clima-header

Buenos Aires - - Sábado 28 De Mayo

Home Argentina Historia Fray Mamerto Esquiú. Basta ya de palabras, que no han salvado a la Patria

Fray Mamerto Esquiú. Basta ya de palabras, que no han salvado a la Patria

El Orador de la Constitución, el franciscano que bregó por el respeto de las leyes y las instituciones, la formación de ciudadanos y la función pública desinteresada. Con una muerte aún sospechosa y un corazón perdido.

Historia
Fray Mamerto Esquiú

“Yo no puedo darme lujos porque este dinero no es mío, es de los pobres”, comentaba Fray Mamerto Esquiú a su secretario Pedro Anglada, mirando los paisajes cordobeses, próximo a llegar a La Rioja, acodado en un vagón de segunda, la fatídica navidad de 1882. Esta brillante mente que formó a la Generación del 80, con una mirada federal y católica, enraizada a las tradiciones de tierra adentro, en el humo de sus cigarros criollos, recordaría cómo desafío a los presidentes Sarmiento y Roca, y sus tiempos de legislador catamarqueño, enfrentado a los porteños. O el viaje por Tierra Santa precedido de un prestigio internacional dentro de la Iglesia. A Esquiú poco importaban los honores y los lujos. Más ese diciembre que la sed no amainaba aunque no dejaba pueblito sin visitar y los gauchos no creían que el obispo de Córdoba, austero y sin joyas, compartiera un locro. El 8 de enero decide retornar en galera a la Docta. Los dolores se acrecientan, quedan dos días más de aliento al Fray Esquiú, se avecina el punto final de una trayectoria pública que entendió a la política como apostolado y ejercicio de caridad. "Obedeced , señores, sin sumisión no hay ley, sin leyes no hay Patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente a la República Argentina", palabras dichas por el religioso en 1853, en un atrio de Catamarca, que atronan vigentes en nuestras mentes.

Fray Mamerto Esquiú

El actual beato de la Iglesia Católica Fray Mamerto Esquiú, ungido por el actual Papa Francisco I en septiembre de 2021, “fue un celoso anunciador de la Palabra de Dios para la edificación de la comunidad eclesial y también de la civil. Que su ejemplo nos ayude a unir siempre la oración y el apostolado y a servir a la paz y a la fraternidad”, señaló el sumo pontífice Bergoglio; nació en Piedra Blanca, Catamarca, el 11 de mayo de 1826. “Seis éramos los hijos venturosos de estos padres tiernos que, son bienes de fortuna y en humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud… y en las dulzuras de una vida abocada a su familia y a Dios…salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha, pero avara sin medida del sudor de su anciana frente”, recordaba Esquiú, hijo de un veterano soldado realista que se rindió a Martín Miguel de Güemes. El futuro canonizado por Roma no olvidaría estas vivencias de una existencia sacrificada y entre pobres, en chacras míseras.

A los cinco años, su madre lo vistió con el hábito de San Francisco, en cumplimiento de una promesa porque Mamerto nació gravemente enfermo. Apenas con diez entró al convento franciscano de Catamarca,  ”no hay hijo de un labriego catamaqueño que no haya en aquellos años aprendido latín. Fue fundada [la Clase de Gramática Latina en el Convento de Catamarca] por el Padre Ramón de la Quintana, que había antes figurado entre los Recoletos de Buenos Aires y que traía desde España su alta reputación como latinista”, en los diarios de Nicolás Avellaneda. Dio pruebas Esquiú de inusual inteligencia, especializándose en latín, y, con menos de veinte años, dirigió la escuela primaria del convento. “Sin educación no hay progreso, no hay instituciones, no hay leyes, no hay civilización, no hay nada”, escribiría luego quien en 1848 fue ordenado sacerdote, con una dispensa de edad, y el 15 de mayo de 1849 oficiaría su primera misa, “He venido Padre a decirle que la cátedra del Espíritu Santo no es para esparcir flores, sino para enseñar verdades”, lanzó un orador de excepción de la Argentina posterior a Caseros. Tenía 23 años.

“Obeced, señores”

El 9 de julio de 1853 los antiliberales catamarqueños convocaron a Fray Esquiú, pensando que condenaría duramente la libertad de cultos que proclamaba la Constitución Nacional sancionada meses antes. Apenas hacía 37 años que Argentina se había declarado independiente, casi el mismo tiempo que estaba en guerra civil.  Pero lo que escucharon aquellos que pretendían desunir fue una de las piezas magistrales de la política argentina, “Nos alegramos de vuestra gloria”, “¡Argentinos! Es por esto, que al encontraros en la solemne situación de un pueblo que se incorpora, que se pone de pie, para entrar dignamente en el gran cuadro de las naciones, la Religión os felicita, y como ministro suyo os vengo a saludar en el día más grande y célebre con el doble grandor de lo pasado y de lo presente, en el día en que se reúne la majestad del tiempo con el halago de las esperanzas", arremetía Esquiú en este llamado a la mancomunión cívica que fue reimpreso varias veces, desde Urquiza a Perón, “"La libertad sola, la independencia pura no ofrecían más que choque, disolución, nada; pero cuando los pueblos, pasado el vértigo consiguiente a una transformación inmensa, sosegada la efervescencia de mil intereses encontrados y excitados por un hombre de la providencia, se aúnan y levantan sobre su cabeza el libro de la Ley, y vienen todos trayendo el don de sus fuerzas, e inmolando una parte de sus libertades individuales, entonces existe una creación magnífica que rebosa vida, fuerza, gloria y prosperidad: entonces la vista se espacia hasta las profundidades de un lejano porvenir…el inmenso don de la Constitución hecho a nosotros no sería más que el guante tirado a la arena, si no hay en lo sucesivo inmovilidad y sumisión; inmovilidad por parte de ella y sumisión por parte de nosotros", remataba con el aplauso cerrado, implorando, rezando en el desierto, “obeced, señores”. Buenos Aires, en tanto, se separaba de la Confederación Argentina.

Vendrían otros sermones medulares, como el emitido el 28 de marzo de 1854  para la asunción del presidente Urquiza,”una emanación de la ley y de la justicia", y una febril actividad pública representando los intereses de los campesinos, en convenciones y legislatura provincial. Sin descuidar sus ya famosas clases de teología, que formarían por lustros a varios futuros líderes del resurgimiento del catolicismo, por ejemplo Indalecio Gómez -cerebro de la Ley Saénz Peña-. En estas tareas públicas adelantaría las ideas luego plasmadas en un proyecto constitucional de 1878, con polémicas ya que además de incluir la propuesta del voto calificado, “Todo ciudadano argentino idóneo es elector en los comicios” -no tan lejano al pensamiento de la Generación del 80-, propondría la “honradez cívica” como vara para ejercer la función pública, y aquellos que “proceden del sufragio popular deben ser gratuitos en todo o en parte”. Además limitaba la influencia presidencialista y de los gobernadores, fortalecía el ámbito judicial y separaba tajantemente Iglesia y Estado. Fray Esquiú era respetado y temido en los círculos hegemónicos por su arrastre popular; además por su constante prédica federal en los diarios, colaborador aguerrido del primer periódico catamarqueño, El Ambato. Varios respiraron aliviados cuando Mamerto decide viajar con fines aparentes de estudio a Tarija, Bolivia. Porque después de la derrota de la Confederación Argentina en la batalla de Pavón (1861), Esquiú publicó en El Ambato, "Aquí yace la Confederación Argentina, a manos de la traición, la mentira y el miedo. ¡Que la tierra porteña le sea leve!"

“La agitación de los partidos se convierte en guerra”

Siguió luego camino a Sucre y funda periodicos bolivianos que defienden la causa del catolicismo ante el avance de gobiernos sudamericanos liberales. Sus artículos llegaban hasta Roma, se hablaba en las órdenes de la erudición descollante del cura latinoamericano, y visitaría la Santa Sede en 1876, camino Jerusalén. Antes el presidente Sarmiento, por consejo de Avellaneda, le había ofrecido el arzobispado de Buenos Aires, cargo que no aceptó, alternando viajes a Perú y Ecuador. Recién regresaría definitivamente al país en 1878, a Catamarca, y retoma las giras pastorales por el Norte.

"Cuando no es guerra cruenta es guerra fría o guerra civil como la que actualmente experimentamos”, en la homilía que puso los pelos de punta a Roca y Avellaneda, en la Catedral porteña, en la misa posterior a la federalización de Buenos Aires en 1880. Y encontraba la madre de todos los males, frente a quienes diseñaron la partidocracia criolla, "La agitación de los partidos se convierte en guerra,y la  guerra civil es la muerte" Poca simpatía despertó en el Río de la Plata, menos en Córdoba, donde asume de obispo a pedido del Papa León XIII. Poco afecto a los honores, Mamerto se dedica exclusivamente a la enseñanza, “La piedad no reprueba la ciencia, sino la vana hinchazón y jactancia de la ciencia –precisa el Beato Esquiú–. No negamos su valor y hermosura, antes reconocemos con nuestros grandes teólogos que en el orden sobrenatural las virtudes intelectuales son de mayor precio que las morales”; y atender los problemas sociales, en medio de un provincia que aún persiste la influencia liberal de los Juárez Celman. “Recorra las calles de la ciudad. Aquella casa en que vea entrar o salir una inmensa multitud de pobres y menesterosos, esa es la casa del obispo”, indicaban en la capital provincial a los medios nacionales que retrataban la popularidad del cura catamarqueño, y Río Cuarto, Río Segundo, Tulumba, Jesús María, Bell-Ville, entre otros pueblos serranos, fueron testigos de la presencia paternal de Fray Mamerto. Hasta que la gira pastoral se detuvo en la Posta del Suncho -hoy Estación Esquiú-, Catamarca, el 10 de enero de 1883, y falleció el Orador de la Constitución, quien clamaría meses antes, “basta ya de palabras, que no han salvado a la Patria”.

Hubo duelo nacional por tres días que se extendió a Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Paraguay, Uruguay, lo mismo que en diversas partes de Italia, Jerusalén, Nazaret y Alejandría. Hubo un entierro en la estación Avellaneda, a cien kilómetros de Córdoba capital, pero el gobierno nacional dispuso su traslado a la catedral serrana, donde se lo veló hasta el 7 de febrero. Casi un mes el cuerpo de Esquiú estuvo expuesto mientras se realizaban autopsias, encargadas por el mismo presidente Roca, ya que sospechaba de envenanemiento. La ascendente masonería,  o enemigos políticos, que los tuvo Mamerto desde que criticó a todos los presidentes desde Mitre, eran probables sindicados. Tampoco debe obviarse su mal vista influencia en los sectores rurales pobres. Si bien jamás se pudo determinar la causa de la repetina muerte, los forenses estatales concordaron que fue por motivos naturales (sic) Asombrados por un corazón que permanecía intacto, lo entregaron a los familiares, que lo cedieron en la orden fransciscana. Ellos lo depositarían en el convento de Catamarca, en un relicario desde 1943. Al alcance de todos. Robado y recuperado en los noventa, en 2008 un joven lo sustrajo y arrojó el corazón de Esquiú a la basura, según dijo. Como tantos otros santos de la iglesia católica,y sumándose a la necrofilia argentina, el beato Fray Mamerto espera el día del descanso.

“Por qué -nuestra- generación no ha de tener exclusivamente el derecho de iniciar a la que viene en sus principios,en sus creencias, en sus dogmas, enseñanza sublime que liga lo pasado con lo venidero y que concreta en un punto todos los siglos?”, cuestionaba en uno de sus últimos sermones Fray Mamerto Esquiú, abogando el Apóstol de la Constitución que la solución a los problemas argentinos anidaba en los argentinos, no cruzando el Atlántico ni viajando a Washington. Eso aró quizá su mente en la Posta de Pozo del Suncho, entre paisanos, en 1883.

 

Fuentes: Bazán, A. R. Esquiú. Apóstol y Ciudadano. Buenos Aires: emecé. 1996; Dana Montaño, S. M. Las ideas políticas de Fray Mamerto Esquiú en revista Estudios De Derecho 41. Buenos Aires. 1982; Costumbres del venerable Esquiú en esquiu.com; fraymamertoesquiu.org.ar; Di Stéfano, R. Zanatta, L. Historia de la Iglesia Argentina. Buenos Aires: Grijalbo Mondadori. 2000

Imágenes: Radio Nacional / Casa de Catamarca

Fecha de Publicación: 11/05/2022

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

camino real en fray Qué es el Camino Real de Fray
roverano Conocé al encargado del edificio centenario donde el Papa Francisco se cortaba el pelo

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Arte y Literatura
Diego A. Fleischer Diego A. Fleischer. Lo que me inquieta es lo que no hay

El guionista y escritor de vuelo internacional presenta su primer libro de poemas, que recoge treint...

Espectáculos
Pavlovsky Pavlovsky por Pavlovsky. Una biografía comentada

Actor y dramaturgo, creador del Psicodrama Psicoanalítico, su producción artística va mostrando los...

Arte y Literatura
Juan Carlos Distéfano Juan Carlos Distéfano. Escultor de lo que pasa en la calle

El artista argentino hace una crónica cruda y bella de los sucesos de un pueblo. “La memoria residua...

Espectáculos
Soda Stereo Soda Stereo ¿Nada más queda?

Charly Alberti y Zeta Bosio tocaron en el Movistar Arena junto a sus músicos, una noche con situacio...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades