clima-header

Buenos Aires - - Jueves 13 De Mayo

Home Argentina Historia Obelisco: la historia de Buenos Aires en el cielo

Obelisco: la historia de Buenos Aires en el cielo

Fondo inoxidable de los más importantes acontecimientos argentinos desde 1936, el máximo símbolo porteño conjugó al visión de una ciudad moderna con los voces del pasado. Y del futuro.

Historia
Obelisco

Uno de los mayores símbolos argentinos se inauguró un 23 de mayo de 1936. El Obelisco de Alberto Prebisch tardó solamente 31 días en cambiar para siempre la referencia de la ciudad. En sus vecinos y en el mundo. Odiado y amado desde la primera piedra, cuerpo extraño níveo que aterrizó en una ciudad con ansías cosmopolitas, este monumento emplazado en el solar del primer izamiento de la bandera argentina en Buenos Aires condensa el sentimiento enrevesado de la capital de un imperio que nunca fue. Tanto que está construído sobre el vacío. Tanto que parece ser la antena de las plegarias matutinas de tantos: “¿Qué hacés flaco?/Siempre ahí, eh?/Mirá que tenés suerte/Naciste y vivís “parado”/Los porteños te miramos como pidiéndote ayuda”, ponía en certeras palabras Eladia Blázquez. Y cada vez que los miramos nos devuelve la emoción de mi Buenos Aires Querido, que suena a tango, rock, cumbia y trap.

Eran tiempos de modernización en el mundo. Las artes renovaban sus lenguajes bajo las experiencias de las vanguardias, con las amargas secuelas de la Gran Guerra y el crack económico de 1929, y la arquitectura no podía ser ajena. Desde la revista Martín Fierro de Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo, y luego retomado por la revista Sur de Victoria Ocampo, el polifacético arquitecto Prebisch propugnaba una línea modernista, eficiente y mesurada. Una que culmine en el despojamiento de la “arquitectura de hoy”, una donde reine el hierro, el hormigón, la máquina, el cálculo y la precisión. Entre los razonamientos de Le Corbusier, de quien tradujo sus célebres conferencias racionalistas porteñas, aquellas que proponían un plan que sane el urbanismo de la ciudad “enferma” como Buenos Aires, y el monumentalismo naciente de los Congresos Internacionales de la Arquitectura (CIAM),  Prebisch era uno de los artífices de una metrópoli cosmopolita con perspectiva nacional. Como señala Jorge Liernur, “respondía –a quienes lo criticaban por muy poco argentino-  con los postulados culturales que Ricardo Güiraldes había instalado con su novela “Don Segundo Sombra” Si en ella mostraba que era posible conjugar el simbolismo francés y las tradiciones pampeanas, la arquitectura que Prebisch propugnaba comprobaría que se podía ser moderno y argentino al mismo tiempo si se tomaba como modelo la sencillez y el espíritu severo de las construcciones no contaminadas por las metrópolis; porque las soluciones exactas, los tipos, eran producidas por la máquina moderna de la misma forma en que el pueblo de la llanura, con su sabiduría innata a lo largo del tiempo, había sabido producir las formas exquisitas y esenciales de su cultura”, cierra el investigador en la orientación de una arquitectura que podía aunar progreso y tradiciones, y que Prebisch concretaría con otras joyas como el Teatro Gran Rex, a metros de su Obelisco.

Obelisco Buenos Aires

En tanto, los gobiernos centrados en resolver los problemas sociales y económicos de las nuevas urbes durante las crisis de entreguerras, hallaban en los representantes del modernismo concepciones ajustadas a sus proyectos conservadores. Ocurrió en el New Deal de Roosevelt, los soviet de Stalin y el fascismo de Mussolini, que estimularon la obra pública a gran escala rediseñando ciudades bajo parámetros eficientista, que aumentaban el control social en épocas turbulentas y conflictivas. La política modernista estatal argentina tuvo en Mariano de Vedia y Mitre (1932-1938), intendente del presidente fraudulento Justo, el mayor representante en el país de estas ciudades para (vigilancia de) multitudes- aunque Luciano Peltier en Mendoza produjo un cambio más radical en el ejido de la capital cuyana. Entre los mayores realizaciones del intendente Vedia y Mitre se enumeran las tres nuevas líneas de subterráneos (duplicó en seis años los kilómetros existentes, de 13 a 26), el ensanche de los avenidas este-oeste (Belgrano, Santa Fe, Córdoba y Corrientes, que revalorizó a las propiedades de los frentistas que soportaron el desalojo compulsivo) y la construcción de la avenida Norte–Sur, la 9 de Julio, que debía ser el símbolo de equilibrio entre ricos y pobres. La demolición de 20 hectáreas sería el comienzo del piquete modernizador porteño, que borraría huellas de lo que fue –o podía ser-, y que recién finalizaría en la 9 de julio con la última dictadura –aunque en años recientes se continuó con su ampliación con las autopistas y el Metrobus “Buenos Aires progresa y se transforma de una manera increíble. Uno deja de pasar quince días por una cuadra, y al volver ya no la conoce. […] Las paredes a medio derrumbar y los muros a medio construir dan la impresión de que allí acaba de efectuarse un bombardeo”, aparecía en Caras y Caretas en 1936, año de inauguración del mojón cero de este plan “modernizador sin reformas sociales”, el Obelisco. Además, nuestro monumento estaría en sintonía con otros autocelebratorios de moda, al igual de los que inauguraban brasileños, británicos y alemanes. Y mientras los radicales en el concejo deliberante solicitaban el solar de la futura Plaza de la República para una estatua del recientemente fallecido presidente Yrigoyen, el intendente aceleraba por decreto con la venia de Justo, “la ejecución de una obra de carácter extraordinario, que señale al pueblo de la República la verdadera importancia de aquella efeméride. Que no existe en la ciudad ningún monumento que simbolice el homenaje de la Capital de la Nación entera”, poniendo como fundamento los 400 años de la Primera Fundación de Buenos Aires por Pedro de Mendoza. El Obelisco nacía polémico para unir a los argentinos.

 

El Obelisco, mi monumento

Seguro de ser la primera figura en la comedia o el drama de la noche de la ciudad…vos tenés un “cuore” que se arruga por dentro, como un “fueye”/O mejor, si querés,/como un porteño” sigue Eladia, una de las mejores letristas de la música popular argentina. Y si el Obelisco tiene alma ciudadana es porque la calle Corrientes se transfiguró en el monumento durante eso que llamaban “mutilación insensible”, Ezequiel Martínez Estrada, o “bombardeo desolador”, Roberto Arlt. Justamente el escritor de “Los sietes locos” fileteaba la actual avenida, recientemente vuelta angosta, “La verdadera calle Corrientes comienza para nosotros en Callao y termina en Esmeralda. Es el cogollo porteño, el corazón de la urbe. La verdadera calle. La calle en la que sueñan los porteños que se encuentran en provincias. La calle que arranca un suspiro en los desterrados de la ciudad. La calle que se quiere, que se quiere de verdad. La calle que es linda de recorrer de punta a punta porque es calle de vagancia, de atorrantismo, de olvido, de alegría, de placer”, cerraba en 1928 en una de sus aguafuertes. Porque el Obelisco se asocia con la 9 de Julio y la avenida que lo abraza, Corrientes. Sin embargo, pocos recuerdan a la Diagonal Norte que nace bajo su sombra, otra avenida que se abría para aumentar el flujo del transporte y personas –y los capitales. O que debajo se abría uno de los nodos subterráneos mayores del Continente, con su pasaje Obelisco que también es una postal ciudadana, o sea que hubo que resolver una estructura vertical de 170 toneladas sobre un pozo gigantesco. La sombra del Obelisco fue el talismán moderno de un centro cívico nacional en que se proyectaba el área metropolitana, de dos millones dentro de la avenida General Paz por construir en 1941, y más de cinco millones en el Gran Buenos Aires –operación que sería calcada en Rosario con el Monumento a la Bandera (1940) de Bustillo y Guido.

“Según es notorio, el obelisco –de Prebisch- tiene una altura total de 67 metros y medio, siendo su base de 7 por 7 metros, estando su ápice construido por una pirámide cuadrangular cuya base es un cuadrado de 3 metros 50 de lado y una altura de 4 metros 50”, informaba el Boletín de Obras Públicas de la República Argentina 1936 Nro. 23 Vol. 1, “habiéndose empleado materiales en su gran mayoría de procedencia nacional”, se refieren a los 1360 m² de piedra blanca de Pampa de Olaen, provincia de Córdoba. También se utilizó 680 m³ de cemento rápido para una obra que inició el 20 de marzo y finalizó los últimos días de abril, entregándose nueve días antes de lo estipulado para la inauguración donde asistió Justo.

Obelisco Buenos Aires

“La primera impresión que ha provocado en la opinión pública la construcción del obelisco -aparte de las inevitables reflexiones de distinto matiz que siempre suscitan las obras que significan una novedad por sus características fuera de lo común- ha sido la de la rapidez asombrosa con que se ha levantado en el centro de la Plaza de la República esa monumental construcción que, en esencia, importa un acto de adhesión de la comuna porteña a la conmemoración del cuarto centenario de la fundación de Buenos Aires”, reflexiona el citado boletín de un monumento, como quería Prebisch que lo llamen en vez de Obelisco, “Esa impresión de asombro está perfectamente justificada, si se considera, que descontados los feriados de Semana Santa y algunos días de lluvia que determinaron momentánea interrupción de los trabajos, el obelisco ha sido construido en treinta y un días”, expone de esta maravilla de la arquitectura del hormigón que insumió 157 obreros, con el fallecimiento del obrero italiano José Cosentino que cayó en una de las bóvedas del cimiento –recordemos que en la época de los primeros rascacielos, el Comega entre ellos, que también como el Obelisco construyó la empresa alemana Holzmann/Geopé, eran harto frecuentes los accidentes de trabajo de jóvenes inmigrantes, sin ninguna protección laboral.

Cada una de las caras de este “punto de llegada múltiple: del espíritu colonizador, del espíritu criollo, del espíritu modernizador”, en palabras de Adrián Gorelik, presenta un hecho histórico, la primera fundación de Buenos Aires en 1536; la segunda en 1580; el primer izamiento de la Bandera nacional en Buenos Aires el 23 de agosto de 1812 en ese solar, donde estaba la colonial iglesia de San Nicolás; y la Constitución de 1880 que estableció la Capital Federal. Nunca estuvo habilitado totalmente el ascenso a la cúspide del público en general, que se llega por medio de una escalera marinera de 206 escalones,  con 7 descansos –solamente en ocasiones especiales se permitió en grupos reducidos. Incluso se encuentra vedado a otros objetivos como los artísticos, por ejemplo las escenas de la película “Pizza, birra y faso” (1998) se filmaron allí sin permisos. Entre quienes accedieron a uno de los techos de Buenos Aires están los equilibristas del trayecto sobre la avenida 9 de Julio en 1952, o los vecinos que visitaron el monumento para sus 80 años. La mayoría tuvo que conformarse con las imágenes de la recordada instalación de Leandro Erlich en 2015. 

“Así nació el Obelisco:1936” de Horacio Coppola es el registro audiovisual de la perplejidad porteña, y el choque de la modernidad, que se complementa con sus fotos que acompañan la “Historia de la calle Corrientes” de Leopoldo Marechal -algunas aquí reproducidas-, y escrita por encargo de la Municipalidad de Buenos Aires como parte de los actos y publicaciones conmemorativas del cuarto centenario de la fundación de la ciudad, “Este gesto de primavera, última visión de la calle Corrientes, da fin a la biografía que acabo de dibujar con menos erudición que cariño. Abierta a todas las posibilidades, dócil al ritmo de la ciudad, en su forma canta el presente y se anuncia el futuro. El índice de su obelisco señala al cielo y su ensanche hacia el este descubre el río: la calle, abierta como nunca, también ha querido recordarnos esa doble gracia, el cielo y el río de Buenos Aires” Dos artistas, Coppola y Marechal, que apuntaban sus ojos al horizonte de las ciudades futuras. Con un Obelisco abriendo el camino que integre río y cemento, entorno ambiental y ciudad.

 

El Obelisco en la ciudad de todos y de nadie

“(El Obelisco) representa la pujanza abstracta de la ciudad de todos y de nadie, la juventud sin ideales concretos y el asombroso aumento de la población vegetativa. Buenos Aires recobra por él su blasón de ciudad cosmopolita, sin alma ni carácter. […] El símbolo de la ciudad es ahora una abstracción. […] Para muchos de vista más corta y de cabeza menos firme, el Obelisco sirve de punto de orientación cuando salen de los cines con los cuatro puntos cardinales patas para arriba”, sentenciaba Martínez Estrada, en una de las primeras miradas filosóficas al monumento, que ya poéticamente había encontrado Baldomero Fernández Moreno, más positiva, y en los versos que se hayan a su pie, y que eran un homenaje a Prebisch, “Ahora puede lanzarse la mirada/harta de andar rastrera y penitente,/piedra arriba, hacia el sol omnipotente,/y descender espiritualizada” Compartía el poeta el fervor del intendente Vedia y Mitre, que utilizó al Obelisco como emblema de la propaganda de la modernización urbana nacional ante la orbe, llegando a filmarse por los norteamericanos una película a color proyectada en 2000 salas yanquis a través de un acuerdo con la Oficina de Turismo de la Unión Panamericana de Washington. Vedia y Mitre no solamente fue de los primeros políticos en explotar los modernos medios de comunicación sino que, además, pionero en la industria del turismo, estableciendo una oficina argentina en New York que vendía paquetes por visitar la Reina del Plata. El Obelisco era el centro de atención en Estados Unidos como lo fue del pabellón argentino, en la Exposición Internacional de París de 1937.

Este entusiasmo por un símbolo que pretendía perpetuidad retomando un monumento milenario de origen egipcio, que había inspirado a Prebisch, cruzando antigüedad y progreso, era el “aspecto es que, en adelante, deberá mirárselo. El juicio final habrá que aguardarlo para épocas lejanas, cuando los comentarios nerviosos de hoy, pierdan su actualidad…Lo innegable, es que se trata de una obra que constituye un alarde de la celeridad increíble con que las construcciones se verifican en nuestro país. Esto, aparte de la honda significación rememorativa que la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires le ha asignado” finalizaba efusivo el boletín ministerial. Algo que ya en 1939 parecía lejano cuando el  concejo deliberante sancionó la demolición del Obelisco por Ordenanza Nº 10.251, por 23 votos contra tres, aduciendo razones económicas, estéticas y de seguridad pública.  Estaba en el recuerdo las obras del año anterior que reemplazaron las piedras por cemento pintado al látex debido a los desprendimientos, que pudieron haber causado una catástrofe en un acto escolar. Sin embargo el intendente Goyeneche se opuso y salvó el monumento de Prebisch, patrimonio de la Ciudad, aunque no se restituyó la placa que reconocía su autoría. Con los años los porteños se enamoraron de la “barra de tiza en equilibrio”, en palabras de otros de sus primeros críticos, el escritor Manuel Peyrou, y podían modificar su entorno, la plaza de la República que fue seca y verde en varias ocasiones, pero a nadie se le ocurriría derribar ese pedazo de Buenos Aires que es el Obelisco.

Símbolo fálico, guiño masónico, excesivo homenaje a San Pedro, saludo egipcio al sol, copia del obelisco norteamericano, todo puede serlo y más. Se vistió de árbol de Navidad o enorme condón en la lucha contra el SIDA.  Exhibió imágenes de grandes artistas nacionales como Julio Le Parc y Charly García. O permitió generoso la vuelta olímpica del club de tus amores o la blanquiceleste, o presidió los grandes duelos nacionales,  el último la despedida de Maradona. El Obelisco “Ahora sé por qué te hicieron con forma de lápiz/Para que alguna vez, escribas la historia de Buenos Aires en el cielo”, pone en verso Eladia, tal cual dibujas a diario en nuestras vidas.

 

Fuentes: Gorelik, A. Miradas sobre Buenos Aires. Historia cultural y crítica urbana. Buenos Aires: Siglo XXI. 2004; Liernur, J. Arquitectura en la Argentina del siglo XX. La construcción de la modernidad. Buenos Aires: FNA. 2001; http://www.iaa.fadu.uba.ar/ojs/index.php/anales/rt/printerFriendly/57/html_17; https://elpais.com/internacional/2016/05/23/argentina/1464038847_862878.html

Fecha de Publicación: 14/04/2021

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

Entre el Obelisco y la Plaza de Mayo Entre el Obelisco y la Plaza de Mayo
la paris de sudamerica La París de Sudamérica

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Argentinos por el mundo
 Comodoro Rivadavia Un chubutense que no pasa desapercibido en Brasil

Pablo Rodríguez es nacido y criado en Comodoro Rivadavia y actualmente preside la Sociedad Brasilera...

Espectáculos
Mirtha Legrand ¿Otra temporada sin Mirtha Legrand?

La segunda temporada de las cenas y almuerzos que ahora conduce su nieta Juana Viale mantiene un bue...

Historia
Perón Domingo Antonio Raso, el hombre que cuidó a Perón

La vida de Domingo Antonio Raso fue anónima como su responsabilidad: debía custodiar al líder del ju...

Salud y Estética
Vida de Yoguini Moderna - práctica para relajar la espalda Yoga para relajar la espalda

Hoy Patrizia nos trae una práctica tranquila, apta para todos los niveles, para relajar la zona alta...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades