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Gazeta de Buenos Ayres, molde del primer periodismo argentino

Nacido al calor de las ideas revolucionarias de Mayo, y objeto de celebración en el Día del Periodista, fue una publicación espada de la Junta, en la arena de la opinión pública. Y un poco más, también.

Historia
Gazeta de Buenos Ayres

En sus memorias Cornelio Saavedra, presidente del primer gobierno patrio en 1810, no deja dudas: “Lo que hizo la primera Junta, luego que principió sus trabajos, está detallado en las gacetas de aquel tiempo” No era ninguna tribuna de opinión ni un toque de atención a los problemas argentinos. Muchos menos estaba firme junto al pueblo. Y si era un tábano lo era para picar en las mentes de un pueblo -vecinos- al cual había que imponer una ideología independentista. La publicación mimada de Mariano Moreno fue una monolítica versión de los hechos de gobierno,  que respondían a los ideales iluministas de la Revolución a sangre y fuego, como bien quedarían estampados en el polémico Plan de Operaciones, o la guerra de emancipación permanente de los radicales de la Sociedad Patriótica, en cada pueblo, en el Continente. A doscientos años de su último número, una relectura de la Gazeta de Buenos-Ayres descorre a las entintadas hojas de los revolucionarios de piedra angular de la libertad de expresión, y la ubican como un órgano más de un gobierno criollo que disparaba las letras de una Patria naciente.

“Para el logro de tan justos deseos a resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos- Ayres (...) anuncie al público las noticias interiores y exteriores que deban mirarse con algún interés (...). Todos los escritos relativos a éste recomendable fin se dirigirán al Señor Vocal Dr. D. Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la secretaría las noticias oficiales, cuya publicación interese”, es el bando que la flamante Junta firma un 2 de junio de 1810, y donde queda en claro que el editor era Alberti, el sacerdote que integró el gobierno impulsado por Saavedra pero terminó aliado de Moreno, y que invitaba a varios redactores a formar parte de la publicación. Así participarían el experimentado Hipólito Vieytes, fundador del segundo periódico en el Río de la Plata en 1802, “El Semanario  de Agricultura, Industria y Comercio”, y Manuel Belgrano, con experiencia en el mismo semanario y el “Correo de Comercio” (1809). Tanto el editor Alberti, como el impulsor Moreno, tenían nula competencia periodística. Por lo que más allá de los documentos oficiales, que reproducían las decretos del gobierno que “interese”, en realidad la pluma de Moreno participaba más bien poco de la redacción.

 

Extra, Extra, el diario de la Junta

“Desde el momento en que un juramento solemne hizo responsable a esta Junta del delicado cargo que el pueblo se ha dignado confiarle, ha sido incesante el desvelo de los individuos que la forman para llenar las esperanzas de sus conciudadanos”, los primeros párrafos de la Gazeta,  un 7 de junio de 1810, Día del Periodista en Argentina, “Abandonados casi enteramente aquellos negocios a que tenían vinculada su subsistencia, contraídos al servicio del público, con una asiduidad de que se han visto aquí pocos ejemplos, diligentes en proporcionarse todos los medios que puedan asegurarles el acierto; ve la Junta con satisfacción que la tranquilidad de todos los habitantes acredita la confianza con que reposan en el celo y vigilancia del nuevo Gobierno”, cerraba en una pista de la ideología que sustentaba al nuevo gobierno, en tanto un pueblo -vecinos- que le otorgaba legitimidad, un contrato social anterior que los unía como americanos, pero que dejaba en manos de los “individuos”, o sea quienes ahora detentaban el poder, el destino de ese pueblo. La cita de Tácito,  “rara felicidad de los tiempos en que se puede decir lo que se siente y sentir lo que se quiere”, revela un deseo ilustrado que pronto quedará abortado porque en la Gazeta, subvencionada por el erario público, se prohíbe hablar mal de gobierno y sus medidas, o de la iglesia, en un resabio aún del dominante pensamiento español. No resulta azaroso que la Junta ordene en noviembre de 1810 la lectura pública de la Gazeta en los púlpitos, que si bien aspiraba a expandir las acciones de gobierno a la inmensa mayoría iletrada, un medio que solamente aspiraba a una minoría con poder de decisión, no amplié la mirada a los cuarteles, teatros y pulperías – Belgrano iba con ejemplares a las campañas para leerles los decretos oficiales, y las escasas notas referidas al comercio o la cultura,  a los soldados rasos.

Con respecto a las limitaciones de opinión, Pedro Agrelo diría de su nombramiento el 18 de marzo de 1811, “”La Junta ha dispuesto nombrar a usted por editor de la gazeta, asignándosele la cantidad de 2000 pesos por año”, documentaba mi nombramiento en el periódico”, en quizá, como sostiene Néstor Cremonte, el nacimiento del periodismo profesional nacional, “Al poco tiempo –evoca Agrelo– fui encargado de la Gaceta del gobierno (...) creí también que me provocaban a dar esta prueba de mis sentimientos y temí que no hacerlo me podría ocasionar algún mal (...) llevé la redacción hasta en mes de octubre (...) repetí mis renuncias y logré ser exonerado de tan molesto trabajo”, señalaba de los hostigamientos y censuras que sufría por los saavedristas y morenistas, enquistados en los resortes públicos, por igual.

 

Operación Moreno

 “Cuando se estableció la Junta, se echaba de menos el medio sencillo de esparcir las ideas, y hacer a los hombres comunicativos, que en todas partes se ejecuta por esta clase de escritos. Esta falta no pudo escaparse a la penetración del doctor Moreno y su anhelo de bien público lo determinó a la fundación de una gaceta enteramente nueva y que jamás se habría visto en las colonias en otras circunstancias. El tema que escogió para ella indicaba el espíritu y lo que la causa de la libertad tenía que esperar de tan buen abogado. Él escogió aquellas palabras de Tácito, exquisitamente aplicadas a la situación del país: “Rara temporun felicitate, ubi sentire quoe sentías, dicere lice” “ cerraba pomposamente Manuel, el biógrafo pionero de su hermano Moreno, y uno de los primeros en entronizar la figura del secretario de la Junta, que aseguran dijo antes de embarcarse a su destino fatal en 1811, “yo me voy, pero la cola que dejo es larga” La Generación Romántica del 37, su epígono Bartolomé Mitre, la histografía liberal conservadora y los distintos nacionalismos, solidificarían el mito de un Moreno primer periodista, defensor de las libertades, cuya una de sus máximas creaciones, La Gazeta de Buenos-Ayres, es un espejo de la libertad de prensa. Sin embargo quien recorra unos pocos de los 590 números ordinarios, 185 extraordinarios y 53 suplementos, casi 15.000 páginas de la Gazeta, comprobará rápidamente lo acertado del Ministerial que le puso Bernardino Rivadavia en 1812. Porque podía derrochar líneas con los etéreos derechos de expresión, e igualdad, pero proseguía básicamente las líneas de la prensa virreinal del siglo anterior, y no de la prensa liberal del siglo XIX, y que se cree inspira a las generaciones venideras.

El ocultamiento y la distorsión de la realidad, el adoctrinamiento de la opinión pública y la monopolización de las noticias eran sus constantes, tal cual ocurría en la Europa de la resturación monárquica, aunque en el caso rioplatense apuntara a blindar la Independencia. Razones de Estado y de Guerra. Esto explicaría en parte la explosión de prensa posterior a 1810, la necesidad del disenso en una tierra en ebullición de ideas y hombres, desde “El Censor” de Vicente Pazos Silva, que defendía las ideas de una monarquía americana; al “Mártir o Libre” de Bernardo de Monteagudo, antiguo y desplazado colaborador de la Gazeta, y que profundizaba su pensamiento emancipador en “Ensayo sobre la Revolución del Río de la Plata”,  con una mirada federal. Pazos Kanki, el seudónimo del boliviano Pazos Silva, es el primer caso registrado de intento de censura, llamado por la Junta Protectora de la Libertad de Imprenta (sic) a comparecer el 29 de enero de 1812. Si bien es exonerado por escribir “que el interés verdadero de estas provincias se confía tal vez a la perfidia”, el 26 de marzo de 1812 el Triunvirato clausuró su periódico, junto al de Monteagudo. La Gazeta, el gobierno, no permitía ninguna voz disidente.

En el primer año esta orientación, y que se mantuvo editorialmente entre las sombras, estaba sustentada en el famoso “Plano de las Operaciones que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia”, que se le adjudica a Moreno, a pedido de Belgrano, y que aún causa disputas entre los historiadores sobre su autenticidad. Dividido en dos partes, política y económica, uno podría tomarlo como material complementario mientras hojea la Gazeta “Los cimientos de una nueva república nunca se han cimentado sino en el rigor y el castigo, mezclado con la sangre derramada de todos aquellos miembros que pudieran impedir su progreso”, aparece en la página 28 del Plan, y allí el fusilamiento del héroe de las invasiones británicas, el ahora contrarrevolucionario Santiago de Liniers, que es ampliamente justificado en las páginas de la Gazeta,”hemos decretado el sacrificio de esas víctimas (NdR ¿arrepentimiento final de un cristiano?) a la salud de tantos millares de inocentes…¡Ciudadanos!...-ordenamos el fusilamiento de- hombres extranjeros a nuestro país…horrendo proyecto de ser agentes de calamidades y ruinas de estos pueblos”, firmaba Moreno en pleno terrorismo de la Junta “Cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa” eran parte del Plan que haría “sucumbir” las provincias a las directivas de los criollos porteños, uno que en la Gazeta del 6 de diciembre de 1810 parece dictar, “la imposibilidades geográficas harían inútil el federalismo sin que suponga volver al Rey”, destaca Horacio González. Retomando la oración de José Pablo Feinmann, “malos presagios para los pueblos del Interior”

La cobertura excepcional  de la Gazeta por la victoria de Suipacha, los festejos en la Plaza Mayor, primera victoria patria el 7 de noviembre de 1810, con un gentío de “lenguaje mudo”, que ensalzaba al recientemente ascendido brigadier Antonio González Balcarce, “cuyo brazo qual rayo fulminante/Fue sostén de la patria vacilante”, nada dice de Martín Miguel de Güemes, quien en realidad fue quien combatió con 800 gauchos contra el capitán realista José de Córdoba, con 1200 soldados, porque los militares porteños se encontraban a unas leguas cuando estalló el fragor de las lanzas y arcabuces -como un par de años después se hablaba en la Gazeta de “paisanos” que defendían la frontera del Alto Perú, en vez de gauchos, para disgusto de San Martín y Belgrano.

Desapareció el 12 de septiembre de 1821, cuando Rivadavia decidió sustituirla por el Registro Oficial,  aunque perduría hasta 1852 con Rosas, reconvertida a boletín oficial. La Gazeta de Buenos-Ayres tiene novedades para contarnos, no en sus farrogosos textos abogadiles, sino entrelíneas, en la información detallada de los comerciantes ingleses, uno de los polos previstos del acercamiento económico contenido en el Plan de Operaciones, en sintonía librecambista, o en la publicación de los supresión de honores, con tintes igualitarios, en un gobierno que ordenaba a sus ejércitos la captura de pabellones para ser exhibidos en las salas reservadas del Cabildo. La Gazeta es un periódico menos informativo que adoctrinador, menos liberal que faccioso, ¿un modelo de la prensa libre e independiente? “Si el periodismo se inicia allí, incluso si siempre está iniciándose allí -reflexiona González- debe ocultar las razones y formas de ese inicio”

 

Fuentes: González, H. Historia conjetural del periodismo. Buenos Aires: Colihue. 2013; Alonso Piñeiro, A. El periodismo porteño en la época de la Independencia. Buenos Aires: Academia Nacional del Periodismo. 2008; Cremonte, N. La Gazeta de Buenos-Ayres de 1810. Luces y sombras de la ilustración revolucionaria. La Plata: Editorial de la Universidad de Buenos Aires. 2010

Fecha de Publicación: 07/06/2021

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