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Buenos Aires - - Sábado 23 De Octubre

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Juan B. Justo: un socialismo posible argentino

Pensamiento fundamental de la política argentina, y de la justicia social del siglo pasado, marxista crítico, aún las reflexiones de Justo son de vanguardia.

Historia
Juan B. Justo

En poco menos de diez años Juan B. Justo legó una huella política y social inimitable. Fundó el partido socialista, semilla de los movimientos de izquierda argentinos, el Hogar Obrero, modelo de cooperativismo en Latinoamérica, el diario “La Vanguardia”, órgano longevo de los trabajadores, la Casa del Pueblo, polo cultural en Caballito, y tradujo al español por primera vez “El capital” de Karl Marx, instalando un libro clave, y de larga pregnancia en la intelectualidad hispanohablante. Justo podía hablar en una huelga de albañiles en 1904 en Palermo, y asistir con alimentos a los huelguistas en todas las lenguas, y usar al conservador diario La Nación,  para propagar las ideas del socialismo. Esta dualidad de Justo, que provenía de una familia italiana tradicional porteña, sería determinante para que sus críticos lo juzgaran como un liberal de izquierda, en el mejor de los casos, o peor, un burgués de izquierda que representaba a la oligarquía. Acalladas también las pasiones, y discusiones, sobre autorías intelectuales de cuánto de la justicia social peronista provenía de las ideas de Justo, queda por delante la tarea de indagar una mente brillante de la Argentina de los albores del siglo XX, y parafraseándolo cuando él hablaba de su maestro, Marx, “necesitamos y debemos saber más de Justo”

Juan  B. Justo nació el 28 de junio de 1865 en la casa de su abuelo, Francisco Justo, quien tenía un molino en las actuales calles Balcarce y Chile, y era unitario en los tiempos del terror punzó de Juan Manuel de Rosas –en esa finca estuvo escondido el general Paz en 1840.  Vivió su niñez en una estancia de su padre Juan en Tapalqué, que tenía cercano un fortín llamado La Vanguardia, futuro título del diario que fundaría. Realizó sus primeros estudios en una escuela inglesas de las actuales Tacuarí y Carlos Calvo, ya vuelto a Buenos Aires con su familia, e ingresó al Colegio Nacional Buenos Aires, reprobando solamente Cosmografía, debido a que no “tenía sentido para la Medicina” Entra en 1882 a la Escuela de Medicina y, a fin de costarse los estudios, ingresa de cronista del diario La Prensa en el Congreso Nacional, su primera experiencia con los contubernios de “la política criolla”, que sería uno de sus enemigos jurados. De sus años de practicante quedaron sus hondas impresiones de la miseria de los zafreros en Tucumán, en donde trabajó gratuitamente en 1887, durante un brote de cólera. Justo recibido en 1888 fue un cirujano brillante, que introdujo el método antiséptico en los quirófanos locales, y el uso de la cocaína como anestesiante. Mucho del Justo político y social ya estaba presente en el Justo médico y hombre de ciencia, “el método científico es hoy el método socialista”, diría más tarde, y la fe en el progreso del hombre, sostenido en la educación y el trabajo, resplandecen en sus conferencias luego de un viaje por Europa, en los tiempos que operaba en el actual Hospital Ramos Mejía. La Revolución del Parque de 1890 lo encuentra atendiendo heridos en las calles, y lo acerca brevemente a la Unión Cívica de la Juventud, antecedente del partido radical, el primero argentino moderno. Su partido socialista, sería el segundo en 1896.  Ese año Justo trabajaría de médico rural en Junín, fundando en esa ciudad la primera biblioteca socialista del Interior.   

“¿No era más humano ocuparse de evitar en lo posible tanto sufrimiento y degradación?”, se preguntaba Justo a la salida del hospital, donde sus pacientes eran “carne de la explotación”, “Y, cómo conseguirlo sin iluminar la mente del pueblo todo, sin nutrirlo de la verdad científica, sin educarlo para las más altas formas de convivencia social?...Y pronto encontré en el movimiento obrero el ambiente propicio a mis nuevas y más fervientes aspiraciones”, diría de los días que se acerca al club alemán Vorwärts, que introdujo el pensamiento de izquierda en la Argentina, en simultáneo a los anarquistas españoles e italianos. 

El 2 de agosto de 1893 en el café Francés de Esmeralda al 300 se reúne la Agrupación Socialista de Buenos Aires, nacida en diciembre de 1892 por el entusiasmo de Augusto Kuhn, un socialista alemán que había escapado a la persecución en Europa y era aquí un rico empresario, con el fin de lanzar un periódico, plataforma de un futuro partido. La presencia de Juan B. Justo resultó fundamental desde lo económico, vende bienes personales para la empresa periodística de La Vanguardia, como desde lo intelectual, ya que se lo designa director con su afiliación, además, el flamante Partido Obrero.  Hora cero de la izquierda argentina, pese a que algunos les moleste que haya sido alumbrada en un ambiente aristocrático.

 

Diez años que cambiaron el pensamiento social argentino

 “Comprenderá que su bienestar moral y material es incompatible con el actual orden de cosas”, escribía a los trabajadores, en una editorial de La Vanguardia, Justo, y dentro de un contexto que la pelea era por comicios limpios y el sufragio universal –que fue también una conquista de los socialistas, no solamente de los radicales-, “comprenderá que la gran producción sólo podrá ser fecunda para todos con la socialización de los medios de producción; comprenderá, por fin, que sólo él, el mismo proletariado, puede realizar una revolución tan grandiosa”, sentenciaba en el momento de mayor influencia de Marx en su obra, vía de su maestro Germán Avé Llallemant. Más adelante aparecía una de las primeras denuncias al expolio británico, anticipando en 1895 a  Raúl Scalabrini Ortiz y FORJA, “nuestra clase alta vendió el país al capital inglés, y en confabulación con éste, sigue explotándolo hasta sangrarlo a blanco”, en un típico remate higienista, al cual Justo es un acabado representante del cientificismo positivista finisecular.

“La política es un campo donde la clase trabajadora tiene que pelear por sus más grandes intereses actuales”, decía Justo en el congreso constituyente que fundaría el Partido Socialista Obrero, entre el 28 y 29 de junio de 1896 en la sede del alemán Vorwärts de Rincón al 1100, y que fue fundamental para la difusión de las nociones de sindicalización, y defensa jurídica del trabajo, mucho antes del peronismo, “sólo la acción política puede impedir que la explotación fiscal se agrave, en formas de impuestos, a la explotación patronal; sólo ella puede obligar al Estado a cumplir su más alta misión en la educación elemental; a respetar a los trabajadores en el ejercicio de los derechos ya adquiridos que tanto necesitan para la lucha en otros campos, a dictar leyes protectoras del trabajo –los socialistas de Justo fueron los primeros en solicitar la jornada de ocho horas al Congreso, luego de la marcha pionera del primero de mayo de 1890, Día del Trabajador-” Así marcaría Justo el camino de los socialistas en la contienda electoral, pese a los vicios de la “política criolla”, el fraude, la prebenda y el clientelismo, y que los irían alejando de expresiones extremistas como la de los anarquistas y, posteriormente, los comunistas. Y, también, de las bases obreras, que desconocían las reglas de la democracia europea y norteamericana, que tanto habían impresionado esos trabajadores “ilustrados” a Justo,  en su viaje de 1895. Poco decían a nuestros trabajadores las reglas de la política liberal, a quienes vivían entre el paternalismo y la represión estatal y patronal. A partir de allí, los socialistas serán una fuerza minoritaria en las elecciones, y decreciente entre los obreros, a medida que la primera generación de hijos de inmigrantes, ya argentinos, reemplazaba a sus padres socialistas, venidos del otro lado del Atlántico.

“En Inglaterra las cooperativas de consumo obreras han llegado a ser un potencia económica”, aseguraba Justo en 1897, una conferencia pedida por obreros del calzado, y que sería el germen de la Cooperativa El Hogar Obrero, iniciada una década después, con una proyección social y económica que duró más de 70 años. Al igual que la Casa del Pueblo de Avenida La Plata, que recién pudo concretarse en 1927, pero que había visto el modelo Justo en Bruselas en 1895, un moderno espacio de una gran biblioteca, un salón de conferencia y aulas para la enseñanza –y que sería incendiada en 1953 por simpatizantes peronistas, perdiéndose documentación incunable, y debido a este acto terrorista, el edificio nunca volvería a su esplendor. Mucho del material provenía de la intensa producción de publicaciones del mismo Justo, la señalada primera edición del primer tomo del Capital de Marx –que Justo refutó en grandes segmentos en la línea del reformismo socialdemocráta, con gran originalidad,  aunque con pocos conocimientos filosóficos sobre temas medulares como la famosa Teoría del Valor-, “El socialismo”, una pionera formulación adaptada a la realidad nacional, y “Teoría y práctica de la Historia”, su mayor contribución a la teoría política vernácula. Todo la afiebrada actividad intelectual no desdeñaba la participación política, pese al fraude, en donde Justo debió esperar a la Ley Sáenz Peña para alcanzar un escaño de diputado en 1912 – Alfredo Palacios, con un estilo menos complaciente con los poderes conservadores, y con más conocimiento de la situación concreta de los obreros en La Boca, ya había sido diputado en 1904, el primero en América Latina.   

 

La obra inconclusa de Justo

“Viva la Patria, Viva la policía” fue el grito de las patotas de niños bien que irrumpieron en la redacción de San Telmo de La Vanguardia, y la destrozaron en mayo de 1910, algunos meses después que Justo había sido detenido, junto a muchos socialistas, por la represión violenta tras el asesinato de Falcón,  a manos de un anarquista. No sería la única vez que su vida corrió peligro, y en 1916 fue baleado en una pierna, el mismo año que sería reelecto diputado. De su labor parlamentaria quedan los proyectos de reforma agraria, el apoyo a la Reforma Universitaria del 18 –en 1905 había sido expulsado de su cargos en la Facultad de Medicina por promover un movimiento democratizador similar-, y un visionario informe anti trust, que denunciaba el oligopolio de las empresas extranjeras. Partiría a Berna al Congreso Socialista Internacional en 1920, y donde según a Luis Pan, contrajo la enfermedad pulmonar que lo llevaría a la muerte. Para esa década estaba casado con la doctora Alicia Moreau en segundas nupcias, luego de su matrimonio con Mariana Chertkoff y sus cuatro hijos, con quien profundizaría la vieja lucha del socialismo por la igualdad de derechos entre los sexos.      

“Pero mucho tememos que la palabra izquierda sea en algunos casos un pendón trivial levantado por quienes dragonean de militantes, sin estudiar…para la fecunda acción social”, acotaba Justo en 1924 en un proceso electoral que lo conduciría a la senaduría nacional, sin renunciar a la dirección de La Vanguardia, la infinidad de publicaciones y manifiestos, y la oratoria callejera, “que sirva de excusa a personas sin valor…que tras esa huera de izquierda se agazapen…apetitos personales y vanidades…que encuentren muy largo el camino de la acción política democrática…para sembrar el error y la cizaña entre los trabajadores”, remataba enfrentado al yrigoyenismo radicalizado. Entre sus proyectos finales en la cámara alta se encuentran el de separación de la Iglesia y el Estado, y una encendida condena a la intervención norteamericana a Nicaragua en 1926, “en Estados Unidos se ha asentado el imperialismo de manera audaz…llama bolcheviquismo a toda idea social nueva, a todo propósito de emancipación de la clase trabajadora”, arengaba quien mantuvo un discurso antibelicista en la Gran Guerra, “una guerra de capitalistas donde se matan  obreros”, en sus palabras.  Fallecería el 8 de enero de 1928 en su quinta de Los Cardales, Pilar, “el último héroe civil de los argentinos” titularía el diario La Nación. Días después se hizo un gran acto de homenaje en el Teatro Colón a instancias del presidente Alvear, desconociendo que en el testamento Justo había pedido expresamente que no se realicen discursos ni actos en su nombre, y que su cuerpo sea incinerado con una bandera roja y otra argentina –sus cenizas están en el panteón familiar de La Recoleta de Buenos Aires, que presenta en su honor, una de sus avenidas principales.  

“Existe un error considerar que en el país hubo grandes debates de ideas. Lo que hay aquí no son ideas sino hechos, que instruyen mucho, por lo grandes y brutales” reflexionaba un joven Justo de una de los grandes problemas nacionales, lejos de solucionarse. Como lo que mata es la falta de humildad y respeto, “estando en el mundo, he encontrado que, según sus necesidades y sus ideas, los hombres se dividen en partidos, y como no me ha parecido que las únicas legítimas son las mías, me he unido a las suyas que se parecen a las mías, y pertenezco al Partido Obrero…renunciando a ser un ejemplar único en mi especie, me ha acercado a otros hombres, y me he resignado a llamarme socialista, sin renunciar por ello a lo que yo tenga de particular”

Fuentes: Pan, L. Juan B. Justo y su tiempo. Buenos Aires: Planeta. 1991; Vazeilles, J. Los socialistas. Buenos Aires: Editorial Jorge Álvarez. 1968; De Titto, R. El pensamiento del socialismo y la izquierda. Buenos Aires: El Ateneo. 2010

Fecha de Publicación: 28/06/2021

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