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Luis Vernet, comandante en Malvinas, pionero colonizador

Todos los 10 de junio recordamos la posesión oficial del gobierno patrio en 1829, pero poco de quién fue el verdadero artífice, el colonizador Vernet, defensor de la soberanía.

Historia
Luis Vernet

Había cumplido su misión. Defender la soberanía nacional, defender las Islas Malvinas. Luis Vernet partía del Puerto de la Soledad a bordo de la norteamericana Harriet para un debido proceso judicial. Llevaba al capitán Davidson y, tripulación de otras dos naves del mismo país, para comparecer ante las reiteradas y depredatorias cacerías, sin autorización del gobierno argentino. Vernet en su gestión persiguió incansablemente a quienes atropellaban los derechos de un Patria que amó más que la suya. Junto con el comandante de Islas Malvinas y Cabo de Hornos también retornaba la fiel esposa, María, y los cuatro hijos, la última nacida en las islas y llamada Malvina, la primera argentina con ése nombre.  Lo esperaban la Capitanía del Puerto de Buenos Aires, las intrigas inglesas y norteamericanas, las noticias del infame vandalismo del buque de guerra yanqui Lexington, que  destruyó la próspera colonia patagónica, y allanó el camino a los invasores ingleses de 1833, y el desamparo del gobierno porteño. Era el 19 de noviembre de 1831. Fue la última vez que Vernet observó su querido archipiélago malvinero, uno que imaginaba la factoría de una Argentina con destino patagónico.  

Nacido en Hamburgo el 6 de marzo de 1791, Vernet pertenecía a una familia ligada a los negocios químicos y marítimos. Entre Estados Unidos, Portugal, Alemania y Brasil, en 1817 decide radicarse en Buenos Aires seducido por un viaje a la Patagonia y sus posibilidades económicas “Luis Vernet no era un hombre de negocios común. No sólo era escrupuloso y capaz en todos los tratos sino que también era culto y de visión”, según la historiadora inglesa Mary Cawkell, y dando pistas de su espíritu de emprendedor, que era un denominador de varios hombres apasionados de negocios de la primera mitad del siglo XIX, como aquellos que iniciaron la fiebre del oro en California -y expandieron las fronteras de Estados Unidos. “En la proa podía divisarse a un tripulante”, describe Ricardo R. Caillet Bois en “Un tierra argentina. Islas Malvinas” en 1948, sobre el día que llega definitivamente Vernet el 17 de julio de 1829,  y se hace cargo de la comandancia que incluía Tierra del Fuego y las islas Georgias, Sándwich del Sur y Shetland,  “bajo de estatura, cuya poblada barba y cabellos castaños zarandeaba a gusto, la fresca brisa del mar. Presentaba la típica imagen de aquellos hombres del Oeste americano, conquistadores de las dilatadas llanuras que baña el Misisipi, un verdadero self made man, activo, inteligente, emprendedor, tenaz, muy tenaz, iba a demostrar en el curso de su existencia poseer una honestidad acrisolada”, cerraba la descripción del marido de la uruguaya María Sáez, desde 1819.

Ese mismos año comienza su relación comercial con Jorge Pacheco, que había defendido a Buenos Aires durante las invasiones británicas, pero que era en ese momento un hombre endeudado. En 1820 firmarían un acuerdo que establecía que embargaba Vernet la mitad de los sueldos, o propiedades, que el gobierno pudiese abonar a un desahuciado Pacheco, aunque con muy buenos contactos con el gobernador Martín Rodríguez. Al tiempo que se desplegaba por primera vez la bandera argentina en las islas, por el corsario David Jewett a nombre del gobierno patrio un 6 de noviembre, en Buenos Aires se le ofrecía a Pacheco usufructuar el ganado salvaje de Malvinas, y que había quedado en los sucesivos intentos colonizadores franceses y españoles -los ingleses recién tendrían esa iniciativa partir de 1840.

“Eran algo aéreos” pensó Vernet del proyecto comercial de Pacheco pero bancaría el pedido de Pacheco a la gobernación de Buenos Aires, “para sacarme del abismo de la miseria…de alguien que hizo por el grito de Libertad de la Patria…-solicito- permiso y autorización necesaria…en la Isla de la Soledad, una de las siete con el nombre general de Malvinas, abunda en lobos…ahora expuestos a uno u otro navegante extranjero”, detallaba acertadamente, los buques de distintas banderas saqueaban los mares del Sur. Vernet acompañaba la nota con “yo he proyectado el domesticar ganado y poner con ellos una estancia” en aquellas desoladas tierras. Bernardino Rivadavia firma el decreto con el “deber de proteger el comercio y fomentar la industria” del 18 de diciembre de 1823 y que iniciaría el vínculo por siempre de Vernet con las Malvinas.

Vernet en años sucesivos trabajaría para llevar su plan colonizador a las dos islas principales, y parte de la plataforma continental,  comenzando con una empresa frustrada junto a un concesionario inglés. Una de las primeras acciones de Vernet fue impulsar la comandancia de Soledad de Pedro Areguatuí, que luchó con Manuel Belgrano, y era hijo de un cacique guaraní. A él, el primer representante del gobierno patrio, y un caso único por su sangre indígena, en los tiempos de la Independencia, de un cuasi gobernador, se le encargó “contener los excesos” de una población sin autoridades desde la partida de los españoles, custodiar las costas, y cobrar los derechos de ancoraje como cualquier nación soberana.

Con el paso de los gobiernos en Buenos Aires, en Vernet iba tomando cuerpo los beneficios que traería una colonia permanente, y con autoridades con poder de policía, contra el pillaje internacional. En su primera visita a las islas en 1826, que sorteó las dificultades de los bloques brasileños en plena guerra contra el Imperio, empezó a transportar los primeros pobladores, gauchos en su mayoría de Buenos Aires, e incluso algunos convictos. Todo costeado por sus medios, personas y animales, decenas de caballos, ovejas y vacas hasta granos, porque el gobierno nacional apenas había prometido algunos fusiles y cañones. Cuando volvió en 1828 instaló cuatro baterías en lo que llamó Fuerte Federación y consiguió  con Balcarce más leguas a la franquicia original, la isla Soledad entera, “hacer un gran bien nacional y aún el derecho de jurisdicción sobre ellos” El camino de Vernet a la Comandancia Política y Militar estaba inaugurado.

 

Vernet, gestión y proyectos de un colonizador

“1. Las islas Malvinas y la adyacentes al cabo de Hornos en el mar Atlántico serán regidas por un comandante político y militar nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República. 2. La residencia del comandante político y militar será en la Isla de la Soledad y en ella se establecerá una batería bajo el pabellón de la República. 3. El comandante político y militar hará observar por la población de dichas islas,  las leyes de la República y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios”, firmaba un 10 de junio de 1829 el decreto el gobernador Rodríguez, en la fecha que los argentinos recordábamos  hasta este milenio el Día de las Islas Malvinas. Y con un puesto militar para Vernet, en parte reconociendo la necesidad de cierto orden basado en el uso de la fuerza, en parte porque gobernador era el de Buenos Aires, con lo que quedan las Malvinas en la órbita de la provincia que detentaba la representación exterior argentina ante el mundo.

“El comandante espera que cada uno de los habitantes dará en todo tiempo de subordinación a las leyes, viviendo como hermanos en unión y armonía a fin de el incremento de la población que se espera y que el Superior Gobierno ha prometido fomentar y proteger nazca en su territorio austral un población que haga honor a la República cuyo dominio reconocemos ¡Viva la Patria!, exclamaba Vernet el 30 de agosto de 1829 ante una población que apenas llegaba a los cien, y que como administrador, en menos de tres años, llevaría a 300 en temporada de arreo.  

Vernet organizó varios reclutamientos de colonos, muchos que venían directamente de Europa vía Montevideo, a los que proveía sin cargo de animales, granos, herramientas y terrenos. De la Patagonia contrataba a indios, entre ellos los tehuelches, con quienes tenía excelentes relaciones debido a que había invitado a su reina con grandes fastos -una visita real, la única en la historia de las islas, que incluían un frustrado asentamiento en la bahía San Gregorio. La población convivía en orden con la mano firme de Vernet, entre los que había ingleses y norteamericanos dedicados a la piratería pero que aceptaban el gobierno nacional, y además alentados por un incipiente crecimiento económico; asentado en la caza del ganado “bagual” -se calcula que se faenaron 5000 animales en el periodo-, la pesca que empezaba a dar frutos si se defendía del robo desleal de buques extranjeros, y los primeras construcciones de piedra que se esparcían por las áridas islas, en un ambicioso plan colonizador del comandante, y que funda los pueblos Dorrego y Rosas.

“Todas las islas Malvinas tienen buenos puertos, abundan en pescados, bastantes para el sostén de unas considerables poblaciones y para formar un artículo importantísimo de exportación”, remitía el 23 de marzo de 1831 a un gobierno en Buenos Aires, que incumplía la promesa de sostener la efectiva ocupación fomentando la inmigración, aunque resistía las primeras protestas de los ingleses que reclamaban “los derechos de soberanía ejercidos hasta entonces por la corona de Gran Bretaña -aunque no había presencia de sus súbditos usurpadores desde 1774-, “el aumento de la población, aumentará el valor de todo el territorio, y el Estado, de este aumento de formación de marinos nacionales para una marina, y de la prosperidad de estos habitantes, reportaría bienes incalculables”, anunciaba Vernet del primer plan colonizador criollo no solamente de las Malvinas sino de la Patagonia. El comandante auguraba colonias diseminadas en ambas islas que producirían desde trigo y papa a lino y cáñamo, con exportaciones que barrían desde Brasil a Irlanda. También la explotación de la madera en la Isla de los Estados. Solamente pedía fondos para mejorar los puertos, y más buques de guerra en la patrulla de las costas. En un cuadro patagónico que parecía prometedor, humana y económicamente, ninguna de estas solicitudes ocurrieron, ya asordinadas en las guerras civiles que elevarían a Juan Manuel de Rosas.  

 

Usos y costumbres malvineras según Doña María

“Buen tiempo. Las familias alemanas dieron un baile a los criollos, uno de estos, pasajero de Buenos Aires, la Betru, tomó un arma cargada y por ser ebrio, amenazaba con ella matar a todo el que se le presentaba, luego que Vernet supo mandó prenderlo y amarrado le condujeron a una pieza que le sabe a cárcel”, escribía María un 23 de agosto de 1829, bajo la luz del hogar de piedra del comandante, la construcción de piedra más importante de las isla por décadas, y que aún permanece. Estos diarios, que se interrumpen un año después, quizá por la suma de tareas en que cada familia intervenía en la subsistencia, son un testimonio vivaz de las costumbres de los malvineros argentinos.

Entre los apuntes queda documentado el festejo de las fechas patrias, y las costumbres que llegaron desde las pampas,  como el consumo del mate, un pequeño cerro al norte de la isla Soledad se llama Bombilla, y las herramientas del gaucho, aperos, cintos y demás que siguen en el uso de los peones rurales en las islas. Muchas de las anotaciones también refieren a iniciativas de plantaciones innovadoras, o la pesca de lobos. También de la soledad de los pioneros, “después del almuerzo observamos que entraba un buque, causó alegría general, “anotaba un 12 de septiembre, “al fin puso bandera de Buenos Aires (sic) no lo quería creer”, exclamaba la esposa del comandante Vernet. Luis continuaría trabajando por el progreso de la sociedad argentina, una vez que envuelto de las disputas entre Buenos Aires y Washington por el agravio de Lexington, se le impidió retornar a sus queridas Malvinas, con fondos para las primeras colonias alemanas, inventos en química que permitieron la exportación de cueros y aceites, y visionarios proyectos para colonizar el Litoral. Fallecería Vernet el 17 de enero de 1871 en San Isidro, localidad de la cual fue el primer intendente.

“El gobernador Luis Vernet me recibió cordialmente. Tiene mucha ilustración y habla varios idiomas. Su casa es larga y baja… encontré allí una buena biblioteca de obras españolas, alemanas e inglesas… por la noche, hubo música y baile… tenía quince esclavos… que pasado los cuatro años pondría en libertad con algún oficio y alfabetizados…-los aldeanos prósperos- parecían contentos y felices”, aparece en 1829, en una carta de Robert Fitz Roy, el navegante británico leyenda de los viajes oceánicos. En 1832 constataría una realidad tristemente diferente, “Fui a Port Louis -seguía nombrándolo con la denominación que dejaron los franceses en 1764, en la transcripción de Arnoldo Canclini- En lugar de la alegre aldehuela sólo hallé unas casuchas semiarruinadas…-le confesó un poblador- el Lexington lo arruinó todo”, con la vista de los pocos resistentes colonos, y gauchos, escondidos por miedo a la barbarie norteamericana. Fitz Roy condena la conducta de los yanquis, “-Vernet- el gobernador militar y civil de las Malvinas procedió correctamente -según las leyes de su país- y no como un pirata ni ladrón -como se lo acusaba debido a que Vernet cuando incautó los tres pesqueros estadounidense acordó la entrega de los productos rapiñados, como una forma de compensación a la pesca no autorizada, y la liberación de dos navíos que retornaron a América del Norte-…he oído mucho de Mr. Vernet y sus procedimientos, de muchas fuentes, así de amigos como de enemigos, y aún cuando nunca me ví con él, y por lo tanto no puedo ser parcial por amistad, lamento sinceramente su desgracia y creo que lo han calumniado”, afirmaba un inglés notable que se puso del lado de Vernet, del lado de los argentinos, hace 189 años. Y hace 188 que reclamamos, con la justa razón que ya admitía Fitz Roy, por nuestras hermanitas perdidas.

 

Fuentes: Caillet-Bois, R. Una tierra argentina. Las islas Malvinas. Ensayo basado en una nueva y desconocida documentación. Buenos Aires: Peuser. 1948; Carril, B. La cuestión de las Malvinas. Buenos Aires: Emecé. 1982; Canclini, A. Malvinas. Su historia en historias. Buenos Aires: Planeta. 2000

Fecha de Publicación: 10/06/2021

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