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Los gauchos judíos que hicieron la Argentina

En la actualidad museos en Moisés Ville, y las nuevas colonias santafesinas, nos recuerdan el esfuerzo de los judíos que hicieron la pampa gringa a sangre, sudor y lágrimas.

Historia
Los gauchos judíos que hicieron la Argentina

En Europa cundía el terror antisemita. En Francia los intelectuales católicos hostigaban a los “ávaros y fariseos” judíos, incluso los socialistas y comunistas los consideraban la cara visible del capitalismo a derrumbar. Alemania prusiana, militarizada, los excluía de la vida social en ghettos, e imaginaban así conjurar un elemento corruptor de la “virilidad” de sus ejércitos -y sociedad aria. Todo ello no era más que una continuidad del progresivo fortalecimiento de las burguesías nacionales contrarias al lugar que los judíos habían ocupado desde la Edad Media como comerciantes y prestamistas, debido a la prohibición de tierras cristianas para los hijos de Sion.  Rusia era el epicentro de la represión, desplazamientos y violaciones sistemáticas al pueblo judío ejecutadas por los pogrom del Zar Alejandro III. Esta panorama sombrío originó la discusión en la asamblea de Basilea de 1897, donde los judíos del mundo se enfrentaban a opciones que cambiarían la faz de la tierra,  recluirse, asimilarse o escapar. Los ingleses ofrecieron Uganda y los asambleístas se opusieron.  Y en aquel congreso terminaron concordar en el horizonte a Palestina, que recién en 1948 pudo concretarse, y la Argentina. Es que Estados Unidos, el país más publicitado del momento, el más fácil y económico para emigrar, comenzaba a mostrar signos preocupantes de persecuciones en New York. La balanza se inclinaba de lado de un país entonces totalmente desconocido, casi deshabitado. Aunque algunos datos tenían por la acción el banquero y  filántropo Mauricio Hirsch, que unos años antes había empezado a financiar desde Francia la caravanas de israelitas polacos y rusos hacia el Sur, a instancias del gran diseñador de este gran movimiento de masas, Teodoro Herzl. Las primeras colonias se asentaron en Moisés Ville (Santa Fe) y Domínguez (Entre Ríos)Si bien desde 1868 Buenos Aires tenía su congregación israelita, fue después del congreso en la ciudad suiza que se intensificó aún más la llegada. Algunos quedaron en Buenos Aires, varios volvieron en los primeros cinco años, pero la gran mayoría partió al Litoral principalmente.   A trabajar la pampa gringa al igual que otros inmigrantes españoles e italianos, incluso en las tierras vecinas que eran de alemanes y rusos, sus perseguidores en el Viejo Continente.  Hacia fin de siglo XIX casi un 70 por ciento de la población rural litoraleña era extranjera, con gran mayoría de judíos, y eran propietarios en un 60 por ciento contando Córdoba. No existían latifundios ni terratenientes en Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, los mismos gobiernos provinciales intentaban impedirlo, y eso evitó que no fracasaran las colonias agrícolas como en Buenos Aires. Y fueron la cuna, aquella pampa judía, “que sembraba maíz y cosechaba doctores”,  para que hoy la Argentina exhiba orgullosa a los dos terceras partes de judíos de Latinoamérica.

No fue la tierra prometida, fue la tierra hecha a voluntad e inteligencia

Los comienzos no fueron nada fáciles para hombres, mujeres y niños que llegaban a convivir entre gauchos y las leyendas “del pago, tierras que albergaban cuatreros y tigres”, en las inmediaciones de la estación Domínguez.  Atrás dejaban noticias desoladoras de la madre Rusia y se decían “aquí trabajaremos nuestra tierra, cuidaremos nuestro ganado y comeremos nuestro pan”, en las inmortales palabras de “Los gauchos judíos” de Alberto Gerchunoff.   Como aliciente llegaban a una provincia entrerriana que había sido pionera con las colonias agrícolas militares como el Campamento Calá, las primeras escuelas agrotécnicas del país, y la fundacional colonia suizo-francesa en San José, cerca de Colón.  Cuando en 1876 la Ley 817 del presidente Nicolás Avellaneda establece la protección y manutención en el traslado para la inmigración y colonización en el territorio nacional, con el acceso a tierras fiscales a los colonos, Entre Ríos llevaba casi veinte años desde las políticas progresistas iniciadas por Justo José de Urquiza. En varias almas escapadas del genocidio de los pogrom europeos se cantaba unos versos aprendidos entre viajes interminables, y las horas desoladas del Hotel de Inmigrantes porteño, “iremos a sembrar/iremos, amigos y hermanos/ a ser libres y vivir”  

El 14 de agosto de 1889 llegaron en el vapor alemán Wesser las 824 personas, 136 familias, que en el corazón de Santa Fe fundarían Moisés Ville, la primera colonia israelita, y cuna de los gauchos judíos. Con ellos llegó el primer rabino en la Argentina, Aarón Goldman, que era además circuncidador y matarife. Y también sus libros sagrados que fueron instrumentos de cultura  e identidad en un hostil monte argentino, junto a la liturgia, el Rosh Hashaná (Año Nuevo Judío) y el Yom Kipur (Día de la Expiación). De movida murieron setenta niños por una epidemia e inanición. Las langostas y la falta de conocimientos hacían todo cuesta arriba, además de que no sabían castellano y el criollo le desconfiaba. El mismo Hirsch  había recomendado que se cortaran las barbas y los caftanes (gabanes) para que no causaran extrañeza. Y, luego en el país, las prendas de los gauchos, más cómodas para el trabajo rural, terminaron su acriollamiento. Ayudaban a veces los tanos -italianos- que estaban construyendo el ferrocarril, y los viejos baqueanos, quienes sentían a lo Martín Fierro que eran hermanos en los atropellos y la discriminación.   

La alfalfa salvó al pueblo judío de la hambruna durante años.  Y el mate, que ellos empiezan a tomar con un terrón de azúcar, algo que luego impondrían en las ciudades. Recién en 1892 comienzan a levantar la cabeza  con mejores cosechas, con el viento de cola de la recuperación económica y los elevados precios de los cereales y lino en el mercado internacional. Y en 1893 fundaron la primera cremería organizada por  trabajadores en Argentina. Ya hacía principios de siglo XX construyeron en Moisés Ville uno de los proyectos sociales y culturales más relevantes de la región, con un teatro de 400 butacas, cuatro templos, dos bibliotecas y un cementerio, el más antiguo israelí.  Toda una infraestructura para cinco mil habitantes, que hoy no llegan ni a la mitad.

Unos años después de Moisés Ville se afinca en Basavilbaso, Entre Ríos, otro contingente auspiciado por la Jewish Colonization Association de Hirsch. Comprando tierras a especuladores y a la familia de ex gobernador Basavilbaso, los israelís trabajan de sol a solo bajo el nombre de Colonia Lucienville, y llegarían a más de mil quinientas casas, dispuestas en perpendicular al estratégico nodo ferroviario del pueblo. Tampoco la tuvieron fácil debido al desconocimiento de la cultura y la ecología del lugar. Las sucesivas plagas de langostas fueron un verdadera maldición por años. El desamparo, y las dificultadas compartidas, los llevó en 1900 a fundar  la Sociedad Agrícola Israelita, la primera cooperativa agrícola del país, luego llamada Sociedad Agrícola de Lucienville. Tuvo una importancia central en el desarrollo del campo argentino en el Litoral, siendo un eficiente intermediario en el acceso de conocimiento, y sostenimiento de los agricultores ante cosechas adversas, o injusticias con el progresivo peso de los intermediarios y burócratas. También con el apoyo de sus propios bolsillos a la cultura, con sus bibliotecas y escuelas bilingües, donde se destacó el Sarmiento judío, Yedidio Efron, el padre de la gran periodista y productora Blackie. Y no solamente para los integrantes de su asociación…en el artículo 3 figura en el acta constitutiva, “adquirir conocimientos agrícolas mediante el ensayo de diferentes cultivos y una vez obtenida la seguridad de sus ventajas…se encargará de difundir esos entre los colonos que fueran o no miembros” Por demás está decir que el primer hospital, en terrenos donados por Jewish Colonization Association, la primera biblioteca popular y la primera farmacia de la región fueron impulsadas, financiadas y supervisadas por los gauchos judíos.

Los nuevos gauchos judíos

En los últimos años se verificó en clases medias altas, y profesionales, un interés en repoblar pueblos del mal llamado Interior argentino. Si bien los motivos serían largos de enumerar, en todos existe un diagnóstico de agotamiento de los modelos urbanos de entresiglos. Uno de los proyectos se encuentra en la antigua colonia Mauricio Hirsch (Buenos Aires), donde arribaron los primeros israelís, aunque fue un asentamiento mayoritariamente italiano con los años. Allí se está escribiendo el futuro de un pueblo que llegó a tres mil habitantes hace cien años y que estaba a punto de desaparecer. Gracias al esfuerzo solidario de algunos de sus pobladores se logró restablecer el Viejo Almacén del Club Agrario, cuenta Leandro Vesco en su minucioso “Desconocida Buenos Aires. Historias de Frontera” (2019), y anida la esperanza de “unas casitas para que la gente que quiera tenga donde quedarse”, afirma el vecino Alberto Sigal, tan cercano al rabino Goldman y los cantos de “iremos, amigos y hermanos/ a ser libres y vivir” También suma la reciente y exitosa experiencia de Colonia Belgrano en Santa Fe, con la instalación de quince familias, obra de ONG´s y gobierno provincial. Meses pandémicos aceleraron consultas por estos pueblos agrícolas de la pampa gringa, con miles historias para descubrir y compartir en sitios como somosarraigo.com Más allá del éxito, o fracaso a largo plazo, de las colonias agrícolas judías, y extendamos, gringas en general , deberían quedar las enseñanzas del cooperativismo: una sociedad de rostro humano que es la piedra basal de la argentinidad.

 

Fuentes: Basavilbaso. Síntesis histórica. Municipalidad de Basavilbaso. 1987; Torrado, S. (comp) Población y bienestar en la Argentina del primero al segundo Centenario. Una historia social del siglo XX. Buenos Aires: Edhasa. 2007; Markic, M. Misteriosa Argentina 2. Diario de viaje. Buenos Aires: Editorial El Ateneo. 2015.

 

  

Fecha de Publicación: 23/09/2020

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