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Perito Moreno: los ojos que mejor miraron la Patria

Científico y conservacionista adelantado, perito defensor de la soberanía, protector de la infancia e impulsor de la educación, Perito Moreno, tan enorme como San Martín, es uno de los próceres menos conocidos.

“Los ojos que mejor miraron a la Patria” es una frase de Leopoldo Lugones. Bartolomé Mitre dijo de Francisco Moreno, “Explorando lo desconocido ensanchó el campo de la ciencia” El Perito Moreno, indisociablemente unido a la Patagonia por el Glaciar en Santa Cruz, aunque en verdad transitó casi todos los rumbos argentinos,  es uno de los grandes próceres de quien poco se sabe, alma máter del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, con hallazgos formidables y gestión altruísta, impulsor de una mirada comprensiva con los pueblos originarios, diferente a  la depredadora de la Generación del 80,  o ideólogo de la copa de leche en las escuelas, “un niño con barriga vacía, no puede aprender a escribir la palabra pan”, repetía.   “Valores como la integridad, el sentido patriótico, la idea de identidad nacional, la soberanía en varios terrenos, no solo en el geográfico, el sentido ascético del sacrificio personal por su país, la capacidad de donación de sí, que lo hace uno de esos “argentinos invisibles” de los que supo hablar Eduardo Mallea, y tantos rasgos más de su fisonomía moral” sentenciaría Pedro Barcia de un compatriota esencial.  

Francisco Pascasio Moreno nació el 31 de mayo de 1852 en el barrio de Monserrat –Día del Guía de Turismo-  Hijo de Francisco Facundo, un opositor al rosismo,  y de Juana Thwaites, hija de un oficial inglés capturado en las invasiones británicas, estudió en el Colegio San José (Padres Bayoneses),  y luego de tres años continuó en la Escuela “Catedral al Norte” (calle Reconquista y Avenida Corrientes) Su imaginación infantil era estimulada por los libros de viajes, entre la exploración científica y la aventura.  De jovencito había tenido de preceptor honorario a Sarmiento. En su vejez,  Moreno recordaba que el sanjuanino reunía a un grupo de niños en torno suyo, para enseñarles asuntos ciudadanos,  y cuando los despedía pedía: “y ahora, muchachos, gritemos: ‘¡viva la Patria!’” El presidente Sarmiento, como los presidentes Avellaneda y Roca, encomendarían luego vitales y riesgosas misiones geográficas al Perito Moreno, misiones de las cuales dependió la soberanía nacional.  

En sus visitas de niño a las playas porteñas del Río de la Plata, con sus hermanos, supo estudiar y clasificar los primeros fósiles y piedras, con los cuales formaría un museo particular en el mirador de la casa paterna, ahora mudados a Parque Patricios –a la altura de la actual Avenida Caseros al 2800, una propiedad de casi tres manzanas,  en los terrenos del hoy  Instituto Bernasconi y la Maternidad Sardá. Llevó un armadillo fósil desconocido a manos de la figura científica más relevante de entonces,  el doctor Germán Burmeister, Director del Museo de Ciencias Naturales –hoy Bernardino Rivadavia. Tras corroborar el hallazgo lo bautizó (Dasypus moreni) en honor a ese prometedor investigador de 15 años. Y él no se equivocó, porque, con 20 años y un  museo propio que acrecienta con piezas bonaerenses, sería uno de los fundadores de la Sociedad Científica Argentina. Por aquel tiempo, y debido a la epidemia de fiebre amarilla, la familia se traslada a Chascomús y, luego a Carmen de Patagones, donde “Pancho”, como ya se lo llamaba, aumenta su colección, con material arqueológico de los pueblos originarios. Con menos de 25 años es reconocido en sociedades nacionales e internacionales, y el célebre antropólogo francés  Paul Brocca comparte sus trabajos a las comunidades científicas del orbe.   En 1873 emprende su primera excursión, costeada por su familia, por el Río Negro, y atesora una gran cantidad de piezas antropológicas y etnológicas que cimentarían su reputación.  Al año siguiente conjuntamente con el naturalista Carlos Berg, y con el apoyo del presidente Sarmiento, parte a Santa Cruz, en una estadía donde además de recolectar gran cantidad de cráneos y objetos rituales indios, traba amistad con varios caciques. Era una Patagonia con fronteras difusas, sin caminos ni huellas, y el ahora Perito Moreno no se detiene, explora, reconoce y mapea.

 

Excursión a los indios patagónicos

Las repetidas visitas desde 1874 a 1912 de Perito Moreno cambian definitivamente la asunción de la Patagonia como “tierras malditas”, en palabra de Darwin,  y las incorporan al imaginario de lo argentino a través de sus obras de difusión, entre ellas, “Viaje a la Patagonia Austral” (1879), una de las más comentadas de la época.  Pero el gran aporte del Perito Moreno es una mirada distintiva sobre los tehuelches, mapuches y araucanos, ajena a la oposición entre civilización y barbarie, en los límites de la mentalidad positivista del siglo XIX. En la intención de Moreno estuvo no reprimir ni hostigar a los antiguos habitantes patagónicos sino que propugnó con mayor,  o menor éxito, la incorporación de los indios a los colonias y la vida en colonias. Ha sido motivo de repetida polémica sus saqueos a santuarios y, posterior, envió a Europa. Esta resulta una mirada resulta anacrónica, e injusta, para un “huinca” que los mismos indios consideraban un amigo “Amigo en el año que tuvimos la dicha de conocernos y estrecharnos la mano derecha en ese entonces lo consideré a Ud. con mucho aprecio y estimación y por consiguiente le prometí mucha fidelidad por le cual me ratifico y ratificaré para más satisfacción me ize compadre de V.”, remitía el cacique mapuche-tehuelche Saihueque  en 1880 al Perito Moreno, en un solicitud de ayuda mientras las fuerzas del ejército nacional exterminaba a su pueblo. Un lustro antes Saihueque  había salvado la vida de Moreno del cacique Pichún, en el primer viaje de un naturalista argentino hasta los confines de los ríos Negro y Limay, llevando la bandera argentina al Nahuel Huapi, y fue Saihueque que le permitió regresar a Buenos Aires,  por el curso del Nahuel Huapi. Pero sigue el temido cacique en otra carta a su amigo Moreno, cuando la persecución final del presidente Roca se extendía a los Andes y el Nahuel Huapi,  y que en 1884 sería aplastante, dejando arrinconados y diezmados a los otrora reyes del “País de las manzanas” rionegrinos, sojuzgados a un árido pedazo olvidado de Chubut una década más tarde, ante las protestas aireadas del Perito Moreno, “Dios no ha hecho nacer en los campos…los blancos vinieron…a robarnos los animales y a buscar la plata en las montaña…en ves de pedir permiso, nos echan…es  cierto que prometimos no robar y ser amigos, pero con la condición de que fuéramos hermanos”, firmaba el cacique que no quiso huir a Chile con su pueblo porque “somos argentinos” Moreno, entristecido, respondía a Buenos Aires,  "Ninguno de los jefes caleufú ha teñido sus manos en sangre de cautivo indefenso. Si pelearon y cayeron, fue defendiendo su suelo. Saihueque en 1880 fue un leal enemigo, y juzgo al indio puro con su criterio. Defendía su patria. Era dueño de su tierra por derecho divino" Es más, cuando aquellos indios que él había conocido fueron hechos prisioneros, hizo lo que pudo por consolarlos y liberarlos. Incluso, por los que lo habían apresado a él en Caleufú. Los mediocres de siempre aún dudan de las condiciones en que falleció Inakayal en 1888 en La Plata, el poderoso cacique que el Perito Moreno rescató de la cárcel en 1883, y empleó en el Museo. La obra más querida de Moreno, “el Museo de La Plata será el primero que se instale de acuerdo con las teorías biológicas evolutivas, habiéndose adelantado en esto […] a los deseos emitidos en el viejo mundo por los sabios de nota, los que se sorprenderán cuando sepan que en una ciudad de fundación tan reciente (1882) […] se ha creado un establecimiento igual al que deseaban un año después, como última expresión de la ciencia”, remataba de una institución inaugurada en 1888, en la actualidad referencia mundial, y según el naturalista Eduardo Holmberg, “Tuvo que ocuparse de muchas tareas, incluso reemplazando al conservador, y hasta “[limpió] los pisos en más de una ocasión, buscando al mismo tiempo los medios de llevar adelante su empresa, próxima a naufragar”, recordaba de un museo que dirigió hasta 1906 –descontento en la subordinación a la Universidad de La Plata- y cuyas primeras colecciones y biblioteca eran las del mismo Perito Moreno.

Volviendo a sus regulares campañas, en 1877 remontando el río Santa Cruz  descubre y bautiza el Lago Argentino y visualiza el Glaciar que lleva su nombre. También otro, al cual: “Llamémosle Lago San Martín, pues sus aguas bañan la maciza Cordillera de los Andes, único pedestal digno de soportar la figura heroica del guerrero”  Perito Moreno sería enterrado con la bandera del Ejército de los Andes sanmartiniano. Traza los primeros mapas de esas regiones y descubre valiosos yacimientos arqueológicos y paleontológicos. Sus observaciones sobre la red hidrográfica del Chubut le permitieron elaborar una postura que cimentaría la posición argentina en la controversia limítrofe con Chile, país expansionista que consideraba la actual Patagonia como parte de su territorio hacia 1880. Al poco tiempo desobedeció el mandato presidencial de comandar la Comisión Exploradora de los Territorios del Sur Argentino, que intentaba “civilizar” la región entre Río Negro y Deseado,   y desde Viedma exploró la zona del Nahuel Huapi solo, realizando casi mil kilómetros a caballos entre tribus belicosas, y recolectando información geográfica y antropológica extraordinaria.  En ese viaje bautizó a uno de los lagos “Juan María Gutiérrez”, en honor a uno de sus maestros.  Atrapado por los tehuelches, el brujo local lo condenó a muerte, pero volvió a escapar en una balsa de sauce por el Río Limay,  y llego casi muerto al fortín de la Confluencia. Pese a los inestimables datos territoriales, el gobierno le destituyó y pasó una temporada en Europa, donde ingresó de incógnito a las clases de Brocca, quien lo reconoció accidentalmente, e hizo que las grandes sociedades científicas del mundo reconocieran al antropólogo argentino. Entre 1882 y 1884 realiza estudios de la cordillera en San Juan y Mendoza, y en 1892 recorre la Puna de Atacama –que serviría de base del acuerdo que los presidentes Roca y Errázuriz (Chile) suscribirían en el célebre encuentro en el estrecho de Magallanes en 1898.

 “En 1896 realiza una gran campaña junto con más de 20 profesionales,  y técnicos diversos del Museo, y que sirve de reconocimiento de un área de 170.000 kilómetros cuadrados entre San Rafael (Mendoza) y el lago Buenos Aires (Santa Cruz), con vistas a elaborar un plano en escala 1:400.000, recorriendo 7155 kilómetros a caballo, determinando 3 longitudes, 328 latitudes y 201 azimuts. Se hicieron 360 estaciones con teodolito y 180 con brújula prismática; se realizaron 271 estaciones trigonométricas de altura; se tomaron 960 clichés fotográficos y 6250 muestras de rocas y fósiles; y se confeccionó el primer plano del lago Nahuel Huapi y del Valle 16 de Octubre. De ahí surgió la propuesta de Moreno de construir una red ferroviaria que uniera el Atlántico con la cordillera de los Andes.  Al concluir la expedición, Moreno dijo con orgullo que “fue la expedición más ambiciosa y completa jamás igualada”, su récord resulta incomparable y difícil de replicar,  en palabras de Claudio Bertonatti.  Ese año tendría la indeclinable tarea de defender el suelo argentino.

 

Defensor de la soberanía, maestro de los niños

“Usted no le da a la geografía ni a los naturalistas la importancia que tienen en esta cuestión. Todo lo que pasa, resulta de la falta de datos…Creo que podré demostrar el derecho argentino, basado en la orografía y en la geología, con toda claridad, que hasta los chilenos lo reconocerán” escribía el Perito Moreno a los políticos de turno, y en poco meses de 1896 suscribía el completo informe, “Frontera argentino-chilena”, que se impuso en las negociaciones mediadas por Inglaterra, y que establecía que el límite se fijara por las mayores alturas de la Cordillera, y no por los lagos como pretendían los chilenos. Argentina obtuvo así 42 mil kilómetros cuadrados de la región subandina  en litigio,  y que fueron visitados en 1902 por el perito inglés Holdich, quien dijo “el mérito de que estas tierras sean argentinas es enteramente suyo, Moreno”  El Gobierno de la Nación como recompensa le concede por Ley N° 4192, del 22 de agosto de 1903, una extensión de campos fiscales en el territorio del Neuquén, al Sur del Río Negro. En una histórica nota del 6 de noviembre de 1903 –Día de los Parques Nacionales- el Perito cede un “área de tres leguas cuadradas en la región situada en el límite de los territorios del Neuquén y Río Negro, en el extremo oeste del Fjord principal del Lago Nahuel Huapi, con el fin que sea conservada como Parque Público Natural y al efecto pido que hecha esa ubicación se sirva aceptar la donación que hago al país de esa área”, y más adelante decía  sobre el suelo del primer parque argentino,  “ Al hacer esta donación emito el deseo de que la fisonomía actual del perímetro que abarca no sea alterada y que no se hagan más obras que aquellas que faciliten las comodidades para la vida del visitante culto, cuya presencia en esos lugares será siempre beneficiosa a las regiones incorporadas definitivamente a nuestra soberanía y cuyo rápido y meditado aprovechamiento debe contribuir tanto a la buena orientación de los destinos de la nacionalidad argentina” Ese mismo año intercede para el rescate de la misión Antártida de los suecos, por el cual le otorgarían una medalla real en 1916. En 1912 el presidente norteamericano  Teodoro Roosevelt, también impulsor de parques nacionales, quiso conocer en persona a su precursor sudamericano, “Usted ha realizado una obra que solo un escasísimo número de hombres de cada generación es capaz de llevar a cabo”, dijo su admirador yanqui,  y juntos pasearon por el Nahuel Huapi, en la última visita del Perito a su amada Patagonia.

Alejado de La Plata, en Buenos Aires realiza relevamientos de suelos  y aguas que resultaron de suma relevancia en las redes sanitarias y pluviales. Funda las Escuelas de la Patria y los primeros jardines de infantes y nocturnas en los barrios obreros, sin asistencia estatal “Si el Estado obliga al niño a concurrir a la escuela, el niño tiene derecho a que el Estado lo alimente, cuando sus padres no están en situación de hacerlo. Alimentar a todo niño que sufra hambre es, sin duda alguna, un deber ineludible de la Nación, pues si no ha alcanzado la edad escolar, requiere ser alimentado para que la alcance. El niño es nuestro gran capital nacional; la Nación debe protegerlo, ayudarlo y encaminarlo […]. El suscripto conoce por observación propia de más de diez años lo que sufren miles de niños del proletariado de la Capital por deficiencia de alimentos, las más de las veces por causas no imputables a sus padres”, estampa para el gobierno conservador de entonces, y los que vendrán, e introduce la copa de leche obligatoria en las instituciones a su cargo. Vende las tierras que el gobierno nacional le había otorgado en el Sur para sostener una inmensa obra social y educativa. En 1908 funda la filial argentina de los Boy Scout e invita a su creador, Baden Powell. También organiza el primer Congreso Científico Internacional para el Centenario. Elegido diputado nacional, promueve la inversión en ciencia y tecnología, luego en el Consejo Nacional de Educación, además de nuevas reservas ecológicas, Misiones- Las Cataratas de Iguazú, la Puna, Cuyo, Tucumán, los esteros del Iberá,  La Pampa, y “hasta 200 hectáreas de cada punto del territorio con ruinas de las antiguas culturas”, decía el proyecto de ley suyo, ya centenario, ya olvidado.  

“Tengo 66 años y ni un centavo... Yo, que he dado mil ochocientas leguas a mi Patria, y el Parque Nacional donde los hombres de mañana, reposando, adquieran nuevas fuerzas para servirla, no dejo a mis hijos un metro de tierra donde sepultar mis cenizas” decía el Perito Moreno acuciado por las deudas, dineros a créditos usureros que sirvieron para educar y alimentar a tantas niñas y niños. Entre las entidades acreedoras estaba el Banco de la Nación Argentina, que ordenó el remate de sus pocas pertenencias tras su fallecimiento.  

Murió un 22 de noviembre de 1919 –Día Nacional del Geógrafo- en la absoluta pobreza de una casa semivacía de la calle Charcas, sin ningún reconocimiento oficial en el humilde sepelio, aunque una vez que el mundo conoció la noticia, originó innumerables artículos y homenajes laudatorios al sabio argentino. Manifestó su última voluntad de ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas, o al pie del aguaribay que sigue en pie en el Instituto Bernasconi –y que fue escenario de uno de los horribles crímenes del Petiso Orejudo,  en 1912-, o en la región del Nahuel Huapi. Su deseo recién fue cumplido en 1944 porque se lo inhumó en La Recoleta. Desde entonces descansa en la isla Centinela del lago Nahuel Huapi el Perito Moreno, que nunca dejó de soñar, y trabajar,  por una “Patria Grande entre las Grandes”.

 

Fuentes: Ygobone, A. Francisco Perito Moreno, arquetipo de la argentinidad. Buenos Aires: Plus Ultra, 1979; Bertonatti, C. Francisco Perito Moreno, Perito de la Patria en la Revista Vida Silvestre Nº 86 de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Buenos Aires. 2003; Martínez Sarasola, C. La Argentina de los caciques o el país que no fue. Buenos Aires: El Nuevo Extremo. 2014

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