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La leyenda del Primer Presidente

¿Por qué Bernardino Rivadavia y Martín Rodríguez se enfrentaron históricamente a San Martín? ¿Qué separó a estos hombres tan importantes para el desarrollo de la nación?

Capítulo II

Parecían inseparables. Su amistad los unió fuera y dentro de la administración pública. Cuando se miraban, adivinaban y leían recíprocamente sus intenciones. Martín Rodríguez y Bernardino Rivadavia transitaban por una misma senda. Tanto es así que Rodríguez se adelantaría a los destinos míticos del país, vislumbrando tempranamente la carrera política de quien sería el futuro presidente de la nación. Veía aquello casi como un oráculo.

Ya explicamos en la Crónica XVII, que Rodríguez participó junto a Cornelio Saavedra del primer alzamiento armado contra la Junta Grande en 1811. Su mirada a cerca del futuro del país era claramente “centralista”. Pero este hombre venía haciendo política desde antes de 1810 y se hizo notar por su labilidad. Cambiaba de partido como de ropa.

Dice Diomedes Murúa: “Tuvo un sombrío papel en la Primera Junta, que no lo incluyó entre sus representantes. Fue amigo íntimo y después enemigo acérrimo de Mariano Moreno. Colaboró con San Martín en la Logia Lautaro y fue uno de sus más fieles compañeros de batalla. Pero también se dedicó a luchar denodadamente contra su influencia.” (“Asuntos Sudamericanos”, Diomedes Murúa, Ediciones Fortnel, Buenos Aires 2012).

Algunos autores le atribuyeron a Rodríguez las características propias de un traidor serial. Por otro lado los más conservadores siguen aún queriendo ver en él a un estanciero que llegó al poder con buenas intenciones. La historiografía y el revisionismo aún no se ponen de acuerdo en este asunto.

Consecuentemente,la influencia de Rodríguez en el desarrollo de la vida política de su amigo Rivadavia resultó detonante. No es casual que ambos estuvieran detrás del fallido Primer Triunvirato. Rivadavia se transformó en el cuarto hombre de este órgano ejecutivo e influyó en algunas de sus más resonadas medidas.

La libertad de prensa y la prohibición de la importación de esclavos, así como la institución de la escarapela propuesta por Manuel Belgrano fueron avances propios del Primer Triunvirato. Lo mismo sucedió con la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo a cargo de José de San Martín, recién llegado de España.

Pero las “medidas centralistas” llevadas adelante por el Ministro Bernardino Rivadavia, resultaron tremendamente desfavorables para los caudillos del interior. Parece que, ante los reclamos al gobierno, el ministro no reaccionaba. La lucha del poder bonaerense por imponerse ante el resto de las regiones de las Provincias Unidas resultaría muy dura. Estaría signada principalmente por el desprecio.

Entonces, tanto San Martín como Manuel Belgrano se declararon en rebeldía. Durante 1812 tuvo lugar el alzamiento contra el Primer Triunvirato, el cual favoreció la creación de un Segundo Triunvirato. Este nuevo organismo debía tener en cuenta a las regiones olvidadas por la administración del Río de la Plata.

Rivadavia y Rodríguez, que participaron activamente en este período, fueron obligados a alejarse de la política. No se les permitió intervenir en asuntos estatales y la Logia Lautaro les cerró las puertas de Buenos Aires.

¿Porqué el castigo fue tan duro? Sucede que estos hombres tenían objetivos opuestos al “integracionismo” propuesto por la Logia Lautaro. Ignoraban con alevosía los intereses de las provincias.Precisamente dicha concepción hizo que el Segundo Triunvirato, el Directorio y la Asamblea del año XIII no contaran a Rivadavia y Rodríguez entre sus protagonistas.

Hay que decir que esta especie de exilio político duró hasta 1820. En esos años Bernardino Rivadavia siguió siendo el espejo de Rodríguez. En realidad nunca dejaron de comunicarse, al menos epistolarmente. Esperaron, cada uno en funciones y lugares distintos, a que el ambiente general cambiara de color. Por eso un día volvieron a regentear sobre Buenos Aires. El “centralismo”volvió a imponerse.

Está claro que ya hacia 1821 ambos hombres estaban más que cómodos porque algunos de sus opositores como Belgrano y Moreno, ya habían muerto. Sin embargo San Martín seguía vivo y estaba instalado firmemente en Cuyo. Tenía la simpatía de Güemes y de muchos otros caudillos federales. Tal vez por eso Rivadavia pensaba que el Libertador podía constituirse en un enemigo de temer.

Entonces recordó con precisión el alzamiento de 1812. Obnubilado por aquel triunfo de la Logia Lautaro y detentando ya mucho poder, Rivadavia prohibió el libre tránsito de San Martín en cualquiera de los grandes territorios bonaerenses. Desactivó por completo lo que quedaba de los lautarianos,tomó el control de todos los grupos masónicos y dejó solo al Libertador.

Ya presidente, en 1826, amplió su ofensiva y jamás tuvo contemplación hacia laf igura de San Martín. Juzgado, señalado por acusaciones inventadas y persecuciones inauditas, aquel que había sido llamado héroe entre los argentinos, terminó su vida en el exilio. Concluye Murúa diciendo que, “movido por oscuros intereses, Bernardino Rivadavia denunció al Libertador acusándolo de Traición a la Patria”.

Aspecto del país en épocas de Rivadavia. En morado más claro, la Provincias Unidas del Río de la Plata. El territorio original que se convertiría en lo que es hoy Argentina, estaba conformado por Intendencias que abarcaban territorios inmensos. La Intendencia de Córdoba del Tucumán incluyó a Cuyo hasta 1813 y, por supuesto, no tenías alida al mar. Sucedía lo mismo con las dos Gobernaciones de Misiones y con la Provincia del Paraguay. Oriente había sido tomado por Brasil y los Andes constituían una tremenda barrera natural de difícil acceso hacia el Océano Pacífico. Su inmensidad convenció a la mayoría de las Intendencias deque el Puerto del Río de la Plata era la única esperanza para acceder al comercio transatlántico.

Hasta 1819 la lucha entre las distintas regiones del país, hizo que Buenos Aires extrañara el devoto centralismo del Primer Triunvirato. “Dándole la espalda a las decisiones de San Martín y Belgrano,Martín Rodríguez  fue aclamado durante la Guerra Civil del año 1820 a fin de poner orden”, observa Murúa. Rodríguez entonces volvió de su exilio y restituyó el “centralismo”. De este modo,dispuso que en Buenos Aires debería instalarse el futuro gobierno de toda la nación.