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La muerte de Quiroga en Barranca Yaco

Borges reflejó el asesinato del caudillo Facundo Quiroga en un incomparable poema. Con maestría, terminaría estableciendo un enigma casi insondable: ¿quién mató realmente al llamado Tigre de los Llanos?

Historia
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Hacia 1820 la Batalla de Cepeda terminó dando forma a una serie de provincias autónomas separadas del poder central de Buenos Aires. Provenían de las antiguas intendencias y gobernaciones que habían participado del Congreso de Tucumán en 1816.

A fines de 1824, los terribles desacuerdos con el Gobernador Rodríguez llevaron a la necesidad de establecer una Constitución con el fin de reorganizar el Nuevo Estado.

Se suele determinar que los diputados provinciales se dividieron en dos facciones con intereses opuestos. Los unitarios, por un lado, apoyaron la continuidad del poder central de la provincia de Buenos Aires. Los federales, por el otro, buscaron que las provincias tomaran sus propias decisiones. A lo largo de esta antinomia que duró muchos años, tuvo lugar una circunstancia muy dudosa: la muerte del líder más carismático de los federales, Facundo Quiroga, conocido también como el Tigre de los Llanos.

Debido a las dudas que el caso exhibió por su tan oscura naturaleza, aún resulta tema de acalorados debates. Dicho  episodio tuvo lugar en Barranca Yaco, Córdoba, un 16 de febrero de 1835.

Algunos “revisionistas históricos” interpretaron que unitarios y federales habían surgido más allá del enfrentamiento entre el interior y la Capital. Serían producto de un choque ideológico más profundo que los atravesaba a todos. Hubo muchas razones para llegar a esta conclusión. Los protagonistas tenían intereses superiores a la ya establecida polarización partidaria. Ciertas formulaciones teóricas coinciden en un punto: la singular guerra religiosa nacida de las entrañas de la intensa fe católica de Quiroga.

Oponiéndose a la libertad de culto instaurada por Rivadavia, Quiroga clamaba a los cuatro vientos “¡religión o muerte!”. Luchaba contra los ejércitos anticlericales bonaerenses. El enfrentamiento terminó mal. La pluma de Jorge Luis Borges, llena de incógnitas, paradójicamente devela algo de aquella verdad que aún se percibía a comienzos del siglo XX. “El General Quiroga va en coche al muere”, publicado en “Luna de enfrente” (Buenos Aires, 1925) es un poema dividido en cuartetos alejandrinos. El sexto de ellos dice:

Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco

sables a filo y punta merodearon sobre él;

muerte de mala muerte se lo llevó al riojano

y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.

La boca de Facundo pronuncia nada menos que el nombre de Rosas. Cierta famosa teoría del cónsul francés en Montevideo parecería instaurarse en el cuarteto alejandrino de Borges. Llamado Raymond Baradére, el cónsul francés en 1835 especuló sobre la posibilidad de que el Gobernador de Buenos Aires fuera el verdadero instigador de los hechos acaecidos en Córdoba. Sarmiento soslayó insistentemente que Rosas surgió nada menos que de las cenizas del líder riojano. Pero el Gobernador ya era consciente de que podía imprimir en el corazón de los hombres odios y contiendas, intrigas y enfrentamientos. ¿Necesitaba matar a su caudillo más intrépido?

La clase de dominio que instaló el gobierno federal de Rosas en Buenos Aires, respondería no tanto al aniquilamiento de sus pares, sino a la existencia de un terreno fértil propio del divisionismo partidario.

Volviendo a Borges, debemos decir que no es fortuito el esotérico episodio que recoge en su último cuarteto. Marca la estricta raigambre de un pensamiento que francamente terminó atormentando a los políticos:

Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,

se presentó al infierno que Dios le había marcado,

y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,

las ánimas en pena de hombres y de caballos.

Remarcar las creencias religiosas de Quiroga desnuda en qué medida crecía el movimiento anticlerical en el país, exponiendo una batalla candente que subdividió a los propios unitarios hasta quebrarlos. La guerra entre laicos y creyentes se había importado del Viejo Mundo. A pesar de su anacronismo, era muy similar al grito bélico de Quiroga.

En la Europa también dividida, un día se instaló el protestantismo con gran éxito. Ya desde 1519 el Papa había identificado a su contrincante. Sin embargo, la existencia del verdadero enemigo moderno del Vaticano, fue la laicidad.

Gran parte de los productos intelectuales de aquella época, vendrían de la mano del Iluminismo. La política anticlerical que tanto le quitaría el sueño al caudillo de La Rioja, fue el hogar de los más grandes personajes que engendró la cultura durante la primera mitad del siglo XIX.

Es sabido que el mundo católico desconfiaba de los protestantes y en ese punto Facundo se consideraba un fiel aliado del Papa Gregorio XVI, continuador de la antigua Contrarreforma. No debe olvidarse que la Santa Sede combatió además el supuesto ateísmo napoleónico. ¿Podríamos tachar de excesiva la reacción de Facundo respecto a este tema? “Religión o muerte” era más que una simple muletilla, por eso sus relaciones con Buenos Aires se volvieron cada vez más complejas.

 “Junto a los postillones jineteaba un moreno.

Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!

El general Quiroga quiso entrar en la sombra

llevando seis o siete degollados de escolta.

Fue a la muerte acompañado, revela Borges en su tercer cuarteto. Sus leales murieron también en Barranca Yaco.

Por el crimen se acusó a Santos Pérez, mano derecha de los hermanos Reinafé, quienes señoreaban sobre la provincia de Córdoba. Siendo terratenientes, cuadraban perfectamente como culpables. Igualmente, las teorías conspirativas, como ya vimos, alcanzaron al propio Rosas y al Gobernador de Santa Fe, Estanislao López. A veces se habla de cierta rivalidad entre López y Quiroga, debida a la pugna entre ambos por apoderase de la provincia mediterránea.

De todas formas, sabido es que en el conflicto con la visión laica surgida en la Capital, los unitarios gritaron a la par de los federales defendiendo a Gregorio XVI. La Revolución Apostólica fue muy sólida y sobrevivió al corto gobierno de Rivadavia. Tuvo muchos sectores a favor, pero también muchos otros en contra. ¿No estarían ahí los verdaderos verdugos del Tigre de los Llanos? A la par, la posibilidad de ver en el propio Juan Manuel de Rosas al verdadero instigador del asesinato, es altamente sugestiva.

Este episodio según la visión de Bartolomé Mitre, ubica a Quiroga como enemigo del camino hacia la Modernidad. A su vez la “corriente revisionista” tendría muy diversas razones que justificarían la culpabilidad de los Reinafé. “Esa cordobesada bochinchera y ladina”, sentencia Jorge Luis Borges cuando se pone en la piel del líder riojano, “¿qué ha de poder con mi alma?”.

El caso no llegó a resolverse satisfactoriamente. Sigue abierto como en aquel mismo caluroso febrero de 1835. Aún conociendo los nombres de sus asesinos, jamás se desenmascaró a los verdaderos conspiradores. Aquella vez, como tantas otras, nadie dijo del todo la verdad.

Casa natal del caudillo riojano Facundo Quiroga (27 de noviembre de 1788 – 16 de febrero de 1835).
Monumento a Facundo Quiroga en La Rioja
El proyecto llevó mucho tiempo. Hace unos años se cuestionó por qué el artista era de origen boliviano. Sin embargo, su experiencia en este tipo de obras hace de los Guzmán especialistas en proyectos monumentales.
El “cuarteto alejandrino” es una herramienta literaria que identifica una métrica específica utilizada dentro de un poema. En este caso también se lo identifica como “asonantado” por su forma de rimar (“Expliquémonos a Borges como poeta”, compilado y prologado por Ángel Flores, Siglo XXI Editores, España 1998).

Fecha de Publicación: 28/07/2019

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Comentarios


Por: Jony 28 julio, 2019

Borges!!!!! Tan perfecto!!!! Tan bien analizado!!!!! se dieron cuenta?????????' nota de luxe!!!!!!

Por: JO 28 julio, 2019

FijARSE QUE AHORA SE PUEDEN BAJAR LAS NOTAS EN PDF. FELICITACIONES!! ES COMO TENER LIBRO. MARAVILLOSO

Por: Martín 28 julio, 2019

Un análisis para tener en cuenta. Muchachos, hay que imprimir en PDF

Por: Maribel 28 julio, 2019

Un análisis agudo del pensamiento de Borges. Ymuy bien que el profesor Prudencstein diferencia poema de poesía. Siempre elos autores hablan de poesía y Borges escribía poemas. Poesía era lo que tenía al escribir con una gran poesia en sus palabras e imágenes. Pero el género era poema. Gracias profesor. Muy bueno lo suyo siempre para estas mañanas frías con un cafecito con leche. Gracias

Por: Martín 28 julio, 2019

No se ven los comentarios señor diario.....

Por: Martin 28 julio, 2019

Ahora si se ven los comentarios. Gracias señores del diario y un millón de gracias al autor. Una nota para releer Borges

Por: Jony 28 julio, 2019

Me levanto, tomo el mate, leo los diarios y el profesor me escribe sobre Borges mi escritor preferido. No saben el placer para mi. Muchas gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Por: Carlos 28 julio, 2019

Dos argentinos opuestos que se unen Borges y Quiroga Con Sarmiento somos tres.

Por: Andrés de Miramar 28 julio, 2019

Me gusta mucho. Gracias

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