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La revisión histórica y las nuevas miradas con respecto al pasado están trayendo problemas administrativos y habitacionales.

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Ya los próceres fueron desterrados de los billetes cuando comenzaron a ponerse en tela de juicio ciertos aspectos de sus currículums. Ahora les llegó el turno a las estatuas, que están siendo desalojadas de sus locaciones habituales y deben buscar otros destinos. Veamos lo que le pasó a Colón, por ejemplo.

El genocida

Fue la ex presidente quien tomó la decisión de remover al antes indiscutido “descubridor de América” del que fue su lugar de emplazamiento durante más de 90 años, detrás de la Casa Rosada. El Colón-genocida, entonces, fue desmantelado y su nuevo domicilio estuvo en discusión, hasta que se decidió ubicarlo en la Costanera Norte. A su antiguo sitio llegó Juana Azurduy, la heroína del Alto Perú.

Juana, luego de dos años de vivir en el Bajo, no pudo renovar su contrato de alquiler con el nuevo arrendador y también tuvo que buscar un nuevo destino, en su caso, la Plaza del Correo, junto al Centro Cultural Kirchner.

El primer inmigrante

La polémica estatua de Colón –además de referirnos a los años de la colonización de América– es símbolo de otra parte de nuestra historia: la gran ola de inmigración italiana que tuvo lugar entre 1880 y 1960. Sucede que el monumento fue obsequio de la colectividad italiana en el país, que sintió como un desprecio el movimiento de la escultura.

Como siempre, todo depende de las interpretaciones: Colón puede ser símbolo de aquellos que destruyeron a las comunidades nativas en suelo americano o de aquellas otras comunidades que llegaron siglos después y contribuyeron a hacer grande nuestra patria. El genocida o el primer inmigrante.

El Colón-primer inmigrante ahora tiene una casa con vistas al Río de la Plata, donde pasa sus días entre los aviones que van y vienen a Aeroparque, añorando –tal vez– sus épocas doradas en la Santa María, la Pinta y la Niña.

Juzgar la historia con la mirada del presente

Los problemas que describimos más arriba son solo una muestra de algo que sucede cada vez más a menudo: juzgamos los hechos históricos con la mirada de hoy y eso genera inconvenientes. ¿Por qué? Porque para analizar un hecho histórico es necesario tener en cuenta su contexto. No existen los hechos aislados.

Nuestra cultura y nuestros valores van mutando con el tiempo, por eso algunas cuestiones que estaban bien vistas en el pasado, hoy ya no lo están. Y está bien. Pero no podemos pretender cambiar el pasado. Lo que pasó, pasó… diría la canción. Hay que analizar los acontecimientos en su contexto y, en caso de que sea diferente de lo que hoy consideramos correcto, corregirlo con miras al futuro pero sin negar su importancia ni juzgar a sus actores.

¿Podemos juzgar con la vara de hoy acciones del pasado? Podemos, pero no sería justo. Hay que entender que actuamos de acuerdo a los valores que nos inculcan – nuestros padres, maestros; la sociedad  - y es difícil escindirse de esa “bajada de línea” cultural en la que vivimos inmersos. Solo algunos pocos lograron ver más allá de lo establecido y encontrar errores incluso antes de que sean catalogados como tales. Pero la mayoría somos esclavos  de nuestro contexto y actuamos según los valores que conocemos. Entonces es imposible corregir los errores si no entendemos de donde vienen o por qué se actuó de determinada manera.

Hoy en día hay un auge en la llamada “cultura de la cancelación” que consiste, como su nombre lo indica, en cancelar a una persona o expresión artística (una canción, programa de TV, película) del pasado que no exponga los valores que hoy consideramos adecuados. Por ejemplo, hace poco una de las plataformas de streaming más populares sacó de su catálogo a la película “Lo que el viento se llevó” porque mostraba una visión idealizada de la esclavitud y perpetuaba estereotipos racistas. A ver, analicemos esto: si bien las razones que exponen son ciertas, hay que entender que la película se filmó en 1939 y los valores de ese momento eran muy distintos a los de ahora. Pero no se puede borrar el pasado porque eso nos estanca. Hay que revisarlo y corregirlo hacia adelante, pero no negarlo. Vale decir que la mencionada plataforma entró en razón y optó por mantener la película pero con un mensaje de advertencia donde se aclara que la cinta “niega los horrores de la esclavitud”. También viene precedido por un video que contextualiza las “representaciones racistas” de esta obra.

Fecha de Publicación: 18/04/2018

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