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Las mujeres hacen Historia

Durante las últimas décadas, las historiadoras vienen cambiando la forma de entender nuestro pasado y presente. Y futuro. Conocelas.

Historia
Las mujeres hacen Historia

Como tantos otros campos, la historia argentina estuvo vedada para las mujeres desde sus orígenes con Carlos Calvo, Pedro de Angelis y el uruguayo Andrés Lamas. De las primeras camadas no surgen nombres de mujeres, quedando los trabajos pioneros de Juana Manso en su Compendio de Historia de las Provincias Unidas Del Río de la Plata como un notable precursor de la difusión histórica en las escuelas. Ni siquiera los nuevos aires del revisionismo histórico, con Adolfo Saldías a la cabeza, incluirán aportes de mujeres, en los mismos años que las anarquistas en sus periódicos debatían una historia de bronce y masculina. Recién hacia la década de los sesenta y setenta del siglo pasado, vía el acceso a la universidad y los institutos científicos, las mujeres comienzan el camino de visibilización de sus miradas y pensamientos.

De todos modos, será recién en los noventa que las historiadoras tendrán un peso concreto en la discusión y esclarecimiento del pasado. Dora Barrancos, Hilda Sábato, Mabel Bellucci, María del Carmen Feijó y Mirta Zaida Lobato, entre otras, impulsaron una alternativa centrada en las –mal llamadas minorías. Por primera vez, la historia comenzaba menos a repetir de memoria batallas y gestas, de presidencias de mármol, y más a retratar a personas, o colectivos silenciados como las mujeres. Todos ellos –y ellas en sus cotidianas alegrías y derrotas que construyeron un país.

Historias de historiadoras

Entre las historiadoras que trastocaron la lente se encuentra, sin dudas, María Sáenz Quesada. Docente de alma, investigadora formada en la academia y, también, junto a Félix Luna en la señera Todo es Historia,Sáenz Quesada exploró temas que estaban fuera de la órbita escolar como las mujeres de las primeras décadas de la Independencia, o los estancieros durante en el siglo XIX. Con esta orientación descentrada encaró uno de los clásicos de la historia argentina, La Argentina. Historia del país y su gente, editado por Sudamericana, que tiene varias ediciones, y una actualizada en 2011. En este trabajo se parte desde un inicio novedoso: no desde el Virreinato del Río de la Plata, sino desde la “raíz negada”, las civilizaciones aborígenes anteriores a la Conquista española. “Para entender al país actual, en su múltiples orígenes étnicos y en su complejidad cultural, es necesario remontarse a la sociedad precolombina y considerar el proceso de mestizaje que siguió al dramático encuentro de indígenas y españoles, visible todavía hoy en los rostros y en las tradiciones de muchos argentinos”, enfatiza la historiadora en las primeras páginas.

A lo largo del libro aparecen temas pocos abordados como el primer gobierno de criollos con Hernandarias, la herencia africana, un nueva mirada a la denominada década infame y el llamado neoperonismo de Menem, entre otros. Hacia el final anota una esperanzada Sáenz Quesada: “El siglo veintiuno se presenta entonces como un escenario donde el devenir de la sociedad nacional en el conjunto universal es una suma de desafíos. Con la democracia bien encaminada, se trata ahora de volver a una sociedad más igualitaria, más equitativa y también más seria, en la que la Justicia merezca pleno respeto y donde quienes se ocupan de lo público y quienes lo eligen a través del voto no transiten caminos diferentes”. Sus últimos trabajos giran en torno a la figura de Isabel Martínez de Perón y el golpe de 1943.   

Entre las historiadoras que comenzaron a ganar espacios en los medios aparece primero Ema Cibotti. Desde fines de los ochenta que la historiadora participa como invitada o columnista en programas de radio y televisión. En Cibotti se aúnan claridad conceptual con un manejo de fuentes inéditas, que revelan aspectos desconocidos de próceres y circunstancias. A través de sus libros publicados en Aguilar, el último Historias mínimas de nuestra historia (2011), narra de manera sencilla tanto la cotidianeidad del Buenos Aires de 1810 como los vaivenes del país de la inmigración –y sus resistencias–. Una de sus pasiones resulta el estudio del tango en cuanto historia cultural y social de los argentinos,una tarea que desarrolló intensamente junto con sus alumnos como directora en el Centro Educativo del Tango de Buenos Aires. Su último trabajo publicado por Vuelta a la Página, Luto en la Guardia Nueva. Cuando Buenos Aires lloró a Gardel (2016), es un revelador ensayo sobre la censura a nuestro cantor nacional por la Iglesia, representada por el influyente monseñor Gustavo Franceschi. En este enfrentamiento despuntaban cuestiones no resueltas aún en le drama argentino, como bien señala Cibotti, que son “ la representación del pueblo y de lo popular tanto para la política como para la cultura. (Julio) De Caro había advertido –en su defensa de Gardel– que lo que se ponía en juego era quién interpretaba  mejor la emoción de las mayorías. No es un dato menor que, en medio del luto que apenaba a la Guardia Nueva, el músico más innovador respondiera rápido, con todos sus sentidos bien alertas. Castigar a Gardel era una forma de castigar al tango y desvalorizar toda su significación social. Y también era una forma nada sutil de criticar el lugar central que el propio cantor les había dado a las mujeres” Buenos Aires, Argentina, 1936, una disputa cultural –y política– reaparece en la histórica grieta nacional, en medio del multitudinario velorio al Zorzal Criollo.

Entre las investigadores que mayores aportes hacen del periodo comprendido entre los primeros gobiernos patrios, y la caída de Rosas, encontramos a la rosarina Marcela Ternavasio. Doctora en Historia e investigadora del Conicet, Ternavasio desarrolló una intensa tarea la enseñanza del ámbito escolar y universitario, y que se observa certeramente representada en su Historia de la Argentina. 1806-1852 (2009) de Siglo XXI. Con abundante uso de citas,  fuentes e imágenes, y un relato focalizado en procesos y no en nombres, queda expuesto un punto de vista original en lo que fue conformando la Argentina mucho antes de que existiese ese nombre para sus habitantes. La cuestión territorial, y el lento –y resistido– ascenso de Buenos Aires sobre el país, adoptan diversas modulaciones donde los diferentes proyectos políticos convergen a la Constitución de 1853. “La República Argentina nacía, pues, como proyecto de futuro y como producto de negociación con el pasado…dar forma efectiva a la nación fue el gran desafío de las décadas siguientes y construir el Estado, la tarea más intensa que emprendieron las elites dirigentes de la segunda mitad del siglo XIX”, concluye la historiadora, cuyo último libro es la reedición de su seminal De la organización federal a la federalización de Buenos Aires: 1821-1880 por Edhasa.

Abriendo caminos, nuevas historiadoras

Junto con las citadas, llegan jóvenes generaciones de historiadoras que revitalizan los acontecimientos patrios como la mendocina Eugenia Molina y sus valiosos textos por una historia no centralista. Sin oponerse a los padres fundadores como Mitre o Levene, ni tampoco comulgar con un revisionismo militante a la Jorge Abelardo Ramos, cercanas al republicanismo liberal de un Halperín Donghi, las palabras de los historiadoras contemporáneas pintan el alma de una Argentina plural y diversa, muchas veces todavía negada y perseguida. Y nos ayudan a reconocer que vivimos en un país escrito siempre con nombre de mujer

Fecha de Publicación: 30/08/2020

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