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De soldados en la Batalla del Río de la Plata a maridos argentinos

Gran número de los sobrevivientes del Acorazado Graf Spee llegaron internos, luego fueron prisioneros de guerra, y, familias mediante, adoptaron la nacionalidad

Historia
 sobrevivientes del Acorazado Graf Spee

Los azorados ojos de los jóvenes alemanes que bajaban del carguero Tacoma seguramente no podían creer que unos días antes habían visto a su querido Admiral Graf Spee irse a pique por orden de capitán Langsdorff. Son hospedados por los argentinos en calidad de internados, al igual que la anterior guerra se había internado a los oficiales y tripulantes ingleses de la cañonera “Eber” y del crucero auxiliar “Cap. Trafalgar”. Bajo la neutralidad argentina establecida por el presidente Ortiz, los marinos del Tercer Reich estaban amparados asimismo por  el buen trato a los náufragos beligerantes desembarcados en territorio neutral, según acuerdos internacionales de La Haya (1899) y Ginebra (1864). Fueron a parar unas semanas al Hotel de los Inmigrantes sin saber bien qué decisión iba a tomar el gobierno argentino mientras recordaban como habían resistido el embate una hora y cuarto de tres barcos de la armada inglesa, y francesa, en la costa uruguaya.

Muchos de ellos, la mayoría de profesiones humildes como carteros, carpinteros y labradores, habían estado sobre su borda desde la botadura y acompañándolo en la asistencia de la Alemania nazi  a la España de Franco. Este Panzerschiff (buque blindado) de 12 mil toneladas, no más rápido que los cruceros enemigos pero con cañones de mayor alcance y radar, había sido vital en el aprovisionamiento de la Legión Cóndor alemana en la península ibérica. En la Guerra Civil Española había probado su potencial también en las tácticas de buque corsario, y hundió a varios republicanos. Por eso se lo destinó hacia el Atlántico Sur en los meses previos a la invasión a Polonia, donde permaneció indetectado  hasta que empezó a hundir embarcaciones de aprovisionamiento británicas. Se calcula que mandó a pique más de 50 mil toneladas. Inmediatamente al mando del comodoro Harwood  se dispusieron en la zona dos cruceros pesados, y dos cruceros livianos, y que  serían los que harían rugir sus potentes cañones en la batalla  del Río de la Plata el 13 de diciembre de 1939.  

A diferencia de Harwood, un veterano marino inglés que conocía muy bien el Atlántico Sur, y llevó a una “ratonera” al Graf Spee, Langsdorff poco sabia del Río de la Plata y, menos, de sus políticas. Prefirió el puerto de Montevideo para recuperar hombres y la nave, que no había sido seriamente dañada, no así su rival Exeter, que tuvo que retirarse humeante rumbo a Las Malvinas. Lo que no sabía este oficial nazi era del alineamiento de los uruguayos con los norteamericanos e ingleses, incluso antes de que las naciones latinoamericanas declarasen formalmente la guerra al Eje. Seguía recordando amargamente al futuro edecán naval del presidente Castillo, Eduardo Aumann, en una cita de Juan Bautista Yofre, que debería haberse dirigido a Puerto Belgrano, o continuar persiguiendo al Exeter hasta hundirlo. Sólo reconfortaba al capitán que finalmente había salvado la vida de 1055 hombres.  Al día siguiente del encuentro con el militar argentino,  decide poner fin a su vida con una pistola Máuser, y sus restos se alojan en el cementerio alemán porteño.

Distintos rumbos, un mismo hogar

En enero de 1940  ahora los asombrados eran los porteños con estos  jóvenes alemanes uniformados que se paseaban por Florida. Como Argentina era un país neutral no tenía obligación, en principio, de confinar o recluir a los internados sino que únicamente debía impedir que retornen a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo esto se complica por las actividades sospechosas que varios de ellos comienzan a desarrollar bajo el paraguas del Banco Germánico de América del Sur y la embajada alemana de von Thermann. La gota que rebalsó el vaso fue el intento de fuga  del alojamiento la Dársena Norte. Por lo tanto se resuelve internar a los jefes y oficiales en Buenos Aires y Gran Buenos Aires, y al resto de los marinos en Mendoza (150), Córdoba (250), Santa Fe (200) y San Juan (50). Quedan eximidos los ocho profesionales sanitarios, que comienzan a trabajar en el Hospital Alemán.  

Más de doscientos marinos calificados, entre oficiales y cabos, llegan a la Isla Martín García y son ubicados en el Casino de Oficiales de la Escuela Preparatoria del personal subalterno, abandonado desde la estancia del depuesto presidente Yrigoyen en 1930, y una escuela primaria cercana al muelle. Varias son las tentativas de fuga hasta 1942 y se intensifican los controles de los soldados argentinos. De todos modos algunos alemanes cuentan con licencias especiales y se integran al cotidiano porteño como profesores y mecánicos. Con las actitudes pocas claras del embajador alemán junto con las acciones de un pequeño grupo que estaba retenido en Florencio Varela, asiduamente visitado por militares nacionalistas del gobierno golpista, en 1944 se dispone que todos los oficiales del Graf Spee se recluyan en el “Club Hotel” de Sierras de la Ventana, en la provincia de la Buenos Aires.

Distinta fue la suerte, y también la actitud,  de los marinos rasos en el Interior. Muchos de ellos fueron recibidos con mucha hospitalidad y simpatía en los pueblos. Por ejemplo en Mendoza encuentran trabajo rápidamente y empiezan a vivir en casas particulares hasta que vuelven a ser concentrados, y trabajan, en un viñedo de Godoy Cruz. En Córdoba,  en Capilla Vieja,  Departamento de Calamuchita, construyen un edificio de 50 metros de frente, único en la zona.  Otros en San Juan se dedican a la cría de caballos y cerdos con éxito, y son especialmente recordados por gestos heroicos durante el Terremoto de 1944. De sus propios bolsillos costean en Santa Fe la recuperación de los predios Campo Funes y Quinta Ocetti, que luego pasan al gobierno argentino.

Por presión y queja del gobierno británico comienza una progresiva concentración de los internados en 1944 y que tiene como punto máximo a los 350 soldados recluídos en  Sierras de la Ventana. No solamente estos alemanes ponen a funcionar un hotel que estaba abandonado desde 1917, sino que constituyen un atractivo turístico más con sus presentaciones musicales, y de acrobacia, en Torquinst y Coronel Suárez. Las aventuras criollas de los jerarcas alemanes del lugar serán la base para las historias de que fueron el puente de escape de los nazis a la Argentina, como aparece en “Odessa al Sur” de Jorge Camarasa, y que con esta cooperación pretendían fugarse todos del país. Eran prisioneros de guerra con la declaración formal de Argentina contra Japón y Alemania,  el 27 de marzo de 1945.  Sin embargo parece contradecir una noticia de septiembre de 1945, recuperada por el periodista Juan José Flores, donde se puede leer, “un tripulante del ex acorazado de bolsillo Graf Spee ha resuelto casarse en nuestra ciudad… según nuestros informantes su prometida, que conoció en Bahía Blanca, se encuentra en Necochea… tras hacer los trámites en la oficina del registro civil… regresará a Sierras de la Ventanadonde, en conjunto con varios compañeros más, cumple las medidas dispuestas por el gobierno nacional… y allí esperará la fecha señalada para la boda”

Cuando septiembre de 1945 el gobierno del presidente de facto Farrell, con la firma de Perón, Cooke y Hortensio Quijano, dispone la repatriación de los prisioneros alemanes,  menos aquellos que “con buenos antecedentes, quieran quedarse con sus familias argentinas”, el embajador inglés y el encargado de negocios norteamericano se opondrán rotundamente.  Nuestros gobernantes ceden para no deteriorar más unas relaciones maltrechas por la histórica neutralidad nacional durante el conflicto.  En el buque inglés Highland Monarch parten el 15 de febrero de 1946 y deben esperar dos largos años para que el comando aliado permita el regreso. Esposas e hijos esperaron. Y ellos, volvieron en su mayoría.

Sillazos al presidente Alvear

La presencia de un millar de soldados alemanes en suelo argentino hizo que combustionara la política interna y externa. El ministro de Relaciones Exteriores Cantilo impulsa un inédito acercamiento con Estados Unidos en la Declaración de Panamá de fines de 1939, antes del hundimiento del Graf Spee.  Se estableció así una zona de seguridad de 300 millas alrededor del hemisferio aunque, sosteniendo su férrea neutralidad, la Argentina se niega al patrullaje. Sin embargo el ejército nacional refuerza puestos fronterizos y ríos. Secretamente, el Congreso votó una ley para la compra de armamentos y la expansión de fabricaciones militares.

Unos meses después se produce la convención radical en la sala “La Argentina” y  se denuncia que supuestos radicales de Córdoba publicitan en el diario nazi “El Pampero”. El  ex presidente Alvearpresenta la moción de repudio al nazismo, y denuncia la acción “reprochable de los correligionarios”,  y, de inmediato, vuelan sillas hacia el escenario. Esto no impide que el líder democrático radical exclame, “la batalla que libra el mundo en estos momentos es más que una guerra entre naciones.. es una guerra de ideologías… los gobiernos deben ser neutrales hasta tanto no sea hollado el territorio de la patria, agraviada su soberanía, o puesta en  peligro la dignidad social…El partido radical es un partido de lucha, y si quieren que vayamos, a la lucha iremos”, cerraba en medio de vítores. La entrerriana Mika Feldman de Etchebéhère, la célebre Capitana trotskista de los republicanos españoles, reproducía estas palabras en “Argentina Libre” -citada por Andrés Bisso-, y agregaba las palabras del diputado Raúl Damonte Taborda,“¿en qué ha quedado las explicaciones exigidas a Alemania por el hundimiento de un barco nuestro -mercante Uruguay- en la presente guerra? Misterio. Lo que reclaman estricta neutralidad apoyaron bajo cuerda a uno de los países beligerantes en la Guerra del Chaco, introduciendo la discordia en las relaciones interamericana. Los mismos que exigen neutralidad no vacilan en acudir vestidos de uniforme a la embajada totalitaria y miran con indiferencia el crecimiento de la propaganda nazi en nuestro territorio ¿Qué ha hecho nuestro gobierno para reprimir el seudofeudo de Hitler de Misiones? ¿Qué hacen los marinos del Graf Spee? ¿Cuántos han burlado la vigilancia policial y se dedican tranquilos y confiados a su labor de Quinta Columna -la triste infiltración franquista en la Madrid republicana-… en esta guerra chocan dos sistemas. No podemos estar con el que niega todas las libertades humanas”, remataba con una Oficina de Administración y Roles del Graf Spee, a cargo del comandante Kay, que desde la céntrica calle 25 de Mayo 146 oficiaba de nodo del espionaje alemán en América Latina.

 

Fuentes: Spinetto, J. – Schlichter, A. Historia postal de la tripulación del Acorazado Admiral Graf Spee. Buenos Aires: Histpost Ediciones. 1989; Roquié, A. Poder militar y sociedad política en la Argentina. 1. Hasta 1943. Buenos Aires: emecé. 1998; www.infobae.com; www.sierrasdelaventana.com.ar

 

 

Fecha de Publicación: 28/09/2020

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