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Historia Argentina del Crimen. La huella imborrable argentina de Vucetich

La aún vigente dactiloscópica organizada por el croata Juan Vucetich tuvo el estreno mundial en un alejado campo de Quequén en 1892. Francisca Rojas, la primera condenada por sus huellas dactilares.

Historia
Juan Vucetich

“Oficial urgente: Haga todo lo posible aún cuando no lo juzgue necesario, por obtener los rastros de las impresiones digitales dejadas por el criminal y traiga las muestras. G. J. Nunes” Era el telegrama que llegaba a las manos del comisario inspector Eduardo Álvarez en La Plata, una fría mañana de junio 1892. Debía partir de inmediato a un rancho pobre cercano a Necochea porque un caso espeluznante estaba a punto de convertirse en noticia controversial. Dos niños, Ponciano de 6 y Felisa de 4, habían sido degollados, y la policía local, a base de torturas, había conseguido incriminar a la madre, Francisca Rojas, luego de que desecharon al primer sospechoso, un ahora magullado Ramón Velásquez. El Jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires Nunes sabía a la distancia que no existían pruebas sólidas para un juicio. Además cabía que derive en un escándalo por al abuso de las fuerzas de seguridad. Pero sobre todo deseaba probar un nuevo método criminalístico que impulsaba un apasionado joven croata, Juan Vucetich, desde la anodina oficina de Estadísticas. Pedazos de madera comparados por Álvarez, bajo el método Vucitech, condenaron a Francisca e inauguraron en el mundo el sistema de identificación por huellas dactilares. Que normalizado en 1894 por el científico naturalizado argentino, sigue siendo primordial en el reconocimiento de individuos. Pese a que aquí se lo dio de baja veinte años después porque se acusó a Vucetich de alentar el “espionaje de personas”. Nadie hace la primera huella en su tierra.

La vida no era fácil para Francisca Rojas de Ayacucho en 1892. Casada desde 1888 con Ponciano Caraballo de Mar Chiquita vivían a una pobreza extrema en Quequén, y apenas subsistían con las tareas rurales del hombre, junto a los pequeños Ponciano y Felisa. Sin embargo nada era comparable a las tremendas palizas y los abusos a los cuales la sometía el marido, que era muy apegado a unos compadres que vivían a 400 metros, Cándida Roldán y Ramón Velásquez. A ellos iba a contar sus penas Francisca, mostrar los moretones. “Te lo tenés merecido por maltratar a un hombre trabajador”, decía Cándida, en la recreación de Ricardo Canaletti. La única mano amiga era la de Mauricio Berma, un comerciante de Necochea, que tendría en el juicio un triste papel, delatando a la mujer.

La mañana del 29 de junio había despuntado con los golpes de siempre, ahora sumadas a las amenazas de Ponciano de que la iba a echarla por infiel. Francisca no aguantó más, segura de que la comadre querida de Caraballo era la fuente de las mentiras. Temía Rojas además que la mujer mayor quisiera quedarse con los niños y salió rauda al rancho vecino. Pelearon feo con Roldán en al alero, apenas separadas por Velásquez, que la sujetaba para que su mujer le aserte duras trompadas. Rojas, dolorida, enceguecida, enfiló a las 13.30 al rancho. Y cerró con el pasador. 

A las 17 volvió del trabajo Ponciano y, derribando la puerta, se encontró a los dos niños degollados en la cama y la mujer inconsciente. Bañados en un mar de sangre. Los vecinos corrieron a consolar al hombre. “Él los mató” fueron las primeras palabras de Francisca apuntando a Velásquez, apenas recuperó el conocimiento, con un leve corte en el cuello. Junto a ella, una pala, que según la supuesta víctima, el agresor había usado en su contra. Los policías, que hasta el momento no actuaban, impresionados con el cuadro, se abalanzaron sobre el hombre y lo molieron a golpes, ante la incredulidad de Caraballo y Roldán. Lo siguieron golpeando en la comisaría de Necochea y lo hicieron pasar la noche con los cadáveres. Pero el médico y el comisario Blanco empezaron a dudar de la impasible Rojas, que maldecía al marido, “vos Velásquez estás en yunta con ese cobarde que les pega a las mujeres”,  y pasaron a la acción. La tortura a Francisca, más dejarla encerrada una noche con los cuerpos inertes de sus hijos, resultaron efectivas y la madre admitió el filicidio. Sin embargo cualquier juez cuestionaría la metodología, claro. Allí aparece Álvarez con el método de Vucetich.

Quién era Juan Vucetich

Nacido el Lésina en 1858 con el nombre de Iván, en la actual Croacia, desde 1888 se encontraba trabajando en la Policía de la provincia de Buenos Aires. Cuando ocurre el crimen de Francisca Rojas en 1892 llevaba menos de un año la aplicación de su sistema de “Icnofalangometría”, instaurado el 1 de septiembre de 1891 -Día Mundial de la Criminalística- El antropólogo había clasificado 101 relieves digitales, completando las investigaciones inacabadas de Francis Galton y adelantándose a Edward Henry y William Herschel, los cuatros padres de la moderna técnica forense dactilar.

Juan Vucetich

El éxito del método dactiloscópico en el caso de Quequén impulsó el trabajo de Vucetich, que logró reducir los 101 tipos iniciales a cuatro fundamentales aún corrientes: arco, presilla inferior, presilla exterior y verticilo. “Cuando puse de manifiesto dije por primera vez en el mundo los errores capitales e irremediables a que podía dar y daba margen el bertillonaje -método antropométrico inexacto y falible, utilizado en los policías de la época-…y la perfección puesta a cubierto de toda duda que ofrecía el sistema dactiloscópico, mi afirmación dio motivo para que se me tachara de temerario y arrogante, porque me atrevía a lo que antes que yo no se habían atrevido otros. La resistencia que encontré me incitó a una entera consagración al estudio para el perfeccionamiento de mi sistema, obligándome a erogaciones que comprometían de una manera irreparable el mezquino emolumento de que gozaba…Que no fue lo peor. Lo peor fue que sentí que en torno mío se sembraban espinas; y la murmuración implacable, prohijadora de la hipócrita calumnia, infundía sospechas respecto a mí y a mis trabajos, no economizándoseme ni la colérica burla ni el petulante agravio. Máxime cuando en 1893 la Superioridad dispuso la supresión de dicho servicio por considerarlo inútil; el que fue rehabilitado pocos meses después, siendo Jefe de Policía don Francisco P. Lozano”, resaltaría Vucetich a principios de siglo XX, ya publicada la obra cumbre, “Dactiloscopía comparada” (1904), y cuando aún esperaba un dinero votado por el Congreso en 1894 para continuar sus investigaciones.

En 1912 emprende un largo viaje por el mundo, que rápidamente aplicaba y copiaba su técnica e instructivos, costeado con el sueldo de comisario, próximo a jubilarse. Regresa en 1916 para hacerse cargo del Registro General de Identificación de Personas, que cierra al año siguiente por falta de presupuesto. "La identificación es de suyo chocante, porque repugna al espíritu de libertad, pues es el espionaje a las personas llevado a su grado máximo" era la orden del interventor  de la provincia de Buenos Aires, José Luis Cantilo, y mandó borrar su nombre de los documentos históricos de la División de Investigaciones como los archivos de fichas de delincuentes, que sumaban unos 600 mil. Casi el trabajo de la vida de Vucetich, que fallecería deprimido y hostigado el 25 de enero de 1925, no sin antes donar su invaluable biblioteca y museo a la Universidad de La Plata. Lo velaron en su casa, que aún está, y donde funciona una escuela, en la esquina de Pellegrini y Alem, negándose la familia a los actos oficiales. El enviado de El Diario aludió, rescata Adrián Pignatelli, a "la decepción que amargó los últimos años de su vida a causa de la campaña insidiosa de la que fue víctima". El penalista italiano Enrico Ferri lo despidió de otra manera, “Su nombre permanecerá en la Historia de la Civilización Humana”

 

La V de Vucetich

“Ha llegado el momento de darte la razón, en aquello que como novedad me explicabas y que con tanto empeño tomó nuestro Jefe Nunes. Me refiero a las impresiones digitales, que ahora, en el caso del crimen de Necochea han servido como auxiliar poderoso para demostrar, de una manera evidente, quien era la verdadera autora del un crimen salvaje por el que se había preso a un vecino honrado a quien acusó en primer momento”  escribía el comisario Álvarez en julio de 1892 a Vucetich, una vez resuelta la autoría del crimen. Este comisario merece tanto crédito como Vucetich en el Caso Rojas. Que si bien fue de importancia la aplicación de la técnica del croata, tal vez Francisca la primera acusada que hizo el “pianito” en la escena del crimen, a la manera de los contemporáneos CSI, Álvarez inspeccionó la escena del crimen y concluyó fácilmente que el asesino se encerró con las víctimas, o sea que tenía una fuerte familiaridad. Reforzado cuando encontró el cuchillo del filicidio, limpio y escondido arriba de la cama, en un lugar que sólo alguien de la casa podía conocer. Sólo faltaba saber quién era, algo que lo pudo comprobar a la tarde, lupa en mano, cuando notó que concordaba la huella de Rojas con las marcas impresas en sangre en puerta y ventana. Eran las de Rojas huellas en V de verticilo, según Vucetich, prueba irrefutable que condenaría a la madre asesina; aunque en el dictamen no se menciona nada del estreno mundial del sistema de identificación por huellas dactilares.

JUAN-VUCETICH-huellas

“No creo deber silenciar las irregularidades que se han cometido con motivo de este hecho, para con los detenidos o más bien dicho para arribar a su completo esclarecimiento, pues he podido observar que el señor Comisario de Necochea, olvidando por completo las prohibiciones que establece nuestro Reglamento, y todo buen sentido, ha incurrido en la grave falta de aplicar castigos morales a la autora del crimen, para obtener su declaración, llegando hasta establecer una capilla ardiente, donde colocados los cadáveres de sus dos hijos fue llevada a deshoras de la noche: único medio que creyó adoptable para conseguir lo que se proponía, sin tener en cuenta que, aparte de faltar abiertamente a su deber, tenía mil otros medios de que valerse que le hubieran dado el mismo resultado y mucho más en un hecho como este cuyas huellas no dejaban duda acerca de quien fuera su autor o más bien dicho constituían pruebas abrumadoras que hubieran establecido la verdad, aun ante la negativa de la sospechada. Este mal procedimiento que pudo haber sido de fatales consecuencias”, en el parte de Álvarez de 1892, recién conocido por el “Conferencia sobre el Sistema Dactiloscópico” de Vucetich en 1901, reproducido por el Diario Necochea; o un pliegue entre lo nuevo que no termina de nacer, y lo viejo que no termina de morir.

Dos años después si bien el fallo reconoce las malos tratos, sugiere que había sido un crimen preconcebido -aporte triste de Berma- y que existía posible infidelidad -aporte de los compadres-, haciendo recaer todo el peso de la ley sobre Francisca, solamente atenuado, se imponía la pena de muerte, por el género: “Condenando como condena a Francisca Rojas de Caraballo, por el delito de doble homicidio en las personas de sus hijos menores Ponciano y Felisa a sufrir la pena de penitenciaría por tiempo indeterminado y a las accesorias establecidas en el art 67, fijándole par la sujeción a la vigilancia de la autoridad , en caso que obtuviese gracia, el término de dos años pena que cumplirá en la cárcel de detenidos de La Plata de conformidad a lo dispuesto en la circular de la suprema corte de Justicia de 21 de Octubre de 1890, debiendo descontársele a los efectos del art 73 y en su forma que determina al art 19, la prisión preventiva sufrida hasta el día en que quede efectivizada esta sentencia, la que si no fuere apelada se elevará en consulta a la excma. Cámara”. Francisca fallecería en el Penal de Dolores, en un fecha incierta. El dactiloscopia, un sistema nacido en Argentina y aplicado en criminalística por primera vez con ella, sería de utilización universal, en áreas insospechadas para el mismo Vucetich, su invención imborrable.

 

 

Fuentes: Canaletti, R. Crímenes sorprendentes de la Historia Argentina. Buenos Aires: De Bolsillo. 2021; Peña Echeverría, Manuel J. “De la intuición a la ciencia: El largo camino de la investigación criminal (II)” en Quadernos de criminología: revista de criminología y ciencias forense. Madrid. 2015;   Mariscal, J.  franciscarojasdn.wordpress.com; Pignatelli, A. www.infobae.com.

Imagen: Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.

Fecha de Publicación: 30/01/2022

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