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La silenciosa despedida de un héroe

José de San Martín falleció en 1850. A 169 años de su deceso, aún impresiona el legado del único hombre capaz de ser definido como el Padre de la Patria.

Historia
Historia - 17 de Agosto - Celebración

El General San Martín vivió sus últimos años en una casa que no le pertenecía. Alquilaba solamente un piso con tres habitaciones. La principal estaba ocupada por él. En la siguiente se habían instalado su hija Mercedes y el marido, Mariano Severo Balcarce. La tercera habitación, más pequeña que las otras dos, estaba ocupada por María y Josefa, hijas del matrimonio y nietas del General.

Con ese auténtico ensimismamiento que caracteriza la soledad de los grandes hombres, el abuelo de María y Josefa salía cada mañana a caminar por la costa. Desayunaba en el segundo de los cuatro pisos de la casa, al que se definía entonces como un espacio común. La familia del dueño vivía en la planta baja y compartía el comedor con sus inquilinos.

Ignorando el bullicio matinal, una vez que atravesaba la puerta hacia la calle, el General San Martín quedaba envuelto en sus pensamientos. El mar profundo, las gaviotas que volaban incesantemente y el recuerdo de una vida tan intensa como difícil, le permitían viajar quién sabe dónde.

Boulogne-sur-Mer se encontraba frente al Canal de la Mancha y hay quienes piensan que su cercanía con Inglaterra no era accidental. Fue en Londres donde San Martín quiso instalarse cuando dejó definitivamente Sudamérica. Allí debían estar aquellos viejos amigos que le habían ayudado a armar la Logia Lautaro. Pero tras la muerte de Francisco de Miranda, los llamados Caballeros Racionales se habían dispersado por el mundo. Pocos quedaban en Inglaterra y los únicos que pudo encontrar ya estaban lejos de sus ideales. Por eso peregrinó por Escocia y Bélgica.

Resultó muy difícil encontrar un lugar para vivir. El héroe que había liberado medio continente, ya no tenía propiedades. Tampoco venía de una familia adinerada y había negado los honores de su posición. Los militares de las guerras independentistas recibían tierras y estancias por cada una de sus victorias. A pesar de la derrota de Cancha Rayada, la carrera de San Martín era absolutamente impecable. Entonces, ¿por qué no vivía de sus numerosas rentas?

Uno de los cuñados de San Martín administraba casi la totalidad de sus bienes y terminó estafándolo al invocar una supuesta inversión en la Bolsa de Valores. La economía del General, desde ese momento, fue de mal en peor. Únicamente logró ver la luz cuando llegó a su vida Alejandro Aguada, el principal banquero de Francia.

Parece ser que Aguada había sido también un hombre de Miranda y compañero de armas de San Martín. Se encargó del alquiler de la casa y restableció la pensión vitalicia que Perú le otorgó al Libertador después de haber luchado contra los ejércitos realistas. Por otro lado, Aguada compensó también las diferencias del cambio por las rentas que desde el Nuevo Mundo le enviaban a Europa. Las monedas sudamericanas tendían a devaluarse. La inflación destruía cualquier beneficio otorgado en las antiguas colonias españolas.

Ahora bien, a diferencia de otros héroes, San Martín vivió cada victoria con un cierto sabor amargo. Su cuerpo era incapaz de soportar la multiplicidad de batallas a las que fue expuesto. Misteriosamente la salud del Libertador  se debilitaba al tiempo que su nombre lograba ubicarse entre los más grandes de la historia. Es verdad que era dueño de un espíritu inquebrantable. Sin embargo el paso de los años hizo del dolor su más cruel y constante compañero. Cuando caminaba por la costa de Boulogne-sur-Mer, ya había padecido cólera y el reuma no le permitía andar sin bastón.

Como vaticinando su partida ya había redactado un testamento donde prohibía que se le hiciera cualquier tipo de “funeral en el lugar en el que falleciere”. Además pedía que se condujera su cuerpo “directamente al cementerio sin ningún acompañamiento”. San Martín consideraba que la soberbia era una  incapacidad de los inútiles y todo aquello que fuera presuntuoso, carecía de sentido. “Seamos libres”, dijo en el discurso a sus soldados antes de combatir en Chacabuco, “lo demás no importa nada”. 

María y Josefa, jóvenes e inquietas, esperaron cada día de aquel agosto a que su abuelo se levantara a desayunar. Imaginaban que sus pensamientos silenciosos lo esperaban en la bruma insondable del Canal de la Mancha. Pero una fiebre sostenida debilitó a San Martín durante muchos días y ya no lograba levantarse. Vomitaba sangre. Semejante síntoma se había repetido tantas veces a lo largo de su vida, que seguramente escondía antiguas úlceras que jamás habían cicatrizado. Todo parecía estar mal. Dificultades para respirar, anemia, quizás una infección avanzada. El agudo temblor de la mano derecha que lo afectó en 1818 y mucho más desde 1837, ya no le permitía escribir. Además los ataques de gota, lo atormentaban con demasiada frecuencia. A partir de los 72 años, sus enfermedades se hicieron mucho más difíciles de sobrellevar que en las guerras por la independencia.

Un momento después del mediodía, a las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850, San Martín exhaló su último suspiro. El cuerpo del General fue trasladado a la Basílica de Boulogne-sur-Mer, donde estaba la llamada Necrópolis Romana. Su voluntad sería respetada por Mercedes y Mariano Balcarce hasta el final.

María y Josefa lloraron. Posiblemente se preguntaron un millón de veces “por qué”. Fue en ese instante cuando, silenciosas, caminaron entre las gaviotas que solían seguir al General. Eran como sus antiguos ejércitos, iban tras él como soldados con alas. Solamente entonces entendieron que su abuelo no volvería a evocar aquellos antiguos recuerdos, esos días lejanos que le habían revelado la gloria en América del Sur. Ahora, aquel hombre de bigotes y bastón, ya había partido a fundirse en la bruma de su propia memoria. Liberado del dolor de su cuerpo, pelearía una y otra vez sus batallas en nuestros relatos, en nuestros mitos escolares, en nuestras emociones icónicas, en todo lo que contamos. Sucede que el abuelo de María y Josefa, se había convertido aquel triste 17 de agosto, en el héroe que los argentinos estaban esperando.

Boulogne-sur-Mer, es una villa costera ubicada al norte de Francia. Frente al Canal de la Mancha, resulta muy cercana a Inglaterra.
Hoy la casa donde vivió San Martín es un museo. Fue comprada en 1926 por el Estado Argentino. Se pagó por entonces unos 400.000 francos.
La propiedad perteneció al Dr. Gérard. San Martín llegó ahí por las revueltas surgidas en París que tenían como objetivo instaurar la Segunda República.
La batalla de Chacabuco tuvo lugar el 12 de febrero de 1817. El discurso de San Martín sigue siendo inspirador aún en nuestros días. “Seamos libres y lo demás no importa nada”, exclamó. Países, etnias, personas, todos pueden verse representados en su arenga, donde advierte que cada uno de nosotros, al final, seremos iguales ante la muerte.
San Martín desembarcó en Paracas en 1820. Las luchas en Perú se produjeron entre 1821 y 1828. La independencia de las Provincias Unidas tuvo lugar en 1816, sin embargo hubiera sido imposible mantenerla sin desactivar el ejército inmenso que el Absolutismo Monárquico Español había reunido en Lima. La llegada del Ejército de los Andes, finalmente replegó las fuerzas realistas a la región montañosa de Sucre.
Además de los honores que San Martín rechazó, estuvo la alocada idea de convertirlo en Vicepresidente Vitalicio de la Gran Colombia, cuestión que lo alejó de Simón Bolívar para siempre. El militar venezolano pretendía crear en Nueva Granada una república con él como “veedor perpetuo”,  lo cual podría haberlo convertido en “Presidente Vitalicio”.
La “Comisión encargada de la repatriación de los restos del Libertador” sería proclamada por Nicolás Avellaneda. Algunos dicen que fue su último intento de lograr una cierta comunión entre los argentinos. La pacificación después de la tercera revolución anticlerical de 1874 y el levantamiento centralista de 1880 no lograron resolverse. La llamada “conciliación de los partidos” jamás logró su cometido. Avellaneda debió dejarle su lugar a Julio Argentino Roca y su último acto de pacificación, fue recibir los restos del Libertador. Hoy se encuentran en la Catedral Metropolitana.
Testamento del General Don José de San Martín, conservado en el Instituto Sanmartiniano. Fuente: Archivo General de la Nación.
 Un artículo adicional pide algo que lo une a Perú de manera especial: “Es mi voluntad el que el Estandarte que el bravo español Don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú, sea devuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía), siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso”.
El cuarto punto se refiere al momento de su muerte y al destino de sus restos: “Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral y, desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en Buenos Aires”.
María Mercedes y Josefa Dominga  representadas en "el abuelo inmortal", escultura realizada por Ángel Ybarra García.
Refiriéndose a la debilidad del cuerpo de San Martín, Bartolomé Mitre dijo: “perteneció a la raza de los inválidos heroicos”. Mucho se ha hablado de las enfermedades que padeció en sus últimos años. El Dr. Mario S. Dreyer, resume muy bien cada una de ellas. Sin embargo, la mayoría de los diagnósticos son referencias históricas. Incluso descripciones del propio San Martín en sus cartas. Otras descripciones interesantes fueron aportadas por el Dr. Christmann, que definió el tipo de cólera que sufrió el prócer.  Finalmente, el Dr. Aníbal Ruiz Moreno describió el tipo de reuma y descartó la posibilidad de que San Martín padeciera tuberculosis. Nuestro agradecimiento por los datos aportados a Mario Anderie, autor de “Historia de Muertes Célebres” (Frania, Buenos Aires, 1997).

Fecha de Publicación: 17/08/2019

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Comentarios


Por: Martín 17 agosto, 2019

Brillante, emotiva, un lujo para todos. Gracias profesor . Hoy sabemos un poco más.

Por: JO 17 agosto, 2019

LA HISTORIA DE LAS NIETAS MARIA MERCEDES Y JOSEFA SIEMPRE ME ENTERNECIÓ. GRACIAS AL PROFE POR REFLOTARLA

Por: Juanita Arridas Sombra 17 agosto, 2019

María (que es María Mercedes) y Josefa son las protagonistas de los ultimos años de San Martín. Me emocionó mucho. Es para hacer una peli. Mi infinito agradecimiento

Por: Jony 17 agosto, 2019

A Juanita, Jo y Martín que viven lejos de la Argentina les cuento que el profe va a dar seminario de historia argentina en la facultad. Va a tener transmisión en directo asi que lo van a poder ver en Barcelona. Averiguar. Gracias al profe. Una historia conmovedora. María Mercedes y Josefa Antonia son mis preferidas. Gracias profe.

Por: Martín 17 agosto, 2019

Gracias Jony. Fijate que el profesor dice "María Mercedes y Josefa Dominga representadas en “el abuelo inmortal”, escultura realizada por Ángel Ybarra García". Josefa Dominga era la amiga de Mitre, que le contó todo. Con Jo y Juanita lo vamos a ver desde Barcelona y ya nos ponemos a averiguar

Por: Marta San Martín 17 agosto, 2019

Bella nota, teñida de poesía. Muchas gracias, profesor.

Por: Juana Sandra Rodríguez 17 agosto, 2019

Gracias profesor por sus hermosas palabras. Las nietas de San Martín María Mercedes y Josefa Dominga sabían que su abuelo era un gran hombre. Me recuerda la imagen de San Martín al lado del mar, con la niebla. Estaba en el aula del colegio.. Gracias

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