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Lucha de modelos en el Congreso argentino de 1876

Hace 150 años los diputados y ministros discutían por un pueblo de pastores o una nación manufacturera. Cualquier parecido con la actualidad no es mera coincidencia.

Historia
Congreso argentino de 1876

“Entonces Señor Presidente, tenemos que ponernos en estas condiciones: o dejamos de ser un país reducido a las materias primas, o persistimos en no producir materias primas, para llegar pasar ricos, como el Señor Ministro tiene esperanza de que podamos serlo algún día… Y yo digo, Señor Presidente, que sino limitamos a esta esfera, jamás saldremos de la pobreza, de la miseria, de la barbarie y del retroceso” sostenía una enceguecido Vicente Fidel López, hijo del autor del himno patrio, y brillante rector de la Universidad de Buenos Aires. López además participaba en el Club Industrial, en compañía de Nicasio Oroño, Roque Sáenz Peña, Lucio V. Mansilla, Estanislao Zeballos  y Carlos Pellegrini, quien en su tesis doctoral exponía claramente la doctrina del grupo, “la protección de gobierno es necesaria para el desarrollo de la industria de la República Argentina” Padecía el país la crisis económica mundial de 1874, se cerraban puertos, y como otras tantas veces, una crisis externa promovía la industrialización. Y prosigue López, el autor del señero “Introducción a la historia de la Revolución Argentina (1881), “en condiciones iguales iríamos a herir la materia prima de los que están más apartados de los puertos”, pone el legislador el dedo en la llaga ante los defensores de los abusivos derechos aduaneros porteños, defendidos por los mitristas, “así por ejemplo, tenemos las industrias de Tucumán, de Salta y Corrientes, y sin embargo tomamos los productos de la capital del Brasil, contra los nuestros, y renunciamos a nuestras propias riquezas, prefiriendo fomentar la del extranjero”, concluye un pionero industrialista recordando sus palabras dichas unos años antes en el mismo recinto, “Señor Presidente, en este camino la provincia de Buenos Aires tiene que arruinar a las demás, sin ganar otra cosa que la expansión ampulosa y ficticia de la ciudad al lado de su grande aduana”, remataba López,  quien era defenestrado por los librecambistas en el diario “La Nación” porque proponía gravar con un 45% a los productos extranjeros, un porcentaje inferior entonces a los exigidos en Estados Unidos, o Inglaterra, cuna del librecambio.

Escuchaba incómodo el ministro de Hacienda del presidente Avellaneda, Norberto de la Riestra, y contesta, “yo creo pues que es un error querer, por medio de leyes de este género, modificar las costumbres del pueblo. ¿Qué necesidad hay de decir a uno, no ha de andar usted con zapato alto, porque será mal a los pies? No señor, deje qué cada uno use lo que le guste y lo que puede usar, déjese que anden en carruaje lujosos las personas que puedan tenerlo, ¿quién nos mete a modificar costumbres?”, retrucaba el funcionario de un gobierno que sin bien tomó algunas medidas proteccionistas ante el desplome mundial, estaba jaqueado por la presión crediticia internacional y la asignatura pendiente de la federalización de la separatista provincia bonaerense. De la Riestra, por otra parte, mereció la opinión de Sarmiento en Londres, “era un empleado de comercio de una casa inglesa en toda la extensión de la palabra” Y Mitre lo alababa como “el fundador de nuestro crédito exterior” Tiene este ministro el honor en 1865 de haber contratado el primer empréstito inglés de un gobierno constitucional argentino.

Dos modelos a los golpes, cero simpatía

Pellegrini y Mansilla eran conocidos de la aristocracia porteña y compartieron algunas correrías de muchachos como un club socialista. Sin embargo en ese agosto de 1876 estuvieron enfrentados. Mansilla, por simpatías con Avellaneda, defendía la tesis liberal del gobierno contraria a una Ley de Aduana que finalmente se aprobó, “en las cátedras de nuestras universidades se enseñan las fatales doctrinas de protección al comercio. Y no hay un sólo diario,  grande o chico, con crédito o sin él,  que no ataque esas doctrinas ¡Que fenómeno tan extraño! El instinto del pueblo en contra de una pretendida ciencia. Y digo pretendida, porque es a nombre de la ciencia que hablan esos catedráticos que la Nación costea”, dispara en la línea de flotación de varios legisladores proteccionistas, empezando con López,  que alternaban con la docencia superior. Un pionero del “Alpargatas versus Libros”, el dandy Mansilla.

“Los países de inmigración no puede ser proteccionistas”, se alineaba ahora con la política fuertemente inmigratoria de Avellaneda, “la razón es muy obvia, los que vienen al país buscando trabajo tienen una predilección especial por el consumo de aquellos objetos que están acostumbrados. El vascofrancés busca el vino francés, el italiano busca los fideos su país,  así como el inglés busca las  fábricas donde se venden las camisas francesas e inglesas… este ideal con un pueblo que se baste así mismo, el extravío de una concepción bárbara, era el ideal de –Francisco Solano- López, el de Paraguay. Las naciones americanas más que otras,  Señor Presidente, están forzadas a ser liberales en la legislación económica”, argumenta Mansilla que justamente había ido a combatir, y a reseñar para la posteridad, la Guerra contra el Paraguay, donde se enfrentaban efectivamente dos modelos, el librecambismo contra el proteccionismo. Con solamente un cuarto de la población paraguaya en pie en 1870, la balanza había quedado inclinada.

Antes del intervención de Pellegrini, el autor de Juvenilia, Miguel Cané, “un proteccionista del doctor López”, levanta el guante, “todos somos al abandonar la universidad librecambistas acérrimos… viene envuelto en el emblema de la libertad y por eso se nos hace simpático… pero lo que hemos salido de la universidad librecambistas,  nos hemos hecho proteccionistas… por el estudio que después hemos hecho de librecambio… el señor Ministro de Hacienda sostiene algo muy curioso,  y que si fuera cierto sería única y exclusivamente en nuestro país que se habría producido un fenómeno semejante, sostiene que las industrias son productos espontáneos del suelo, que nacen como los hongos después de la lluvia”, arremete ante el espanto de Mansilla, De la Riestra, Marco Avellaneda y otros representantes, varios de ellos, empleados de la banca internacional. Que se acrecentó  con otras medidas de 1876 batalladas por “los proteccionistas del doctor López” y que fueron el inicio de las industrias que en la década siguiente comenzaron a poblar la Argentina, los primeros grandes establecimientos modernos de carne,  cerveza,  cigarrillos,  jabón,  fideos,  curtiembre,  cal,  queso, bizcocherías y mosaicos. Claro, que con la aparición de las industrias, aparecieron los proletarios con sus ideas, y esto no iba ser del agrado de los proteccionistas de la generación del 80. Cané impulsó la represiva y anticonstitucional Ley de Residencia en 1902.

Pellegrini, sólo nomás

Pero quién va a rebatir uno a uno los puntos de Mansilla será el doctor Carlos Pellegrini. Piloto de tormentas de la Argentina de finales del siglo XIX, quien triunfó en varias misiones diplomáticas defendiendo la soberanía ante los acreedores y estimulando el trabajo argentino, Pellegrini se agiganta con el tiempo. Diputado surgido del alsinismo bonaerense en el revolucionario 1874, fundamenta, “cuando se discute en Europa poniendo frente a frente estas cuestiones de los proteccionistas y de los sostenedores de librecambio, hacen un argumento que es la condenación de la República Argentina, dicen, sí, queremos el librecambio, pero para esto… las americanas serán la granja de Inglaterra, Inglaterra la fábrica del mundo”, sostenía el político nacionalista, que  había firmado junto al hermano del autor del Martín Fierro, Rafael Hernández, un proyecto de ley para que los uniformes de las fuerzas armadas y policiales sean confeccionados con telas nacionales. 

Y para cerrar la alocución del futuro presidente que salvó al país del derrumbe republicano de Juárez Celman, “Señor Presidente, no quisiera fatigar más la atención de la cámara pero yo pediría siquiera esto: 25 años ensayando la República Argentina el sistema librecambio y estamos hoy donde estábamos en 1853, un pueblo pastor, exclusivamente pastor”, sentenciaba el fundador del Banco de la Nación Argentina y el Jockey Club. Sus contemporáneos recordaban cuando tomaba el estrado Pellegrini, “entre tantos operadores de frases huecas,  y enfermos de abulia, vacilantes en el umbral de ejecución, este es un hombre de obra y voluntad. Cada discurso suyo es un acto, su raudal oratorio trae la energía eficaz de las alturas; no parece sino que su dicción martillada tuviera ademanes visibles, amasadores del hecho próximo”

 

Fuentes. Chávez, F. “Quién nos mete a modificar costumbres”, en revista Crisis Número 37 mayo 1976; Busaniche, J. Estampas del pasado. Buenos Aires: Hachette. 1959; Labougle, A. Carlos Pellegrini: un gran estadista. Buenos Aires: El Ateneo. 1957

Fecha de Publicación: 07/10/2020

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