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San Martín funcionario público

Lejos de los relatos militaristas, la vida pública de San Martín tuvo destacadas acciones de un estadista en la función pública en Cuyo.

Historia
San Martin funcionario

Cuando en las autoridades porteñas en 1814 decidieron trasladar a José de San Martín hacia la región de Cuyo, especulaban con alejarlo del centro político. Pero en aquella Intendencia, que conformaban Mendoza, San Luis y San Juan, el Libertador encontró finalmente terreno firme en su Patria y hermanos dispuestos a dar su sangre por la Independencia. La famosa “ínsula cuyana”, que enorgullecía al general hasta el fin de sus días, se consolidó en los veintiocho meses que estuvo al frente de los asuntos públicos, mientras adiestraba y armaba al Ejército de los Andes.

La situación de la región de Cuyo no tenía nada que pronosticara el Estado moderno que dejó San Martín. Los 45 mil habitantes se sustentaban con una economía agrícola y ganadera resabio de la Colonia y sobrevivían con fuertes lazos comerciales con Chile, de cuando integraban el Virreinato vecino, antes de la anexión a Córdoba en 1776. Por este motivo, los cuyanos vieron con buenos ojos la autonomía que venía con un afamado militar, vencedor de San Lorenzo, reorganizador del Ejército del Norte. Y aumentó cuando tomó inmediatas medidas por la salud y el bienestar de la gente, mejorando la educación con la pionera  “Escuela de Artes y Oficios”, un adelantado colegio industrial de la época; introduciendo la vacuna contra la viruela que había visto en los ejércitos napoleónicos; e irrigando las tierras de labor. Además, estimuló la actividad minera con el fin de proveer recursos para el ejército, fomentando la extracción de azufre, plata y plomo; confeccionó el primer plano catastral de Mendoza, y con eso trabajó para adelantarse casi 200 años a los planes estratégicos municipales; y reglamentó la relación entre patrones y obreros. Fue defensor incansable de la cultura y las artes, alentando la creación de bibliotecas y museos. Y también protegió a la industria vitivinícola, con medidas que bajaban los impuestos y alentaban la producción local. Apretado resumen, nada mal para un trabajo público de menos tres años.

Un Padre de la Patria

Recuerdan los testigos de la época que era visto casi como un padre para los cuyanos, aunque rechazaba halagos y lujos. Vivía solitariamente junto a Remedios y Mercedes, desde agosto de 1816, rodeado de un empleado y dos secretarios. Vestía un simple uniforme de granadero, con una escarapela en el sombrero, y trabajaba desde la madrugada hasta altas horas de la noche, principalmente debido al insomnio y a sus afecciones estomacales. Dicen que su único lujo era un cigarrillo de tabaco negro que fumaba después de un café negro. Que, claro, se preparaba él.

Una de las anécdotas que quedaron para la posteridad, y que demuestran modernas ideas sobre la infancia y la educación, además del lugar amado en el corazón de su pueblo, es cuando debió decidir si era lícito el castigo corporal en las escuelas, el tradicional y brutal azote, una consulta de don Javier Morales al Cabildo. Y San Martín respondió: “Siendo el trasero una parte corporal y a los ojos modestos muy mal quista, donde se pretende castigar cuando no puede ser oída, no puede ser vista, declaro no ha lugar”.

Tal actitud desapegada de lo material, inflamada de servicio al prójimo, justificó que los cuyanos lo defendieran en la llamada “revolución municipal” de abril de 1815, con la que ayudó a debilitar al alvaerismo en el poder, ya jaqueado en el norte y el litoral. Con ello San Martín se aseguró que, más allá de los vaivenes políticos de Buenos Aires, la ínsula cuyana era su roca. Y el tiempo, como otras tantas veces, le dio la razón: cuando llegó a Lima el 6 de julio de 1821, el Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que le había dado la orden del plan americano, era un recuerdo.  

“Renunciarlo cuando los americanos no tengan más enemigos”

Quedan las palabras al diario El Censor de Buenos Aires del 12 de diciembre de 1816: “Señor Censor: por último correo se me avisa de esa capital haber solicitado al Cabildo de esta ciudad, ante el excelentísimo supremo director, se me diese el empleo de brigadier. No es esta la primera oficiosidad de estos señores capitulares: ya en julio del año corriente, imploraron del soberano Congreso –N. de E: de Tucumán– se me nombrase general en jefe del ejército. Ambas gestiones, no solo han sido sin mi consentimiento, sino que me han mortificado sumamente. Estamos en revolución, y a la distancia puede creerse, o hacerlo persuadir genios que no faltan, que son acaso sugestiones mías. Por lo tanto ruego a Usted se sirva poner en su periódico esta exposición con el agregado siguiente: Protesto a nombre de la independencia de mi Patria no admitir jamás mayor graduación que la que tengo, ni obtener empleo público, y el militar que poseo renunciarlo en el momento que los americanos no tengan enemigos. No atribuya Usted a virtud de esta exposición, y sí el deseo que me asiste de gozar tranquilidad el resto de mis días”.

Fuentes: Espejo, G. El paso de los Andes: Crónica histórica de las operaciones del ejército de los Andes para la restauración de Chile en 1817. Mendoza: Edifyl. 2017; http://www.mendoza.edu.ar/jose-de-san-martin-mentor-de-la-mendocinidad/; Mitre, B. Historia de San Martín y de la emancipación americana. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. 1981.    

Fecha de Publicación: 21/08/2020

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