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La revolución silenciosa de Eduarda Mansilla

Pionera del periodismo argentino y el género fantástico, sus polémicos escritos vuelven en los años de la marea verde.

Pocas mujeres argentinas tuvieron la intensa vida de Eduarda Mansilla en el siglo de la Independencia y la Constitución. Sobrina de Juan Manuel de Rosas, hermana de Lucio V. Mansilla, un derrotero por Estados Unidos y Europa junto a un marido diplomático le deparó el roce con lo mejor de la cultura en ambos continentes. Pero fueron los intereses transgresores de una aristócrata porteña, contrariando al patriarcado, que la delinearon como una voz precursora de las mujeres cultas de élite al estilo Victoria Ocampo. Una transgresión que no abandonaba lo doméstico, el rol de madre de familia, “el reino específico de la mujer”, aclara, y, de todos modos, presenta una luz que ilumina el siglo XXI. “La familia, tal cual hoy existe habrá de pasar, a mi sentir, por grandes modificaciones, que encaminen y dirijan el espíritu de los futuros legisladores, para cortar este moderno nudo gordiano”, escribe en sus “Recuerdos de viaje” (1882), en donde aparecen una de las primeras crónicas de los Estados Unidos desde la óptica argentina, en tiempos de la Guerra Civil y la sociedad mercantilizada a punta de cañón, y que se contraponen a la visión optimista del Sarmiento de esos mismos años que escribía maravillado a Mitre por una “etapa de progreso que nos ponga en la ruta de los Estados Unidos”.

Mujeres argentinas

Esa voz se había criado con las mujeres bravas de las luchas patrióticas y el federalismo rosista, como las Azurduy o Ezcurra, y son esas hermanas que en sus obras quedarán inmortalizadas, revalorizadas. En su primer éxito “El médico de San Luis” (1860), con apenas 22 años, escribió: “En la República Argentina la mujer es generalmente muy superior al hombre….Las mujeres tienen la rapidez de comprensión notable y sobre todo una extraordinaria facilidad para asimilar, si puede así decirse, todo lo bueno, todo lo nuevo que ven o escuchan. De aquí proviene la influencia singular de la mujer, en todas las ocasiones y circunstancias”, remata en un libro muy leído en Norteamérica de la época.  

Y no solamente las mujeres son realzadas en las novelas de Eduarda, sino también otro colectivos denostados por los padres de la Organización Nacional. Unos años después, ya instalada en París, edita un notable fenómeno en francés, alabado por el autor de “Los miserables”, Víctor Hugo, “Pablo ou la vie dans les pampas” (1869). Allí se enfrenta a la ideología sarmientina cristalizada en el fatal civilización versus barbarie. Esta novela gauchesca se asienta en una visión armónica, tal vez idílica, cierto, entre gauchos y patrones, indios y criollos. Su heroína Dolores, además, es descripta de una gran belleza gracias a un linaje indígena, algo inusual para una sociedad bienpensante (y blanca). Anteriormente, la escritora ya había puesto en la boca de unos de sus personajes, Pascual Benítez, alguien que se había refugiado en una toldería, injustamente perseguido: “Señor, los indios no son tan malos, no roban sino por hambre y nunca matan sino por necesidad. Los que los hacen malos son los cristianos que se van entre ellos. Allí había algunos como yo, y desde el primer día me pusieron mala cara, buscándome pleito por todo”.

Hacia 1870 inicia una intensa actividad en la prensa nacional en Alba –pionero de las revistas femeninas–, El Plata Ilustrado y El Nacional, con artículos sobre modas y costumbres, a veces bajo los seudónimos de Eduardo o Alvar. En Buenos Aires sus famosas “Hojas Sueltas” fueron leídas con sumo interés por sus amplios conocimientos de artes y cultura, a la par de una pluma llena de fina ironía. “Estas mujeres que parecen vivir del aire, como nuestras orquídeas del Paraná, comen y beben como héroes de Homero”, acota sobre las norteamericanas. Eduarda, en 1873, pasó a escribir en La Gaceta Musical unas célebres columnas, donde demostraba sus dones de compositora perfeccionados junto a Rossini, Gounod y Massenet, y que también pueden considerarse de los primeros de la crítica argentina.

Al finalizar la década retorna definitivamente al país para publicar sus “Cuentos” (1880) en forma de folletín, el primer libro de cuentos infantiles nacional con la intención de “vivir en la memoria de los niños argentinos”. Asimismo, reedita “Creaciones” que, con atmósferas lúgubres y personajes alucinados, al borde de la locura, se anticipa al género fantástico argentino, una tradición rioplatense con talentos de variadas estéticas, desde Horacio Quiroga a Angélica Gorodischer, entre tantos otras y otros. Y en 1881 debuta como autora teatral con “La marquesa de Altamira” en el Teatro de la Alegría, y en la Ópera por la Compañía Morelli en italiano. Fallecería en 1892 dejando una cuantiosa producción literaria y periodística, parte recuperados en Eduarda Mansilla de García: Escritos periodísticos completos (1860-1892) de Marina Guidotti, editados por Corregidor.    

Otra revolución es posible

Decíamos el comienzo revolución silenciosa. Mansilla construyendo lo doméstico como refugio, si bien puede parecer repiquetear los remaches machistas, no está muy lejos de sus contemporáneas como la poeta norteamericana Emily Dickinson, que valoraban el hogar como un terreno íntimo de las mujeres, en donde desde la espiritual se oponían al orden hegemónico. Una nueva familia con cara de mujer era su revolución. Y, además, en el caso de la escritora argentina, a partir de esta autonomía relativa, construir en cada casa una mujer activa, reflexiva e instruída, asentada en las valores  de una argentinidad plural y que eduque a las futuras generaciones en la mediación, no confrontación. Eduarda fue la intelectual más completa y compleja de la Argentina del siglo XIX, en palabras de su biógrafa María Rosa Lojo, y su mensaje de unidad aguarda silencioso una lectura sin prejuicios.

Fuentes: Viñas, D. De Sarmiento a Dios. Viajeros argentinos a USA. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. 1998; Carretero, A. Vida cotidiana en Buenos Aires 1864-1918. Buenos Aires: Planeta. 2000; http://www.eduardamansilla.com/

 

 

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