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La compleja tarea de armar el Primer Gobierno Patrio

Innumerables ideas atravesaban el pensamiento de los revolucionarios en mayo de 1810. Pero a pesar de las diferencias, de una manera u otra, iban a lograrlo.
Historia
CRONICAS DE LA ARGENTINA
10 diciembre, 2019

El 25 de mayo de 2020 se inaugurará un museo en lo que fue la antigua casa de Juan Manuel de Rosas. Dicha propiedad, heredada por la familia de Encarnación Ezcurra, se desmanteló a principios del siglo pasado a fin de armar una serie de inquilinatos masivos típicos de los días de la inmigración europea. Luego se transformó en un estacionamiento. Recientemente terminó albergando una excavación arqueológica supervisada por Ana Igareta, investigadora del Conicet y del Instituto de Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad (HiTePAC) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Está ubicada en Moreno al 500 y a partir de este año integrará el recorrido de la Manzana de las Luces.

A pesar de lo interesante que la noticia puede sonar, Juan Manuel de Rosas era muy joven durante los días de la Revolución de Mayo. Aún no formaba parte del círculo que dirigía la sublevación. Sabiendo algo así, ¿por qué el descubrimiento de la antigua casa de la calle Moreno resultaría tan importante a la hora de recordar los sucesos del 25 de mayo? Es cierto que la incipiente lucha entre “unitarios” y “federales” ya sonaba entre las discusiones que se daban en las reuniones secretas de los independentistas. Sin embargo, también es verdad que el descubrimiento de la casa de Rosas, dice mucho más sobre la sociedad que habitó Buenos Aires entre los siglos XVIII y XIX. ¿Qué buscaban aquellos hombres?

La gente de esos tiempos, como la de nuestros días, estaba intensamente politizada. Les urgía instaurar un gobierno autónomo, aprovechando una situación irrepetible: la devenida corona española seguía en manos de Francia. Si había algo particular en este asunto, era que las consignas entre los futuros “unitarios” y “federales” resultaban muy confusas y se basaban en la discusión surgida entre “radicales”y “bonapartistas”. Paradójicamente gran parte de las ideas que hoy nos parecen provenientes del sector “unitarista”, entonces tenían ecos delos argumentos “federales” y viceversa. Los conceptos que conformarían tiempo después esta sólida antinomia argentina, apenas germinaban.

Como referimos en crónicas previas, el pensamiento explícitamente laico de la Masonería se encontraba por todos lados. Prohibida por la autoridad de Cisneros, se había ahogado en sus propias discusiones. Napoleón fagocitó la Masonería, creando la Orden de Oriente y los verdaderos masones, padres de la Revolución Francesa, volvieron indefectiblemente a la clandestinidad.

Moreno y Saavedra estaban enfrentados por las réplicas de este lejano conflicto europeo y el 25 de mayo encontró a los criollos desordenados, divididos y saturados de conflictos. Por eso no fue sencillo acordar un Cabildo Abierto. La petición había pasado por las manos de Cisneros desde el 18 de mayo y las tratativas “saavedristas” no terminaban por cerrar. De ahí el arrebato de French y Beruti, así como el enojo de Alberdi, Castelli, Belgrano y, especialmente, la pertinaz radicalización del pensamiento de Mariano Moreno.

Las personas reunidas en la plaza esperaban ansiosas una resolución. Un mensaje, un veredicto, alguna palabra que apaciguara los ánimos. Necesitaban “saber de qué se trataban aquellas infinitas discusiones”.

Tantas idas y vueltas terminaron por caldear aún más el ambiente y ya se advertía que existían muchos intereses en juego, tal como se lee en el sitio arqueológico donde se levantaba la casa de Rosas. Observando los restos que allí se encuentran, expresa la arqueóloga Ana Igareta, que los argentinos de clase alta preferían objetos europeos antes que la manufactura local. Desde el siglo XVIII se importaba vajilla de mala calidad de origen francés, en lugar de comprar la excelente porcelana y la finísima vidriería que se fabricaba aquí (ver fotografías). Esto se entiende únicamente si pensamos que la sociedad de entonces estaba afectada por la influencia de grupos políticamente endógenos. Para eso sirve el estudio de los objetos arqueológicos: se interpretan a fin de comprender el comportamiento de quienes los utilizaban. Según el caso del sitio ubicado en la calle Moreno, es posible observar sellos rojos de la Santa Federación (ver fotografía). Esta impronta ya existía en 1810, si bien no del modo explícito que muestra la vajilla de Rosas. Un sentimiento muy anárquico enfrentaba a europeos peninsulares y criollos, a blancos y pueblos autóctonos, hombres libres y esclavos africanos, ricos y pobres. Todos tenían sus propios pensamientos. A pesar de las profundas mezclas étnicas que los aunaba en un extraño crisol de identidades, las palabras los separaban.

Pese a esto, la intensa fractura social que identificó a las primeras dos décadas del 1800, coincidía en la existencia de un germen básico, que podría hacer que las cosas comenzaran a funcionar. La creación del Primer Gobierno Patrio sería considerada el punto fundamental para sembrar esta semilla y construir algo parecido a una república. Siempre terminan resonando en nuestros oídos Saavedra y Moreno como personajes antagónicos. Pero la verdad es que hubo una pléyade de tendencias intelectuales poblando las mentes de los revolucionarios. Muchas terminaron por desaparecer. Otras, germinaron hasta convertirse en movimientos sociales. Incluso en partidos políticos.

Tal diversidad únicamente puede representar una tendencia que afectó a la sociedad en todos sus estratos. Durante la primera mitad del siglo XIX, comenzó a ver la luz el foco más intenso de pensamiento que daría la humanidad después de la Revolución Francesa. Estaba naciendo “el ideal romántico”.

Lejos de los pre conceptos construidos respecto a este movimiento que atravesó la totalidad del pensamiento occidental, es preciso aclarar que el “romanticismo” poco tiene que ver con las lágrimas fáciles de las telenovelas actuales. Besos, congojas y suspiros no contienen en sí el significado de esta profunda corriente intelectual. Los hombres de la Primera Junta eran propensos a estas tendencias que hacia 1830 generarían, incluso, un manifiesto.El “romanticismo” fue un movimiento cultural, político y social de profunda raigambre filosófica.

Los“románticos” eran hombres de grandes pasiones. Exaltaron la devoción hacia el ser amado tanto como hacia la patria a la que pertenecían, uniendo la intensidad de ambos sentimientos hasta confundirlos. Si bien es verdad que los peligrosos nacionalismos del siglo XX tienen su origen en el romanticismo del siglo XIX, sus expresiones tempranas resaltaron otras virtudes, mucho más puras. La mayor parte de los países europeos y latinoamericanos, se organizaron dentro de este nuevo pensamiento.

Por ese mismo amor a la patria, la Primera Junta supo sortear las diferencias que enemistaban a gran parte de sus integrantes. No se puede negar que aquella intensa hermandad fue provisional. Los contrastes se hicieron notar inmediatamente.

No obstante, el 25 de mayo de 1810, sucedió algo asombroso. Aquel grupo de hombres se reunió sorteando cualquier diferencia, para firmar un acuerdo social y político sin precedentes.

Cornelio Saavedra, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Manuel Alberti, Juan José Castelli, Juan José Paso, Miguel de Azcuénaga, Juan Larreay Domingo Matéu… Todos acordaron a fin de establecer la Primera Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas apelando a la ausencia del rey de  España. En nombre del Señor Don Fernando VII, tomaron sus tierras para liberarlas de Cisneros, de la Junta de Sevilla y Cádiz, así como del peligro que encarnaba Francia (ver fotografías).

Virtualmente, los nacientes argentinos, regirían de manera autónoma las Provincias Unidas al menos mientras Napoleón mantuviera a Fernando VII secuestrado. Era necesario ser inteligentes y expeditivos. Debían hacer valer la coyuntura política y convertir un acto transitorio en algo relevante e inspirador para las generaciones futuras.

La compleja tarea de armar el Primer Gobierno Patrio

Vagilla en custodia de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad, calle Moreno al 500
Los objetos son meticulosamente clasificados, porque abarcan parte del siglo XVIII y XIX
Es llamativo cómo, mucha vajilla encontrada en el sitio arqueológico de Moreno al 550 (CABA), lleva un sello que versa “Federación o Muerte”, mostrando la profunda escisión social y política de la naciente república.
Cisterna recuperada actualmente como Patrimonio Arqueológico
Libros antagónicos que describen un mismo evento. Carlos Segreti en su libro “la Aurora de la Independencia” (Ediciones Astrea, Buenos Aires 1980), explica “el sistema de retroversión dela soberanía” que expuso Castelli en la asamblea del Cabildo Abierto. Se lo invocó mediante un tratado internacional que estuvo vigente por mucho tiempo. Segreti, amplía diciendo que se trataba de una ley proclamada mucho tiempo atrás por el rey Alfonso y no sería fácil de interpretar. Por eso el abogado tucumano independentista Bernardo de Monteagudo, simplificó el tema mediante la construcción de un silogismo diciendo: “¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal de Fernando VII; el rey está impedido de reinar; por lo tanto las Indias deben gobernarse a sí mismas” (ver también “Anatomía de una revolución” de Marcos Rosenzvaig, Ediciones Penguin Random House, Grupo Editorial Argentina, 2016). A partir de estos razonamientos legales, se conformó la Primera Junta, rompiendo relaciones con intermediarios tales como el sombrío Cisneros o el dudoso Consejo de Cádiz.
Circuló también por aquellos días la teoría dela Máscara de Fernando VII. Los revolucionarios debían reclamar las tierras en nombre del rey de España, lo cual los liberaría de la existencia de todo intermediario posible. Fue así como declararon su escisión respecto a José Bonaparte. Algo conceptualmente tan complejo, consistía en una formalidad legal que permitiría actuar a los políticos del Río de la Plata en nombre del rey. En consecuencia, invocando a la corona española, obtendrían la inmunidad legal necesaria para decidir sobre los territorios virreinales. El documento que mostramos contiene la siguiente premisa: los pueblos sin rey tienen “el derecho a constituirse en Junta”.
Verdadero aspecto dela plaza que antecedía al Cabildo en 1810
La Primera Junta.

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