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Buenos Aires - - Sábado 23 De Octubre

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Carlos Pellegrini. Condeno la intransigencia política

La muñeca de Pellegrini timoneó la política y la economía de la Argentina Conservadora. Pero el presidente de los tiempos de zozobra también imaginó la siguiente en concordia y progreso. Con Todos.

Historia
Carlos Pellegrini

No tiene el cartel de Sarmiento, Roca o Mitre. Y sin embargo muchas de las ideas y acciones de Carlos Pellegrini fueron fundamentales en cimentar el proyecto nacional de 1880 a 1912. La época de mayor crecimiento económico de la Argentina, a tasas chinas, en la cual el mismo Pellegrini auguraba límites del modelo agroexportador e impulsaba el industrialismo proteccionista. El doctor fue crucial, por conocimiento y prestigio, y, sobre todo, en su patriotismo incorruptible, en las múltiples negociaciones con el crédito internacional, en su afán de “honrar las deudas”. De todo tipo, también la de la democracia restringida de su generación, y promovió el sufragio universal, que incluían a las mujeres, o las primeras líneas gubernamentales favorecedoras del gremialismo. Sin crispaciones, tan afectas de manera notoria en Sarmiento o Mitre, o zorrescas con Roca, “Soy conciliador por temperamento y por convicción. Condeno la intransigencia política, que es una forma de fanatismo...para ser severos con la maldad o el delito, no es necesario que nuestra voz tiemble con las vibraciones nerviosas de la ira, sino, por el contrario, es necesaria tener toda la serena tranquilidad del juez…jamás la pasión política me llevó a decir que el triunfo de nuestros adversarios será una calamidad pública…respetaré su intención y reconoceré su patriotismo, porque hombres sin amor patrio, son monstruos que no existen en la tierra argentina” Pero que los hay, los hay, Don Carlos.

En la cuna de Carlos Pellegrini, nacido en Buenos Aires el 11 de octubre de 1846, se confundían el linaje de ingenieros, periodistas y pintores, el francés padre Carlos, que le recomendaba, “felicidad consiste en la quietud del alma”,  y María Bevans, cuyo herencia inglesa se relacionaba con el parlamentario tío John Bright, el apóstol el librecambio y pacifismo en el largo reinado de la imperial Victoria. Estos cruces se catalizaban en los primeros años de Cañuelas, la rica estancia ovina La Figura, con Carlos que aprendía francés e inglés antes que castellano. Egresó en la camada Juvenilia del Colegio Nacional, los poco más de cincuenta que serían el alma de la Generación del 80,  inmortalizada por su compañero en la función pública, Miguel Cané; y continuaría en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, con una disertación de ingreso referida a la instrucción pública, en 1863. Militante del partido autonomista de Adolfo Alsina, como casi toda la juventud porteña de elite, en 1865 integra el Batallón Belgrano, un cuerpo de voluntarios de Buenos Aires, que bajo los órdenes de Mariano Arenas, aquel veterano de la Guerra con el Brasil y comandante de los generales Lavalle y Paz, marcha a la Guerra contra el Paraguay, en el manto infame de la Triple Alianza. Como jefe de compañía, el alférez Pellegrini asiste a la batalla de Tuyutí, el mayor combate de la historia sudamericana con 60 mil soldados, a cargo con bravura de las coheteras que apoyaban a la infantería. La débil salud que lo caracterizó de pequeño hace que en 1866 Pellegrini solicite la baja para recuperarse en una quinta de San Isidro, al cuidado de su madre.  

En 1869 presenta su tesis de doctorado en abogacía “Derecho Electoral” que propone el sufragio universal y  argumenta “que la civilización ha colocado a la mujer, en cuanto a posición social, al nivel del hombre…no hay razón para no concederle el ejercicio de sus derechos políticos”, aseveraba quien era funcionario del Ministerio de Hacienda,  e integraba la redacción del diario La Prensa. Habría que esperar a 1949 para concretar este derecho democrático inalienable sin discriminar género. Los deportes no le son ajenos al sportsmen Pellegrini, que impresionado en la juventud con las carreras de caballos en Lanús, trabajaría en pos de la fundación del Jockey Club, en abril de 1882.        

Tras fracasados intentos en 1870 y 1871, al año siguiente obtiene un ansiado escaño en la legislatura de Buenos Aires de la mano de Alsina. Casa con Carolina Lagos García. Enrolado en el fragor político de los recurrentes levantamientos de Mitre y acólitos, Sarmiento despectivamente lo llama Gringo, cuestionando sus ideas sobre una proteccionista Ley de Aduanas,  o la de Conversión de papel moneda, tendiente a establecer fortaleza de un peso que se depreciaba con endeudamiento –en 1890 sería realidad y salvó el país del desastre social. Durante los setenta interviene en el Congreso contra las intervenciones federales, el desarrollo económico del Interior y aboga por la libertad de enseñanza –fundaría la Escuela Superior de Comercio en 1890-, pero especialmente promueve la defensa de la incipiente industria nacional. En 1876 parte en representación del gobierno argentino ante la banca europea, en medio de una crisis financiera de la presidencia Avellaneda donde ya se habla de la “insolvencia de los argentinos”, y apoya en 1879 la candidatura del Julio Argentino Roca. Ellos serían un tándem que sostendría al Partido Autonomista Nacional durante dos décadas. Avellaneda lo nombra Ministro de Guerra y Marina en los meses previos a la sedición de Carlos Tejedor, y personalmente, dirige a los ejércitos nacionales en las encarnizadas batallas de Puente Alsina, Corrales y Barracas de julio de 1880, pasos a la federalización de Buenos Aires, real comienzo de la Nación.

Volvería fugazmente al Congreso en 1881 para de nuevo viajar en funciones públicas, de negociación de deuda, a Estados Unidos de Norteamérica y Europa. A su regreso en 1885, el presidente Roca lo nombra otra vez ministro de Guerra y Marina, y firma el famoso decreto del 6 de octubre que prohíbe a los militares, activos y retirados, actuar en política –aún vigente-  Entre sus tareas gubernamentales Pellegrini, un punzante y lúcido periodista/editor, encuentra el momento de fundar la revista “Sud América”, la novedad en el periodismo local porque inaugura un medio de opinión y reflexión, de grandes firmas. Su partido lo nombra vicepresidente en la fórmula presidencial con Juárez Celman en 1886, una relación de contrapeso entre él porteño y un cordobés, pero que en los hechos naufraga en el denominado Unicato de Celman;  y el vacío de poder que ejerce la hegemonía porteña. Mientras Juárez Celman huía a Rosario, Pellegrini se ponía al frente de los batallones que combatían en Plaza Lavalle contra el levantamiento de los cívicos de Alem e Yrigoyen del 26 de julio de 1890, la Revolución del Parque.  

Carlos Pellegrini

Presidencia Pellegrini 1890-1892, o el Piloto de Tormentas salvó la República

“La Constitución acaba de hacerme presidente, pero la ruina que amenaza al país me prohibiría aceptar el puesto si no fuera capaz de evitarla, en cuyo caso el patriotismo me aconsejaría dejar el lugar a otros que pudieran salvar la situación y a cuyas órdenes yo sería el primero en ponerme. Necesitamos de ocho a diez millones de pesos para pagar en Londres el 15 del corriente, es decir, de aquí a nueve días, el servicio de la deuda externa y la garantía de los ferrocarriles; en el Banco Nacional no tenemos nada; si no pagamos seremos inscriptos en el libro de las naciones insolventes. Sólo la ayuda de todos los que están en condiciones puede salvarnos ¡Reclamo de ustedes esa ayuda en nombre de la Patria!”, recoge Juan Balestra el vozarrón de Pellegrini de la reunión desesperada con los más ricos banqueros y terratenientes, en la casa de Don Carlos de la calle Florida y Viamonte. Al día siguiente, aceptada la renuncia de Juárez Celman, un 7 de agosto de 1890 “aparecen” los 18 millones, y asume la presidencia; imposible no pensar las fotos a la prensa de la presidencia Macri con los empresarios, o el presidente Fernández con los supermercadistas, en similares situaciones críticas, y sus estruendosos fracasos, “les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”, diría un ministro radical en 1989. Pellegrini gobernó blindado de una comisión de notables aristócratas y adinerados. Pero también con la eficiencia de su ministro de Hacienda Vicente Fidel López, otro tildado de proteccionista (hoy diríamos nacionalista), que aumentó la emisión monetaria, elevó los aranceles aduaneros e impuestos a la tierra, y embargó los fondos extranjeros en bancos nacionales. Sí, eso hizo Pellegrini, adalid para algunos de la Argentina Granero del Mundo. Ante el temor de que Buenos Aires sea bombardeada por buques ingleses y norteamericanos, se hablaba de un préstamo de 100 millones de dólares que nunca se hizo efectivo, el presidente Pellegrini honró la deuda pero no dejó que el pueblo se muera de hambre. Por cierto nacionalizó los ferrocarriles y obras sanitarias, y recuperó 3000 leguas fiscales que se habían cedido a los amigos del ex presidente.         

En el frente externo la posición argentina fue inflexible con las tramoyas de comprometer al país con la caída del Baring Brothers, cuando unos días antes de la bancarrota de la entidad inglesa ellos giraron 5 millones de libras a Rusia, y las cuestiones limítrofes con Chile y Brasil. Argentina el primero que reconoció al Estado del Brasil en el entendimiento con el ministro brasileño Quintino Bocayuva. Fiel a sus ideas, respetó como nunca antes las autonomías provinciales, y alentó el sufragio limpio, ocurriendo las victorias de los radicales Aristóbulo del Valle y Alem en Capital Federal. Con Alem se enemistaría definitivamente cuando rechazó que cadetes militares asistan a un acto homenaje de la Revolución del Parque. Pese a ello compartían la necesidad del voto popular, en veredas opuestas, ya que para Pellegrini la manera de democratizar la sociedad era la vía institucional y el gran acuerdo nacional  – de hecho en su última candidatura concurrían conservadores y radicales. El país que entrega al presidente Luis Sáenz Peña, con las durezas económicas que durarían un lustro y las revueltas radicales a la vuelta de la esquina, era muy diferente al que había recibido, pacificado, finanzas equilibradas, retorno del flujo inmigratorio y superávit en la balanza comercial. Pellegrini, en sólo dos años, lo hizo.      

Caja de Conversión, Banco de la Nación  Argentina y Ley de Convertibilidad: el legado   

Estas fueron las tres llaves financieras de Pellegrini que legó para el despegue definitivo de la Nación, completadas las dos primeras durante su presidencia, y la última en una ley que respaldó el presidente Roca. Vale mencionar que el Banco de la Nación Argentina, fundado el primero de diciembre de 1890 –ley del 16 de octubre- comenzó a funcionar con un bono inconvertible y ficticio, y que a los cinco meses era la institución madre del sistema bancario, por su eficiencia y el apoyo estatal –en esto, aquellos que miden gestiones por reservas…Una vez en el llano, Pellegrini que subió aclamado a la primera magistratura y se fue silbado, solamente acompañado a la casa por Mitre, trabajó en la casa de remate de su cuñado hasta que los avateres políticos lo vuelven a llevar a la legislatura nacional. De 1893 a 1897 varios hablan del “apogeo de Pellegrini” en el espacio adecuado para el político que fue el gran legislador argentino del siglo XIX. Tras un nuevo viaje a Estados Unidos, de quien admiraba el sistema eleccionario y la pujanza industrial pero criticaba la política del “gran garrote”, incluso delante del presidente Theodore Roosevelt, asume una senaduría basada en revertir una realidad, en que “en la República Argentina hay dos tendencias…hay un pequeño partido que tiene asiento en el pequeño espacio que rodea a la Plaza de Mayo, y hay otro partido que tiene asiento en la Nación”, remataba indignado Pellegrini, en uno de sus innumerables discursos en defensa de las economías regionales y el industrialismo. Desde una posición respetada dentro del partido gobernante, apoyó el ingreso de del Valle al gabinete nacional a fin de descomprimir la agitación social, que duró cinco semanas, los radicales empeñados en la “revolución”, y Pellegrini, nuevamente, estuvo al frente de las batallones nacionales en la insurrección de 1893. Concurre a Europa a negociar nuevas condiciones de crédito, y en 1899 regresa a Buenos Aires aclamado, una vez más, “La llegada del Mesías”, caricaturiza la revista Caras y Caretas. Su última gran victoria legislativa ocurriría ese año con la Ley de Convertibilidad. Casi un siglo antes que Domingo Felipe Cavallo, fijó el peso al valor de 44 centavos paridad oro, con la muñeca de un valor que variaba según el crecimiento del trabajo argentino. O sea que no era inmutable, Domingo Felipe.

Sobrevendría la pelea con el presidente Roca, el matrimonio del partido que manejaba los hilos de un país, en mayo de 1901, con la discusión de la ley de unificación de deudas externas. Si bien el proyecto ponía en orden las fuentes de los acreedores, las decenas de buitres, la garantía de las aduanas era demasiado en una etapa que el movimiento popular y obrero empezaba a ganar las calles. Serios disturbios en los alrededores del viejo Congreso Nacional –pegado a la Casa Rosada- y pedradas en todas las casas de funcionarios, la de Pellegrini en Florida y la redacción de su diario industrialista El País fueron de los que más sufrieron el escrache, hicieron que un presidente Roca en retirada, al igual que el Orden Conservador, sacara de circulación el controvertido proyecto. Y cancelara una amistad de un cuarto de siglo con Pellegrini “Para mí no hay lugar en la República Argentina”, confesó a los gentleman del Jockey Club. Se retiró una vez más de la vida pública hacia Europa, donde permanece hasta 1904, rodeado de estadistas y artistas, entre ellos Sarah Bernhardt. A la mítica actriz Pellegrini había traído a Buenos Aires en los ochenta, y se rumoreaba un viejo affaire de Sarah y Carlos. En París sufre un grave colapso que hace pensar en su fallecimiento inesperado.

En el postrero cargo público, reingresa a la Cámara de Diputados en marzo de 1906, objetado por el diputado Alfredo Palacios. Pellegrini reconoce que habían comprado los votos, la práctica usual de su ex partido, pero que era necesarísimo transparentar el sistema eleccionario por la vía del acuerdo y no la conspiración. Y el joven socialista Palacios y el viejo conservador Pellegrini se estrecharon en un abrazo. Otra Argentina es posible. Y ese mismo día, el último que pisaba el veterano estadista el recinto legislativo mayor, ya en el nuevo edificio del Congreso Nacional de la avenida Entre Ríos, exclamó, “La Nación es independiente, libre, orgánica y vive en paz pero nos falta algo esencial: ignoramos las prácticas y los hábitos de un pueblo libre y nuestras instituciones son sólo una promesa y una esperanza…-y hablando a la hegemonía en el poder de cualquier época- ellos podrán tener la fuerza y el hecho, nosotros tenemos el derecho; ellos pueden ser dueños de este momento y de la situación; nosotros seremos dueños del porvenir”. Unos meses después, el 17 de julio de 1906, y atravesando una penosa agonía, Carlos Pellegrini falleció con la sirena del diario La Prensa, aquel donde publicó sus primeros artículos en defensa del trabajo y el comercio argentino, aullando la luctuosa noticia “General sin despachos, orgulloso porteño, nacionalista de intransigencia indígena; tal era Carlos Pellegrini”, sintetizaba Estanislao Zeballos en su necrológica, y Marcelo T. de Alvear señaló en 1941, “no hay mitín radical sin que el nombre de Pellegrini sea recordado ¿por qué? ¡Porque dentro de su orientación, tal vez equivocada, reconocemos que fue un gran patriota y un gran hombre de gobierno!” Un argentino de la primera ley, que los hermanos sean unidos sino los devoran los de afuera,  Don Carlos.                  

 

Fuentes: Scandizzo, D. R. El gringo Pellegrini. Buenos Aires. Corregidor. 1997; Pérez Izquierdo, G. La última carta de Pellegrini. Buenos Aires: Sudamericana. 1999; Groussac, P. Los que pasaban. Buenos Aires: Taurus. 2001

Imágen: TodoArgentina.net / Casa Rosada Argentina

Fecha de Publicación: 11/10/2021

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