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San Martín: el gurí de Yapeyú

Los primeros años argentinos del Libertador de América. Padres guerreros y religiosos, amigos aborígenes que nunca olvidará y un origen que aún se debate

Historia
San Martín

La estadía de los San Martín en el Río de la Plata no fue la esperada.  El progreso económico y social en los veinte años vividos y sufridos, entre la Banda Oriental, Corrientes y Buenos Aires, herrumbró los sueños de prestigio del hijo de unos humildes labradores de Palencia,  en Castilla La Vieja, Juan de San Martín, padre del Padre de la Patria, Don José de San Martín. Incluso, si bien no retornaron más pobres, la escasa fortuna obtenida con esfuerzos en estas pampas se disipó rápidamente en el regreso a Cádiz, en abril de 1784. Con un poco más de seis años viajaba a Europa, en la fragata “Santa Balbina”, y rodeado de militares desencantados con el Nuevo Mundo, José Francisco, que haría el camino inverso en marzo de 1812, tanto geográfico como espiritual, ya que siempre se sintió unido a la tierra roja correntina. Los ideales de libertad y emancipación de sus hermanos latinoamericanos, y también de orden y sacrificio, pudieron haber brotado de las tardes bajo la higuera con la criadaRosa Guarú, y jugando en compañía de pequeños amigos guaraníes, criollos y mestizos. Aunque el mismo San Martín poco refirió a los primeros años, la gesta libertaria posterior, y la unidad férrea con sus compatriotas, demuestran ese “instinto de raza” que alabara Mitre. Y todo comenzó en una humilde casita de Yapeyú un 25 de febrero de 1778.  

Llegado a la América española en los tiempos de la violenta expulsión de los jesuitas, y tras un breve paso en Buenos Aires entrenando el Batallón de Milicianos con las técnicas de los granaderos españoles, destacándose en la “instrucción y disciplina”, y ascendido a teniente por el Virrey Cevallos, Juan de San Martín es destinado en 1767 a la Calera de las Vacas en la Banda Oriental –actual Uruguay, un próspero enclave ganadero de los misiones jesuitas. Allí cumplió una encomiada labor de administración y defensa militar ante los avances de los portugueses. A los tres años contrae matrimonio en octubre con Gregoria Matorras, también palenciana, y prima del gobernador de Tucumán, en una ceremonia celebrada en la Catedral de Buenos Aires en ausencia. Recién un mes después se unirían los esposos y nacerían María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín antes que la familia sea trasladada a un nuevo polo de la orden expulsada, ahora del otro lado del río Uruguay, Yapeyú.

Cuando se habla de Yapeyú (“fruto maduro” en guaraní) se entiende generalmente al pueblo fundado como “Nuestra Señora de Los Tres Reyes Magos” por los jesuitas Santa Cruz y Romero, el 4 de febrero de 1627. Pero abarcaba un enorme territorio de 5 mil leguas, una de las tres provincias del Río de la Plata, y que comprendía Argentina, Brasil y Uruguay.  Con enormes riquezas forestales, codiciado estratégicamente por los portugueses y contrabandistas, llega la familia San Martín en 1775, con Juan bajo el cargo de teniente gobernador del departamento que incluía los pueblos –o reducciones, ya que así se llamaban las que eran habitadas por aborígenes- de La Cruz, San Francisco de Borja y Santo Tomé –y con el tiempo al padre de San Martín fundaría Paysandú. Durante su gestión, el ahora capitán San Martín instaló hornos, labró puentes, abrió escuelas y levanto una capilla dominicana –a la par de Gregoria eran fuertes devotos-, que sería el solar bautismal de José Francisco el primero de marzo de 1778. Y desarrolló una gran tarea civilizatoria con 550 guaraníes que instruyó personalmente, tanto en las letras y las armas, “que egercitan con una destreza que nada les abentaja la tropa arreglada ”, remitía los informes al gobernador Vertiz el capitán desde “Pueblo de Yapeyú de Indios dela Nación Guaraní 2,, de noviembre de 1777”  En la casa de nueve cuartos en forma de L , a techo de dos aguas, de piedras y urunday, Doña Gregoria esperaba al benjamín de los San Martín, José –de la que se conservan las ruinas bajo un Templete.

“Vemos, pues, madrugadora  a doña Gregoria en Yapeyú”, bosquejo ficcional de Arturo Capdevila sobre la madre del Libertador, hija de una familia tradicional castellana de la Villa de Paredes Nava, y de quien poco se sabe, “madrugadora y vigilante, de corta cama y mucho aguja (antes de José nació Justo Rufino en 1776, cinco vástagos), mirando por la casa y la huerta. Su misa, la del alba quizás, y su desayuno, luego, con todos los suyos…trabajadora e incansable, deleitándose con la gloria de la mañana, cuidando a la planta y atendiendo al animal, a la avecilla y la flor. La imaginamos siempre de amable presencia y apacible trato”, imagina quien acompañó las peripicias, y graves enfermedades, de su esposo en América y Europa. Gregoria quien conoció a su marido prácticamente el día de su boda.

Aires indianos en el Criollo más grande del Nuevo Mundo 

“Yapeyú era una verdadera ciudad con cinco mil habitantes”, comenta el geográfo francés Martín de Moussy a mediados del siglo XIX, en el periodo que se inicia su repoblamiento debido al abandono después de los saqueos portugueses de 1817, “capital que fue de todas las Misiones en tiempo de los padres de la Compañía de Jesús…pueden reconocerse los muros de la iglesia, los del colegio, los de la habitación de los padres y de los almacenes y depósitos. La fila de casas que formaba la plaza, estaba resguardada por una doble galería sostenida por pilares de madera de urunday, la mejor que puede encontrarse en la comarca. Estos pilares asentaban sobre cubos de piedra roja (asperón) muy bien trabajados y algunos pilares se mantienen en pie -aún varios se encuentran perfectos en búsquedas arqueólogicas-…los árboles -plantados por los jesuitas- daban sombra a la plaza de maniobras, en que desarrollaban los indios sus juegos y ejercicios”, en una postal bucólica que el pequeño José recorrió de la mano de sus hermanos, padres y la criada guaraní Rosa -aunque está en discusión el tiempo que permaneció San Martín en Corrientes, unos señalan un poco más de tres años, otros ubican a Gregoria y sus hijos en Buenos Aires a mediados de 1780, anticipando el arribo porteño de Juan en 1781 “Sus compañeros de infancia fueron los pequeños indios y mestizos a cuyo lado empezó a descifrar el alfabeto en la escuela democrática del pueblo de Yapeyú” bosqueja Bartolomé Mitre de las horas subtropicales del gurí José, bajo la histórica higuera que lamentablemente colapsó en 1986.

La figura mencionada de la criada abre también una de las discusiones peliagudas nacionales: el origen mestizo o español de San Martín. Una disputa que no es nada novedosa, ya en vida a San Martín le decían “tape (aindiado) de Yapeyú” y los realistas “indio misionero”, luego Vicente Fidel López desliza sus “notorios” rasgos guaraníes, y más cerca, Hugo Chumbita y José Ignacio García Hamilton reafimaron la hipótesis mestiza y fueron agriamente atacados.

Por un lado se encuentran las actas de los hijos del matrimonio para incorporase a la excluyente y racista milicia española, los varones de la familia San Martín continuaron las armas, donde se afirma que “todos los ascendientes y descendientes han sido cristianos viejos, limpios de toda mala raza de moros, herejes y judíos nuevamente convertidos a nuestra fe católica y que tampoco han sido procesados por el Santo Oficio de la Inquisición” Es pertinente que debió el padre de San Martín firmar esta declaración jurada para el ingreso de José con menos de once años al Regimiento de Murcia, dando la posibilidad a una brillante carrera militar que en 33 años pelearía por tierra y mar, y emanciparía medio Continente.

La otra versión queda en papel tempranamente en la primera biografía que transformaría a San Martín en bronce. Mitre en 1887 sostiene que supuestamente la madre de San Martín afirmó ya viuda de Juan (fallece en 1796) que “José era el hijo que menos costo le había traído” y agrega con un poco de malicia, “¡Hijo barato, como después fue héroe barato, su madre natural como su madre cívica, sólo le dieron de su seno la leche necesaria para nutrir su fibra heroica!” Ya circulaba el rumor de que San Martín era hijo bastardo de Diego de Alvear, un rico marino de la Corona y padre del enemigo íntimo del Libertador, Carlos María de Alvear, y una guaraní, concebido durante una breve estancia del español en Yapeyú.  Muchos sostienen incluso que la famosa Rosa era en realidad su madre biológica y que los San Martín habían prometido buscarla para alojarla en Buenos Aires. Algo que nunca ocurrió. Anciana y centenaria se enteró del fallecimiento del Libertador por un soldado de la Guerra contra el Paraguay, según Adrián Pignatelli, y pidió ser enterrada con un relicario con la imagen supuestamente de su hijo, José de San Martín.

Otros indicios de la sangre mestiza y criolla de San Martín se encuentran en la cronología de los antepasados que dejara Joaquina de Alvear en 1877 y donde afirma que su abuelo, Diego, tuvo un hijo con una indígena correntina, y que era el general San Martín. Más antecedentes significan el famoso diálogo con los indios pehuenches antes del Cruce de los Andes, para algunos una brillante maniobra de inteligencia, para otros una fallida tratativa, y donde el Libertador les manifiesta que era indio como ellos y que luchaba contra las españoles por las tierras que les habían robado. No olvidemos tampoco que San Martín impulsó la traducción al quechua del Acta de la Independencia.  Capítulos que se agregan a una disputa de nunca acabar, incluso se llegó a solicitar un ADN a los restos del patriota que descansan en la Catedral Metropolitana.  Sea cual fuera el origen, una cuna mestiza y criolla, mixed breed (mestizo) le decían despectivamente en Santiago de Chile, daría sin dudas mayor envergardura a la gesta sanmartiniana debido a que además tuvo que vencer los prejuicios de la época. Por cierto consolidarían su raigambre y proyección americana. Y lo acercarían al ser humano, uno que vomitaba horas antes de batallas épicas y consumía estupefacientes por sus dolores, tal vez para horror de los reaccionarios de siempre.

Volviendo a la familia San Martín, en concreto la gestión de Juan era brillante en Yapeyú, centro económico floreciente de cueros, yerbatero y algodón, hasta que a fines de 1778 ocurrió una rebelión de indígenas y se perdieron varias cabezas de ganado.  Si bien fueron procesados los insurrectos, el Virrey Vertiz desplazó al capitán San Martín y le encomendó las milicias en Buenos Aires ante un eventual ataque inglés en 1781. Sobrevive a duras penas en febrero de ese mismo año por una repentina enfermedad y muda a la familia a una gran casa en la calle Piedras, entre Moreno y Belgrano -apenas se sabe que el criado era un negro llamado José. También poseen una pequeña casa en Venezuela, entre Tacuarí y Bernardo de Yrigoyen. Ambas serían malvendidas en 1791 ya en España cuando apremiaban las cuentas familiares; y un modesto cargo de ayudante supernumerario a la plaza de Málaga terminan con los sueños de Juan por un nombramiento de teniente coronel -y sus deseos de regresar a América.  De los años porteños de José se conoce que inicia su instrucción con Nicolás Rodríguez Peña, patriota de Mayo que colaboraría con el Ejército de los Andes,  y Gregorio Gómez Orquejo, que llevó en chasqui los sueños revolucionarios a Chile. Y no mucho más.  Con el relevo del Virrey Vertiz su padre quedaría sin trabajo y los San Martín embarcan a Europa. Allí, las primeras páginas de gloria sanmartiniana aún en blanco.

Yapeyú en el alma sanmartiniana

Es difícil saber las memorias que el Libertador tenía sobre los heroicos 550 guaraníes que Juan de San Martín había instruido para defenderse de los aguerridos charrúas y minuanes, armados por los imperiales portugueses, y que se estima superaban los diez mil en la región. Lo que seguro sabía de su padre eran las anécdotas de mil cargas y escaramuzas, en una familia con larga tradición militar que se remontaba a los abuelos, y reconocía el prócer la valentía de su paisanos. Por eso no extraña que el 18 de agosto de 1812, el comandante de los flamantes Granaderos argentinos solicitara al gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata que se recluten 300 guaraníes con el llamado de un “paisano de su terruño”, “por la confianza que de ellos tiene, a efectos de proporcionarles la gloria; de que igualmente, como todos los demás americanos, contribuyan con las armas al logro de la libertad de la Patria”, trasladaba la firma de Bernardino Rivadavia los deseos sanmartinianos.

Y los guaraníes granaderos no defraudaron al Gran Capitán desde Salta hasta Ayacucho, incluso se destacaron en la Guerra contra el Brasil, y fueron decisivos en la batalla de Ituzaingó. Santiago Guaichá, Lorenzo Napurey, Serapio Taperovy (nacido en Yapeyú y que evitó una sublevación realista en Rancagua) y Miguel Chepoyá, la Trompeta Guaraní de la Libertad que peleó con San Martín, Belgrano, Rondeau, Bolívar y Sucre en toda Hispanoamerica, son algunos de los valientes hijos de los pueblos originarios que soñaron la Patria Grande, libre, soberana, incorruptible y fraterna. Y nunca le fallaron al Padre de la Patria, ¿y vos?

 

Fuentes: La Gloria de Yapeyú. Instituto Nacional Sanmartiniano. Buenos Aires. 1978; Busaniche, J. L. San Martín vivo. Buenos Aires: Eudeba. 1963; https://www.ancmyp.org.ar/user/7-%20GARCÍA%20BAZÁN%20.pdf; https://www.infobae.com/sociedad/2020/02/25/el-nacimiento-de-san-martin-el-sacrificio-de-sus-padres-la-tristeza-de-su-nodriza-y-la-higuera-de-su-ninez/

Fecha de Publicación: 25/02/2021

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