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Mucho más que el Thompson de Mariquita

La vida del ascendido en este milenio Prefecto General Martín Jacobo Thompson es un torbellino de amores, patriotismo y locura. Un heróe poco conocido, el esposo de la célebre Mariquita Sánchez.

Historia
 General Martín Jacobo Thompson

En 2019 se decidió otorgar el grado mayor de la Prefectura a Martín Thompson, a 200 años de su fallecimiento, un marino patriota que es un perfecto desconocido al lado de  Guillermo Brown, Tomás Espora y Juan Azopardo. Puede sonar algo el Thompson por su compañera, que marcó la vida social y cultural  de Buenos Aires durante los tiempos de la Independencia, el rosismo y la incipiente organización nacional.  Raro para un Martín Thompson que es prácticamente de los primeros que se preocupa por la defensa de los ríos interiores, y los puertos, a través de proyectos de construcciones y reglamentos. Héroe durante las invasiones británicas, no por nada Mariano Moreno el 30 de junio de 1810 le confía la capitanía del puerto de Buenos Aires. Y años más tarde, la Logia Lautaro de San Martín lo enviaría a Estados Unidos con el fin de reclutar nuevos marineros y modernos barcos. Y allí planeó la liberación de la Florida española. La neblina de la Historia se encargó de sepultarlo quizá por un final indigno para algunos. O por el peso de una patricia Mariquita.

Martín Jacobo Thompson nació en Buenos Aires el 4 de mayo de 1779 -figura en su ingreso a la marina española aunque la fecha más probable sea 23 de abril de 1777. Hijo de Guillermo Thompson, uno de los primeros comerciantes ingleses en el Río de la Plata, y Tiburcia Escribano, dama criolla, estudia en el Real Colegio San Carlos. El repentino fallecimiento su padre, y el inesperado ingreso de su madre al convento de las Monjas Capuchinas, hacen que el joven Martín quede al cuidado de Martín Altolaguirre, quien lo llevaría a estudiar a Inglaterra, fracasados sus intentos de convertirlo en agricultor o funcionario. Su tutor presentó los usuales expediente de limpieza de sangre a las autoridades hispanas, modificando no solamente su ascendencia inglesa sino la fecha de nacimiento, y consigue entrar Martín a la escuela de guardiamarina, de la cual egresa en 1800. En su foja de calificaciones aparece, “poca aplicación, mediano talento y buena conducta” Todos estos detalles de medianía poco importaron a Mariquita, que se enamoró perdidamente de su primo segundo, en una de las visitas del joven a la casa familiar, en la actual calle Florida al 200. El flechazo fue recíproco pese a que Martín fue destinado inmediatamente a Montevideo. Este sería el comienzo de una de las historias de amor imperecederas de la Buenos Aires Colonial.

 

Amor y Revolución

“Aquí estuvo recluida Mariquita Sánchez, por desobediencia a sus padres” aparece en una placa de bronce de las Casa de Ejercicios Espirituales del barrio de Constitución, el único edifico que se conserva del siglo XVIII en la ciudad. Allí terminó un par de meses la joven de catorce años que se negó a casarse con un acaudalado mercader porteño mucho mayor que ella, tal era la costumbre de la matrimonios arreglados en la alta sociedad del virreinato “¡Amor!, palabra escandalosa en una joven, el amor se perseguía, el amor era mirado como una depravación” así describía Mariquita en sus “Recuerdos del Buenos Aires Virreinal” los sentimientos, y los rechazos, que se generaban en las postrimerías del Siglo de las Luces, uno que estaba cambiando la mentalidad de las nuevas generaciones del mundo. Mariquita y Martín pertenecían a estos jóvenes iracundos que harían la revolución en un Continente. Pero previamente estos dos porteños idealistas lucharían en la vida privada.

Recluida Mariquita, a Martín el padre de la amada consigue enviarlo a Cádiz, con el apoyo del virrey Del Pino. En Europa sería ascendido Thompson a Alférez de Fragata. Sin embargo, la distancia no impidió la correspondencia entre los amantes,  y en 1804, Martín encontró la excusa de volver al Río de la Plata, “para administrar la herencia paterna debido a que había alcanzado la mayoría de edad” Instalado Thompson en Montevideo prepara una sólida estrategia legal destinada a conseguir la mano de Mariquita, quien fallecido el padre Cecilio, ahora encontraba la oposición de su madre Magdalena. Los aires habían cambiado en la capital virreinal, y circulaban ideas modernas entre obispos y fiscales sobre el amor de pareja,  por encima de los intereses de los grupos de familia. Además en 1803 se había dictado una norma que permitía al virrey decidir aquellos casamientos impedidos por los padres de los novios. También ayudó el pensamiento del nuevo virrey,  el marqués de Sobremonte,  que simpatizaba con la nueva sensibilidad romántica. Finalmente el 20 de julio de 1804 se expidió a favor de los novios, quienes se casarían en la Iglesia de La Merced el 29 de junio de 1805, y tendrían cinco hijos,  en poco menos de una década.

Hacia fines de ese año Thompson comanda una lancha cañonera en Montevideo pero aspira por su posición social a la capitanía del puerto de Buenos Aires, algo que ocurriría recién después de la primer invasión británica, y por nombramiento del Virrey Liniers.  Contrariamente a algunas versiones, si bien Thompson no estuvo al mando de la capitanía, si fue de los primeros en advertir el peligro que se avecinaba con los barcos imperialistas, “dio aviso al Virrey de Sobremonte que se observaban velas por los Quilmes, se creían que eran contrabandistas, aunque Thompson había dicho que eran de guerra”, recordaría Mariquita. La máxima autoridad virreinal, en medio de una función del Teatro de la Comedia, desestimó el peligro hasta que fue demasiado tarde. Thompson interviene luego activamente en la defensa de la ciudad y apresa a los bergantines británicos, Príncipe Jorge y Dos Hermanos. En estos meses traba amistad con los intelectuales más inclinados hacia el camino de la emancipación de España, entre ellos Manuel Belgrano y Juan José Castelli, y es uno de los 124 notables del Virreinato, que en octubre de 1808, plantea un acercamiento con la corte de Río de Janeiro. También integra la legendaria Sociedad de los Siete, responsable directa de la Semana de Mayo según el deán Gregorio Funes, y participa de otros sectores independentistas con los Moreno, Mariano y Manuel, Juan Ramón Balcarce, Hipólito Vieytes, entre otros. Varias de sus propiedades son espacios francos de reunión y conspiración de los revolucionarios, especialmente una sobre la actual calle Defensa a metros de la Plaza Mayor -y donde funcionaron dos escuelas de primeras letras.

Martín Thompson fue uno de los 200 vecinos que acudieron el 22 de mayo de 1810 al Cabildo Abierto. Lo hizo en su carácter de alférez de fragata y capitán del puerto de Buenos Aires, y se pronunció por el voto de Cornelio de Saavedra, que era la inmediata deposición del virrey de su funciones del gobierno, debiendo su autoridad ser transferida al Cabildo. La Primera Junta le confirió ese año la subdelegación de Marina, y la capitanía del puerto de Buenos Aires, ahora en manos de los patriotas. El 2 de diciembre de 1811 las autoridades españolas de Cádiz lo dan de baja, “por haber reconocido a la tumultuaria junta de Buenos Aires el 15 de julio de 1810, faltando a la subordinación militar,  y admitido empleo de la sediciosa Junta de Buenos Aires” Nada de mella hacían en Thompson, que desarrollaba en la capital del Plata un intensa actividad profesional, política y social; además, control del tráfico marítimo del próspero enclave comercial en las aguas del Sur.

El joven capitán Thompson conoce a Bernardo de Monteagudo, y participa en las reuniones de la Sociedad Patriótica,  en el café de Marcos vecino el Cabildo, donde  radicaliza posiciones, “la soberanía reside en el pueblo” Este grupo confluiría en la Logia Lautaro del Libertador José de San Martín, Juan Martín de Pueyrredón y Carlos María de Alvear, y que sería decisiva en los asuntos públicos del Segundo Triunvirato y la Asamblea General Constituyente de 1813. Entre la agenda progresista y emancipatoria de esta asamblea se determinó la necesidad de los símbolos patrios, entre ellos un himno, que cuenta la leyenda fue interpretado en el salón de los Thompson por primera vez -aunque otras versiones más concretas indican que fue estrenado en un acto público, un 28 de mayo de 1813,  y por un coro de niños.

En 1814,  Thompson tomó parte activa en el alistamiento de la escuadra naval guiada por el almirante Brown, y dotó a la comandancia del “Reglamento para uso de la capitanía de puerto” Al año siguiente dejó este cargo, e integra la plana mayor del ejército argentino con el grado de teniente coronel. Un giro que lo llevarían en un viaje a los Estados Unidos, sin retorno.

 

Viaje hacia locura

El 5 de febrero de 1816 Thompson fue ascendido a coronel del ejército, y cuatro días más tarde, se embarcó con destino al país del Norte munido de las instrucciones, “obrar unido por principios acordes, y un sistema coordinado de política, para consultar la absoluta emancipación del Nuevo Mundo, su prosperidad y engrandecimiento” Tal misión delicada confirman la absoluta confianza que tenían en Thompson sus compañeros de la Logia Lautaro, a quien el director Álvarez Thomas nombra diputado de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Una de sus misiones secretas era establecer vínculos con los patriotas en México, y recaudar fondos y apoyos de los norteamericanos, en momentos que solamente Buenos Aires resistía a la reacción realista. La única esperanza de los revolucionarios sudamericanos se hallaba en el pequeño grupo que adiestraba San Martín en Cuyo, y lo poco que había rescatado Simón Bolívar,  refugiado en Jamaica. Thompson viajaba como una gran esperanza del sueño revolucionario.  Pero desde el principio tuvo inconvenientes. Una travesía demasiado larga hacen que el marino arribe muy demorado a New York, en unos meses que el presidente Madison estaba ocupado con un Washington DC en  plena construcción. En aquellos días comienza Thompson a percibir cierto deterioro en la salud,  que no le impiden gestionar la compra de armas, y contactos varios con mercenarios de dudosa reputación,  pero que estaban dispuestos a colaborar con los gobiernos criollos.

Enterado Thompson de la Declaración de la Independencia por la prensa, felicita por carta a Pueyrredón, compañero de la Logia, y entonces Director Supremo; y le consulta sobre los motivos de la falta de acción ante el avance de los portugueses en la Banda Oriental, sin saber que era el mismo gobierno de Buenos Aires que alentaba la invasión a fin de anular el poder de José Artigas.El caudillo oriental era muy apreciado por Thompson, que le había regalado su sable en señal de amistad y lealtad con la causa americana. Asimismo el coronel se había tomado  atribuciones inconsultas a nombre del gobierno revolucionario del Río de la Plata, y junto a patriotas de Venezuela y Colombia,  suscribe un acuerdo en donde sus respectivos gobiernos apoyarían una expedición libertadora en la península de Florida, que formaba parte del imperio español. Estas actitudes molestaron al gobierno norteamericano, que estaba tratando de incorporar la península a través de negociaciones diplomáticas, y así nunca Thompson fue recibido por ninguna autoridad del país del Norte. Pero más allá de estos encontronazos con la realidad política del momento, con una Buenos Aires por su parte que prefería concentrar sus esfuerzos en la expedición sanamartiniana a Chile, y la alianza con la monarquía esclavista de Portugal, Thompson “estaba irrimisiblemente loco”, en palabras de Manuel Aguirre, el nuevo representante argentino en Washington. El gobierno argentino la había dejado cesante en enero de 1817, sin que se anotice Martín, que participaba enceguecido dentro del grupo de corsarios que tomaban islas del Caribe, en nombre de las repúblicas confederadas de Buenos Aires y Chile.

“-Antonio – Bellina -Supieski, un marino y timador polaco que guerreó con Napoleón-, aconsejado por José Bonaparte, optó por dirigirse al destartalado sujeto que sabía verse por las calles de Washington y New York, vestido de una levita cortona y apolillada, hablando desacompasadamente, manoseando a sus interlocutores, gritando algunas veces y otras susurrando al oído, y a quienes los yanquis llamaban “Mister Mariquita”, por el nombre del esposa lejana, cuya casa en Buenos Aires ofrecía a todo el mundo. El pobre Martín Thompson,  agente diplomático de las Provincias Unidas, vecino ya al naufragio en su razón”, narra Héctor Viacava, y pone en contexto a un personaje que era la comidilla, y un dolor de cabeza,  para el gobierno de Buenos Aires; que por si fuera poco es tapa de los diarios de New York, cuando se le amotinan los marinos que había embarcado en el Ocean, y debe intervenir la policía local. A mediados de 1817 Thompson es ingresado en una institución mental de Nueva York. Su nombre seguía siendo esgrimido por la diplomacia norteamericana contra los acercamientos de los incipientes gobiernos sudamericanos, incluso el secretario de Estado Adams insulta al nuevo representante argentino diciendo que el anterior estaba en una Casa de Locos, de acuerdo una carta del colombiano Manuel Torres de abril de 1819.

Pasa Thompson dos largos años hasta que Mariquita consigue los recursos para la traslado, con los oficios de Aguirre y un secretario personal, Joaquín, a quien la sufriente esposa solicita “cuidado que no lo traigan vestido como loco… Y nada quiero que se lo trate como loco sino como mi marido” Se consigue el traslado en un buque norteamericano pero aparentemente por las malas condiciones del viaje,  fallece Thompson en alta mar el 23 de octubre de 1819 – aunque otras fuentes lo datan el 19 de febrero de 1819, y las familiares directamente en 1817, año de su ingreso al manicomio. No existen registros de qué tipo de afección padeció Thompson, ni si hubo antedecedentes, tampoco en los archivos familiares.  Solamente unas breves líneas apenas pisó a Estados Unidos donde señalaba un “mal estado”

“La participación inicial de Thompson en este proyecto no puede sorprender”, reflexiona María Sáenz Quesada de la aventura caribeña, que plantó la bandera nacional en las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (hoy Colombia), con los corsarios europeos George Mc Gregor y Luis Aury, activos en las guerras de Independencia latinoamericanas, y el peruano Vicente Pazos Silva (Kanki), desterrado por radical por el director porteño Pueyrredón, “si se tiene en cuenta su mentalidad de patriota del año 10, atrapado por el sortilegio de la Revolución… Martin había vivido un maravilloso sueño de cambios y de hondas transformaciones. Esta primera etapa ilusionada había concluido, pero Martín no lo había percibido bien y mantenía la llama de la revolución a ultranza…. Thompson no  estaba aislado en su postura política pero el rápido deterioro de su salud mental le impedía compartir sus luchas con Kanki, los porteños Manuel Moreno y Manuel Dorrego, el chileno José Miguel Carrera, y otros compatriotas exiliados en Estados Unidos por su oposición al Directorio de Buenos Aires”, concluye la historiadora. El Primer Prefecto Thompson, un patriota de la primera hora que voló cerca de los sueños de la Revolución Eterna y quemó sus naves.

 

Fuentes: Sáenz Quesada, M. Marquita Sánchez. Vida política y sentimental. Sudamericana: Buenos Aires. 1995; González Lonzieme, E.  Martín Jacobo Thompson. Ensayo para la biografía de un marino criollo. Buenos Aires: Comando en Jefe de la Armada. 1969; Cutolo, V. O. Nuevo diccionario biográfico argentino. Buenos Aires: Elche. 1985.

Fecha de Publicación: 04/05/2021

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