicias de la soldadesca” Solano López encargó a su ingeniero George Thompson, el inglés responsable del primer cuerpo de ingenieros moderno que existió  América Latina, un detallado plano de las fortificaciones enemigas, que podían ser vistas simplemente del otro lado del río, y se decidió golpear en el centro del campamento, con énfasis en el barrio de los comerciantes -en su mayoría porteños y entrerrianos- en el objetivo de apropiarse de todo lo posible, armas y víveres, dinero y mujeres. Y luego, quemarlo todo. Los primeros en recibir el rigor del fuego imprevisto fueron los argentinos y los paraguayos aliados, que si bien en un primer momento se desbandaron, ofrecieron una heroica resistencia, a diferencia de los brasileños, en medio del degüello de los furiosos jinetes guaranís. En la primera hora, que murieron casi 2000 aliados y un cuerpo entero de artillería brasileño fue tomado prisionero -y fusilado-, la ruta de escape era la cercana Itapirú, llegando a cobrar cien libras esterlinas los balseros correntinos. El que no pagaba, moría. Sin embargo, los paraguayos, en vez de retirarse con el botín, entre ella la correspondencia privada que abandonó Mitre en la huída, muertos de hambres y mal pertechetrados, demoraron la retirada, convirtiendo una victoria, más sicológica que real, en una derrota irrecuperable, perdieron casi 3000 veteranos soldados, la mayoría ametrallado con la boca llena de azúcar o un pedazo de pan.

“Los paraguayos…consiguieron arrollar nuestras fuerzas en el primer empuje, y quedan dueños del campo, incendiando cuanto había, destrozando todo el comercio…asesinando a los comerciantes”, recogía el cordobés coronel Agustín Olmo, y recalcando el punto de inflexión del combate alrededor de los 8 de la mañana, cuatro horas de matanzas que se podrían haber ahorrado si el comandante general Mitre, que algunos dieron por muerto ese día, disponía mejor las defensas, con un poco de sentido común y no instrucción militar aprendida en libros, “las fuerzas paraguayas se desorganizaron al ruido del comercio y por el gran gusto del triunfo…encontrándose con frascos de bebidas…cuando llegaron las reservas brasileñas y caballerías argentinas (del 3 del General Hornos, el San Martín y el General Lavalle), llevando el 9 de Infantería de línea su avanzada…nuestras caballerías se han portado muy bien en la última sableada”, acompañando la contraofensiva del brasileño general Porto Alegre. Durante la tarde, y madrugada del día siguiente, las vanguardias brasileñas y argentinas intentaron recuperar el parque de artillería, doce modernos cañones que habían quedado empantanados a unos pocos cientos de metros, pero finalmente dos escuálidos batallones de paraguayos lograron moverlos al mando del artillero Bruguez, al igual que una gran cantidad de fusiles y barriles de pólvora.

“Tuyutí es un escudo abandonado en los días azarosos de sacrificio. Era de hierro, fundido en la fragua del patriotismo: tras él esperó el Paraguay, sereno y tranquilo, el bárbaro empuje de los rebaños de don Pedro, el monarca y de Mitre, el compañero del monarca. Cayó de nuestros brazos cuando yo no podíamos sostenerlo, cuando nos faltaba sangre en las arterias, aún cuando siguiera sobrándonos fuego en el corazón”, escribía O´Leary legando gloria eterna a los dos Tuyutí, cementerio de naciones hermanas.

Vamos por todo

“Ya le fue imposible a Mitre seguir al frente del ejército; nada podría sostener su autoridad”, señala el historiador Blanco Fombona, luego de la nueva derrota de Don Bartolo, ridiculizado en Buenos Aires y Río de Janeiro, derrotado por un ejécito cuatro veces menor. El fallecimiento del vicepresidente Marcos Paz, y el creciente clima de inserrucción civil financiada por Solano López y el presidente boliviano Melgarejo, obligaron al presidente argentino a retirarse de la comandancia, con el ascenso del brasileño Marqués de Caixas al puesto de generalísimo. Recibido en la Reina del Plata con desconfianza, a sabiendas de sus errores militares que costó tantas vidas porteñas, entre ellas la del hijo de Sarmiento, estampó Mitre en su diario La Nación, “cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del librecambio han proclamado para mayor gloria y felicidad de los hombres”, cerraba en otra bonita página de la Historia de la Infamia Argentina; o en en viscerales pensamientos de José María Rosa, “hacíamos una guerra aniquiladora para quitarles lo que ganaba una tejedora de ñanduty, y dárselos a las hilanderas de Manchester y Birminghan”

Del otro lado, la prensa también entregaba versiones distorsionantes de la realidad. En el paraguayo diario El Centinela se afirmó luego de la segunda batalla de Tuyutí que la Triple Alianza estaba derrotada y que “el fin de nuestros sacrificios ya aparece en el horizonte”, en tanto el mariscal Solano López era elevado a la categoría de semidios. Y quien pensaba distinto, era pasado por las bayonetas, como el valiente teniente José Vargas, que osó rescatar la valentía de los infantes argentinos, apenas vestidos y con cuchillos, defendiendo la plaza de armas. Y fue fusilado inmediatamente.

“Le agradeceré que haga publicar esta correspondencia en La Prensa y que influya con los redactores que toquen la cuestión de arreglos definitivos (sic). El gobierno sostendrá sus derechos al Chaco, hasta los límites brasileños, es decir los señalados en el tratado el 1 de mayo de 1865”, redactaba en diciembre de 1870 a un amigo periodista, Miguel Gallegos, cónsul argentino, destacado médico militar, que intervino en las negociaciones del reparto pactado del territorio paraguayo, altamente beneficiosas para el Imperio en desmedro de los intereses argentinos y sudamericanos, Gallegos expulsado tras un “serio incidente con una dama de la sociedad asunceña” y que complicó las negociaciones, acota Miguel Ángel de Marco, en fin, “Esta gente ya no sabe qué hacer -¿el gobierno títere liberal que instauraron las fuerzas de ocupación, al cual exigieron una impagable reparación económica, y que pagaría el pueblo paraguayo? ¿los invasores, mismos latinoamericanos? ¿la diplomacia extranjera?- Van a vender propiedades fiscales – cuánto siento no tener 100.000 duros para comprar toda Asunción-; véngase y traiga dinero pues será el dueño de todo” Fueron por Todo.

 

Fuentes: de Marco, M. Cartas sobre la Guerra del Paraguay. Benjamín Carnard, Joaquín Cascallar y Miguel Gallegos. Buenos Aires: Academia Nacional de Historia. 1999; Olmedo, A. Guerra del Paraguay. Cuadernos de campaña (1867-1869) Buenos Aires: Academia Nacional de Historia. 2008; Rosa, J.M. La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas. Buenos Aires: Editorial Punto de Encuentro. 2008; O´Leary, J.E. Recuerdos de gloria. Artículos históricos sobre la Guerra contra la Triple Alianza. Asunción: Servilibro. 2010

Fecha de Publicación: 18/11/2021

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