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Einstein en Argentina. Nueva York atenuada por el Sur.

Así describió Buenos Aires el físico alemán que revolucionó la Humanidad. Su paso casi de estrella de rock y su legado en la hoy bicentenaria Universidad de Buenos Aires.

Historia
Einstein en Argentina

"Para castigarme por mi desprecio a la autoridad, el destino me convirtió a mí mismo en una autoridad" solía repetir Albert Einstein, que desde sus publicitadas, Teoría Especial de la Relatividad (1905), y la Teoría General de la Relatividad (1916), era poco menos que una luminaria de Los Locos Veinte. Había obtenido hace poco el Premio Nobel, y su voz era codiciada en las principales ciudades del mundo. Un interés reforzado por el mismo físico alemán de nacimiento, suizo por adopción, que pretendía que su intrincada teoría llegara al mayor número posible, intuyendo el profundo cambio que ocurriría no solamente a nivel científico sino en la mentalidad humana. Nada volvió a ser igual después de E=MxC², una fórmula que pocos comprenden pero que conoce el planeta entero, y de la cual se beneficia el mundo atómico contemporáneo. Sudamérica hacía años que negociaba su visita y, al fin, se dio en 1925, con Brasil, Uruguay y Argentina.  Einstein pronosticó "un gran porvenir económico y cultural" para Argentina, manifestando asimismo que conserva "los mejores respetos de su hermoso viaje a la América del Sur", aparecía en el diario La Nación, en su retorno “casi muerto” a Europa. En cambio en su diario confiesa de esos días argentinos,  "La agenda está inmensamente llena, pero yo me siento fuerte e indiferente hacia la gente", y agrega abatido, "Lo que estoy haciendo aquí probablemente no es mucho más que una comedia" Síntesis del mes frenético de la mente que alumbró un siglo.

"Ciudad cómoda, pero aburrida. Gente cariñosa, ojos de gacela, con gracia, pero estereotipados. Lujo, superficialidad", así describe Einstein a los porteños, apenas arriba de Montevideo, donde había dado una conferencia. Su llegada al puerto de Buenos Aires resultó un acontecimiento el 25 de marzo de 1925,  y la prensa en aluvión, fue a recibirlo, al igual que una gran cantidad de curiosos. Consideremos que la Reina del Plata había recibido efusivamente al rey heredero de Italia, Humberto de Saboya, y unos meses después, arribaría Eduardo de Windsor, el Príncipe de Gales, aquel rey que abdicaría por amor. Las máximas estrellas además del espectáculo incluían Buenos Aires en sus giras, como haría la Venus Negra, Josephine Baker, en 1929. A mediados de los veinte, plena presidencia del aristocrático y radical Marcelo T. de Alvear, la ciudad era un hervidero social y cultural, entre la Guardia Nueva tanguera, la revista Martín Fierro y la creciente sindicalización obrera. Este foco incandescente agotaría rápidamente al físico alemán, en un principio abierto, y luego cada vez más esquivo en el mes que convivió en estas pampas.

Finalmente tras un agitado trayecto llegó a la residencia de Bruno Wassermann, un rico comerciante de origen judío-alemán, situada en la coqueta Belgrano, hoy la actual embajada de Australia, en Zabala y Villanueva –existe una placa del paso del físico fallecido en 1955-  Buena parte del financiamiento de la travesía del Padre de la Relatividad fue costeada por la comunidad judeoargentina. Allí se alojó mayormente durante su estadía en Buenos Aires, en una ostentosa finca que poco tenía que ver con su aspecto humilde, y su paseo con chinelas por las salas lujosas. Trabaría amistad con la señora Wassermann, y la escritora Elsa Jerusalem, ambas parece que atemperaron la chispa, a veces, maliciosa del genio. Una de las primeras vistas fue la del escritor Leopoldo Lugones, a quien conocía del  Comité Internacional de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones; un embrión de la UNESCO. También decía conocer el Lugones de  “El tamaño del espacio: Ensayo de Psicología Matemática”, Don Leopoldo que dominaba las ciencias a su modo, y del cual opinaba el alemán, poco más, que era un texto “posmoderno” Con él cenaría en su casa unas noches después, en una de las pocas salidas recreativas de Einstein, ajustado a un demencial protocolo, con pocas horas libres ni tiempo para charlar con ciudadanos de pie. El Tigre, y una quinta en Lavallol,  serían otros dos puntos de escape del científico, que pase a enunciar en sus cartas que tuvo “una espléndida idea para una nueva teoría de la conexión entre gravitación y electricidad", más tarde sentenciaría, "todas las ideas científicas que pensé en Argentina resultaron ser inútiles".

Durante su estadía en la mansión escribió cuatro artículos para el diario La Prensa, el primero "PanEuropa", un alegato visionario llamando a la unidad europea, contrario a los nacionalismos, con el terror nazi a la vuelta de la esquina. Apenas al día siguiente de su llegada, Einstein tenía programada una recepción formal en el Colegio Nacional Buenos Aires, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, que también corría con los gastos. Tuvo tiempo de una caminata por los bosques de Palermo,  y una vista rauda del Mercado de Abasto. Sobrevuela días después, en un hidroavión Junker la ciudad,  y termina una tarde merendando con el presidente Alvear. También participa de recepciones y agasajos impulsados por la Sociedad Hebraica Argentina y a Asociación Cultural Argentino-Germana, y apoya la naciente Universidad de Jerusalén "Terriblemente cansado de la gente…La idea de todavía tener que viajar durante tanto tiempo me pesa mucho", asentó a su diario, aunque quedaban visitas a La Plata, y la inauguración del ciclo lectivo, “un elegante y falso pequeño hombre con una pequeña esposa análoga", acotaría de un director platense. Varios de sus comentarios, en cartas y diarios, están entre amables,  y despectivos, a sus anfitriones.

Suciedad detrás de una foto. Einstein en el Interior.

Parte del contrato con Einstein incluía una gira por las provincias, que solamente pudo concretar en Córdoba, no llegando a las colonias judías de Entre Ríos, uno de sus anhelos. El matrimonio Einstein pretendía conocer más de la Argentina, un eventual refugio si recrudecían los pogrom antisemitas. En un tren especial del Ministerio de Instrucción Pública de la Nación partió Einstein, rodeado de universitarios y científicos porteños, y se alojó en el mítico Hotel Eden, de La Falda, desde donde visitaría el Lago San Roque y Alta Gracia "[Einstein] será recibido [en Córdoba] como embajador espiritual de la nueva Alemania”, aparecía en los medios cordobeses, no comprendiendo la profunda aversión que causaba en Einstein las tendencias contradictorias de la República de Weimar, muchas de ellas profundamente antijudías. Éste fue un tópico que los inquietos periodistas porteños quisieron profundizar y que Einstein contestó parco sobre el grave, y fatal, problema que se avecinaba.  

En la ciudad cordobesa, entre conferencia y agasajos, se reuniría con su amigo fisiólogo Georg Nicolai, que en sus tiempos de profesores en la Universidad de Berlín, ambos habían sido de los pocos en suscribir un manifiesto pacifista, a los días de desatarse la Gran Guerra de 1914 "Residuos de cultura verdadera con amor por la tierra y un sentido de lo sublime", resumiría sus jornadas en las Sierras, en las cuales visitó maravillado la catedral cordobesa. A la vuelta, en tren, hizo algunas paradas en el sur santafesino, y fue recibido calurosamente por la colectividad judía. No queda claro en qué pueblo, los organizadores descolgaron una vieja foto, "suciedad horrenda detrás de una foto", anotó en su diario, y adelantó, "Espero que esto no sea tomado como un símbolo", ¿de qué, Albert?

A la vuelta a Buenos Aires, Einstein asistió a una sesión especial de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en su honor, en la cual el presidente, el naturalista Eduardo Holmberg, le entregó su diploma de Académico Honorario. Terminaría las interminables conferencias pactadas con una en el cine-teatro Capitol y, allí, expuso "Algunas reflexiones sobre la situación de los judíos", y la definitiva, nuevamente en aulas universitarias, ante un público que consideraba interesado pero poco ducho en la física moderna ”Hay mucha gente buena entre los jóvenes –pero- en general, nada más que el dinero y el poder cuentan, igual que en América del Norte" y clavaría el hierro final sobre la ciudad,  que dejó el 23 de abril de 1925, "Buenos Aires es una ciudad estéril desde el punto de vista del romanticismo y la intelectualidad, pero yo estoy encantado con Rio", remataba aunque tampoco tuvo buenos comentarios posteriores sobre Brasil. Fue Uruguay, con su modestia y civilidad, la que mejor se adecuó al espíritu simple del genio.

Einstein

Einstein y la UBA

La visita a la Argentina de Einstein mucho le debe a la insistencia del ingeniero Jorge Duclout, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), un entusiasta difusor local de la teoría de la relatividad. Durante tres años este francés, que había estudiado con Einstein en el Politécnico de Zúrich, insistió que viniera a dictar una serie de conferencias sobre su trabajo, y  además, se preocupó en reunir el apoyo económico de la Casa de Altos Estudios porteña. Aún la UBA convulsionada con los cambios de la Reforma del 18, uno de sus nuevos propósitos era extender el conocimiento superior a la población en general. Y la capacidad divulgativa del científico alemán, tremendamente popular, era el adecuado.  El rector José Arce,  y el futuro premio Nobel Bernardo Houssay,  fueron los más entusiastas organizadores de la visita, por lo cual Einstein luego conocería los laboratorios e institutos médicos de la UBA.

El jueves 26 de marzo, en el Colegio Nacional Buenos Aires,  se realizó ya mencionamos la recepción formal en el salón de actos de la calle Bolívar. Es allí donde Einstein desarrollaría su ciclo de conferencias porteñas mayormente, aunque también dio una en la vieja Facultad de Filosofía y Letras, de la calle 25 de Mayo.  La inaugural de Einstein en Argentina, pronunciada en francés ante un público amplio y numeroso, fue breve y de carácter general. Su primera lección estrictamente científica en Buenos Aires (de un total de ocho; las autoridades de la UBA habían convenido con Einstein un total de doce conferencias a ser dictadas en diferentes centros académicos, según Alejandro Gangui y Eduardo Ortiz) se realizó el sábado siguiente. La última sería el 20 de abril, y dos días después, se le hicieron sendas despedidas, una con rectores y científicos en el Jockey Club, y otra, en la Asociación Cristiana de Jóvenes, organizada por el Centro de Estudiantes de Ingeniería de la UBA, y en la cual Einstein tocó el violín acompañado por jóvenes guitarristas, quienes seguro dejaron oír algunos tangos,  o animadas zambas.    

Recientemente se renovó el vínculo con la UBA, en una carta firmada por Einstein, ahora atesorada en la Facultad de Ciencias Exactas. Se origina en el intercambio epistolar, a principios de los cincuenta, entre el físico alemán y el médico psiquiatra Juan Dalma, radicado a mediados del siglo pasado en la ciudad de San Miguel de Tucumán, y en lo que fuera una donación del químico Federico Svarc. Dalma estaba convencido que Leonardo Da Vinci había anticipado la Teoría de la Relatividad, y recibe la respuesta de Einstein, “Todo esto no tiene nada que ver con la teoría de la relatividad. El tiempo y el espacio son visualizados como entes independientes entre sí, como continuos en la medida que ambos se toman como elementos puntuales (sin extensión) yuxtapuestos que ocupan todo el Universo. Resulta interesante que la falta de extensión del presente fuera visualizado por Leonardo como un problema. Pero no se pregunta si en el mismo sentido, el pasado y el futuro se pueden considerar tan ‘reales’ como el presente supuesto como inextenso”. Y el científico, en ese entonces residente en Estados Unidos, trata de entender lo que Dalma veía en el pensamiento de Leonardo: “La física no reconoce ni un ‘ahora’ ni un ‘aquí’ objetivo. Parece ser que Leonardo reconoce una significación objetiva al ‘aquí’, de la misma manera que aún hoy lo hacen todos los hombres, cuando emiten un juicio intuitivo…Naturalmente, Leonardo está aún lejos de plantearse el interrogante si se debe asignar al tiempo y al espacio una existencia independiente (realidad) al lado de los objetos corporales. Nadie, después de Aristóteles, hasta Hume y Kant se ha planteado dicha pregunta”, cerraba el Nobel 1921 explicando su pensamiento, y legado.

“Los programas de los estudios secundarios y superiores que he examinado, me demuestran que este país no necesita aprender mucho de los centros culturales de Europa. En medicina, creo no equivocarme, ha llegado a su punto más alto. Pero en lo que concierne a las matemáticas en general, debo aclarar que el gobierno argentino debería intensificar más aún los estudios de la técnica, pues no es justo que un país tan progresista como la Argentina tenga que acudir al extranjero para contratar tal o cual profesor”, eran las palabras de Albert Einstein en 1925. Un salto de ciencia y tecnología, industria nacional, que espera respuesta.

Fuentes: Gangui, A. Ortiz, E. Albert Einstein visita la Argentina en revista Todo es Historia. Nro. 454. Mayo 2005. Buenos Aires;   La Razón 75 Aniversario. Libro Especial. Buenos Aires. 1980; https://www.uba.ar/noticia/20234,  https://www.infobae.com/america/historia-america/2019/03/10/las-cartas-de-albert-einstein-desde-sudamerica-criticas-a-buenos-aires-y-fascinacion-con-montevideo/;  www.alberteinstein.info

Fecha de Publicación: 13/07/2021

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