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El muerto sagrado

En 1880, el Partido Autonomista Nacional de Nicolás Avellaneda pidió la repatriación de los restos de San Martín, justo cuando la Argentina estaba al borde del desastre.

Historia
PORTADA HISTORIA (32)

No hay vencedores ni vencidos”, dijo Urquiza en 1859, tras la caída de Juan Manuel de Rosas y la Santa Federación. Tuvo lugar, a partir de ese tiempo, un largo proceso unificador. Pero una serie de fluctuaciones poco claras, antecedieron a la integración obligatoria de Buenos Aires a las provincias. Existía la necesidad de ver en la región un bloque político y económico estable en los próximos veinte años.

Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda fueron los rostros de la política nacional durante la década de 1880. Estos hombres habían sido presidentes. Avellaneda aún lo era. Viendo las complejas circunstancias que atravesaba el país, decidieron sellar un pacto antes de que las cosas fueran a empeorar. A pesar de sus notables diferencias, representaban también los acuerdos que se venían dando en el ámbito bonaerense.

Entre aquellos acuerdos, legales y electorales, apareció de pronto un proyecto con sabor a mitología. Una clase extraña de solución mágica que, quizás, podría aportar  a la conciliación nacional. Los tres presidentes de este período coincidieron en algo que los trascendió porque existía un único nombre capaz de resonar en las mentes de todos. Es como si se hubieran preguntado: “¿y si volvemos la mirada hacia San Martín?.

Evocar el pasado trae como resultado la empatía, la identificación con algo que fue mejor y, por supuesto, la imitación. “No será este libro el monumento histórico que en definitiva consagre a la inmortal memoria de San Martín”, dice Bartolomé Mitre en su “Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana”,  “pero pienso que aquellos a quienes toque erigirlo en el futuro, han de encontrar en él, entre los abundantes materiales que contiene, algunas piedras labradas, o desbastadas, con que establecer sólidamente sus fundamentos” (ver edición de Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1943).   

Créase o no, aún existían sectores que invocaban la mentada Traición a la Patria que había alentado Bernardino Rivadavia,  muerto en 1845. Casi cuatro décadas después, el fervor de muchos de sus partidarios seguía vivo. Dos revoluciones habían gritado a voces el nombre de ambas figuras, a fin de identificar sus distantes ideologías. La revolución de 1874 en Buenos Aires fue tan brutal como la de 1880.

Sin perder tiempo, la teoría se expuso en el Congreso. Únicamente un líder como San Martín, con la capacidad de comandar a miles de soldados en una guerra incierta, había logrado unir en su ejército a todo tipo de hombres para cruzar los Andes y liberar tanto Chile como Lima. ¿Qué significado tenía aquella imagen tan abstracta en una sociedad que ardía? San Martín fue capaz de sentar las bases de la independencia de un territorio que equivalía al mismísimo Imperio de Napoleón. Era la única referencia capaz de evocar (junto a las proezas de Manuel Belgrano), los llamados “tiempos heroicos”.

Estas razones, consecuentemente, confirmaron que el nombre de San Martín podía generar la pacificación del país, aún siendo el mismo al que Rivadavia había difamado.

A principios de 1880, Nicolás Avellaneda se encargó de rubricar la aprobación parlamentaria. Los restos de San Martín fueron trasladados lo más rápido posible a Buenos Aires. Asimismo, con la excusa de haber cumplido la última voluntad del héroe nacido en Yapeyú, su repatriación tuvo aspectos muy cuestionables.

Un 28 de mayo de aquel mismo año, a bordo del buque a vapor de la Armada Argentina "Basilio Villarino", los restos mortales de San Martín llegaron por fin a Buenos Aires. Habían sido embarcados en el puerto francés de El Havre. Entonces, cuando el buque apareció en el horizonte del Río de la Plata, al menos por ese instante, las diferencias entre los argentinos se lograron olvidar.

Cabe preguntarse aquí si la magia había dado resultado. La respuesta es un rotundo “no”.  La magia no existe. Pese al acuerdo que hubo entonces respecto a la figura de San Martín, comenzaba a tomar forma un rasgo particular que germinaba en la política argentina. Las autoridades nacionales recurrieron nada menos que a la memoria de un muerto célebre para sobrellevar los pesares sociales. Algo tan tenebroso, se transformó de pronto en un procedimiento útil.

Quizás fue entonces cuando comenzó aquello que algunos filósofos y sociólogos suelen  denominar “necrofilia política”. Es verdad que el último deseo de San Martín era descansar en Buenos Aires. Sin embargo, el manejo del asunto extralimitó el respeto que la ciudadanía le debía a su figura.

Poco antes, Avellaneda pidió la Conciliación de los Partidos. En este proceso la llegada del “Villarino” comenzó a convertirse en la bandera de sus discípulos. Sin embargo, pese a la labor de Avellaneda, el verdadero motor de todo este movimiento debía buscarse en la mente de Bartolomé Mitre. El acuerdo firmado en Buenos Aires con Avellaneda y Sarmiento, urgidos los tres por grandes diferencias, posicionó ventajosamente al próximo presidente: Julio Argentino Roca.

Lo cierto es que, así como el terreno resultó fértil para exhumar el tiempo de las batallas heroicas, también fue el más conveniente para armar una nueva fuerza política. El Partido Autonomista Nacional fundado también en esos momentos tan decisivos, llevó a Roca dos veces al poder.

Entre otras cosas, se recordaría a Roca por los cuestionables resultados de la Conquista del Desierto. Su significado sigue despertando acalorados debates. Incluso carecemos de referencias históricas sobre la visión de los pueblos indígenas afectados. Lo único que sabemos con certeza es que la cultura de entonces, mostró estos acontecimientos como la segunda gran gesta histórica después del Cruce de los Andes.

La Revolución de 1880 fue inevitable. Pese a los manejos del gobierno, Buenos Aires entró en crisis. Las soluciones mágicas siempre duran poco tiempo. Existió desde ese momento una suerte de “necrofilia” que es, ciertamente, “una enfermedad típicamente argentina, como el dulce de leche, la birome o las huellas digitales” (ver entrevista a Tomás Eloy Martínez, Perfil, 16 de octubre de 2006). Quizás el de San Martín sea el primer caso de utilización o manipulación ideológica de la muerte. “Desearía que mi corazón fuese depositado en Buenos Aires”, escribió San Martín en su testamento. Es verdad, pero el Partido Autonomista Nacional (surgido del Partido Nacional de Mitre y el Autonomista de Avellaneda) tomó nota de esto y armó una repatriación justo cuando la sociedad estaba al borde del desastre. Desde ese día y por cuarenta años, Argentina estuvo manejada por un único partido político.

La Conquista del Desierto no fue una reedición del Cruce de los Andes. Si bien se la intentó mostrar con la misma intensidad social e histórica, sus fundamentos fueron otros. En  “La segregación negada: cultura y discriminación social”, de Mario Margulis y Marcelo Urresti (Editorial Biblos – Buenos Aires, 1998), se puede comprender cuáles son las maneras de esconderse que tiene el segregacionismo.

Julio Argentino Roca, en 1902, viéndose atacado por otra serie de revueltas que peligraban su posición, exhumó los restos de Manuel Belgrano para ubicarlos en un mausoleo que se encuentra en el atrio de Santo Domingo. Para  la ceremonia, La Nación puso en vigencia una nueva edición de “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” de Bartolomé Mitre. Un hecho que, por supuesto, no es fortuito.

Fecha de Publicación: 25/08/2020

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Comentarios


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Por: JO 25 agosto, 2019

SI ESTE ES EL COMIENZO DE NUESTRA ADORACION A LOS MUERTOS ES MUY TRISTE QUE HAYAN USADO A SAN MARTÍN. LOS PRESIDENTES MITRE, SARMIENTO, AVELLANEDA Y ROCA ERAN LOS ÚNICOS VIVOS DE ESE PROCESO TAN DUDOSO........ DESPUES QUEREMOS QUE NOS VAYA BIEN. GRACIAS PROFE

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Por: Carlos 25 agosto, 2019

En respuesta a

Vieja costumbre ....

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Por: Jony 25 agosto, 2019

Muy interesante pensar que fue el primer muerto usado por los politicos. Se les venía todo abajo y trajeron al pobre San Martí para ver si podían hacer buena letra.........

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Por: Juan de Capital 25 agosto, 2019

se unieron el partido nacional de Mitre y el autónomo de Avellaneda y se hicieron un solo partido que estuvo 40 años. Gracias profe por la cita de Tomás Eloy Martínez

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