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Nacional Buenos Aires. El Colegio de la Patria

Noviembre es un mes de celebraciones para el secundario faro porteño. Fundación en 1783 y primera camada bajo el nombre de Nacional en 1868, una caja de resonancia de la promesa del “Estado debe la educación al pueblo

Historia
Nacional Buenos Aires

En un país de escasos 200 años, muchos menos de organizado si contamos desde 1880, donde prácticamente la historia es crónica del presente, el Colegio Nacional Buenos Aires abarca los albores de la argentinidad y las contemporáneas luchas de la marea verde. Una cuestión derivada de una joven república, es la ausencia de espacios con mística, con espíritus que enlacen generaciones. Casi. Porque este colegio en su paredes cobija a Manuel Belgrano y el Padre Carlos Mugica,  decenas de figuras de la política y la sociedad sin distinciones ni banderías, varios presidentes argentinos, en un legado que se inflama en las artes y las ciencias, con los apellidos por citar del Nobel Bernardo Houssay, Marco Denevi o Marcelo Brodsky. María Teresa Ferrari, la primera profesora universitaria, Alicia Moreau de Justo, Ana María Shua, Cristina Schiavi y otras mujeres destacadas suman prosapia desde que volvió la cursada mixta a mediados de los cincuenta, tal como había sido a principios del siglo pasado. Albert Einstein, Jorge Luis Borges y Umberto Eco disertaron en el operístico Salón de Actos. Participó el Colegio de la recuperación de Buenos Aires en las Invasiones Británicas y, tristemente, tiene la mayor cantidad de estudiantes y ex estudiantes desaparecidos durante la última dictadura ¡Hasta la expresión “hacerse la rata” nació en las escapadas de los primeros estudiantes del Nacional por los túneles! Repasar la historia del Nacional, es valorar la historia de la Nación, en sus triunfos y derrotas.   

Durante largos siglos Buenos Aires estaba por detrás de Córdoba y Charcas en el Virreinato. Fueron los jesuitas quienes introdujeron la enseñanza elemental y secundaria, más cursos de filosofía y teología, en la polvorienta aldea, en la que luego se denominó La Manzana de Luces, entre las calles Perú, Alsina, Bolívar y Moreno, actual emplazamiento del Nacional. La expulsión de la orden en julio de 1767 hizo que pase a Buenos Aires una enorme cantidad de terrenos y rentas, y un sistema educativo en ciernes. El progresista virrey Vértiz puso en marcha el 10 de febrero de 1772 el Real Colegio San Carlos, de cuya primeras camadas egresarían la mayoría de los patriotas de Mayo. Entre las medidas de este avanzado virrey estaba el cupo a “indios nobles y principales” y a los “pobres honrados”; y la exclusión de judíos y moros. Juan Baltazar Maziel fue el primer rector durante una década de una institución que funcionaba también de protouniversidad. Este canónigo español fue quien dio el primer reglamento al secundario, bastante severo,  aplicaba castigos físicos y la chance de cárcel a los revoltosos, y estableció el internado, que se extendió más de un siglo, para el Real Convictorio Carolino. Con fecha del 3 de noviembre de 1783 se convalidan las primeras cátedras, fecha de fundación histórica del Nacional, y su primer rector de setenta alumnos, Vicente de Jaunzarás. Maziel, por otra parte,  inauguraría una historia de enfrentamientos entre las autoridades de turno y el rectorado de Nacional por la autonomía, una de ellas en 1893 dio origen al Instituto Libre de Segunda Enseñanza. Mariano Moreno fue de los primeros en reclamar que el colegio vuelva a la formación de futuros ciudadanos de una naciente Patria, ya que a partir de las intentonas colonialistas británicas de 1806 y 1807 funcionó como cuartel; otro símbolo de Argentina que nacía en el águila guerrera, poco preocupada por la civilidad.

Nacional Buenos Aires

El director supremo Juan Martín de Pueyrredón el 2 de junio de 1817 lo refundó en el Colegio de la Unión del Sud, con la célebres clases liberales de Juan Lafinur, que tantas mentes unitarias y románticas inspiraría, y Bernardino Rivadavia en 1823 lo transforma en el  de Ciencias Morales, que instruiría completa a la Generación del 37, Esteban Echeverría, Félix Frías y Juan Bautista Alberdi –llegado de Tucumán gracias a un sistema de becas, en las cuales fue rechazado Sarmiento-, entre varios cerebros del autodenominado Proceso de Organización Nacional, después de la batalla de Caseros. Colegio San Ignacio y Colegio Republicano Federal fueron las denominaciones durante el rosismo, que si bien obligó a la virtual privatización, no dejó a la institución, otorgando subvenciones oficiales,  y solventó buenos docentes en Marcos Sastre, alma máter de los jóvenes que derrocarían a Rosas, y ex jesuitas.

Eusebio Agüero fue el rector de Pastor Obligado en 1854 que reinstauró la severidad monacal y los viejos programas, con una Buenos Aires separada de la Confederación Argentina, mientras el presidente Urquiza exhibía el más moderno secundario del país, el Colegio Nacional del Uruguay fundado en 1849.  Tan impresionado quedó Don Bartolomé en su visita presidencial que pensó en replicar el modelo a escala nacional y, de paso, reverdecer la hegemonía porteña, en palabras de Horacio Sanguinetti. Así que el  14 de marzo de 1863, por decreto 5447, el presidente Mitre crea “bajo la denominación de Colegio Nacional, una casa de educación científica y preparatoria”, y como dijo ante el Congreso Nacional en mayo de ese año, prometiendo un plan sistemático de colegios nacionales que se completarían en los siguientes mandatos de Sarmiento y Avellaneda, “un Colegio en que se educase un número proporcionado de jóvenes de todas las provincias…prestar importantes servicios en la formación de ciudadanos virtuosos y capaces…-ampliar- la influencia tan benéfica para la estrecha unión de los pueblos”, un punto de partida para la concordia a través de la educación que se veía reflejado en la gran cantidad de becas para los provincias –aunque la mayor favorecida era Buenos Aires, con seis. Letras y humanidades, ciencias morales y ciencias exactas constituyeron las ramas principales de un plan ideado por la mente maestra que organizó con tendencia humanista y universalista, que aún perdura en el Nacional, el francés Amadeo Jacques. En solamente un año, 1864, sentó las bases de un programa educacional de excepción en América Latina. 

Nacional Buenos Aires: Hogar de la Generación del 80

“El estado de los estudios en el Colegio era deplorable hasta que tomó su dirección  el hombre más sabio que hasta el día haya pisado la tierra argentina…Amedée Jacques”, sentencia en el capítulo 7 de Juvenilia (1884) Miguel Cané, que inaugura la vasta tradición de convertir el Nacional en personaje o escenario de las artes, el reciente libro “Ciencias Morales” (2007) de Martín Kohan tuvo versión cinematográfica por Diego Lerman en 2010, al igual que el de Cané en 1943. Continuando en el libro de Cané, modelo de las narraciones estudiantiles argentinas, por su frescura y la vivacidad de las descripciones, como los veraneos en Chacarita, “formuló –Jacques- un programa de bachillerato en ciencias y letras, defectuoso en un solo punto, su demasiada extensión. Pero M. Jacques, habituado a los estudios fuertes, sostenía que la inteligencia de los jóvenes argentinos es más viva que entre los franceses…-más de una vez- tomó sobre sus hombros robustos la tarea de los demás…¡hasta latín!”, halagaba de un profesor que podía dictar la totalidad de la currícula, en caso de ausencia de docentes. El pedagogo francés participó de la Revolución de 1848, defendiendo la libertad de pensamiento y el progreso social, expulsado por Napoleón III, en 1852 se establece en Montevideo, pionero del daguerrotipo, y al año siguiente, es convocado por Urquiza por sus conocimientos geográficos y económicos. Por consejo de Marcos Paz, que conocía su labor educativa en el Colegio de San Miguel de Tucumán, Mitre lo contrata en 1863 a fin organizar un modelo nacional de educación secundaria, un bachillerato que fuese un grado universitario inicial, balanceado entre las humanísticas y la ciencia.  El mismo Cané integró la primera promoción bajo el nombre de Nacional, egresada en noviembre de 1868, y continuó con una larga lista de fundamentales de la Generación del 80, desde Carlos Pellegrini y Aristóbulo del Valle a los Centenaristas,  entre otros, Ricardo Rojas y Manuel Gálvez. Durante ese periodo el colegio es sede de la Primera Exposición de la Industria en 1877 y se erige en cabeza de un sistema porteño de secundarios nacionales, los colegios Sarmiento, Rivadavia, Mariano Moreno y Avellaneda. Hacia el novecientos comienza una aguda politización en la ascenso del radicalismo, que recuerdo los enfrentamientos entre crudos y cocidos en 1863 que describe Cané, o el enfrentamiento entre católicos y laicos durante la presidencia de Roca, y que motivó el apartamiento por razones políticas en 1884 de uno de los más queridos rectores del Nacional, el profesor José Manuel Estrada.  

En 1903 se inician las obras remodelación en el proyecto de Norbert Maillart, también autor del Correo Central y el Palacio de Justicia. El presidente Figueroa Alcorta colocó la piedra fundamental en 1906, que tras varias concesiones a privados, pasó a la ejecución estatal en 1915, y recién en 1938 fue inaugurado completamente por el presidente Ortiz.  En un estilo predominantemente de clasicismo francés, se destaca el Salón de Actos inspirado en la Sala Principal de la Ópera de París. El Colegio de 30 mil metros cuadrados cuenta hoy con gabinetes de ciencias, un microcine, una biblioteca –la cuarta más importante en Buenos Aires, 130 mil volúmenes- y un observatorio astronómico; también se dictaban antes de la pandemia en sus instalaciones cursos gratuitos de periodismo, escultura, astronomía, aikido, música, idiomas, video, fotografía, teatro y tango. En nuestros días son 400 los profesores, mientras que en los tres turnos concurren unos 2500 alumnos, a los que se deben agregar otros 1500 que realizan el curso de ingreso.

Colegio Nacional de Buenos Aires escalera

El Colegio de la Patria

El 12 de agosto de 1926 Rojas, rector de la Universidad de Buenos Aires, expresó, “Grande es la responsabilidad que la Universidad de Buenos Aires tomó sobre sí al reanexionar este instituto, cuyo pasado obliga por lo menos a mantener el prestigio de esa tradición... Mi presencia en el estrado no ha sido pasivo cumplimiento de un deber oficial, sino móviles más dinámicos de simpatía humana, que nacen de mi culto por la tradición de este colegio histórico en el cual se formaron hombres de nuestra emancipación, y al cual después de ciento cincuenta años de labor civilizadora, podríamos, por antonomasia, llamarlo ya el Colegio de la Patria”, recapitulaba una trayectoria de casi quince años que se propuso el Poder Ejecutivo poner al Nacional en la órbita de la Universidad. Largo años resistió el Colegio la incorporación a la Universidad de Buenos Aires, que el Poder Ejecutivo había resuelto en 1907. A pesar de estar ligado desde sus orígenes, el Colegio tuvo que ser anexado por decreto de un ex alumno, el presidente Roque Sáenz Peña, el 4 de noviembre de 1911.  Esto provocó la renuncia del rector Enrique de Vedia, que se oponía a que el  Nacional se convierta en una iniciación “prematura” de la carrera universitaria. Y el proceso de traspaso fue finalmente aprobado por ley del Congreso Nacional a iniciativa de otro ex alumno, Luis Agote, en 1919. Cuando el socialista Adolfo Dickman apoyó la moción del conservador Agote, expresó un clima de época, y la necesaria participación del Nacional en los tiempos de cambio, “se ha sostenido que los colegios nacionales dependientes de la Universidad tienen un carácter aristocrático. Precisamente, ahora, cuando se ha democratizado la Universidad, cuando rige el sufragio universal…sería aplicable a los colegios nacionales…pues en estos sigue una organización burocrática, mientras que la Universidad ahora es una organización democrática”, declamaba con el Reformismo Universitario del 18,  y la llegada del presidente Yrigoyen a la presidencia, de telón popular de fondo.  

Ya la rectoría estaba a manos de Jorge Nielsen, que durante treinta años imprimiría un sello distintivo al Nacional, tanto que para los contemporáneos era el “Colegio de Nielsen” No solamente durante su gestión se finalizó esta joya arquitectónica, declarada solar histórico en 1943, sino que el rectorado Nielsen equipó renovados gabinetes de dibujo y geografía y proveyó pionero de un  proyector de cine, edificó el observatorio e impulsó la ciencia experimental, instaló el órgano alemán de 3600 tubos –el más grande de la ciudad, donación de Nicolás Avellaneda (h)-, amplió notablemente la biblioteca, consolidó el campo de deportes en Puerto Madero –amenazados por la explosión inmobiliaria de los dos mil, que socavaron sus terrenos -, estableció los concursos docentes y otorgó mayor cantidad de becas, y entabló inéditos lazos con la comunidad, llegando a actuar el dúo Gardel-Razzano o presentar un discurso el presidente brasileño Getulio Vargas  “Genio y figura: una foto –y busto en el vestíbulo-de Nielsen joven lo delata. Quienquiera que contemple esa fotografía, aunque ignore de quién se trata, entreverá en esa efigie a un ser de inteligencia privilegiada, de voluntad férrea, de enorme disciplina interior” comenta Denevi en “Juan Nielsen. Retrato de un maestro”  (1998), la última publicación en vida del autor del clásico “Rosaura a las diez”, dedicada a su maestro del Nacional.

“No aprenda macanas, amigo”, en “La casa nueva” (1963) del notable sanitarista y pediatra Florencio Escardó, otro ex alumno, “sepa que un monte muy alto tiene alrededor de cinco mil metros y que el más alto está en el Tíbet, que luego viene el Tupungato o cualquier otro; pero que todos son muy altos; están cubiertos de nieve y nadie vive en ellos, entonces ¿qué le importan los metros? Háblame más bien de las mesetas, que es allí donde viven las gentes”, en una semblanza del profesor Samuel Dónovan,  ponderando un método de educación que activaba el pensamiento crítico antes que la repetición escolástica, herencia de los Jacques y Nielsen. Continúa en esa senda, interrumpida brevemente cuando el golpe del 4 de junio de 1943 reinstala la educación religiosa y lo denomina Colegio Universitario de San Carlos, y que explotó en una época nuevamente brillante en la formación de ciudadanos durante los diez años (1955-1966) que se retomaron los principios de autonomía y libertad de la Reforma del  18. Inició con la dictadura de Onganía un periodo turbulento, duramente intervenida durante el peronismo y los militares del 76, pero empezó la recuperación en el largo rectorado del educador Horacio Sanguinetti, otro ex alumno e hijo de un rector del colegio, Florentino (1960-1963) El rectorado Sanguinetti  se extendió de 1983 a 2007, siendo el de mayor permanencia en el cargo, y delegándolo a la primera rectora, la psicolingüista Virginia González Gass. En la actualidad la rectoría la cumple Valeria Bergman, quien a su vez tiene vicerrectores por turno “Lo que importa es que cada promoción asuma un compromiso de servicio con nuestro tenso y acucioso destino”, apuntaba Sanguinetti en 1968 como una misión de los egresados del Colegio de la Patria, porque, ya la escribía Cané en 1881, “se pueden emprender los estudios superiores en cualquier edad; los preparatorios, no…un hombre regularmente dotado, puede estudiar a fondo una cuestión de Derecho; pero si no tiene una preparación sólida, si no ha ejercitado su espíritu en los largos años del bachillerato, lo expondrá como un notario, jamás como un jurisconsulto. Falta de ideas generales, amigos”, en lo que vale tanto para el Nacional como para la educación entera secundaria argentina. Asignatura aplazada decenas de marzos.

Colegio Nacional de Buenos Aires Aula

Fuentes: Sanguinetti, H. El Colegio de la Patria en revista Todo es Historia Año II nro 19 Noviembre de 1968 y Breve Historia del Colegio Nacional de Buenos Aires. Segunda edición. Buenos Aires: Editorial Macchi, 1984; AAVV  El Colegio Nacional de Buenos Aires. Buenos Aires: Manrique Zago ediciones. 1995; Cané, M. Juvenilia. Buenos Aires: Ediciones Diario Popular/El Día. 1995.

Imágenes: Colegios en Buenos Aires / Télam

Fecha de Publicación: 03/11/2021

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