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Documentos de soberanía: Pedro de Ángelis y la cuestión del Estrecho de Magallanes.

En noviembre de 1848 el gobernador Rosas encarga a Pedro de Ángelis, un polígrafo excepcional, y su publicista leal, un estudio sobre la cuestión del Estrecho de Magallanes. Aquí fragmentos de su informe que justificaban la Argentina en dos mares.

Historia
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“El principio en que funda su usurpación el Gobierno de Chile, si no fuese falso, debería combatirse por peligroso”, rubricaba Pedro de Ángelis la Memoria encargada por Juan Manuel de Rosas debido al avance chileno sobre la Patagonia, anexando primero el Estrecho de Magallanes, y que hasta 1843 había estado bajo la comandancia de Buenos Aires. O sea de la Confederación Argentina que comenzó un inmediato reclamo mientras batallaba en el cuenca del Río de la Plata contra las potencias extranjeras, el Imperio del Brasil y los opositores del rosismo, tenía velados conflictos con Paraguay y Bolivia, y seguía reclamando a los ingleses por las Islas Malvinas. Este panorama amenazador que devendría en severos cercenamientos a la integridad territorial, luego convalidados por la Generación del 80, no escapaban al tirano Rosas, que encomienda a de Ángelis, uno de los mayores eruditos de su tiempo, reconocido por sus rivales unitarios, un pormenorizado tratado que serviría en las futuras misiones argentinas en Chile. Bernardo de Irigoyen en 1876, ministro del presidente Avellaneda, cuyo padre Marco fue brutalmente asesinado por el rosismo, tuvo que admitir en Chile el carácter definitorio de los argumentos del hoy olvidado sabio napolitano, la pluma de Don Juan Manuel. En el panteón de los defensores de la soberanía argentina, Pedro de Ángelis espera un justo reconocimiento, ninguneado todavía en el relato oficial. Y no sólo por la Patagonia sino por la defensa de los derechos nacionales en la Puna; nuestras dos oportunidades de puertos en ambos lados de la Cordillera y transformarnos en una potencia marítima en el Atlántico y en el Pacífico. Lo más parecido a los Estados Unidos de Norteamérica que pudimos ser.        

“Entre 1820 y 1870, los indios habían robado 11 millones de cabeza de ganado vacuno; 2 millones de caballos; 2 millones de ovejas, habían dado muerte de 50 mil personas y destruido 3000 casas” retrataba el británico H. S. Ferns una cuadro donde, en medio de las guerras civiles argentinas, el avance de los chilenos al sur del río Bío-Bío se traducían en un pingüe negocio entre los ricos comerciantes de Santiago de Chile y los araucanos. Existen documentos en el cabildo porteño colonial de las reiteradas quejas locales a la capitanía transandina,  y la falta de acción en respuesta de este sistemático pillaje, que cimentó la riqueza chilena por décadas, antes de la explotación minera. Fue el gran amigo de San Martín, el general O´Higgins, que instaló en 1836 la cuestión del Estrecho de Magallanes en la mente del futuro presidente chileno Bulnes, a instancias de intereses ingleses y norteamericanos, “en mi ánimo de regresar a Chile…recomendar la colonización de los estrechos de Magallanes…otras medidas calculadas e implantar las ventajas de la civilización…en Tierra del Fuego y de la Patagonia occidental –avanzando sobre Argentina-“, agitando las aguas en la sociedad cordillerana, y que serían avivadas por Sarmiento, en los célebres artículos de 1842 en el diario “El Progreso”, líneas imperecederas de la infamia y el entreguismo del patrimonio nacional por cuestiones políticas –un fantasma patagónico que lo perseguirá en sucesivas rectificaciones, cada vez más inverosímiles, e inexcusables en un presidente argentino, desde 1849.   

Curiosamente la comisión reunida a instancias de Bulnes, “para remolcar las naves que ahora doblan el cabo de Hornos al pasar de un óceano a otro”, dictaminó que “este no pertenece íntegramente a Chile…La cordillera se establece como frontera…la otra parte pertenece, por supuesto a la Confederación Argentina”, reconociendo el principio de títulos coloniales estipulados en 1824, y que luego, sería refrendado en 1848 en Lima. Reconocía además la larga historia de misiones españolas enviadas para impedir el establecimiento de colonias extranjeras, desde la fantasmagórica Puerto Hambre de Sarmiento de Gamboa en 1579, a las iniciativas de los virreyes en Buenos Aires fundando los antecedentes de Ushuaia y Puerto Arenas. Sin embargo la misma comisión justifica la usurpación inventado un derecho de que las tierras son de quienes las ocupan (o sea, serían desde siempre de los pueblos originarios…) Así en el mayor de los secretos se construye una goleta especialmente artillada en Chiloé, y al mando del norteamericano John Williams, lleva a 25 personas a fundar un Fuerte destinado a reclusos, en donde había los rioplatenses pensaban colonias.

“En cumplimiento de las órdenes del Superior Gobierno, el 21 de septiembre de 1843…tomamos posesión del Estrecho de Magallanes y su  territorio en nombre de la República de Chile”, a  lo que el gobierno argentino recién puede protestar formalmente en 1847, acosado en varios frentes, “La gran cordillera de los Andes ha limitado los territorios de la Confederación Argentina y esa frontera natural ha sido siempre reconocida por Chile…al situar Fuerte Bulnes en la península -en el Estrecho de Magallanes- ha destruído la integridad del territorio argentino y su pleno dominio en las tierras que comprende el Estrecho desde el Atlántico hasta el Pacífico”, protesta vanamente el ministro argentino Arana. Con la batalla de Caseros de 1852, el tema sale de agenda en el gobierno nacional, mientras del otro lado continúan ocupando, “tenemos dominio tranquilo de toda la Patagonia”, aseguraban los diplomáticos chilenos en Europa en la década de 1860, y solamente la decidida acción del presidente Avellaneda, la autodenomina Conquista del Desierto que acabó con el robo de los indios y chilenos e incorporó las famosas 20 mil leguas para los terratenientes, y el pacto de 1881, que terminaba de ceder a los transandinos el Estrecho, acuerdo celebrado por Alberdi en Europa, zanjaron el conflicto limítrofe parcialmente -con nuevos picos armamentistas a fin del ochocientos y en los setenta del siglo pasado. Pero fue de Ángelis que advirtió tempranamente el peligro, uno que se revivió en 2021 con las declaraciones expansionistas del presidente chileno.

 

Un olvidado paladín de la Argentina y América, Pedro de Ángelis

Periodista e historiador, el napolitano Pedro de Ángelis es una de los personajes más fascinantes de la primera mitad del siglo XIX en Europa y América. Verdadero sabio, dominaba varios lenguajes, en la época de Napoleón se destacó en las cortes por sus defensa de la autonomía del Reino de Nápoles. Enseñó política e historia en prestigiosas academias militares y participó del libertario movimiento carbonario contra la restauración absolutista. En París se relaciona con Michelet, Destutt de Tracy, el general Lafayette y la vanguardia política liberal. Allí conoce a Bernardino Rivadavia, que lo convence para establecerse en Buenos Aires en 1827 y dirigir los diarios oficiales, además de ocuparse de la instalación de escuelas de primeras letras. La renuncia de Rivadavia no afectan a este hombre de luces que colabora con Viamonte y Rosas. A pedido del Restaurador de las Leyes se encarga de ser el Archivero del Estado, además de periodista adicto al regimen, su leyenda negra, y lanza una serie de trabajos pioneros en la histografía local, ganándose el reconocimiento mundial. Con la publicación Archivo Americano, editado de 1843 a 1851, trilingüe, que los exiliados no perdían un ejemplar, sea para denostar al rosismo, sea para actualizarse en las últimas tendencias del pensamiento, de Ángelis edificó un sólido trabajo histórico en defensa de la soberanía e independencia nacional. Junto a su compañero de prensa José Joaquín de Mora hicieron un balance de la actualidad política del país en las coordenadas más razonables posibles y, en la medida de las posibilidades y la censura, publicaban en los distintos medios que dirigían hasta opositores de Rosas. Claro que con el cenit del ataque de unitarios y federales de lomo negro desde Montevideo, financiados por Brasil y Francia, el publicista del rosismo dejó los buenos modales y criticó severamente los “embustes y mentiras” de Esteban Echeverría en más de 80 artículos de exquisita redacción y suma erudición.

El Urquiza vencedor de Caseros, arquitecto de la Nación Argentina, respeta la altura intelectual del napolitano y le pide un proyecto de Constitución. Fue requerido por Pedro II del Brasil para estudiar los derechos sobre el Amazonas, amenazados por franceses y norteamericanos, y por sus inestimables servicios recibió la Orden de la Rosa.  La incunable biblioteca personal, que no interesó a los argentinos después de 1852, con textos impresos y documentos sobre historia argentina y americana, geografía -mapas coloniales invaluables-, lingüística -de Ángelis publicó uno de los primeros diccionarios castellano-guaraní-, ciencias políticas y jurídicas, unas 4 mil piezas, pasó a manos de la Biblioteca de Río de Janeiro con su fallecimiento en Buenos Aires el 10 de febrero de 1859. Sus antiguos, y enconados, rivales, Gutiérrez, Mitre, Sarmiento y Alberdi escribieron sentidas necrológicas. Ya Dalmacio Vélez Sársfield en 1850 había dicho sobre su trabajo del Estrecho de Magallanes, “en la memoria histórica del Sr. de Ángelis están luminosamente expuestos los derechos de la República Argentina a todas las tierras australes hasta el Cabo de Hornos…-documento insoslayable de la- soberanía en tierras magallánicas”, advierte el autor del Código Civil Argentino en vigencia hasta 2015, un enemigo íntimo de Rosas que respetaba la autoridad del “sucio napolitano”, como lo denominaban los unitarios de Rivera Indarte, a la par que concordaban que flamee la bandera francesa o brasileña -como ocurriría- en Buenos Aires con tal de derrocar al tirano Rosas.

 

Documentos de Soberanía. Memoria Histórica sobre la Patagonia por Pedro de Ángelis

Uno de los deberes más inexcusables del Jefe de un Estado es hacer respetar los títulos de soberanía del país que preside, conservar la integridad de su territorio, mantenerlo en goce de todos sus privilegios. Cualquier descuido en defensa de estos derechos, lo haría bajar del puesto eminente a que lo han elevado los sufragios de los conciudadanos, y entregaría su nombre el desprecio y a la maldición de la posteridad”,en el proemio de “Memoria Histórica sobre los derechos de soberanía y dominio de la Confederación Argentina a la parte austral del continente americano, comprendida entre las costas del Océano Atlántico y la gran cordillera de los Andes, desde la boca del Río de la Plata hasta el Cabo de Hornos, incluso la Islas de los Estados, la Tierra del Fuego, y el estrecho de Magallanes en toda su extensión”, impreso en 1852, y que recuerda que los gobiernos criollos fueron elegidos por la sociedad desde 1810, en elecciones fraudulentas y violentas hasta 1916, y más allá, también, “es la ingrata situación en que se encuentra la Confederación Argentina, por la ocupación de una parte de su territorio por una República hermana…-el Fuerte Bulnes, primer Puerto Arenas, hoy de Chile- resultado de un error, que aún así no basta para disculparlo”, arremete con un sesudo análisis de las iniciativas del gobierno de Buenos Aires desde la ocupación española, y los esfuerzos argentinos en poblar la zona, y liberar medio América del Sur, incluído el mismísimo Chile.

En un recuento de los documentos españoles donde se promueve “asegurar la posesion de las costas de mar, desde Buenos Aires hasta el Estrecho de Magallanes”, en la que de paso deja asentada con fundamentos la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas, en una segunda parte, en los respectivo a la discusión de principios, un contemporáneo antecedente legal de soberanía aparece en la declaración de la cámara de representantes bonaerense de 1833, a pedido de Rosas, que solicitaba la expulsión de una colonia extranjera en la Bahía de San Gregorio, cerca del Estrecho de Magallanes. En tanto que en Chile ninguna reacción hubo por esa región que luego reclamaría como propia en la falsa consideracion de Tierras nullius, falsamante declamando que no pertenecían a nadie “El gobierno chileno no se contenta con explorar el Estrecho, lo que quiere es ocupar lo que nunca le ha pertenecido, y que está fuera de los límites naturales”, denuncia de Ángelis, rematando que recién después de la ocupación los chilenos ubicaron el estrecho en sus mapas.

“Parece que el Gobierno de Chile no ha previsto todas las consecuencias de su ataque contra los derechos de la Confederación Argentina. El título común de soberanía…emana del que les ha transmitido el Gobierno Español: título eminente, que ha resistido tantos siglos a la ambición de los grandes poderes del mundo…-si no se conservasen estos derechos-se atacarían a sí mismos, si atacasen a sus hermanos… El principio en que funda su usurpación el Gobierno de Chile, si no fuese falso, debería combatirse por peligroso…lo que nos ampara, no es la diminuta población -ni la amenza extranjera ni las posiblidades económicas ni militares- sino el carácter de descubridor, de primer ocupante, de poseedor tranquilo de esos parajes, que son precisamente los títulos que reúne, reinvindica  e invoca el Gobierno Argentino sobre la parte austral del Continente Americano, en el región Patagónica, -e Islas Malvinas-, Estrecho de Magallanes, Tierra del Fuego y de los Estados, hasta el Cabo de Hornos”, firma Pedro de Ángelis en enero de 1849, un paladín de la Independencia Argentina que no tiene escuelas, ni partidos, ni bustos, ni avenidas a su nombre. Tampoco una cortada.

 

Fuentes: Occhiuzzi Agrelo, J.C. Defensa de la Soberanía Nacional. Documentos para recordar. Buenos Aires: Compañía Gráfica. 1982; Muñiz, E. La prensa argentina en tiempos de guerra 1827-1852. Buenos Aires: Academia Nacional de Periodismo. 2009; Spinelli, E. A. Pedro de Ángelis. La falacia de su leyenda negra. Buenos Aires. 1954.

Imagen: Mendozantigua.blogspot.com

Fecha de Publicación: 01/11/2021

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