Ser Argentino. Todo sobre Argentina

La derrota

Argentina fue protagonista de feroces guerras civiles. En 1814,20 y 27, sucesivamente los pactos federales y unitarios fueron tomando forma. ¿Cuánto hay de verdad en las acusaciones cruzadas?

Juan Manuel de Rosas llegó al poder gracias a una alianza entre distintas regiones del país que necesitaban ponerle un límite a los excesos de Buenos Aires. La necesidad de un puerto y el encarecimiento de los impuestos cobrados por el acceso al Río de la Plata, estaban signados por la injusticia.

Ahora bien, como suele pasar, el remedio fue peor que la enfermedad. Los justos reclamos del interior se perdieron en la ilimitada omnipresencia de las fuerzas federales. Como un pulpo, la policía de Rosas era capaz de llegar a cualquier lugar donde se cometiera una infracción contra la Santa Federación.

Después de mucho esperar, el día llegó. El gobernador plenipotenciario de Buenos Aires y su acuerdo regional con los caudillos de Catamarca, La Rioja, Jujuy, Mendoza, San Juan, San Luis, Salta y Tucumán, corrió el peligro de disolverse.

Como había predicho la intelectualidad porteña, Rosas sería derrotado en el campo de batalla, precisamente en las tierras de la familia Caseros, ubicadas en la provincia de Buenos Aires. El evento tuvo lugar un 3 de febrero de 1852.

Justo José de Urquiza lideraba el llamado Ejército Grande, conformado por una alianza entre Brasil, Uruguay y las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes

Caseros se llevó adelante peleando fusil contra fusil y contando muerte por muerte. Sin embargo fueron las estrategias de los unitarios las que finalmente los llevaron a la victoria. Rosas, vencido, encolerizado y ya sin poder, chocó impetuosamente las armas de sus soldados con las de los hombres de Urquiza, haciendo gala de su estirpe: la de los caudillos federales. Pero nada fue suficiente. Su causa era ya una ilusión perdida. La Santa Federación había cometido tantos errores a la hora de mantenerse en pie, que los unitarios exiliados terminaron definiendo a Rosas como el “Calígula del Plata” (Domingo Faustino Sarmiento, declaración al diario El Mercurio, Chile, 3 de marzo de 1848).

Bartolomé Mitre, en su función de periodista, no dudó en acusar a Rosas de haber utilizado para su provecho los dineros públicos. Por otro lado en su “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina”, así como en la “Historia de San Martín”, deja gran cantidad de puntos oscuros. Sucede que el propio Mitre fue uno de los organizadores del Ejército Grande. Muchos intelectuales pelearon en esa guerra. Florencio Varela, Domingo Faustino Sarmiento y Rivera Indarte, autor de “Tablas de Sangre”.

“Las cabezas de las víctimas son puestas en el mercado público adornadas con cintas celestes”, escribió Rivera Indarte, mostrando uno de los aspectos más salvajes del gobierno de Rosas (“Tablas de Sangre”, Biblioteca Autores Argentinos, Antonio Dos Santos -Editor-, Buenos Aires 1946). También es verdad que la Casa Lafone, según una denuncia de Emile Girardine en 1848, fue la que financió la obra de José Rivera Indarte a fin de utilizarla como propaganda. Esta empresa británica tenía grandes intereses en Montevideo. Si la denuncia de Girardine era cierta, la obra estaba siendo financiada por uno de los virtuales dueños de la capital uruguaya, donde Bartolomé Mitre estaba organizando su ejército.

Por otro lado, resulta altamente sugestivo que los mismos ingleses que ayudaron a derrocar la Santa Federación, dieran asilo en Londres nada menos que a Juan Manuel de Rosas. ¿Hasta qué  punto los acuerdos espurios fueron capaces de darle forma a nuestro pasado?

Los enfrentamientos de aquellos días fueron muy feroces. Las acciones de sus protagonistas tomaron rumbos difíciles de explicar. Tan sofisticadas se hicieron sus luchas y controversias, que hasta el día de hoy existen quienes son cuidadosos a la hora de referirse a los crímenes cometidos por ambos bandos. ¿No será que aquellos actos infames, se terminaron ocultando en la ceguera de nuestros miedos más íntimos? Posiblemente, como los pecados de juventud, como los secretos familiares, se escondieron en esos argumentos irreconciliables que suelen separar a las personas para siempre. En estos casos tan extremos, la realidad termina siendo subjetiva.

El filósofo griego Aristóteles, estableció hace mucho tiempo una serie de trece falacias que podían deformar la verdad. Una de ellas dice: es falso pensar que lo relativo puede ser ejemplo de lo absoluto. Imaginar que un perro es negro porque encontramos un pelo negro donde estuvo el perro, sería una deformación de la realidad. El animal puede ser moteado, bicolor o tener muchas variantes de gris entre el blanco y el negro.
Las diversas formas que tomó la Divisa Punzó que identificaba a la Santa Federación en tiempos de Rosas.
José Rivera Indarte, autor de Tablas de Sangre.
Justo José de Urquiza
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