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Buenos Aires - - Sábado 02 De Julio

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El Telégrafo de Buenos Aires. El primer gran diario argentino

En el Día del Periodista damos vuelta la página y nos vamos a una quijotesca empresa del español Cabello que dio origen el periodismo nacional. Fogonazos en tipos de plomo del espíritu polemista, desacatado y satírico que nos caracteriza.

Historia
El primer gran diario argentino

El 7 de junio se conmemora el Día del Periodista, a virtud de la aparición de la Gazeta de Buenos Ayres impulsada por el primer gobierno patrio, y se valora, además, la figura de Mariano Moreno, su ideólogo más que redactor. La hora cero de la prensa que atesora grandes mentes y plumas como Bartolomé Mitre, Rodolfo Walsh y Sara Gallardo, entre varios que construyeron “tribuna de doctrina” o “un toque de atención a los problemas argentinos”.  Sin embargo no fue el primer paso de la prensa patria. Nueve años antes el atrevido Francisco Antonio Cabello y Mesa, salido más de una novela de Emilio Salgari que de los anales del periodismo, sacó a la calle, y al café, el Telégrafo Mercantil Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata. Y si bien era español, y rogó el apoyo de los virreyes, dio cabida a quienes alumbrarían el camino de Mayo en la política y las artes. Abrió el campo de batalla de los sueños criollos de Manuel Belgrano y Manuel de Labardén. Además puso los puntos sobre las íes contra el colonialismo caduco, se atrevió llamar a los porteños “zánganos” y a sus mujeres “haraganas y derrochonas”, y a los realistas, en Montevideo, que “se escondían detrás del mástil para evitar las balas inglesas”. El Telégrafo de Cabello inauguró la larga avenida de los diarios facciosos rioplatenses que aún resuena en las redes. Tan moderno resulta que Cabello utilizó de nombre para su diario a un aparato que es el abuelo de internet. Quizá la ausencia de Cabello en el día del periodismo sea porque su pluma no era precisamente virtuosa, falta de competencia profesional, o la vida plagada de aventuras. Ahora bien, ¿en la Argentina no fue siempre condición necesaria ser aventurero, un poco inconsciente, para fundar un medio de comunicación?

Gazeta de Buenos Ayres

La historia del periodismo criollo no solamente nace lejos del Río de la Plata, la imprenta vino desde Córdoba, confiscada a los jesuitas, sino que hubo antecedentes anteriores, más allá de las noticias manuscritas que circulaban en el virreinato austral. Y que mucho tiene que ver con la inventiva americana. La primera imprenta funcionó en las misiones jesuíticas del Paraguay hacia 1700, construída por los propios americanos, tal como lo señaló tempranamente Pedro de Angelis. Mitre da el tono poético, “nació, o renació en medio de las selvas vírgenes, como una minerva indígena armada de todas sus piezas, con tipos de su fabricación, manejados por indios salvajes…con nuevos signos fonéticos de su invención, hablando una lengua desconocida en el Viejo Mundo, y un misterio envuelve su principio y fin”, con el fin de imprimir material religioso, pero que también sirvió a los fines de la revuelta de los comuneros en Asunción en 1727.

Expositos

Este halo libertario, asociado a la prensa con el Siglo de las Luces, fue el que poseía  la Imprenta de los Niños Expósitos en 1780, que los jesuitas la habían importado de Chile, y que por un pago -vil- de mil pesos pasó a la Buenos Aires del progresista virrey -americano- Vértiz. Pensada en principio como fuente para solventar el orfanato, no solamente imprimió la primera necesidad de la pesada burocracia española, los cientos de bandos y actas, sino que a partir del 8 de enero de 1781 comenzó a brindar noticias en páginas sueltas. También se destinó a editar material religioso y educativo habiendo que esperar a 1810 para que publique el primer libro significativo de su tiempo, “El Contrato Social” de Rousseau a pedido de Mariano Moreno. Por cincuenta años fue ésta la imprenta de la Patria.

Contrato Social

Belgrano, padre del periodismo argentino

Cabello triunfa donde Santiago de Liniers fracasa. No hablamos del líder de la Reconquista (1806) y Defensa (1807) a las Invasiones Británicas, sino al hermano mayor que en 1791 solicita al Virrey Arredondo permiso de publicar La Gazeta de Buenos Ayres, señalando la “penosa” realidad de una capital sin prensa, cuando ya existían en México y Lima. Pero aún las autoridades virreinales desconfían de la posibilidad de otorgar una leve posibilidad de expresión y la propuesta será olvidada hasta que entra en escena Cabello. En el medio, Manuel Belgrano envía artículos desde el consulado porteño al Correo Mercantil de España e Indias, impreso en Europa. Por lo que cabe a Belgrano ser el padre del periodismo argentino.

Curiosamente en los planes de Cabello, militar de a ratos, minero en otros,aventurero de tiempo completo, no cuajaban volver a inmiscuirse en el periodismo. Para 1800 se encontraba en Buenos Aires de paso a España luego de una fracasada empresa en Perú, “Diario de Lima, curioso, erudito, económico y comercial” (1790). Duraría tres años Cabello con la hostilidad del virrey, y en el Río de la Plata, encara un proyecto distinto, centrado en la ciudad, con una regularidad de dos veces a la semana, no un periódico, y que una “sociedad patriótica” ad hoc respaldara los contenidos -que se replicaría en el célebre y revolucionario Café de Marco, encendiendo el Sol del 25. Entre los integrantes del Telégrafo se encontraban Martín Altoaguirre, gran amigo de Belgrano, Juan José Paso, Labardén (el poeta autor de la tragedia “Siripo”, primera pieza de teatro nacional, y que publicaría en el primer número la “Oda al Paraná”, versos fundadores de la poesía argentina), Antonio Escalada (futuro suegro de San Martín), el Deán Gregorio Funes, Domingo de Azcuénaga (el primer fabulista nacional), y otros más que tendrían primera fila en la Independencia. Las páginas del Telégrafo fueron escuela y tribuna; una verdadera ventana al huracán de nuevos derechos del hombre. Un espacio de expresión para los jóvenes rioplatenses revolucionarios, “establecido en Buenos Aires, mi periódico la despertará de su soporación, removerá sus genios sublimes, los hará diligentes benéficos y animosos”,  adelantaba en pos de la aprobación de los censores inquisidores, y donde también se daba lugar a la poesía, las notas de color, la información general, y las notas que quizás importaban más, el comercio en los territorios del virreinato. Es de enorme utilidad hoy para estudiar el paisaje bonaerense casi virgen:  según nota del 11 de octubre de 1801, en la zona del bañado de Quilmes, se podían cazar vizcachas, venados, zorros, zorrillos, nutrias (muy abundantes en las costas y arroyos del Riachuelo), perros cimarrones (cuyos cueros sirven para hacer botas), cisnes, perdices y gaviotas por sus plumas.

El número 1 apareció el  1 de abril de 1801 con 145 suscriptores en Buenos Aires y 101 “forasteros”, nada mal para una empresa que prometía elevar a la aldea de poco más de 30 almas, quizá con 3 mil alfabetos, a la par la “iluminada Europa”. Tuvo 110 números ordinarios hasta el 17 de octubre de 1802, junto con dos suplementos y trece números extraordinarios, y llegó a Potosí, Cochabamba, Montevideo, Salta, Córdoba, Paraguay y obispos  del  virreinato, al principio los miércoles y sábados, 16 páginas, y en los últimos meses, solo dominical. Para los vecinos de Buenos Aires, la suscripción era de 2 pesos mensuales; las del interior, 20 reales por cuatro meses, y los forasteros debían abonar en oro. El Café del Colegio, el Billar de Don José Mestres, la Pulpería de Don Pablo Vilarino, entre otros puntos de encuentros, estaban entre los suscriptores; al igual que las familias que serían cuna de patriotas como Arenales y Beruti. Desde un local anexo a la Iglesia de la Merced (actual Reconquista al 200), el equipo de trabajo junto a Cabello eran el ti­pó­gra­fo Agus­tín Ga­rri­gós;  Juan An­to­nio Bar­gas, en­car­ga­do de co­brar las sus­crip­cio­nes; y An­to­nio Or­tiz y Jo­seph Fer­nán­dez Cu­tie­llos, res­pon­sa­bles de la dis­tri­bu­ción.

Otros colaboradores asiduos en las columnas fueron Juan Jo­sé Cas­te­lli, Luis Cho­rroa­rín, Ma­nuel Me­dra­no y el na­tu­ralis­ta Ta­deo Haen­ke. Tal diversidad de firmas, y saberes -un máquina para limpiar el trigo, el primer invento argentino, fue anunciada en el Telégrafo-, respondía al proyecto enciclopédico de Cabello, tanto que los ejemplares estaban pensados para la encuadernación, con miras de biblioteca. En este sentido, a fines de 1801, la primera discusión historiográfica ocurrió en las páginas del diario porque Juan de Alsina sostenía que la fundación de Buenos Aires acontenció en 1536 mientras que José del Portillo negaba que aquello sea considerado con intencionalidad poblacional y la fecha correcta era tomar la de Juan de Garay, pero en 1575, como de fundación de la “Capital Argentina”. 

¿Ni la Historia podrá omitir?

Entre el alto nivel que exhibía la empresa periodística, y los derrapes de todo tipo de Cabello, “sin poseer luces, la seriedad de carácter y las cualidades literarias”, acota Juan María Gutiérrez, los suscriptores empiezan a decaer. “Al fin, llegase á morir de hambre este periódico, en su infancia, entre los brazos de sus patronos y en su misma patria, (ni) ésta, (ni) aquellos, ni la historia podrá omitir que su editor fue el primero y quien más ha trabajado sobre los márgenes del Paraná y del Rimac -río de Perú- para transplantar en estos países el buen gusto y los conocimientos de Europa”, cerraba con el Seminario de Agricultura, Industria y Comercio de Hipólito Vieytes, el primer editor criollo, pisándole los talones en 1802. Pésimo emprendedor, tampoco fue visionario Don Francisco, apenas recordado en una calle porteña.

Otros que talaban al díscolo Cabello eran las autoridades coloniales, que habían advertido que no sea “fosfórico”, lo contrario que sucedía con los artículos del mismo Cabello, que a medida que perdía lectores, se tornaba más ácido y más zumbón contra las normas y las autoridades. “Política. Circunstancias en que se halla la provincia de Buenos Aires e islas Malvinas y modo de repararse”, donde  se  cuestionaba  la  honra  de  las  damas  criollas  y  la  civilidad  porteña, del 8 de octubre de 1802, suele darse como motivo de la clausura del diario de Cabello. Sin embargo, como apunta Matías Maggio-Ramírez, quizá el motivo real no sea éste artículo, en fin una sátira más, ni las groserías a los médicos porteños o poner en ridículo la castidad de los canónigos, sino el explosivo artículo de mayo de 1802, en el cual dudaba de la valentía de los militares españoles. Así que el 17 de octubre, antes que se le retire la licencia de imprenta, consigue publicar el número de lacrimógena despedida, que entre otros temas incluye que Jenner en París había tenido éxito con la vacuna antivariólica, la misma que Saturnino Segurola aplicaría bajo un árbol del actual Parque Chacabuco solamente tres años después. Cabello abriría un bufet de abogados, pediría permiso para una lotería, colaboraría con Beresford, defendería Montevideo de Auchmuty, volvería a Europa y se pasaría el bando francés, escribiría dramas en la corte de Luis XVIII, regresaría a España pidiendo perdón a Fernando VIII y, algunos afirman, terminaría decapitado o fusilado en Sevilla, otros, le pierden el rastro del intrépido Cabello en 1831.

“Buenos Aires encierra [una] muchedumbre de individuos entregados a la embriaguez, al latrocinio, a la bribonería, a la mendicidad y a otros crímenes por el abatimiento de nuestro Comercio, de nuestra Agricultura, de nuestra Industria y Artes”, diagnosticaba Cabello y Mesa en 1800, y vaticinaba, mejor, que la constitución de la naciente sociedad civil americana se correspondía con una “antigua idea de conservar pobre, grosero, e ignorante al pueblo, en orden a su seguridad [...]; es un absurdo detestable”, una mirada descarnada de un funanbulesco español, padre del periodismo argentino, quien aspiró a la “felicidad pública” por más que le faltara un apellido patricio.

 

Fuentes: Sánchez Zinny, F. El periodismo en el Virreinato del Río de la Plata. Buenos Aires: Academia Nacional de Periodismo. 2008; Maggio-Ramírez, M. El Telégrafo Mercantil y el fomento de la civilidad. El nacimiento de la prensa de costumbres en el Buenos Aires virreinal en Historia y Comunicación Social 22. Ediciones Complutense. 2017. Madrid; De Marco, M. A. Historias de la Historia Argentina. Buenos Aires: Editorial El Ateneo. 2013

Imágenes: Buenos Aires / Pixabay

Fecha de Publicación: 07/06/2022

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