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Cura Brochero. Pensamiento, acción, milagros

En marzo celebramos el primer santo que nació, vivió y murió en Argentina. Un ejemplo cívico sin iglesias ni ideologías.

Historia
Cura Brochero

"Dios es como los piojos, está en todas partes, pero prefiere a los pobres" o  "La gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja" son frases que repetimos a diario y que poseen una fuente santa. El Padre Brochero o San Brochero desde 2016. Este ejemplo de solidaridad y comunidad construyó una leyenda popular desde las Traslasierras cordobesas, y conmovió los cimientos de la misma Santa Sede. Beatificado y canonizado por sus milagros y apostolado, que motivan las peregrinaciones a pie y a caballo a Villa Cura Brochero alrededor del 16 de marzo, una gran parte de sus faena quedó invisibilizada debido a que fue, además, fue un hábil dirigente político. Hablamos de la Buena Política de Leandro N. Alem, la que promueve el bienestar general y porta los bolsillos livianos. Cuentan que una vez en 1889 envió a su amigo el presidente Juárez Celman un cajón de duraznos a Buenos Aires y que llegaron podridos al mes “Ve, si existiera el ferrocarril esto no pasaría”, le reconvino sobre una obra que completaría la gran tarea cívica que realizó en los cuarenta años de curato, entre pobres, gauchos y bandidos. Aún no estaban la vías tendidas en 1912, pese a una ley nacional que él mismo impulsó en 1908. Brochero, enfermo de lepra, entrevistó personalmente al futuro presidente Hipólito Yrigoyen para pedirle vías hacia los ranchos de adobe. Ambos tenían un enemigo común, en el tren del progreso federal, el regimen oligárquico. El Cura Gaucho, montado arriba de la mula malacara, sigue andando por el pedregal.

“Brochero abandonó el hogar donde apenas había entrado, para dedicarse al servicio de la humanidad doliente, y en la población y en la campaña se le veía correr de enfermo en enfermo, ofreciendo al moribundo el religioso consuelo, recogiendo su última palabra y cubriendo la miseria de sus deudos. Este ha sido uno de los períodos más ejemplares, más peligrosos, más fatigantes y heroicos de su vida”, surge un testimonio de las primeras acciones comunitarias de José Gabriel Brochero, un humilde capellán de coro que combatió la brutal epidemia de cólera de 1867 en la capital de Córdoba, daños colaterales de la Guerra contra el Paraguay. Hacia pocos meses que se había ordenado de sacerdote este oriundo de Santa Rosa, nacido el 16 de marzo de 1840 -algunos biógrafos señalan el nacimiento el 17, fecha del bautismo-. Único varón de ocho hermanas, de muy pequeño manifestó la vocación religiosa, y era común dicen observarlo, de pequeño, rezando a la vera de los caminos. Sufrió viruela, rostro levemente inmovilizado, lo que no impidió un sentido del humor y una velocidad de frases picantes, a lo payador, por ejemplo ésta dedicada el clero, “Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote; si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego”.

 

La vocación de servir al prójimo y la Buena Política

En 1869 fue designado en el curato de San Alberto, lo que hoy es el Valle de Traslasierra, con una extensión de 4336 kilómetros, y al cual no abandonaría jamás, viviendo en Villa del Tránsito. A lo largo de tres penosos días, el docto Brochero viajó en mula a esta marginal localidad de unos diez mil habitantes, de los cuales la gran mayoría eran “recluidos y prófugos de la Justicia”, en la biografía del diario La Nación. Más bien eran pobres, indios y perseguidos políticos, muchos por el gobierno nacional, debido a su participación de las montoneras de Chacho Peñaloza y Felipe Varela. José de los Santos Guayama era uno de ellos, pistolero rural para unos, gaucho federal para otros, que fue uno de los grandes amigos de Brochero y que sería uno de los pocos fracasos de sus gestiones políticas, ya que pese a sus pedidos a las autoridades estatales, fue fusilado en 1879, sin juicio legal y engrillado.

Cabe aclarar que como demuestra esta historia de Brochero, y varias más como la de los salesianos en la Patagonia, el régimen liberal y masón roquista, supuestamente anticlerical, era silenciosamente permaeable a las voces eclesiásticas debido que delegaba fundamentales tareas a las odiadas sotanas, en aquellas regiones lejanas a las estancias de la pampa bonaerense y el litoral, como la educación, la sanidad, la construcción de caminos, las comunicaciones y, fundamentalmente, la formación de ciudadanos argentinos en los pobreríos. No por nada dicen en Córdoba que el Cura Brochero se cargó la Patria al hombro.  “Caramba, hágame una gauchada”, Brochero escribía a Juárez Celman y al gobernador Ramón J. Cárcano, condiscípulos de la juventud en el Seminario de Loreto, antes de 1890.  Después el cura cordobés, en la senda de los católicos que engrosaban la naciente Unión Cívica, cambiaría interlocutores por los líderes del futuro radicalismo.

“Es un hombre de carne y huesos: dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos públicos: Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio... ¡y todo sin subsidio de la provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero”, recogía un artículo periodístico cordobés de 1887, recopilado por Liliana De Denaro, que quien ya era leyenda, El Cura Gaucho. Y no únicamente por la figura romántica del sombrero de teja en medio de la nuca, muy echado atrás, rostro descubierto y sus encendidas prédicas, escupitajos de por medio a la manera gaucha,  en los ranchos y pajonales metidos en las piedras. Brochero fue un tremendo gestor social con los infaltables emplazamientos católicos, desde la iglesia de San Pedro (1869) a la iglesia de Ciénega de Allende (1882) y, última obra, la parroquia de Panaholma (1902), la Casa de Ejercicios Espirituales de Villa del Tránsito -hoy Villa Cura Brochero- (1877), donde se dieron las primeras clases en la región junto a un impesable para la época Colegio de Niñas -monumento histórico nacional desde mayo de 1974-. Pero junto a esta tarea educativa bajo la égida religiosa fundó escuelas rurales laicas, constuyó caminos -el actual camino de las Altas Cumbres entre Cruz del Eje y Río Cuarto es su gran proeza vial-, llevó agua a los pueblos con diques y acequias, hizo instalar al correo y promovió la integración ferroviaria del centro del país. A pesar de la resistencias del gobierno, y la empresa británica de trenes, consiguió el “cura con olor a oveja”, como lo llamaban despectivamente en la diócesis de Córdoba,  el tramo de Soto a Villa Dolores.

"-Jorge- Bergoglio le copió mucho a Brochero", señala la hermana Silvia Somaré, miembro de las Esclavas del Corazón de Jesús y una de las principales estudiosas de la vida de Brochero, al diario El País en 2016. "Antes de ser Francisco, Bergoglio quería mucho a Brochero como modelo de sacerdote que no solo se preocupa por el alma sino también de las necesidades y usa el poder como servicio. Como si fuese un puntero político, una vez llamó a votar contra el gobernador Carcano, que era su amigo, porque demoraba el ferrocarril a la zona", contaba Somaré a Federico Rivas Molina, de un aspecto que admite la religiosa el Vaticano ocultó en el proceso de santificación -si bien el Plenario de Obispos y Cardenales deliberó largos años tratando de deslindar los indudables lazos con los políticos, de todos los pelajes, que tejió Brochero en su dilatada trayectoria comunal. Esta traba (sic) fue despejada por los milagros.

Los milagros de San Brochero

Para el catolicismo, una persona puede ser declarada santa si se le reconocen haber logrado dos milagros. El primer milagro atribuido al cura cordobés fue la recuperación de Nicolás Flores, un chico que sufrió un gravísimo accidente de tránsito ocurrido el 28 de septiembre de 2000 en Falda del Cañete, Córdoba, cuando tenía 11 meses. El bebé terminó estrellado en el asfalto, luego tuvo tres paros cardíacos, uno de 15 minutos; y pérdida de masa encéfálica y parte del cráneo. Observaba un traumatismo cerebral irreversible, dijieron en la ambulancia. Hoy con veinte años es un muchacho normal con leves secuelas. “Nico es un milagro de Brochero”, asegura la mamá cada vez que los periodistas se acercan a su casa, en fechas cercanas al santo. Y el papá recuerda: “Inmediatamente le hice respiración boca a boca. Pero no había caso. Cuando sentí que se me iba, le pedí a Brochero que le salvara la vida. Y nuestro cura cumplió”. Luego de semanas de incertidumbre en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad de Córdoba, con un pronóstico de vida vegetativa, los médicos no salían del asombro constatando la recuperación, que era apoyada por las inagotables oraciones de los papás Sandra y Osvaldo, ambos fervientes devotos del Cura Gaucho, “Me entregaron un hijo en estado de vida vegetativo al cual hubo que trabajar”, señala la madre de Nicolás.

Trece años después el santo iba a ser llamado en San Juan, donde la fe en Brochero es muy fuerte como en todo Cuyo. Camila Brusotti de ocho años arribó al Centro Integral de la Mujer y el Niño en estado comatoso, el 30 de octubre de 2013, supuestamente debido a una caída de caballo. Luego se sabría en el juicio de las brutales golpizas de la madre Alejandra Ríos, en complicidad con el padrastro Pedro Oris -aunque la mayor condena correspondió al hombre- La nena estaba casi desahuciada pero comenzó un meteórica recuperación en enero de 2014. Hoy es una adolescente de vida normal. La abuela arrametió pronta en cadena de oración a Brochero y al padre, Javier, acercaron una estampita del cura, apostada en la cabecera de Camila “El momento bisagra del caso, cuando Camila hizo el click, fue cuando su bisabuela entró a la terapia y aunque ella todavía estaba con el respirador, fue la primera vez que Camila se conectó, habló, le contestó. Incluso, la señora le cantó una canción y Camila la siguió, Camila empezó a mover las manos, abrió los ojos y fue un giro de 360 grados”, refería a la Agencia Telam la médica Valeria Pardini. La profesional enfatizaba que “hubo algo más allá de la ciencia, hubo un milagro”

En septiembre de 2015 una junta de siete médicos vaticanos confirmaba que “no hay explicación científica” para la recuperación de los niños argentinos y el Cura Brochero se empezaba a decir San Brochero. Que se invoca fervorosamente durante la lucha actual contra la pandemia de COVID, junto a los demás santos populares nacionales como el Gauchito Gil o Gilda. Y sigue realizando milagros. El puntano Claudio Algañaraz, un joven con una complicada neumonía producto del virus, y quien se salvó, asegura, cuando entre sueños, “apareció el Cura Brochero en su mula” O el niño sanjuanino de cinco años extraviado en El Salado, cerca de la gruta dedicada al santo, y que afirmó la madre, “un hombre con las características de Brochero lo acompañó y cuidó"

Villa Cura Brochero, con la Casa-Museo donde falleció el sacerdote en 1914 y el flamante parque temático, y los rincones de Traslasierras, a donde arribarán los fieles en la tradicional Cabalgata Brocheriana, conservan los ecos de la gigantesca obra social del Cura Gaucho. Que no fue magia.

 

Fuentes: Cárcano, R. J. El Cura Brochero en “Perfiles Contemporáneos”. Córdoba. 1985; Noriega, N. A. Don Quijote por las sierras de Córdoba. Semblanza del Cura Gaucho, Pbro. José Gabriel Brochero. Rosario: Ediciones Didascalia. 1995; Bischoff, E. El Cura Brochero. Un obrero de Dios.Buenos Aires: Plus Ultra. 1970.

Imágenes: Télam

Fecha de Publicación: 16/03/2022

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