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El turco, el ruso y el tano: Parte I

A principios del siglo XX, se acuñaron muchas definiciones que identificaban a las personas nacidas fuera del país. La incesante y diversa inmigración, generó en los criollos catastróficas confusiones.

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Algunas de las nociones más absurdas respecto a la percepción histórica, se transmiten de boca en boca. Suelen basarse en equívocos que a primera vista parecen superfluos, propios de nuestra forma de hablar. Lo que pasa es que muchos se asientan en errores conceptuales, gramaticales o semánticos, que terminan causando enormes desconciertos. He aquí uno de los ejemplos más comunes: el caso del gentilicio “turco” que, de manera casi grosera, suele aplicarse como sinónimo de “árabe”. ¿Qué hay detrás de un dato que a la mayoría de los argentinos nos parece tan natural?

Durante estos diez últimos años miles de turistas partieron del Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini (Ezeiza), a fin de arribar a un destino alucinante: la ciudad de Estambul. Pese a los vaivenes económicos de ambos países, Turquía se ha transformado en uno de los más importantes destinos para compañías aéreas, hoteleras y guías de turismo.

Lo cierto es que en el gran país oriental, no únicamente se pueden visitar famosas construcciones bizantinas como Santa Sofía, sino también otras muchas de origen otomano, como la Mezquita Azul o la famosa Torre Gálata, ubicada en el barrio antiguo. Recorriendo el Bósforo, es posible adentrarse además en las aguas que unen el Mediterráneo con el Mar Negro, donde Asia se separa definitivamente de Europa.

Los actuales guías así como los griegos clásicos cuentan desde hace más de dos milenios, que existía una comarca muy al Oriente a la que llamaban Cólquide. Ahí se escondía el Vellocino de Oro, no muy lejos de las ciudades más antiguas del mundo. ¿Qué más se le puede pedir a un país que se atrevió a unir Europa y Asia construyendo un puente a través del mar?

Sin embargo, todas las maravillas que el turista de estas latitudes persigue, poco tienen que ver con “nuestro turco de Floresta”. Gracias, además, a la tan especial afición que los argentinos adquirieron hacia las "telenovelas ambientadas en Estambul",  apareció una imagen de Medio Oriente que poco y nada tiene que ver con la verdadera inmigración que llegó a nuestro país hace más de cien años.

Lo cierto es que aquellas tierras del Bósforo y el Mar Negro, fueron muy extensas y sus habitantes tuvieron mucha presencia. Pero todo cambió a partir de un hecho fundamental: la Toma de Constantinopla (llamada hoy Estambul), en manos, precisamente, de los turcos en 1453.

Una vez que apareció en escena, el Imperio Otomano atravesó la sociedad de los países islámicos desde el siglo XV en adelante. Tanto es así que, en un momento, la mayoría de las naciones árabes estaban sometidas a su inmenso poder.

Es importante determinar en este punto, que los habitantes de la actual Turquía no sólo hablan otro idioma distinto del árabe, sino que sus componentes étnicos tienen origen en territorios que, desde el punto de vista geográfico, se encuentran muy lejos de los países de África y Medio Oriente.

Conquistar a los musulmanes instalados desde el siglo VII en toda la región, fue un proceso que duró muchos años. Tenemos que pensar que esta situación, afectó a todo el Mediterráneo Oriental hasta finalizada la Primera Guerra Mundial. En esos días ciertos acuerdos con las potencias europeas que perdieron el conflicto, hicieron que los sultanes de Estambul decayeran. La revolución civil y el crepúsculo económico, llevó al poder a un movimiento revolucionario y modernista liderado por Mustafá Kemal Atatürk. Este tan sobresaliente personaje, llegó a ser Primer Ministro de Turquía en 1921. Sus relaciones pasadas con el Mundo Islámico, sojuzgado por los sultanes (algo así como los “emperadores de los otomanos”), tomó nuevos rumbos, acordes al siglo XX.

Pero esta no es la promoción de un libro de viajes y mucho menos un relato de las conquistas sociales de Atatürk. Nuestra columna de hoy, habla de hombres y mujeres que llegaron del otro lado del globo. Tiene que ver con una realidad mucho más nuestra: ¿cómo afectó la llegada masiva de personas extranjeras a la Argentina?

El fenómeno de la inmigración, muy intenso entre los últimos años del siglo XIX hasta mediados del XX, tendría gran cantidad de aspectos sociales, laborales y humanos, todos tan importantes que siempre resulta difícil abarcarlos completamente.

Pese a estas razones tan sólidas, quizás la gramática parezca una nimiedad. Descartando tal prejuicio, debemos decir que el idioma, sobre todo en Buenos Aires, se vería profundamente afectado. El Puerto, los barrios de Once, Almagro y Floresta se transformarían de pronto en la usina de muchas de las expresiones y modismos más exóticos que suelen citarse al recrear la desordenada lingüística de entonces.

El desconcierto respecto a la gente que venía de más allá de los Balcanes, principalmente a los árabes que esperaban instalarse en la Argentina, dura hasta hoy.

Por esta razón tan simple, debemos recordar que el vocablo “turco” en Argentina y otras naciones de Latinoamérica, alude a muchos de los inmigrantes árabes que llegaban a estas costas con pasaporte del Imperio Otomano.

Surge de tal apodo, “turco”, una relación bastante discutible. Los inmigrantes provenientes de los países árabes, incluyendo entre ellos a armenios, maronitas y judíos sefaraditas, en realidad huían de las calamidades que el imperio había desatado en sus antiguas naciones.

De esto se deduce con claridad que los términos turco y árabe no son sinónimos.

Volviendo a la controversia de los pasaportes otomanos que gran cantidad de sirios y libaneses traían como documentación, nuevas dudas se presentan al hablar del Mundo Árabe, que tan frecuentemente suele confundirse con el Mundo Islámico.

Mucho tardó, después de la Primera Gran Guerra, la conformación cartográfica moderna de Medio Oriente. Sin embargo,  la práctica religiosa mayoritaria, que tanto entre turcos y árabes resulta ser la misma, puede confundirnos.

A la hora de definir a ambos grupos, no se debería aplicar la etimología de la palabra árabe como referencia teológica, porque refiere a quienes hablan esta lengua y no estrictamente a quienes practican una religión.

El intríngulis no deja de ser una cuestión cultural. Siguiendo su extensa cronología, podemos ver que en el Mundo Árabe de hoy, igual que en el pasado, se hablan precisamente idiomas arábigos, en cualquiera de sus regionalismos y jergas, marcando una diferencia fundamental con el Mundo Islámico, donde se practica la religión musulmana pero no siempre se hablan lenguas arábigas.

Estos componentes fueron bajísimos en los tiempos de la gran inmigración local.

Para prueba, basta un botón. Preguntemos entre nuestros conocidos de origen árabe, ¿quiénes entre sus abuelos no llegaron de Siria o del Líbano?

Don Jairo, el de la sedería. Don Marón, que heredó la carnicería de su padre. Doña Fátima que vende trigo burgol en su tradicional tienda de especias ubicada en avenida Scalabrini Ortiz… Todos ellos seguramente, recordarán a sus ancestros llegados de Damasco o Beirut, cuando aquellas ciudades eran los verdaderos tesoros del Mediterráneo Oriental.

Mundo-Islámico
EL Mundo Islámico comparte con el árabe la religión islámica, por eso son musulmanes. Pero los idiomas que hablan son diversos. Las Repúblicas Islámicas de Irán y Pakistán, por su parte, son las que dan comienzo a la periferia geográfica del pensamiento musulmán oriental. En estos senderos se inicia el trayecto que siguió la expansión religiosa iniciada en tiempos de los Rajás y Pashás cuyo poder llegó hasta el Ganges y aún más allá, hasta las Islas del Pacífico. Respecto al caso de Irán, hay que decir que es el resultado de una revolución social y cultural que extinguió al Imperio Persa en la segunda mitad del siglo XX. Ellos tampoco son árabes. Pakistán, por su parte, nació de la escisión de un territorio al norte de la India, justamente por razones ligadas a sus diferencias con el pensamiento hindú y a un conflicto limítrofe que subsiste en la región de Cachemira.

Fecha de Publicación: 19/01/2020

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Comentarios


Por: JO 19 enero, 2020

GRACIAS. TODOS TENEMOS UN AMIGO CON SANGRE TURCA, QUE AHORA SABEMOS QUE ES ÁRABE. EXCELENTE PROFESOR

Por: Juan de Capital 19 enero, 2020

Muy bueno!

Por: carlos 19 enero, 2020

El mosaico étnico de los argentinos

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