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La tele-visión antes de la Tele

Los primeros ensayos antes de la transmisión inaugural del 17 de octubre de 1951. Aunque empezó con retraso, Argentina pronto sería una de las industrias televisivas más importantes de Latinoamérica.

Historia
La televisión

En la carrera de la televisión, Argentina largó tarde. Siendo pionera en la explotación del medio masivo de comunicación de la radio desde 1920, hubo que esperar tres largas décadas a que se imponga el electrodoméstico que sigue reinando en los hogares. Para inicios de los cincuenta Brasil, México y Cuba contaban con emisoras y en Estados Unidos de Norteamérica, con más de una década de experiencia en blanco y negro, el color era una realidad inminente. Aquí hubo que conjugar esfuerzos públicos y privados para que las palabras por “amor a este pueblo” de Eva Perón hace 70 años llegaran a los pocas decenas de aparatos en las casas pudientes, y algunos cientos que el peronismo había instalado en vidrieras y unidades básicas. Tal vez por este origen difuso, inadvertido en su momento, la televisión argentina no tiene acta de fundación, ni siquiera un decreto que autorice la cobertura ese día captada desde los balcones del Banco Nación. Un nacimiento de acuerdo al lente que se mire. Incluso la fecha es materia de discusión y, curiosamente, el mismo Canal 7 decano, hoy Televisión Pública, admite que la fecha de fundación es el 4 de noviembre de 1951, apertura a la emisión de comerciales y programas. Pero este debate empezó con los mismos que pretenden oficializar un medio popular con una celebración partidaria porque en la justicialista revista Mundo Argentino, unos días después del Día de la Lealtad Peronista, o San Perón, se hablaba de que hacía veinte años habíamos conquistado la pantalla chica. De la prehistoria de la televisión argentina vendrá el cuento y, en especial de un 8 de agosto de 1931, cuando algunos radioaficionados captaron en los osciloscopios una imagen y una voz perfectamente reconocibles, la magia y la pinta del mayor artista argentino del siglo XX. Carlos Gardel.

 

 

“En la Argentina hubo televisión en el año 1931” publicaba Mundo Argentino, uno de los medios oficialistas del peronismo el 31 de octubre de 1951, “es necesario advertir que en realidad televisión…no lo pudimos tener en nuestro país por las dificultades de toda índole que presentaba la instalación de un servicio regular de transmisiones, entre las que predominaba las que se refieren a la financiación de una empresa de tal magnitud; pero televisión, lo que se llama televisión en su parte esencial, sí que la tuvimos”, remite una explicación oficialista, que si bien intentaba ocultar el atraso con respecto a vecinos como los brasileños, en un momento de expansión -y techo- de los bienes y medios de consumo masivo, también entroncaba con una larga marcha de ensayos locales, a fin de replicar los experimentos de transmitir imágenes en movimiento iniciados por los franceses en 1904. Ellos serían de los primeros en contar con emisiones regulares de televisión en 1936, junto a los alemanes y los norteamericanos, en un desarrollo que se paralizó con la Segunda Guerra Mundial.  Experiencias argentinas, además, que no renunciaban a la impronta pionera que el país había obtenido mundialmente con la conquista del éter. Beatriz Sarlo relevaba que a partir de la segunda mitad del veinte, apenas unos años pasados de las emisoras radiales fundadoras, y con logros técnicos como la transmisión deportiva de partidos en directo cruzando el Río de la Plata en 1924, comienza una profusa difusión de la “transmisión sin hilos de imágenes a distancia

Ese año aparece en la revista Caras y Caretas, en su edición del 27 de noviembre, el artículo “La Radio-Visión” que habla de la televisión con una asombrosa naturalidad, “la transmisión por radio, es decir, sin hilos de la visión, es decir, la televisión a distancia, parece ser un hecho…tan poco que las revistas norteamericanas lo anuncian para dentro de dos a tres años a lo sumo…el aparato receptor…no es voluminoso ni de complicado manejo…se ve igual que una película” y auguraba un promisorio uso en la cobertura de hechos periodísticos, casi un adelanto del directo.  En 1928 el diario Crítica anuncia que “La televisión es una maravillosa realidad”, anoticiada de los experiencias en New York de Westinghouse y en Londres de la BBC. Y al año siguiente Caras y Caretas vuelve a insistir que “La televisión es un hecho”, “el sistema preconizado por -John- Baird -escocés que podría considerarse el padre de la televisión aunque el invento en realidad fue más un trabajo en colaboración de varias firmas, entre ellas General Electric; que casi 25 años después que lanzó la TV estadounidense colaboraría en el despegue nacional- permite a todo aficionado de telegrafía…ver en un receptor de construcción muy sencilla, todo lo que al instante mismo sucede delante del “ojo eléctrico” del transmisor instalado en el estudio”, cerrando que estas “manchas luminosas” debieron autorizarse antes de emitirse por el gobierno de Francia. Un tiempo después la revista imaginaba el mundo del siglo siguiente y auguraba a las personas obsesivamente delante de aparatos de radio-visión,  “una gran ópera, un alto drama y el más estético ballet aparecerán en la pantalla”. De contenidos, quizá, pero en general no se equivocaron los redactores porteños de 1933.

 

Carlos Gardel. Pionero de la televisión argentina, también

Durante la década del treinta la televisión se transforma en estado público, con una pléyade de inventores, en particular radioaficionados, que se lanzan a la aventura de “transmitir fotografías por radio” En la Exposición Internacional de Radiotelefonía de 1929, que se celebraba en el viejo Teatro Ópera, Ignacio Gómez Aguirre, radioaficionado y director de Radio Revista y Ciencia Popular, consigue en colaboración de Jorge Duclout, proyectar dibujos de Rojas y Taborda, humoristas del diario Crítica. Estas demostraciones en el aparato construído por Duclout, en un rudimentario set de tv cerrado, causan “admiración y decepción al mismo tiempo”, de acuerdo a Mirta Varela. Esto no desanima a Duclout, que en la revista de Gómez Aguirre, posa con un aparato receptor diseñado por él en 1930. Y al año siguiente, en una publicación de la Editorial Radiotelefónica, se consigue en las librerías un libro suyo, “Manual de Televisión” Pasarían varios años con nuevos experimentos individuales, sin el menor interés del Estado ni en los empresarios del espectáculo, y que tendrán una cobertura menor de los diarios, reproduciendo imágenes borrosas. Sin embargo se abrían las puertas de los salones para que se conozcan las últimas novedades, y en el Instituto Popular de Conferencias, Ángel Perrone disertaba sobre “La Televisión”

En este contexto de ensueño tecnológico sucede la transmisión del 8 de agosto de 1931, que puede considerarse como el inicio de la televisión experimental en la Argentina y en Sudamérica; y que fue rescatada en 2017 por una exhibición del Museo de la Televisión Pública Argentina, que funciona en el mismo canal de avenida Figueroa Alcorta y Tagle. Radio Revista anunciaba pomposamente como “Transmisiones de Cine por Televisión” la emisión del tango “Viejo smocking” interpretado por Carlos Gardel. En ese número de septiembre de 1931, este equipo de pioneros Gómez Aguirre y Duclout, señalaba que las transmisiones que venían realizando desde enero en LR4 Radio Splendid -una de las tres grandes broadcasting de la época con Belgrano y El Mundo- tuvieron un gran “éxito conseguido con la transmisión de películas normales en medios tonos (la ilusión de tonos de color cuando en realidad es un solo color se utiliza), las que hemos comenzado hace dos semanas con resultados sorprendentes, pues nos esperábamos que aficionados con receptores rudimentarios pudiesen llegar a verlas, en la forma que lo han conseguido”, enfatizaba con la foto capturada de estos osciloscopios, más que televisores, en donde surge la figura del Zorzal Criollo. Además destacaba la calidad del audio recepcionado del único de los famosos “encuadres musicales” gardelianos que presenta una pequeña escena, con Carlitos que debe sacrificar su smoking por tres meses de deuda en la pensión. Esta corto, secundado por Inés Murray y César Fiaschi, había sido registrado en octubre de 1930 en los estudios Valle, un videoclip antes de los videoclip. Fue un suceso tremendo luego de su estreno en el cine Astral, y el comienzo del enamoramiento del Morocho del Abasto con el cine. Volviendo a nuestros pioneros, en el polvo de la historia, resta saber cómo capturaron las imágenes en los estudios radiales porque quizá inventaron el telecine.

“Mayoría de tiempo silueta medio busto de frente muy detallados los ojos cabello Espero éxito. Esta noche diga si trasmitido algo más. Juan Zuelet”, un telegrama a la redacción de Radio Revista, sita en la calle Santiago del Estero 464, Buenos Aires, de un radioaficionado en Curuzú-Cuatiá, Corrientes, a 2400 kilómetros.  El reporte de otro radioaficionado, el platense Jerónimo Chescotta, asegura que Enrique Nielsen Johansen recibió la transmisión en Magallanes, Chile. “Felicitación por la transmisión de televisión el 15 de agosto -o sea que los Locos de la Antena prolongaron los experimentos- efectuada por LR4 de Buenos Aires. Recibido aquí muy bien. Imagen recibida silueta animada muy bien a pesar de los estáticos”, comentaba el chileno, por lo cual también sería de las precursoras en las transmisiones continentales. Tantos logros confluyeron en diciembre del mismo año con la fundación del Centro Argentino de Televisión, que nucleaba además de radioaficionados a ingenieros y físicos, y que abrió sus puertas en el pasaje El Maestro del barrio Caballito. En Rosario mientras tanto LT3 Radio Cerealista “bajo la dirección de Adolfo Elías inició transmisiones de televisión, que se realizaron bisemanalmente durante seis meses”, y la revista Cara y Caretas, entre sus anuncios de la Escuela Sudamericana de Lavalle al 1000, promovía una profesión lucrativa, Televisión. Varios años después, más precisamente en 1938, el empresario del ramo eléctrico Eduardo Grinberg, otro de los fundadores del medio en aquel 17 de octubre de 1951, inauguraba el Instituto Experimental de Televisión, en avenida Corrientes al 1800.

 

 

El camino al 17 de octubre

Con este empuje resulta complejo explicar el atraso que derivó a 1951. Claramente ocurrió una falta de interés estatal, algo diferente con la radio que tanto el presidente Yrigoyen como Alvear atendieron prestos a ese novedoso medio surgido de intereses privados; y la Argentina hasta bien entrado los cuarenta, por otra parte, no podía permitirse afrontar los gastos de la infraestructura televisiva. El modelo paraestatal de los canales que primero se impondría en el mundo, dando luego lugar al modelo paracomercial de las grandes cadenas norteamericanas, no resultaba del interés de los gobernantes argentinos. Incluso el presidente Perón fue esquivo al principio de las bondades de la pantalla chica que pintaban Jaime Yankelevich, el ministro Nicolini, y, particularmente, Eva Perón. Hubo que desembolsar 26 millones de dólares, aún no sabiéndose de quién fue el bolsillo, otro de los puntos oscuros del inicio de la televisión nacional, que pasaría a llamarse LR3 Radio Belgrano TV, antes que Canal 7, y que en la placa de apertura y cierre tenía la imagen del presidente Perón. Hasta 1955.

El tesón de Grinberg sostuvo casi una década la ilusión de la televisión de las Pampas. En 1942 compra con sus hijos un transmisor en Estados Unidos y emite desde la tienda de Harrods de la calle Florida, “actuábamos con Tito Martínez del Box -pionero luego del noticiero televisivo- y la Cruzada del Buen Humor -recordaba Rafael Carret a Carlos Ulanovsky, Silvia Itkin y Pablo Sirven en 1999- En plena Segunda Guerra Mundial hacíamos un noticioso en tono festivo. Las trasmisiones duraron seis meses -¿quién las sintonizaba? ¿los socios del Instituto Experimental de Televisión? ¿Eduardo Grinberg en Corrientes y Callao?- y se interrumpieron por trabas legales -¿de quién? ¿el Estado? ¿la radio y el cine que ya veían al embrión un serio competidor?- ”  Dos años después insiste en marzo Grinberg, con la colaboración de los ingenieros Treurnicht y Calvelo, y transmite desde la avenida Corrientes al Radio Club, ubicado en el edificio del Automóvil Club Argentino de la avenida Libertador. Participaron artísticamente de este acontecimiento el trío mexicano Cucaro, Myriam de Urquijo y Alberto Vaccarezza. Y en junio de 1944, en colaboración con LRA  Radio del Estado, se hacen tres transmisiones en una feria industrial, conmemorando el golpe de junio de 1943, y vuelve a participar Vaccarezza  y una joven que tendrá una larga carrera televisiva, Hilda Bernard. El diario La Nación destacaba la gran nitidez de los rostros, algunos célebres como Azucena Maizini y Enrique Muiño, pero criticaba la falta de estabilidad de las imágenes; un mismo diario que ningunearía el joven medio durante los años del peronismo. Ese mismo 1944 el empresario del calzado Mario Tow adquiere la primera licencia para explotar un canal de TV, la cual no hace efectiva, al igual los directivos de LR4 Radio Splendid, la pionera de 1931.

La última escala será en julio de 1950  en un congreso médico de cirugía patrocinado por la laboratorio Squibb, donde se emite en circuito cerrado de TV un teleteatro científico -el género madre de la TV argentina- que produce la agencia publicitaria Grant -las agencias, las grandes impulsoras en contenidos de la TV argentina- y el apoyo técnico de General Electric -la futura gran proveedora exclusiva de equipos de emisión y receptores- Este piloto quedó registrado en un segmento de Sucesos Argentinos, el noticiero cinematográfico señero, y también incluía variedades artísticas aunque más bien se pueden ver las piernas de una joven en la presentación -otros inicios…- y un público apiñado alrededor de un televisor, ubicado muy alto en el Salón de los Espejos del Plaza Hotel. Del teleteatro mencionado bajo la dirección de Carlos Gorostiza y textos de Mario Kaplún,  participa una primera veterana de las cámaras, de Urquijo, con relatos de una de las futuras estrellas de la década de oro de los locutores en TV, Carlos D´Agostino. Un mes después la General Electric anunciaba que estaban haciendo las pruebas en el Ministerio de Obras Públicas con una sola cámara y tres receptores en Buenos Aires. Faltaba cada vez menos para el criollo “Estamos en el Aire” del 17 de octubre de 1951.

 

Fuentes: Ulanovsky, C. Itkin, S. Sirven, P. Estamos en el aire. Una historia de la televisión en la Argentina. Buenos Aires: Planeta. 1999; Varela, M. La televisión criolla. Desde sus inicios hasta la llegada del hombre a la Luna 1951-1969. Buenos Aires: Edhasa. 2005; La televisión antes de la tele. Catálogo de exposición en el Museo de la Televisión Pública Argentina. Buenos Aires. 2017

Imágen: Freepik

Fecha de Publicación: 17/10/2021

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