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El Grito de Alcorta. El agricultor no debe ser un oprimido ni un esclavo

La historia oficial habla del alzamiento de los chacareros contra los latifundistas como un hecho aislado y resuelto en 1912. Nuevas miradas hablan de la colisión entre proyectos de país aún latentes.

Historia

“¿Cómo estalla una huelga de agricultores?”, se preguntaba el profesor y abogado Francisco Netri, uno de los líderes del Grito de Alcorta del 25 de junio de 1912 en Santa Fe, ante un auditorio de chacareros propietarios pero también de arrendatarios y peones rurales, maestras, curas, jóvenes y niños, “Sigamos paso a paso el fenómeno, haciendo resaltar los elementos sicológicos. El agricultor llega allí, poco a poco, y se resuelve, cuando ya las circunstancias de hecho en las que actúa, le impedirán volver atrás. Como la pobre muchacha que apoyó sus labios sobre los del seductor, sin pensar para nada en el futuro sacrificio de su inocencia…así se llega a la huelga, como a lo inevitable”, sentenciaba Netri quien sería asesinado en 1916 por las mismas manos que mataron en el Congreso de la Nación a Enzo Bordabehere en 1935, en palabras de Lisandro de la Torre. En Rosario para detener la influencia de la pujante Federación Agraria Argentina, en Buenos Aires veinte años después para congelar el debate de la carne.

El millionaire terrateniente Carlos Guerrero ante la Sociedad Rural Argentina instaba en 1914 a controlar a los “chacareros que plantaron la semilla de la insubordinación social” mientras el mayor productor de Angus, y poseedor de miles de hectáreas en la rica pampa húmeda, alababa a las empresas frigoríficas extranjeras, que engullían más y más carne a costa de los explotados chacareros que plantaban más y más alfalfa gratis. No solamente a ellos unía la desmedida renta sobre su trabajo de agricultores, ni el avasallamiento de sus derechos de pequeños capitalistas,  en su mayoría inmigrantes que también gritaron en Buenos Aires, Córdoba y más provincias, sino el sentimiento de injusticia e fraternidad que apalancaría la democracia de masas. Y que dinamitaría el regimen conservador. Desde adentro como lo hicieron Roque Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen.        

 

La Gran Estancia en crisis

La revuelta que se extendió reguero de pólvora en la Argentina del ganado y las mieses durante tres meses estaba en el mismo nacimiento de la transformación acelerada del campo argentino, orientado a fines del siglo XIX a las necesidades de la ganadería. Ya había fracasado los proyectos sarmientinos de colonias agrícolas, “mi programa de gobierno es simple: hacer cien Chivilcoy”, alambrado por el avance terrateniente. El papel decisivo de los frigoríficos ingleses, quienes además detentaban los medios de transporte, los 30 mil kilómetros de ferrocarril que convergían casi todos a Buenos Aires, subordinó a la economía nacional a la monoproducción ganadera, dejando de lado la agricultura pese a que increíblemente las cosechas de trigo, maíz, lino y avena había aumentado en treinta años un 350%. Este fenómeno debe mucho a las colonias de inmigrantes que surgían fuertes en 1870, con suizos, italianos, españoles y judíos diseminados mayormente en Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba, y decaen, también tremendamente, cuando se acaban las tierras –fértiles- para alambrar en la pampa húmeda y el litoral. De allí la fenomenal alza de precios de la tierra que liquidó los sueños de los inmigrantes, “la pobre muchacha” de Netri, que arribaban esperanzados en oleadas –y muchos, desilusionados con los patrones argentinos y un Estado ausente, se irían. En 1892 el alfalfado descubierto por un estanciero bonaerense, Benigno del Carril, solucionaba en parte este problema ya que proponía “arrendar a los chacareros italianos” (sic) por el término de tres años con la obligación de dejar sembrado –gratis- el terreno. De esta manera habría una alta rotación de manos, además compitiendo con la ostensible mecanización agrícola, trabajando para pocos patrones. Y para las vaquitas que “destruyeron al pequeño agricultor independiente”, en palabras del investigador chileno James Scobie.     

Esto no acaba allí. Los noveles arrendatarios, que ya no eran los primeros colonos anteriores a 1893 por la falta de propiedad, aunque luego a todos se los subsumiría –mal- como chacareros,  debían sembrar a riesgo propio y embolsar lo cosechado, alquilar a los propietarios arados y trilladoras, comprar en el almacén del patrón, dejarle un tercio la producción al dueño –en 1911 sería más de la mitad, agravado por una cosecha desastrosa- , y les estaba prohibido criar ganado ni caballar.  Estas son las coordenadas de la Pampa Gringa, que sin embargo se venía resistiendo a los atropellos desde 1877, forma la Unión Agraria en los 90, al calor de los levantamientos radicales, y para ese invierno de 1912 contaba con una larga experiencia en sublevaciones en Helvecia, Gálvez, Rafaela, Esperanza y varios pueblos santafesinos. Todas las flechas apuntaban a Santa Fe, que además poseía una clase media agraria politizada e instruída, varios ya primera generación de argentinos.   

 

Aspecto imponente de chacareros sublevados a sulky

“”Los agricultores de “La Adela” y “La Sepultura” (sic) formaban una caravana de sulkys que cubría tres kilómetros del camino”, testimonia la carta que don Nazareno Lucantoni, un agricultor, dejara entre sus memorias del día 25 de junio de 1912 en que la Asamblea anunciaría la huelga general de los colonos y el nuevo proyecto de arrendamiento y aparcería”, señalan Karina Bidaseca y Pablo Lapegna, y suman la crónica del diario La Capital rosarino del suceso que se convocó en la Sociedad Italiana de Alcorta, con la asistencia de dos mil pequeños agrarios de la revuelta que se había iniciado en Firmat unos días antes, “El aspecto era imponente, pues aquella gran masa de hombres acostumbrados a empuñar el arado, convertida en asamblea deliberativa, causaba una impresión casi exótica y semejante en algo a las que producen en el ánimo del observador, los grandes concursos populares en que se debaten las cuestiones ideológicas, de índole política o doctrinaria, en pro del surgimiento de las colectividades conscientes de sus derechos””, cerrando la cita de la mirada de los jóvenes historiadores, que no solamente remachan las cuestiones económica en el Grito de Alcorta, parte indudable pero no exclusiva, sino que rescatan “ los elementos sicológicos” que tempranamente eran los primordiales de acuerdo a Netri.

Los arrendatarios y colonos no iban a permitir que se “estrujen” los memoriales que proponían, en principio, moderadamente, rebajas en los alquileres, entrega del grano en parva y troje –sin embolsar-, contratos de cuatro años –evitando el desarraigo humano pero en contra de los tiempos de crianza de los vacunos…-, y libertad de trillar y asegurar las sementeras. La respuesta de la Sociedad Rural de Santa Fe, con la única voz disidente del terrateniente Lisandro de la Torre, fue que “es el sistema de vida dispendiosa del colono la causa principal de sus crisis económicas” y que el conflicto, en línea con el gobierno nacional, había sido creado por un elemento “socialista”  Socialista será el primer presidente de la Federación Agraria Argentina, fundada el 15 de agosto de 1912 en Rosario como consecuencia directa del Grito de Alcorta, Antonio Noguera. Otro socialista notable fue el vocal chacarero y maestro Francisco Bulzani. Junto a ellos los tres hermanos Netri, dos curas en Alcorta y Máximo Paz, “Nosotros con mi hermano José, cura párroco de Alcorta, solíamos después de misa, reunir ante el atrio de la iglesia a los chacareros y les aconsejábamos que se rebelaran en contra de las injusticias que padecían por la acción nefasta de los ambiciosos terratenientes”, narraba Don Pascual Netri de sus días misionado entre paisanos italianos y criollos. Por primera vez surgía el conflicto social en la aparente idílico Granero del Mundo, que empezaba a mostrar las fisuras de un modo de acumulación de riqueza que tampoco era una gran innovación con respecto a la Colonia. La leonina encomienda, y la mita española, no parecían diferentes al arriendo latifundista ideado por la Generación del 80.  

“Habéis ayudado el arado a esta Patria un nombre que ostenta con orgullo”

“En estos momentos de suprema ansiedad, aunque niño, levanto mi insignificante voz, dirigida a vosotros, colonos de este pueblo de San José de la Esquina, que hoy se levanta en actitud de protesta por los elevados alquileres que pagan. Nada más justo que vuestras peticiones, porque habéis ayudado el arado a esta patria un nombre que ostenta con orgullo (...) El agricultor merece sus beneficios; no debe ser un oprimido ni un esclavo, porque es el hombre que a todos beneficia para no sacar él ningún provecho”, recuperaba Plácido Grela un testimonio de un niño, llevado por su familia o las propias maestras, a los comité de huelgas en sociedades de inmigrantes, almacenes, el célebre del socialista español Ángel Bujarrabal, escuelas y en cuanto lugar pueda haber de reunión. La revuelta agraria inauguró los círculos de jóvenes agremiados.

Si bien en un primer momento hubo represión, en particular cruenta en Córdoba, y aunque el padre José Netri pasó 60 días detenido en la jefatura policial de Rosario, los gobiernos provinciales de Buenos Aires –conservador- y Santa Fe –radical, ungido en 1912 por muchos votos de esos mismos chacareros, gracias a la Ley Sáenz Peña; otro de los catalizadores del Grito de Alcorta-  optaron por conciliar entre los intereses en pugna. Rebajas progresivas en las rentas, y otras medidas sociales, lograron que los 100 mil chacareros volvieran a la cosecha en agosto, que urgía a los dueños de las imperiales estancias. La reforma agraria, que estaba en la cabeza de algunos líderes como el anarquista de Máximo Paz, Francisco Capdevila, quedaría diluída, en parte, por la firme postura de los nuevos socios de la Federación Agraria de prescindir de alineamientos con partidos o posturas políticas –algo que se mantuvo como marca de origen hasta el nuevo milenio.

Otra explicación son las buenos rendimientos de las campañas posteriores, que si bien no finiquitó el conflicto y resurgió cada tanto en la década del diez, hizo que los propietarios –no arrendatarios- más revoltosos, y que descubrieron el insospechado poder del gremialismo,  vayan moderando sus reclamos a medida que se transformaban en “campesinado capitalista”. Lo que si dejarían estos chacareros, sean propietarios o arrendatarios, es un sentimiento de repulsión a los terratenientes oligarcas, que cruzaría clases e ideologías sin distinciones, en los prolegómenos de la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde. Porque el Grito de Alcorta triunfó en la unión de voluntades y deseos frente a un enemigo común, además del reclamo económico que los afectaba particularmente.   

“Pero cuando se les presenta el memorial –con reclamos de rentas justas y nuevas relaciones laborales y sociales, en general-…amenazando en caso contrario con la huelga…para ellos –los terratenientes- no es más que un acto irreverente, los ofende como un ultraje, y convierte en furibundos a los más moderados. Los agricultores, por otra parte…no toleran que se estruje el memorial en las caras por los patrones…-ni tampoco agredan a- la Comisión de la Sociedad…atribuyendo una autoridad, personalidad omnipotente, sagrada e inviolable. Así se llega a la huelga. Los agricultores la proclaman con entusiasmo irresistible –junto a los asalariados reales, los asalariados propiamente dichos de la campaña y la ciudad- Ellos no conocen ni se imaginan los sufrimientos, los riesgos, ni miden las consecuencias. Es un acontecimiento nuevo, del que se habla en el pueblo, hace ya rato, como de algo grandioso”, marcando Netri los chacareros Giuseppe y Abraham hermanados en vientos de justicia a los Juan sin Tierra, las maestras rurales y los curas de pueblo, ajenos a las diferencias de raíz, sólo por un día. Un grandioso 25 de junio de 1912.   

 

Fuentes: Bidaseca, K. y Lapegna, P. El Grito de Alcorta revisitado: cultura y sentimientos en la acción colectiva en ANUARIO Nº 21 - Escuela de Historia - FH y A – UNR. Rosario. 2006; Ansaldi, W. Revueltas agrarias pampeanas en La vida de nuestro pueblo. Volumen 3. Buenos Aires: CEAL. 1982; Hora, R. Los terratenientes de la pampa argentina. Una historia social y política. Buenos Aires: Siglo XXI. 2015; Sáenz, J. Entre dos Centenarios. Buenos Aires: Ediciones La Bastilla. 1976.
ImagenEl Agrario

Fecha de Publicación: 15/08/2022

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