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Ricardo Rojas: rector de los maestros y trabajadores

En el Año del Bicentenario de la Universidad de Buenos Aires, los primeros días de marzo de 1926 asumía uno de sus rectores notables que bregó por la educación popular con raíces nacionales

Historia
Ricardo Rojas:

Los rectores de la Universidad de Buenos Aires a través de dos siglos acceden largamente las aulas y proyectan sus legado a toda la sociedad argentina. Risieri Frondizi, el ideólogo de las brillante camada de científicos en los sesenta, o Oscar Shuberoff, quien abrió las puertas del saber de excelencia en el retorno de la democracia,  son algunos de los hombres que continúan la senda del Reformismo del 18,  aquel que fogoneó una obra de libertad, autonomía de pensamiento y promoción social, y que anhelaba cambiar el mundo.  Y Ricardo Rojas fue el primer rector que llevó la “revolución de conciencia” que inspiró un Continente, una generación, desde el sillón de máxima autoridad de la UBA entre 1926 y 1930 “Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan” firmaban el manifiesto los emancipadores jóvenes cordobeses,  y Rojas trabajó a lo largo de su carrera docente en “formar por la libertad, el desinterés y la intuición una verdadera cultura nacional”, único camino que permitiría “nacer la Argentina mejor que todos anhelamos, pero que algunos andan buscando por caminos extraviados…el odio es siempre mal consejero…esta hora es de maestros y trabajadores”, defendía el Rector Rojas.

La llegada de Rojas al rectorado de la universidad porteña coronaba una larga trayectoria de casi veinte años, desde que este tucumano recibiera el ofrecimiento de Joaquín V. González para enseñar sicología en la Escuela Normal de Señoritas. Con cátedras en La Plata y Buenos Aires el ahora docente Rojas también completaba sus magros ingresos de periodista, uno de los primeros que profesionalizaron el medio escribiendo en la revista Caras & Caretas y El País, diario de Carlos Pellegrini. Si  bien no poseía grado universitario, el ya conocido dramaturgo, narrador, ensayista e investigador, había sido nombrado en 1921 doctor honoris causa por la Facultad de Filosofía y Letras UBA, donde permanecería hasta 1946 al frente de la fundacional cátedra e Instituto de literatura nacional,  y participado de la fundación de las casas de altos estudios de Tucumán y Cuyo. Pero sobre todo seguía siendo en 1926 aquel que los jóvenes de la Reforma apoyaran en 1918, “-sostenemos- esta reforma que Usted pregonara desde la cátedra, desde la prensa, desde la tribuna pública”, rubricaba Eugenio Garzón, uno de los reformistas.

En tiempos que debe alejarse de La Plata por los agravios de la Federación Universitaria, que cuestionaban que en el Consejo Superior no había defendido a los estudiantes durante una revuelta que fue disuelta a sablazos,  Rojas en Buenos Aires es nombrado en el decanato de Filosofía y Letras (1922-1924) y, luego al rectorado de la Universidad de Buenos Aires el 7 de marzo de 1926 “El nuevo rector es una garantía para el triunfo definitivo de la Reforma del 18” titula ese día el diario Crítica.  Inmediatamente el Rector Rojas establece los puntos que venía “revolucionariamente reformista” sosteniendo en el ámbito platense, autarquía, asistencia libre, gratuidad de enseñanza, régimen de concursos, representación estudiantil, ingreso irrestricto y autonomía. Una defensa de la soberanía universitaria que se acrecienta con los años con la cada vez mayor injerencia de las fuerzas armadas en todos los rincones de la vida argentina, por ejemplo en las clases que quiere imponer el ministro de guerra, el futuro golpista Agustín P. Justo “La universidad es autónoma en los asuntos de enseñanza” diría al respecto Rojas, que sería encarcelado por Justo en 1933, y traslado el Penal de Tierra del Fuego en 1934,  luego de sus campañas a favor del  radicalismo,  y contra el gobierno represivo y antipopular de la Década Infame.

“Hoy tenemos más inquietud, más contralor, más libertad, y eso da publicidad a nuestros vicios y a nuestros errores” enfatizaba Rojas  y, en ese sentido, impidió una maniobra limitacionista en la Facultad de Medicina en 1926, que pretendía restringir el ingreso, “hay un sentido de privilegio en toda limitación…hay poblaciones enteras del país con un 30% de mortalidad infantil por falta de diagnóstico médico…-no limitemos- la vocación de servir” En 1929 debe intervenir la Facultad de Derecho por una movida contrarreformista, que suponía retornar a las viejas castas de profesores, “la nueva generación, animada por un ideal de cultura cívica, científica y moral...es un movimiento espiritual que necesita ser encauzado por verdaderos maestros…Nuestra Universidad se halla apenas en vías de formación, como nuestra nacionalidad y toda nuestra cultura. En medio de aparente caos y con sus 12 mil alumnos, acaso  oculta la gestación de un  nuevo  mundo espiritual”, cerraba el autor de “La Restauración Nacionalista”, un intento pionero por la educación fundada en un nacionalismo democrático, y  a la altura al informe Bialet Massé sobre las condiciones de trabajo –y sus soluciones inclusivas.

Uno de sus últimos proyectos en UBA, antes de su alejamiento de Rectorado en las vísperas del golpe de 1930, fue el Instituto del Petróleo que provea recursos humanos y técnicos a Yacimientos Petrolíferos Fiscales,  en el proyecto nacional del general Mosconi. Para enfrentar a un “imperialismo que ocupa como el viento los espacios vacíos” respalda ferviente la nacionalización de la riqueza de nuestros subsuelos, con el auspicio del presidente Yrigoyen, quien unos meses después sería derrocado en un clima sedicioso y crispado que olía a petróleo.           

Hijo del caudillo civilizador, vate de América

Ricardo Rojas nació el 16 de septiembre de 1882 en Tucumán, hijo de un caudillo y gobernador santiagueño de origen humilde, Absalón Rojas. La gestión  en la gobernación del  “caudillo de los pueblos”, fundador de cien escuelas en la provincia más pobre entre 1886 y 1889, destinaba Absalón la mitad del presupuesto al área formativa,  marcaría a su hijo por siempre. “Educar al pueblo para que ejercite sus derechos”, diría su padre, de quien heredó además Rojas la austeridad casi franciscana y “la pasión por la Patria” Los años de infancia de Rojas marcarían  fuertemente su obra en cuanto la herencia cultural hispano-criolla y la referencia a los pueblos originarios “El país de la selva” y “El Alma española” son los primeros trabajos que fueron halagados por Miguel de Unamuno y Bartolomé Mitre, que lo incorpora al diario La Nación.  Integra la revista Ideas con Manuel Gálvez, en donde acentúa el pensamiento espiritualista que caracteriza a la generación del Centenario.

En 1907 realiza el viaje a Europa a fin de estudiar los sistemas pedagógicos contemporáneos y, dos años más tarde, se publica “La Restauración Nacionalista. Informe sobre la educación”, una propuesta de síntesis educativa que integre al país aluvional en una raigambre romántica,  sobre el pasado aborigen, colonial y federal.  Rojas aspira a una democracia ampliada afín al radicalismo popular en ciernes, un nacionalismo no autoritario adaptado a las “necesidades argentinas” Y con las enseñanzas de una historia despojada y pluralista orientada en “decir lo verdadero, iría por otra parte implícita una admirable lección moral”, con lo que equivaldría a aceptar que “había más afinidades entre Rosas y su pampa o entre Facundo y su montaña, que entre el señor Rivadavia o el señor García y el país que querían gobernar.  La Barbarie, siendo gaucho, puesto que iba a caballo, era más argentina, era más nuestra. Ella no había pensado  en entregar la soberanía del país a una dinastía europea. Por lo contrario, la defendió. Su obra sangrienta fue el complemento indispensable de la Revolución, pues elaboró con sangre argentina el concepto de gobierno y de la nacionalidad dando base más sólida a la obra de los Constituyentes”, reflexionaba Rojas terciando la  grieta sarmientina Civilización o Barbarie. Por demás, el autor de una completa biografía de Sarmiento, “El Profeta de la Pampa”, un best seller publicado en 1946 al igual que “El Santo de la Espada”,  trabajo sobre San Martín, y que editado en 1933,  vendió miles de ejemplares hasta el día de la fecha,  quizá la biografía más accesible, sin perder rigurosidad, del Libertador de América.     

En desafío al autoritarismo de los militares en 1930, Rojas, que abjuraba de afiliarse políticamente por los agrios recuerdos de la militancia y miserias de su padre, se afilia al Partido Radical –proscripto-, “el radicalismo es, por su latitud geográfica, por su filiación histórica, por su fe en el pueblo, por su emoción nacionalista y por su probado espíritu de resistencia a la adversidad, una fuerza cívica que, debidamente adoctrinada y conducida, ha de ser un baluarte de la nacionalidad y de la justicia social en esta época”, señalaba Rojas para el diario Noticias Gráficas en 1931. Un par de años después, apresado y desterrado por cuestiones políticas, seguiría trabajando en afirmar las “fuerzas cívicas” presentes en “el espíritu de la tierra”,  en trabajos que ensanchan el programa conciliador de culturas como “Eurindia” (1924) y “Silabario de la decoración americana” (1930) Su casa, actual Museo Nacional Casa Ricardo Rojas en la calle Charcas, conjuga arquitectónicamente las fuentes ligadas a las herencias nacionales. Y su impronta cultural aperturista pervive en el Centro Cultural UBA que lleva su nombre,  en la avenida Corrientes.  

Alejado de la política, aunque participa de la lista radical porteña en 1946, prosigue con trabajos sobre el pasado argentino y la investigación literaria, sin abandonar el teatro ni la literatura, allí su drama incaico “Ollantay. Tragedia de los Andes” (1939) Acérrimo opositor al peronismo, que lo prescinde de sus cátedras, “esta  es una hora sanmartiniana”, diría con el golpe de setiembre de 1955, la autodenominada “Revolución Libertadora” lo nombra embajador en Perú. Su precaria salud impide viajar a Lima  y fallece el 29 de julio de 1957; que por un decreto de la última dictadura militar es declarado Día de la Cultura Nacional. Los ecos del “país de la selva”, que recorren pensamiento y acción de Rojas, necesitan nuevas lecturas cívicas para un nacionalista republicano que creía en un sola revolución, la educación y la educación.

Rojas, al maestro con cariño

De pronto Rojas, sin aguardar más, espetó severamente,  ¿Cómo se atreve un universitario a presentarse al examen sin haber estudiado? ¡Esta es una falta absoluta de responsabilidad y de respeto”, recordaba una ex alumna de los tiempos de Filosofía y Letras UBA en la calle Viamonte, y agrega conmovida en un homenaje que la misma Casa de Altos Estudios realizaba en 1984, “en ese momento la palabra universitario se grabó en letras de bronce. Jamás olvidamos que el universitario es el que más sabe porque es el que más estudia”, remataba la periodista Petrona Domínguez señalando que el Profesor Rojas agregaba a sus universitarios, “el que más sabe es el que más debe servir a la Patria”

“Yo tuve oportunidad de observar a Ricardo Rojas  en su aspecto político y en su faz de maestro, maestro de civismo y maestro de literatura, descendía de la cátedra con el prestigio de un patriarca y subía a la tribuna de la calle; iba a la tribuna polvorienta de todos los caminos de la República a enseñar cómo se defiende la democracia y la libertad, en la más auténtica, pura y sana expresión de la docencia”, recordaba Nélida Baigorria, funcionaria en medios del presidente Illia, y presidenta de la Comisión Nacional de Alfabetización del presidente Alfonsín, “Ricardo Rojas, tan adherido a los cosas nuestras, me dio en aquellos años iniciales de mi formación el auténtico sentido de lo nacional y lo indoamericano. Más tarde supe yo, estudiando con profundidad el pensamiento de Yrigoyen, que ese era el credo vivo del Radicalismo, al que me ceñí con pasión”, cerraba la diputada en 1958 a su maestro, Don Ricardo Rojas, que una vez dijo “soy un vate de América”, poeta y profeta.

 

Fuentes: Rojas, R. La restauración nacionalista. La Plata: UNIPE. Editorial Universitaria. 2010; Castillo, H. Ricardo Rojas. Buenos Aires: Academia Argentina de Letras. 1999; Testimonios sobre Ricardo Rojas.  Buenos Aires: Instituto de Literatura Ricardo Rojas FFyL UBA. 1984   

Fecha de Publicación: 02/03/2021

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