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Día de la Siderurgia Nacional. Savio, un patriota de acero

Cuando no había muchas chimeneas ni altos hornos, el general Manuel Salvio diseñó un plan maestro, con su prédica por la soberanía económica. En el Día de la Siderurgia Nacional, ideas imperecederas de un estadista.

Historia
General Manuel Savio

Cuando se habla de la figura del general Manuel Savio se lo asocia al Día de la Siderurgia, Altos Hornos Zapla, y poco más. Una pena. Porque Savio representó un modelo de industrialización posible, que no se oponía al imbatible modelo agroexportador, sino que buscaba la armonía con los diversos sectores, incluídos el comercio y los servicios. Un estadista que recogía los principios de soberanía económica de Belgrano y Mosconi, sin caer en las trampas del librecambismo salvaje ni del proteccionismo autista, los recurrentes polos de los modelos que se sucedieron desde 1810. Un pensamiento nacionalista que distintivo “iluminará el camino ancho de la Nación Argentina”, parafraseando al mismo Savio de 1945, vivando la Patria ante un chorrito incandescente, el día de la inauguración de los hornos en Jujuy. El fuego sigue vivo.

Era hijo de Sebastián Savio, italiano, y María Gazzano, argentina, y fue de las primeras camadas de militares hijos de clase media inmigrante. Savio nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1892. No había cumplido los diecisiete años y termina sus estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1909 ingresó al Colegio Militar de la Nación, al año ya era subteniente, y llegaría a general en 1946. Fue instructor de cadetes en el Colegio Militar y un joven titular de la cátedra de Metalurgia y Acción de Explosivos. Savio, con una vocación docente insoslayable comprendió que el principal recurso es el humano, y se preocupó a lo largo de su trayectoria en fundar instituciones educativas técnicas, en distintas provincias. En el país existen varios colegios que llevan su nombre.

Centro General Savio Jujuy

Un viaje a Europa en los veinte, y su vínculo con los militares y científicos asociados a los proyectos de Mosconi, apoyados por los presidentes Yrigoyen y Alvear, la proto Fabricaciones Militares empezó a producir aviones en Córdoba en 1927, hacen que Savio cree la militar Escuela Superior Técnica, el 6 de noviembre de 1930, con el apoyo ahora del presidente de facto Uriburu –se ha pretendido asumir alineamiento de Savio con el golpe del 6 de septiembre aunque se carecen de pruebas fehacientes, salvo que el desfile militar que terminó con el gobierno constitucional partió del Colegio Militar. Completó desde allí la industrialización con orientación castrense, iniciada por Enrique Mosconi. Por una suerte de compensación histórica, el presidente Uriburu, que mandó detener e investigar a Mosconi, facilitó a su continuador el medio para realizar sus planes. En 1934 egresan los primeros ingenieros militares; Savio se había recibido en 1931. Varios de los docentes del proyecto de Savio eran sus profesores de la Universidad de Buenos Aires, que accedieron a organizar la casa de altos estudios del ejército sin cobrar un centavo porque el gobierno militar instituyó el organismo sin otorgarle presupuesto. Luego el presidente fraudulento Justo giraría fondos, en sintonía con la iniciativa de Savio.   

Por cuestiones internas del Ejército, en cuanto el régimen de ascensos, debe apartarse de la dirección de los centros de formación y el capitán Savio fue designado en 1935 al frente del Regimiento de Zapadores de San Nicolás; lugar donde en 1960, más de una década de su fallecimiento, empezaría a producir uno de sus sueños, SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina), cuyos altos hornos serán emplazados en terrenos elegidos por el propio Savio en los márgenes del arroyo Ramallo, provincia de Buenos Aires. En dos años no solamente se preocupó por la instrucción de los conscriptos, y oficiales, sino que construyó puentes y caminos en las cercanías, y luego en el sur argentino –la ruta entre Bariloche y El Bolsón, aún en funcionamiento, es de su factoría.    

“Entendemos que la industrialización del país es imprescindible e impostergable como factor de equilibrio económico social (…) Entendemos también (…) que la industria comúnmente llamada ‘pesada’ es primordial para desarrollar la de carácter manufacturero (…) y que, por lo tanto, si el país renuncia a contar con ella perderá la oportunidad de ocupar… en el concierto universal el nivel que le corresponde por su potencial moral y material, pues dependerá en forma excesiva de la buena voluntad extraña a sus propios y vitales intereses”, aparece en varios de sus publicaciones, entre otras, “Movilización industrial” (1933), “Política argentina del acero” (1942), “Política de la producción metalúrgica argentina” (1944) y “Conceptos que fundamentaron el proyecto de la ley de Fabricaciones militares (1944).

El Plan Savio en marcha

Ante la Unión Industrial Argentina en 1942, el coronel Savio, en ese momento cabeza pública del mayor conglomerado industrial, consolidado entre Estado y los privados con su liderazgo, decía: “rechazar la implantación de una industria porque no se cuenta en el país con todas las materias primas que ella requiere, es una arbitrariedad, es obrar con ligereza, sin fundamentos: puesto que son innúmeros los casos contrarios de florecientes resultados. No nos dejemos engañar, hagamos la propia experiencia. La industrialización del país significa una mayor capacidad de consumo que, lógicamente, debe computarse en productos nacionales y extranjeros, de manera que no nos deben impresionar los fantasmas librecambistas a ultranza si tomamos el cuidado de proceder con prudencia; pero, eso sí, con toda decisión”  Por esos días, el matutino conservador La Nación sostenía en una editorial que “no tenemos hierro ni carbón de piedra, elementos indispensables de la gran industria”, para concluir que “en realidad no nos debemos quejar de la heredad que nos ha tocado en suerte y no hemos de ser mineros mientras nos convenga y nos guste ser labradores y criadores de ganado” Y así seguimos 80 años después.

En 1937 Savio asumió la titularidad de la Dirección de Fábricas Militares, creada por su impulso el 24 de diciembre de 1936. El gestor recibió entonces la Fábrica de Munición de Armas Portátiles de Puerto Borghi, recién habilitada; la de Material de Comunicaciones, en organización; la de Aceros, en construcción y, en proyecto desde una década atrás, la de Pólvora y Explosivos de Villa María, que sacó a licitación junto con la de Munición de Artillería de Río Tercero. Allí nació el proyecto de ley orgánica de la Dirección de Fabricaciones Militares, que el 11 de mayo de 1938 elevó a la consideración del Poder Ejecutivo Nacional, y en 1941 obtendrá la sanción de la ley 12.709 ”El Estado debe determinar cuanto antes la condiciones de aprovechamiento de los yacimientos más interesantes, y luego dar lugar a su explotación directa o indirectamente, regulando su intensidad dentro de la política económica general, utilizando en parte los mismos procedimientos financieros empleados para los cereales, cuya cosecha nadie ha pensado reducir. En el caso de las materias primas básicas, no se trataría de la defensa de los saldos explotables, como ocurre con las cosechas, sino de la defensa de la producción de las cantidades mínimas requeridas por el mercado propio” Por más cuarenta años, hasta que la última dictadura militar y el menemismo la desguazaron vilmente,  Fabricaciones Militares fabricó muchos productos para la actividad privada como material ferroviario y de subterráneos,  transistores cuando estos eran innovaciones electrónicas,  fueron los primeros fabricantes argentinos de televisores, productos químicos para uso frigorífico y agrícola, discos de arado, y un interminable etcétera.

“Son facultades y funciones de la Dirección General de Fabricaciones Militares: a) Realizar los estudios, investigaciones y estadísticas conducentes al conocimiento de las posibilidades industriales del país, relacionadas con la producción de materiales y elementos de guerra y con la preparación de la movilización industrial correspondiente….c) Realizar, de acuerdo con las disposiciones del Código de Minería, exploraciones y explotaciones tendientes a la obtención de: cobre, hierro, manganeso, wolfram, aluminio, berilio y demás materias necesarias para la fabricación de materiales de guerra; …; e) Fomentar las industrias afines que interesen al cumplimiento de esta ley”, son algunas de los pun tos de esta ley, que serían las bases de la industrialización nacional. Se ha discutido bastante si lo de Savio fue un plan global de industrialización, o un parche que consolidó la industria de sustitución de importaciones, en especial por su énfasis integrador con los agroexportadores, sin embargo es indudable que instauró los pilares sólidos para cualquiera de las dos opciones.

Y que lo hizo en una concepción cívica, no exclusivamente militarista, como otros autores han querido endilgarle.  De hecho, varias de las exploraciones geológicas de Fabricaciones Militares, por ejemplo la pujante industria del azufre, luego derivaron en acciones privadas. O cuando instaló los hornos en Jujuy, Palpalá pasó de tres casas a 30 mil habitantes, con todas las comodidades y posibilidades–algo que también sería destruido en la fiebre privatizadora de los noventa. Si Savio hubiese sido excesivamente castrense, con un regimiento en Jujuy, cercano a la fundición, bastaba, ¿para qué diseñar una ciudad?   “Es un error el haber estructurado ‘a priori’ nuestra economía, posponiendo arbitrariamente a los metales con respecto a los cereales”, decía; y donde otros veían desiertos poco productivos salvo la explotación animal, o valles para la caña de azúcar, Savio veía fábricas con miles de empleo, ciudades con escuelas y progreso.

En julio de 1943, a menos de siete años de su establecimiento como organismo autárquico,  y siempre con la conducción del general Savio, Fabricaciones Militares contaba ya con doce plantas. A las nombradas se sumaron: la de Fabricaciones Militares de Armas Portátiles "Domingo Matheu" (inaugurada el 3 de octubre de 1942), la de Tolueno Sintético (31 de diciembre de 1942), la de Munición de Artillería Río Tercero (21 de mayo de 1943), la de Munición de Artillería "Borghi", hoy "Fray Luis Beltrán" (8 de octubre de 1943), la de Vainas y Conductores Eléctricos E.C.A. (15 de julio de 1944), la de Munición de Armas Portátiles "San Francisco" (diciembre de 1944), la de Materiales Pirotécnicos (30 de abril de 1945) y la de los Altos Hornos Zapla, habilitados el 23 de enero de 1943 en la provincia de Jujuy. Por otro lado, con el aporte de grupos empresarios, Savio organizó las siguientes sociedades mixtas: Industrias Químicas Nacionales (11 de agosto de 1943), Elaboración del cromo y sus derivados (19 de junio de 1944), Atanor, Compañía Nacional para la Industria Química (30 de junio de 1944), Aceros Especiales (13 de Junio de 1944) y Siderurgia Argentina.

Cuando por el mes de agosto de 1945 fueron arrojadas las bombas atómicas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, Savio reaccionó, “tenemos que intensificar ya, rápidamente, la búsqueda de uranio en todo el territorio argentino. No se trata de fabricar la bomba, sino de pesar en el concierto mundial con la tenencia de uranio”. Así fue como los treinta geólogos del organismo bajo su mando se lanzaron al relevamiento y la exploración del territorio nacional en busca de uranio, logrando hallazgos sorprendentes. Dos décadas después, Argentina estaba en el concierto de las pocas naciones que generaban energía nuclear.

Los cambios del 17 de octubre de 1945 no toman descolocado a Savio. Según José María Rosa, y otros historiadores, el coronel Savio efectúa un planteo militar al presidente Castillo en 1941 junto a varios oficiales del futuro GOU,  grupo militar golpista del 4 de junio de 1943, entre ellos los tenientes coroneles Franklin Lucero, Gregorio Tauber y Joaquín Saurí.  Savio, que no era peronista ni de los conspiradores del GOU, mantuvo varias reuniones con Juan Perón con el cual coincidían en muchos temas referidas a la necesidad del desarrollo industrial urgente, y esto le permitió el apoyo irrestricto del presidente de facto Farrell para una gesta: Zapla.

La Gesta de Zapla, a la altura del cruce de los Andes, o las expediciones a la Antártida del general Pujato

Hacia 1942 Savio advierte que el consumo de hierro, fundamental en la industria de mediados del siglo pasado, había retrocedido de 150 kilos a 50 kilos por habitante, en apenas treinta años. Entonces se  propuso buscar yacimientos de hierro en el país para alcanzar una producción de 300 mil toneladas anuales. Los encontró en las serranías de Zapla, Jujuy. Los informes corroboran que el yacimiento es una cuenca sedimentaria de hematita cuya potencia visible asegura grandes reservas y justifica sobremanera la inversión necesaria para emplazar un “Alto Horno”. Se inicia inmediatamente la Gesta Zapla. Savio intenta formar una “conciencia metalúrgica”, apelando a los industriales, y recordando que la fábrica argentina de carburo de calcio debió cerrar por el “dumping” del exterior. También lucha contra los intereses de los terratenientes, que envían supuestos científicos a criticar públicamente el proyecto, que arranca hostigado en Palpalá, en 1943, con el apoyo técnico de una empresa sueca, y sin insumos básicos para semejante obra por el bloque impuesto por los norteamericanos.

Construida a dos puntas sobre una longitud de 500 metros, o sea a partir de sus extremos, tratando de empalmar en su parte media, la galería principal del  complejo es un prodigio de la ingeniería debido a la inusual realización, ya que barretas y martillos era imposible avanzar en el Plan de Savio. Los Altos Hornos Zapla se hicieron casi sin máquinas automáticas.  También es inusual este horno, privatizado escandalosamente en 1992, porque se construyó de hormigón armado debido a la carencia de los materiales usuales. Ante la nada misma en la materia, y el encono incluso de industriales locales, se fue apelando a piezas en desuso recogidas en todo el país,  en un astillero viejo de San Fernando se compraron dos calderas antiguas, casi chatarra; motores viejos en Bahía Blanca; y en diversas regiones se rescató el esencial cable carril que va desde la sierra de Zapla a Palpalá. Se puede decir que a Jujuy partieron pedazos de la Argentina por el sueño industrial propio. Asimismo porque usaba carbón vegetal el horno, frente a las protestas de grupos ecologistas,  Savio respondió activando el Vivero de Pirané e iniciando las plantaciones de 15.000 hectáreas de eucaliptos en la zona Zapla-Palpalá, formando un bosque de 30 millones de árboles, que al día de hoy, permite todavía la realización de cortes cada siete años.

Dieciocho meses después, de acuerdo al Plan Savio, se inauguraron los Establecimiento Altos Hornos Zapla y la planta experimental de Palpalá, pilares de la nueva siderurgia argentina “Me siento en el deber de expresar, sin eufemismos, que sin una franca protección del Estado, todo este plan y cualquier otro, correrá igual suerte; porque es un secreto a voces que la producción universal de todos los productos que he enunciado está controlada por organizaciones poderosas, con medios suficientes para determinar crisis decisivas donde y cuando convengan”, diría el general luego de la inauguración del 11 de octubre de 1945, y agregaría, “No es difícil de imaginar que esta Fundición Criolla no podrá competir con las de origen extranjero…pero debemos concentrarnos en el futuro…yo no creo forzar la analogía al comparar nuestra independencia de 1816, en lo político, como nuestra independencia en lo económico en 1945 o próximamente, en base a nuestra industria siderúrgica, como piedra angular en donde han de desarrollarse sanamente todas las otras actividades en sano equilibrio con el orden agrícola y ganadero”, remató.

Es ascendido a general de división el 31 de diciembre de 1946. Impulsa el Plan Siderúrgico Argentino, que obtiene el apoyo del presidente Perón, y de su ministro de guerra, el general José Humberto Sosa Molina. El 21 de junio de 1947 el Poder Ejecutivo promulgaba el Plan Siderúrgico convertido en la Ley Nro. 12.987, nombrando a Manuel Savio como Presidente de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina/SOMISA. En primer lugar, Savio decide la ubicación de la planta siderúrgica en Punta Argerich, en su querido Ramallo. El 13 de marzo de 1948, en su carácter de Presidente de SOMISA, suscribe el contrato con la Armco Argentina, por el cual se encargan los planos y estudios, supervisión de la instalación y de la puesta en marcha de la planta a instalarse, un holding multinacional que presenta el plan de un complejo para elaborar 500.000 toneladas de productos semiterminados de acero. Savio y Perón sostienen que debe constituirse como una empresa mixta pero el Congreso, con al apoyo decidido de los radicales y conservadores, termina dándole un perfil eminentemente estatal –que también sería rematada en la gestión del presidente Menem

Las finalidades generales del Plan Siderúrgico eran: a) Producir acero en el país utilizando materias primas y combustibles argentinos y extranjeros en la proporción que resultara más ventajosa económica y técnicamente, tratando de mantener activas las fuentes nacionales de minerales y de combustibles. b) Suministrar a las industrias de transformación y terminado de acero en calidad y costos adecuados. c) Fomentar la instalación de plantas de transformación. d) Afianzar el desarrollo de la industria siderúrgica argentina. El plan se cumpliría sobre la base de: a) Yacimientos de hierro en explotación y plantas del Estado existentes en este momento. b) La planta de la SOMISA que se creaba por esa ley. c) Otras plantas de sociedades mixtas que pudieran crearse. d) Las plantas de transformación y terminado de productos de acero del capital privado. Savio además impulsa las industrias del caucho y el plástico, en la conjunción con empresarios cercanos, por ejemplo Torcuato Di Tella, quien  proveyó de potentes motores hechos en el país para refrigerar el complejo jujeño.

Con el aval de Perón, el general avanza en un ambicioso proyecto de industrialización a escala nacional, dentro del Primer Plan Quinquenal, con fábricas a los puntos cercanos a las potencialidades mineras. Imprevistamente, el 31 de julio de 1948, Día de la Siderurgia Nacional, fallece de un paro cardíaco en Buenos Aires. Y la muerte de un hombre deja trunco todo un proyecto. En 1945, la producción de acero argentina era de 150 mil toneladas, frente a las 166 mil de Brasil y 204 mil de México. En 1955, Argentina producía 215 mil, Brasil 1156 mil y México 737 mil. Perdimos otra vez. El diario Crítica señalaba en el obituario: "El país pierde también a un eminente ciudadano que buscó afanosamente la consolidación de su independencia y de su soberanía a través de la creación de poderosas industrias nacionales mantenidas con recursos extraídos de nuestro propio suelo". Marca Argentina.

“Necesitamos barcos, ferrocarriles, puertos y máquinas de trabajo, y no nos podemos detener a la espera de milagros… ello es ya un imperativo en nuestro progreso, porque es un mandato de la argentinidad, porque lo requiere nuestra soberanía dentro de un programa que no persigue ninguna autarquía deformada por exacerbado nacionalismo, sino porque aspira a contar con un mínimo de independencia”, concluía un argentino esencial, el máximo general Manuel Savio.

 

 

Fuente:

Savio, A. La Argentina que pudo ser. Pensamiento y obra del general Savio. Buenos Aires: Dunken. 2011;

Larra, R. El argentino que forjó el acero. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. 1992;  

www.agendadereflexion.com.ar/2005/07/31/303-la-mistica-militar-industrial-el-general-manuel-savio-y-el-dia-de-la-siderurgia-nacional / www.labaldrich.com.ar/los-olvidados-de-la-historia/defensores-del-patrimonio-nacional/manuel-savio/

Fecha de Publicación: 31/07/2021

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