clima-header

Buenos Aires - - Sábado 24 De Septiembre

Home Argentina Historia Ley Sáenz Peña. Quiera el Pueblo votar

Ley Sáenz Peña. Quiera el Pueblo votar

Del seno del mismo Regimen Conservador nació el fin del modelo civilización o barbarie, en la decisión política del presidente Roque Sáenz Peña. Que no solamente permitió la democracia de masas sino que avizoró una derecha lúcida que no cuajó.

Historia
Ley Sáenz Peña

“Art. 107. Comuníquese, etc. Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, 10 de Febrero de 1912” remataba la Ley, centenar de artículos nomás, que cambiaría un país. Sancionada luego de dos arduos años de debates en el Congreso, y en las calles, en las circunscripciones y en las mansiones, la Ley 8.871, o simplemente Ley Sáenz Peña, tuvo consecuencias imprevistas para los conservadores, que pretendieron transparentar en parte un sistema eleccionario “podrido”, en términos del mismo ministro del presidente Sáenz Peña, Indalecio Gómez, y modernizar las maneras de representatividad acorde al nuevo siglo. Detrás de un método que aseguraba la soberanía del voto, al menos para la población masculina, cabía el futuro de los movimientos populares, radicalismo y peronismo, y profundas refundaciones, que obligaron a los conservadores a reconquistar el poder por la fuerza en 1930 y más allá. También buenas nuevas económicas y culturales se escondían en el tímido “Quiera el Pueblo votar” que el afrancesado Roque pregonó en la primera prueba unas semanas después, éxitos inesperados de los radicales y socialistas en bastiones oligárquicos. Moriría al poco tiempo Sáenz Peña, un conservador moderno y perpicaz, y poco se  sabrá si gozó, o no, de la completa percepción de lo que significaba garantizar “el libre ejercicio del voto” Simplemente, hacer Argentina democrática, jamás vista en el Granero del Mundo.

Roque Sáenz Peña

Raro personaje de la historia argentina Roque Sáenz Peña, que merece, promesa, una nota aparte. Tanto que para el Perú estaría a la altura de San Martín por su heroica participación en la Guerra del Pacífico contra Chile en 1879, aunque no marchó por la libertad sino por un desplante amoroso. Para 1910 era un verdadero dandy a lo Lucio V. Mansilla que se paseaba por las cortes europeas, embajador plenipotenciario y defensor del americanismo, aunque no olvidaba éste viejo alsinista los veinte años que el roquismo le habían negado la primera magistratura, a la que creía un derecho de clase.Por ello con el resultado de las elecciones, que fueron digitadas por el Regimen Conservador, vestigios del Partido Autonomista, como venía sucediendo desde 1880, pocos se hacían ilusiones con la fórmula Sáenz Peña-Victorino de la Plaza. Varios pensaban más de lo mismo de un oligarca tradicional, explotar al campo, negociar con los británicos y reprimir en las aceras como única política. Menos cuando se apareció Don Roque vestido de jaquet para asumir el 12 de octubre de 1912, exigió criados negros vestidos de librea en la Casa Rosada, y celebró fastuosas fiestas, en las pomposidades virreinales -algunos arriesgan que impuso en la sociedad argentina la costumbre de celebrar casamientos y fiestas de quince con baile y gala. Lo que no sabían de este Sáenz Peña, diferente al ultramontano padre Luis, también presidente, también mandato incompleto, y que generó tal desconfianza del pueblo que arribó desde Roma custodiado por el ejército, a la medianoche; es que tenía otros planes inesperados, para propios y extraños. Y lo primero que hizo en Buenos Aires fue reunirse con el archienemigo de la oligarquía, el rey de las conspiraciones, su viejo amigo alsinista Hipólito Yrigoyen. Entre ambos imaginaron una Nación posible en democracia.       

La llegada al poder de Sáenz Peña no fue fruto de la improvisación, sino que resultado planeado casi una década por Roque en compañía del salteño Indalecio Gómez, el otro cerebro de la ley de 1912, ambos de paseo por Europa, congelados por el roquismo. La Unión Nacional, que los llevó a la Poder, era un rejunte de los sectores conservadores que no concordaban con el automismo duro, y contaban el apoyo de los poderosos terratenientes bonaerenses. Reunía a los llamados modernistas, tímidos reformistas aliados de Joaquín V. González que elevó la primera ley electoral protodemocrática en 1902, pellegrinistas, antiguos alsinistas y federales de las provincias, católicos, juaristas, revolucionarios de 1890, en fin todos quienes sostenían que “el general Roca es el más ilustre enemigo de la democracia argentina” Y si bien en la campaña apuntaban al partido radical que “levanta una proclama de sufrimiento y muerte con la revolución y la abstención”, sostenían que era imprescindible, lo habían sufrido en carne propia, darle voz a las minorías, uno de los motores de la futura ley electoral “Volvamos a darnos a las ideas” proclamó Sáenz Peña en un discurso de cierre de campaña en Retiro en 1909, alentando que en el mañana, el debate abierto sería más importante que los personalismos para la “grandeza argentina”

 

¿Es un país que no está en condiciones de ejercer los derechos de soberanía?

“El Partido Radical -responde Yrigoyen- recurre a la revolución porque encuentra cerrado el camino del comicio. Nosotros sostenemos la Constitución y por eso somos revolucionarios”, se escucha en la casa de Manuel Paz, en la calle Viamonte y 25 de Mayo, del líder radical que conspiraba en un clima donde hacía unos meses atrás atentaban contra el presidente Figueroa Alcorta, asesinaban al Jefe de Policía Falcón, explotaban bombas en el Teatro Colón y varias ciudades, y había una huelga por día. “La Constitución no se sostiene sembrando anarquía -interrumpe Sáenz Peña- sino mejorando las malas costumbres de gobiernos y pueblos y creando conciencia del deber”, a lo que Don Hipólito responde “Si el gobierno nos da las garantías, concurriremos a los urnas”, en el recuerdo de Ramón Cárcano. Y así es como en una segunda y larga reunión rechaza Yrigoyen ofrecimientos de ministerios, y favores, en aras de “libertad del sufragio”, sugiriendo la utilización del padrón militar, tal cual aparecería en la próxima ley.

En el discurso inaugural del 12 de octubre de 1912, ante el estupor de los conservadores en el flamante Congreso Nacional, el presidente Sáenz Peña presentó el esbozo del proyecto del voto secreto y obligatorio con un remate imperecedero, “Quiero mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario, quiera el pueblo votar” Y como confesaría el modernista cordobés Cárcano, “el programa presidencial de devolver al país la libertad del sufragio, lanzado en el seno de un gobierno de opresores es un pensamiento revolucionario” Pocas veces el conservadorismo tuvo tamaña lucidez luego, algo que sin duda es otro mal nacional, una derecha contemporánea floja de papeles y de ideas. 

En el curso de 1911 envía tres leyes, las dos primeras sancionadas, 8.129 y 8.130, proponen el enrolamiento civil base al padrón militar, y el pase a la Justicia Federal, de ahora en más fiscalizadora de los comicios. Caminos para acabar con la “descomposición política” instaurada por el fraude sistemático roquista. Faltaría la que más debate acarreraría, la Ley Electoral, y que ingresa a mediados de año. Se planteaba allí la lista incompleta, con la representación automática de la minoría -pese a que Sáenz Peña pensaba que era una concesión vana a Yrigoyen y Juan B. Justo, jamás ganarían para él otros que no sean conservadores…que jamás ganaron solos en elecciones limpias desde entonces-  y el voto obligatorio y secreto. Esto era una transformación radical en el sistema electoral sostenido desde 1853, en Leyes 140 y 207, y que establecía el principio de la “pureza del sufragio” alberdiano, o sea el voto calificado y abierto al fraude y manipulación que aseguró al Regimen Conservador medio siglo.Hasta ese momento la característica principal era el voto cantado. Cada elector -varón, mayor de edad- se presentaba ante la mesa electoral y de viva voz decía por quién votaba. Ese voto se registraba en una planilla que confeccionaba la autoridad electoral, pues no existía un padrón único. El acto electoral se realizaba al aire libre, en lugares públicos, como el atrio de las iglesias. Estos comicios no superaban el 2% de los argentinos y fueron campo de batalla, muchos violentos, de compadritos, gauchos y matones de los partidos. Esto daba vida a parroquianos como el temible Cayetano Canghi de Flores, que era conocido por acaparar libretas cívicas y darlas a la barra para votar por el mejor ofertante. Don Cayetano se jactaba de que “Roca é un poroto al lado mío”.

Roque Sáenz Peña en Francia

Durísimas resultaron las sesiones, durísimas las repercusiones en los grandes medios, los diarios La Prensa y La Nación cuestionaban la constitucionalidad del sufragio universal y secreto (sic), La Vanguardia socialista era contraria al voto democrático y solicitaba otro calificado. Paul Groussac, en el sillón de la Biblioteca Nacional, defenestraba el proyecto de su ex amigo Sáenz Peña, aduciendo los males de las minorías, el voto obligatorio y el “pedantesco abuso de minucias reglamentarias” (sic). En todas las ocasiones concurrió el fiel ministro Gómez a defender el proyecto ideado junto a Sáenz Peña, con el apoyo inestimable de Joaquín V. González, que pese al fracaso de su ley de voto de 1902, uninominal y por circunscripciones, sostenía lo mismo diez años después, “ha llegado el tiempo de hacer una gran concesión a la democracia de nuestra tierra, y la cuestión de saber si el cambio es bueno o malo, es una cuestión secundaria”, reforzado el célebre educador en estadísticas de alfabetización e inmigrantes -cabe mencionar que la Ley Sáenz Peña solo permitió el voto a los nativos y naturalizados; para Don Roque era además un arma de integración el sufragio ante el miedo de que en “una década más los argentinos seremos minoría”, telegrama al gobernador de Córdoba.  

“Un pueblo, señor presidente”, arremetía Gómez antes diputados como Marco Avellaneda o Julio Argentino Roca (h) que pataleaban frente a un proyecto que permitía el ingreso de la chusma a la aristocrática legislatura, “en el que analfabetismo no llega al treinta por ciento, en que las condiciones cómodas de la vida son disfrutadas por el sesenta por ciento por la población (sic), ¿es un país que no está en condiciones de ejercer los derechos de soberanía? ¡No, señor presidente!” Y bramaba por cambiar un “estado de cosas en los comicios” que funcionaba solamente por la venalidad y el fraude. Los conservadores hacen lo imposible en doblegar los argumentos y discuten si el cuarto oscuro debe tener luz, si en la libreta cívica cabe el sello VOTO, o si la mesa debe tener un cartel “Mesa Constituida” o “Mesa receptora”; en el medio intentan que no voten los analfabetos que pueda ser “un mero arbitrio ideado para dar representación a una minoría, no a las minorías. Es una limitación que la ley impone a las facultades del votante. Se quiere contemporizar con las oposiciones de algunas provincias; entregar una oferta de paz a un partido que vive eternamente conspirando”, palabras del conservador Avellaneda, pensando en la sombra radical aunque pocos de los compañeros de banca pensaban que podía derrotarse la máquina “aceitada” conservadora. Sumado el mismo presidente.  No sospechaban que detrás de las ideas de Sáenz Peña-Gómez, “el comicio libre donde deben formarse los partidos”, estaba el germen del desarrollo del partidismo moderno argentino, que acabaría con el anacronismo conservador.

Los que defrauden al Estado, no votan

Finalmente, la ley 8.871, usualmente llamada Ley Saenz Peña, desconociendo el enorme aporte de Gómez, más teniendo en cuenta que el presidente ya se encontraba gravemente enfermo, fue promulgada el 13 de febrero de 1912. Sufrió algunos intentos de cambiar el espíritu original democrático semanas antes, defendido en varias oportunidades por el José Luis Fonrouge en comisión, como el voto universal, o en diputados, que rechazó el cuerpo en primera instancia la obligatoriedad -que curiosamente, la reinstaló el Senado, donde fue más discutida la lista incompleta, con temor a la llegada masiva de radicales. Este Ley terminó siendo de las más avanzadas del mundo, superior a las europeas y latinoamericanas, porque el sufragio se extendía a la población argentina mayor de 18 años sin restricciones -incluso a las mujeres, aunque no las menciona, hasta que la Capital Federal unos años después limita el padrón electoral a los varones, ejemplo luego imitado en el país- y excluía del derecho a votar el mismo círculo de Poder, eclesiásticos y militares, o los “los deudores por apropiación ó defraudación de caudales públicos” y  a “Los dueños y gerentes de prostíbulos”.

“La elección de diputados al Congreso á que se refiere el Art. 11, tendrá lugar el primer domingo del mes de Abril de 1912”, además fijó la misma Ley el primer ensayo que asombraría un país, empezando por los mismo conservadores que habían apoyado al presidente en las cámaras. El triunfo del radicalismo y socialismo en los dos distritos de mayor influencia de la oligarquía, Capital Federal y Santa Fe, aunque solo reportaría quince diputados, pavimentó un camino de victorias populares que darían a Hipólito Yrigoyen la primera magistratura en 1916. En el último mensaje presidencial de 1913, Sáenz Peña, el dandy que hizo la democracia con voluntad de estadista, diría, “si las fuerzas conservadoras del país no aciertan a constituirse con vigores que les den la mayoría, será porque no deben prevalecer; pero nunca podrán exigir que el gobierno les solucione el problema por el desconocimiento de derechos que son inatacables o por el confiscamiento de la libertad” Diecisiete años después sus amigos conservadores encontrarían quiénes resuelvan el problema de la democracia de masas desde 1930 a 1976, los militares.

 

Fuentes: Botana, N. R. El orden conservador. Buenos Aires: Sudamericana. 1977; Cárcano, R. J. Mis primeros ochenta años. Buenos Aires: Pampa y Cielo, 1965; Halperin Donghi, T. Vida y muerte de la República verdadera (1910-1930). Biblioteca del Pensamiento Argentino. Tomo IV. Buenos Aires: Ariel. 1999.

Imágenes: Gobierno de Jujuy / Museo Roca / AGN

Fecha de Publicación: 10/02/2022

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

ROQUE SÁENZ PEÑA Presidentes argentinos - Roque Sáenz Peña (1910 – 1914)
primera votacion Voto femenino: ¿Cómo fue la primera vez que las mujeres pudieron votar en Argentina?

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Deportes
Ringo Bonavena Ringo Bonavena. Hasta Hollywood no paro

La vida de Oscar “Ringo” Bonavena no tuvo media tintas en su pelea contra la vida, sin banquitos. Al...

Música
Marciano Cantero Un marciano mendocino que dejó su huella en todo el Continente

El líder de Los Enanitos Verdes, el bajista Marciano Cantero fallecido el pasado jueves 8 de septiem...

Conocimiento
Clara Nielsen Manual de Lectura Fácil. “No por beneficencia sino por justicia”

Una publicación argentina única en lengua castellana para paliar el grave déficit en la lectura de l...

Arte y Literatura
Arte de los 90 en Fortabat Arte de los 90 en Fortabat. Una mística en el desierto

“El Arte es un misterio. Los años 90 en Buenos Aires” es la exposición hasta febrero en el museo de...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades