Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Isabel de Guevara, la primera mujer de las letras rioplatenses

Arribada en la infausta expedición a Buenos Aires de Pedro de Mendoza de 1536, una carta suya significa el primer texto escrito por una mujer en América. Indicios de muñecas bravas.

“Muy alta y poderosa señora”, arranca Isabel de Guevara el 2 de julio de 1556 a Juana La Loca, nominalmente reina de España pero encerrada por demencia. A partir de esa introducción con futuro incierto, Isabel desgrana la primera crónica escrita por una mujer de la Conquista en el Río de la Plata, y en toda América. En sus líneas caben la penuria de la primer Buenos Aires, la liberalidad mestiza de Asunción, y el rol crucial de las colonizadoras españolas, en la que sus hombres “hiciesen per ver que en ellas estava la vida dellos”, en español antiguo por Isabel. Mujeres que quedaron fundidas en el bronce lustroso de los Adelantados y, que sin embargo, “sargenteando y poniendo en orden a los soldados…todos los travajos cargaban las pobres mujeres” Desde el cuidado de las famélicas haciendas a la vigilancia de los “yndios”, contando claramente la atención de los hijos, las mujeres españolas sostuvieron la empresa colonizadora europea, mientras los hombres guerreaban o buscaban el mítico Reino de Plata, y alumbraron a la futura sociedad criolla. Aquella carta de la andaluza que surca mares, y siglos,  es un documento de que nuestra historia irresistiblemente tiene impronta de mujer. Y un adelanto de mareas verdes en horizontes gauchos, “exponiendo los trabajos hechos por las mujeres en el descubrimiento del Río de la Plata para ayudar a los hombres”, Isabel planta bandera por los mismos derechos.  

“Fue tamaña el hambre que al cabo de tres meses murieron los mil”, describe minuciosa de Guevara los días aciagos de un maldito Puerto de Buenos Aires, que se devoró dos tercios de las huestes del gallardo y codicioso Don Pedro de Mendoza; en una época de la masa analfabeta, cuenta Isabel, la Letrada de la Conquista. Y “como las mujeres nos sustentamos con poca comida…-se encargaban a los hombres- de hazerles lo poco que tenían…-y además- hazer de sentinela…azuzar las valestas, cuando los yndios venían a dar guerra”, en un cabal muestra de la entereza de estas mujeres en la ciudad sitiada por los indios guaraníes del Delta, tras las hostilidades de Corpus Christi donde murieron varios capitanes europeos. Más adelante, deja constancia de su hidalguía y compañerismo, “y si no fuera por la honra de los hombres, muchas más cosas escriviera con verdad y los diera a hellos por testigos”, silenciando los actos de heroísmo de las Elvira Pinedo, Catalina del Valdillo, Mari Sánchez y Elvira Gutiérrez, mujeres que se habían embarcado en una de las expediciones navales más importantes de la época, una que soñaba en un astillero de magnitud en el gran río marrón, que se había engullido a Juan Solís. Una que fue salvada del desastre mortal por esas mujeres, “pasada tan peligrosa turbonada, determinaron subir río arriba, así, flacos como estavanlas fatigadas mujeres los curavan…y les guisavan comida, trayendo la lenna de afuera…animándolos con palabra varoniles…metiéndolos a cuenta en los vergantines con tanto amor como si fueran sus propios hijos”,  comentaba en cumplimiento de la orden del gobernador Irala desde la recién fundada Asunción: despoblar Buenos Aires. El estuario del Río de la Plata volvía al barro y el silencio.     

Postales litoraleñas del siglo XVI

Isabel continúa en su relato con el encuentro de los indios timbúes y las peripecias para “guisar” el pescado para que “no les diera en rostro” a los hombres, debido a la inanición. Detalla las labores de esas mujeres que “tomaban todos los serbicios del navío tan a pechos…seniendo de marear la vela y governar el navío…y tomar el remo al soldado que no podía bobar y esgotar…poniendo por delante a los soldados que no desanimasen…ni las hazían de obligación ni las obligavan, sí solamente de caridad”, y que permitió que llegaran vivos,  a la futura capital paraguaya. Allí tampoco era una panacea si bien la comunión entre pueblos originarios y españoles, aún lejos la Inquisición española -la madre patria vino a conquistar y evangelizar-, había logrado un decoroso enclave civilizatorio de buenas casas, y una incipiente economía autosustentable.

“Fue necesario que las mujeres bolviesen de nuevo a sus travajos, haciéndolos con sus propias manos, rozando y carpiendo y sembrando y recogiendo el bastimento (víveres) sin ayuda de nadie, hasta que los señores guarnecieron de sus flaquezas y comenzaron a señorear la tierra”, comenta de Guevara. Esta carta además proyecta que gracias a esas independientes manos femeninas, veinte años después, Asunción es “muy fértil en bastimentos”, afirmaba Isabel, en ese entonces compañera del sevillano Pedro Esquivel “Tres veces le saqué el cuchillo de la garganta” comenta de su marido, tal vez inmerso en la locura y la soledad de aquellos seres arrojados a un continente desconocido, y solicita a Doña Juana de Austria, Princesa Gobernadora de los Reinos de España, que “en gratificación de mis serbicios mande que sea proveydo mi marido de algún cargo” No solo le cuidó la vida sino que insta por la carrera de ese hombre, ese hombre que “a sido causa que mis travajos quedasen tan olvidados” Isabel, sin saberlo, navegaba también en aguas desconocidas, la voz y la acción femenina valorizada.    

Feminismo antes del feminismo

“E querido escrevir y traer a la memoria de VM para hacerle saver la yngratitud que conmigo se ha usado en esta tierra”, enfatiza Isabel, y habla de unos “agravios que agora se me hazen”, en una realidad donde era factible quemar mujeres por brujería, o rebelarse,  y amplía sin temor ante el poderoso y masculino Consejo de Indias, “porque el presente se repartió por la mayor parte de los que ay en ella, ansí a los antiguos como a los modernos, sin de mí y de mis travajos se tubiese ninguna memoria y me dexaron  de fuera, sin medar yndios ni nengún género de serbicio”, eleva la queja una mujer que hacía dos décadas venía haciendo la América para la Corona, y que pedía Adelantada el mismo trato, el mismo pago, el mismo derecho, que los varones “Isabel pide justicia, pide, poniendo en jaque a la legalidad de su tiempo, que se cumplan los derechos de las mujeres. Lo pide, se lo está pidiendo a otra mujer, cuando a nadie se le ocurría pedirlo ni pagarlo y mientras Europa siempre igual a sí misma se enteraba de las conquistas de ultramar y de la América descubierta por los precios que pagaba en su vida cotidiana y no por las crónicas de los adelantados”, acota Marisa Avigliano.

No conocemos mucho más de Isabel de Guevara que esta carta, que finaliza a sus “Reales manos besa” Tampoco si obtuvo algún tipo de respuesta, o cuándo falleció, si en Asunción, u otra aldea americana. Toda su existencia cabe en esta epístola fulgurante, reveladora, reparadora. Queda para la posteridad una mujer que se rebela ante la injusticia y funda un Nuevo Mundo.

 

Fuentes: Gálvez, L. Mujeres de la Conquista. Planeta: Buenos Aires. 1992; Luna, F. Segunda fila. Buenos Aires: Planeta. 1999; https://www.pagina12.com.ar/34378-isabel-de-guevara-nuestra-primera-feminista

Rating: 5.00/5.