clima-header

Buenos Aires - - Viernes 30 De Julio

Home Argentina Historia Nicasio Oroño. El primer progresista.

Nicasio Oroño. El primer progresista.

Parte de la instauración liberal de la Generación del 80, Nicasio Oroño expresó la modernización con rostro del Interior. Otro país era posible.

Historia
Nicasio Oroño

Entre los padres fundadores del Estado Argentino surgen Urquiza, Mitre y Roca. Faltaría agregar al santafesino Nicasio Oroño. Desde su banca en el Congreso de la Nación, o en la gobernación de su provincia, Oroño emprendió una tarea descomunal para no solamente organizar administrativamente, y legalmente, a su provincia, sino que a toda la Argentina. Impulsor de dos de los fracasos argentinos del siglo XIX, la colonización agraria, y la descentralización de Buenos Aires, en su amplia agenda sentó las bases del Litoral contemporáneo, con la alfabetización  y la industrialización del campo como banderas. Objetor de los grandes terratenientes, Oroño abogó por los chacareros y pequeños productores. Por eso, “cuando niño fui perseguido por Rosas y sus tenientes, y después, de hombre, por los déspotas que alternativamente han gobernado la provincia donde he nacido. Ahora lo soy por el presidente de la República –Sarmiento-, que cree llegada la ocasión de poner en juego los medios de que dispone para ahogar mi palabra, para matar la independencia de mi carácter”, decía en 1873 en la legislatura nacional.  Fue la obra de Oroño una espina para la Generación del 80, un tábano que picaba y picaba la hegemonía.

Nicasio Oroño nació en Coronda, provincia de Santa Fe, en julio de 1825 (algunos autores señalan como fecha probable el 20, otros el 9 o 15), cuando no era más que una suma de casuchas. Fue hijo del coronel Santiago Oroño, éste envuelto del lado unitario en las guerras civiles, desde su participación con Estanislao López en la marcha contra Buenos Aires de 1820. Esto marcaría los primeros años de Nicasio, escapando de la Mazorca punzó, y estableciéndose con su madre Juana en Paraná, en donde aprendería casi autodidacta, a leer y escribir. Trabajó en una pulpería, algo que lo haría repetidamente en su juventud, en un trato directo con  los sectores postergados, y conociendo la campaña profunda de primera mano. Con temor a la persecución política, pasó a Corrientes junto a su padre, y quedó de secretario del General Paz, de quien sería uno de sus fieles laderos. Lo acompañó al Uruguay, vivió en Brasil, y en 1848, decide presentarse al general Urquiza en Entre Ríos, que empezaba a aglutinar la resistencia final contra el rosismo, “Yo, que de un modo inesperado y casual había tenido oportunidad de conocerlo a Urquiza fui portador de una carta dirigida por él al coronel Oroño, emigrado en Brasil, en la que se le ofrecía un asilo en Entre Ríos y toda la protección que pudiese necesitar, recomendándome a mí, especialmente, que no dejara de venir, porque había simpatizado conmigo y deseaba protegerme”, acota de una amistad larga que se interrumpirá con el posterior alineamiento de Oroño con Mitre/Buenos Aires. Emplearía el vencedor de Caseros a la familia Oroño, en su saladero “Santa Cándida”,  con utilidades y ganancias, puntapié de una brillante trayectoria de estanciero de Nicasio. En sus ratos libres, seguía instruyéndose por su cuenta en Concepción del Uruguay, faro de la modernidad de la Confederación Argentina, leyendo a los clásicos españoles, en especial admiraba a Miguel de Cervantes.  Allí conocería a Ricardo López Jordán, luego pelearían amigos el 3 de febrero de 1852, en el derrocamiento de Juan Manuel de Rosas.

“Cuando Rosario era una villa, podía ser gobernada por un juez de campaña, pero hoy que se ha hecho una ciudad de importancia; que su población e intereses crecen de un modo asombroso; que marcha a convertirse en un emporio de riqueza nacional; hoy que su puerto y aduana son nacionales, debiendo venir aquí a proveerse de mercaderías las provincias interiores de la Confederación; y que esta ciudad es también asiento de la principal sucursal del Banco Nacional, es un delirio que pueda continuar con su antiguo orden de cosas en la parte gubernamental y económica de este departamento”, dirigía al presidente Urquiza un indignado Oroño en 1854, ante los oídos sordos del gobernador Domingo Crespo. Una vez con estatuto de ciudad Rosario, por una Ley de Nación iniciativa de Oroño, cumple Nicasio tareas en la Aduana,  y en la Hacienda, hasta que en 1855 es designado Jefe Político de Rosario, equiparable a la figura de intendente.  Durante un año tomó medidas para un cuerpo de vigilancia profesional, futura policía, ordenó la mensuras de la tierra de forma racional, y evitar los abusos de los especuladores, y promovió pionero la colonización, a la par que avanzó en iniciativas de defensa contra los malones (fueron momentos en que recrudecía el enfrentamiento con los pueblos originarios, Oroño proponía escuelas y arados en la cuestión de la frontera, no bayoneta y muerte) y contuvo fuerzas revolucionarias que pretendían invadir Buenos Aires. También propulsó el Banco Comercial de Rosario, orientado en créditos blandos a la ganadería y la agricultura de los primeros colonos. Antes que Roca, comprendió el lema “Paz y Administración”  Dejó la función pública unos años para administrar la estancia “La Esperanza” de Urquiza, enriqueciéndose, aunque la Convención Constituyente de 1860, ahora con Buenos Aires que no había participado de 1853, y la batalla de Pavón (1861), en la cual no participó aunque era consejero de Urquiza; vuelven a ponerlo en el ruedo político, con la idea Oroño de que debía evitarse el derramamiento de sangre para el despegue de la Argentina.

Oroño, el primer gobernador progresista de la Nación Argentina

En 1862 se lo elige como diputado nacional por Santa Fe, con el espaldarazo de una gran labor en la Asamblea provincial. Oroño comienza una de las mayores labores legislativas que se tenga memoria, de cualquier época “Durante este periodo de nueve años, pocas serán, si existen, las leyes del Congreso que importen la solución de un problema nacional, la implantación de una reforma benéfica o la aceptación de una obra de progreso, de que yo no haya sido iniciador, o que no me haya contado con mi decidido apoyo”, resumía en 1876, contando la senaduría a partir de 1868. En sus primeras fogosas intervenciones fue uno de los mayores opositores a la federalización de Buenos Aires, una guía para Leandro N. Alem, en los simientes del radicalismo, “se cierran los ojos por no ver la necesidad de justicia que sienten los pueblos, y en vez de extenderles una mano amiga, de protegerlos en su legítimas aspiraciones, les mandamos nuevos combustibles que hagan arder con más llamas…esos males, señor presidente, no se han de curar desde Buenos Aires. Vemos aquí, en pequeño, en el recinto de la ciudad de Buenos Aires…cuántos estorbos embarazan la marcha del gobierno nacional; cuántas medidas se dejan de tomar porque su espíritu está preocupado por los problemas que lo rodean, que le absorben su tiempo por más que sean ajenos al gobierno de la Nación, impidiéndole ocuparse de los intereses nacionales…no sería más justo, más moral para la misma ejecución de las leyes de la Nación, que el poder Ejecutivo se traslade a un punto donde pudiera estar consagrado solamente a los intereses de la Nación”, bramaba en un cuerpo que dos veces votó el traslado antes de 1880, uno con sugerencia a Rosario por Oroño, y dos veces fue vetado, una por el presidente Mitre, otra por el presidente Sarmiento.  De su primer paso legislativo (1862-1864), además de una ley federal de Aduanas, queda una de sus primeras leyes de fijación territorial, y que intentaba limitar a los pulpos terratenientes.

En el receso parlamentario de 1863, a pedido del presidente Mitre, un enemigo íntimo que lo llamaba “urquicista acérrimo”, ocupó interinamente la gobernación de Santa Fe, a fin de aplastar un alzamiento del Partido Federal.  En pocos meses creó bibliotecas, escuelas, estableció la Cámara de Justicia, apoyó la Iglesia –Oroño, ferviente católico-, instituyó el Departamento Topográfico, ordenó trazar un carril entre Santa Fe y Esperanza. Todo un anticipo de su gobernación a partir del 8 de febrero de 1865, en una administración modelo, con las mentes liberales del Interior en su equipo –de hecho, el presidente Roca copiaría este modelo de administración de los mejores, en su primer periodo. Santa Fe fue inspiración de orden y progreso, empañado por la Guerra contra el Paraguay, donde Oroño apoyó de entrada incondicionalmente, enfrentado al resto del país que se negaba a pelear contra un país hermano. El batallón santafesino era de la vanguardia del ejército trinacional, pero el desastre de Curupaity, responsabilidad del desastroso mando de Mitre, y la aniquilación del pueblo paraguayo y argentino, culminada por Sarmiento, terminaron con Oroño batallando para un final humanitario de la contienda, “Se arrebatan de sus casas a los pobres paisanos, cuyo delito es haber nacido en la humilde condición de gaucho, para llevarlos a servir sin sueldo, desnudos, y muchas veces sin el alimento necesario; y cuando logran escapar de la cárcel, porque para ellos el campamento es la cárcel, y son aprehendidos, se les devuelve en azotes las horas de libertad que han ganado”, sería su prédica que impactaría en su protegido, José Hernández y su Martín Fierro.

Durante su gobierno prestó especial atención a lo colonización, formándose en ese período las colonias de California, Corondina, Cayastá, Helvecia, Francesa, Inglesa o de los Galenses, Cantón Soledad, Tres de Febrero, Nueve de Julio, Sunchales y Cayastacito, entre otras “Nos ocupábamos sólo de la inmigración”, escribía a su concuñado Juan María Gutiérrez, por su matrimonio con Joaquina Cullen. Creó nuevas escuelas, apoyó la formación universitaria de los jóvenes santafesinos, ideó las escuelas de agricultura y  dispone la creación de un colegio modelo en Santa Fe. Decreta la obligatoriedad de la instrucción pública en la Provincia, decreto Nro. 81, precursor de la Ley Nacional de Educación Común 1420, con lo cual la educadora norteamericana Mary Ann y Sarmiento, antes el sanjuanino de enemistarse con Oroño, envían una felicitación desde Estados Unidos –con Urquiza también terminaría distanciado, entre su acercamiento a Buenos Aires, y su supuesta política anticlerical en la gobernación. Además construyó caminos y puentes, se erigieron edificios públicos, se reglamentaron las profesiones y el Poder Judicial, se empedraron las primeras calles de Rosario y se iluminaron a gas, y se dotó a la ciudad de una red de agua corriente, antes que la Reina del Plata. Su fin sería el prolongado enfrentamiento con la iglesia por su ley de matrimonio civil y la administración, que incluyó la detención de curas por sediciosos, aunque el propósito del católico Oroño era permitir las uniones en una sociedad pluralista y ecuménica. El 22 de diciembre de 1867 estalló una revolución en su contra, alentada por la Iglesia y los urquicistas que pretendían volver al Ejecutivo. Recuperó la gobernación los primeros días de 1868, e instaló a las autoridades provinciales en Rosario, si bien duró poco ya que la provincia fue intervenida por el presidente Mitre. Oroño se transformó en un ardiente crítico de las intervenciones federales, que fue una práctica común de gobierno argentino desde 1853 a 1984.

“El código fundamental del liberalismo humano”

Oroño es elegido por voto legal para el Senado, se integra el 2 de mayo de 1868, y enseguida es recusado por el gobernador de Santa Fe por supuesta ilegitimidad, éste partícipe de la revolución del año anterior, pero es rechazada por el cuerpo legislativo mayor “El código fundamental del liberalismo humano”, comentaba de Oroño el poeta y periodista Hernández, “voluntad de político honrado y progresista, palanca removedora”, alababa el autor del poema nacional. Como senador propone el Banco Nacional, la ley general de ferrocarriles y de caminos, la ley de inmigración y la colonización, el estudio geográfico de los territorios nacionales y la ocupación de la Patagonia, la abolición de la pena de azotes, un proyecto para el juicio por jurados y objeta el Código Civil, porque se pretendió votar a libro cerrado. En ésta última oportunidad cuestiona con sólidos argumentos legales a sus compañeros, todos con altos estudios, Nicasio, que nunca tuvo educación formal.  Contrario a las políticas del presidente Sarmiento, que conculcaban las autonomías provinciales, el Ejecutivo lo incriminó por su amistad con López Jordan, en el asesinato de Urquiza de 1870. En 1873 incluso el gobierno pidió el desafuero de Oroño, que molestaba los planes de expansión terrateniente con sus proyectos de colonias agrícolas, y originó algunos de los primeros escritos que denuncian la manipulación –aún vigente- de los presidentes sobre los resortes judiciales. Apoyó al autonomismo de Adolfo Alsina en su periodo final legislativo, ambos coincidían que había que integrar al indio, no exterminarlo como pensaban Sarmiento, Mitre y Roca, y se retiró de la vida pública para administrar su extensa hacienda, asentada en La Joaquina, Santa Fe. Roca lo destina a la Oficina de Tierras y Colonias de la Nación en 1891, impulsando Oroño un amplio plan de colonización en todo el país desde Misiones a Chubut, pero es destituido por el presidente Luis Sáenz Peña en 1893, tras una virulenta campaña de la prensa liberal en su contra. Volvería el Congreso Nacional como diputado en 1902. Fallece el 12 de octubre de 1904 en Buenos Aires, cuando había venido a la capital para ser ministro del presidente Quintana “Es una de esas figuras de la burguesía progresista y liberal que a mediados del siglo XIX apareció en nuestro país como para sacarlo del sopor y la barbarie”, comentó el comunista Álvaro Yunque.

“Si los gobiernos de la República Argentina comprendieran que mejor que ocuparse de la política irritante y sin trascendencia, es tratar cuestiones que se relacionan con el bienestar y el progreso de los pueblos”, reflexionaba Nicasio Oroño en 1869, “éste será también el único remedio para dominar la fiebre política que nos devora y la mejor educación y enseñanza que podría ofrecerse al país para prepararlo a la vida constitucional, y a la práctica de la libertad”.

 

Fuentes: Oroño, N. Obras Completas. Volumen I. Rosario: Universidad del Litoral. 2004; de Marco, M.A. Nicasio Oroño: un transformador en tiempos de la organización nacional. Rosario: Instituto de Historia Política Argentina.1994; https://books.google.com.ar/

Fecha de Publicación: 20/07/2021

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

Palacio San José La mansión de Urquiza
Julio Argentino Roca Julio Argentino Roca. Un Zorro que imaginó la Argentina

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Arte y Literatura
Silvina Ocampo Silvina Ocampo. Tan desarticulada

Desarticulada era una de la autodefinicaciones favoritas de Silvina Ocampo. Su escritura corroe las...

Arte y Literatura
Teatro Abierto Teatro Abierto 40 años. La máquina cultural

El movimiento de las tablas argentinas que enfrentó a la dictadura. La resistencia ciudadana que mod...

Salud y Estética
Vida de Yoguini Moderna - Yoga Challenge - Quinta parte Quinta práctica del Reto Yogui

Avanzamos con el reto. ¡Vamos que falta poco para el final!

Empresas y Negocios
Mural Unicornio Mural, un nuevo unicornio argentino

La empresa que digitalizó las pizarras de las salas de reuniones ya está valuada en más de 1000 mill...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades