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Carlos Menem. La Argentina deja el 45.

El profundo cambio político, económica y social de sus dos presidencias partieron la historia nacional. Y todo comenzó un agitado 8 de julio de 1989.

Historia
Alfonsin Menem 1989

Carlos Menem desde la cuna creyó ser el hombre providencial de un país. En su biografía, real e inventada, el ex presidente de los argentinos, en dos periodos elegido por la inmensa mayoría, aparecen cientos de anécdotas maravillosas que anunciaban un destino de poder, con la chance de transformar la realidad de muchos. Queda saber si en la mente del riojano fallecido en febrero pasado hubo alguna vez dimensión de cómo la década menemista, un mote puesto por sus adversarios para ligarlo con otras décadas infames, los treinta o el Proceso, trastocó la realidad nacional. Los radicales cambios acaecidos en esos cortos diez años fueron tan profundos como los de las dos primeras presidencias de Perón, o yendo atrás, las presidencias de Roca desde 1880, inicio de la Argentina moderna.  Modos de trabajo y consumo, costumbres sociales, modelos mentales, y muchísimos aspectos cotidianos más,  fueron rediseñados en la marcha  de privatizaciones, flexibilizaciones, patria financiera, desamparo estatal, erosión de la instituciones e industria, y apertura tecnológica sin control. Menem reescribió a su modo un ciclo abierto el 17 de octubre de 1945, e instaló un populismo de mercado, que pervive en los gobiernos heterodoxos posteriores: su gestión colocó a Juan Manuel de Rosas en la billetes argentinos, atados a la moneda norteamericana. Cómo diría Menem, un genuino exponente de la política criolla, en eso heredero de los Roca, Yrigoyen y Perón, síganme al principio del fin de los principios, un 8 de julio de 1989.  

Para entender 1989 también hay que otear un mundo que dejaba los modelos del Estado de Bienestar, que el peronismo quiso remedar, y aplicaba a rajatabla las recetas neoliberales, ajuste de los mercados internos, elevación de impuestos regresivos, monetarización extrema y caída de barreras arancelarias. La Caída del Muro de Berlín parecía anunciar el “Fin de la Historia”, no más derechas ni izquierdas, y un nuevo unilateral orden mundial emergía para América Latina en el Consenso de Washington, regido por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Para el gobierno de Alfonsín, que había empezado la ingeniería de las privatizaciones y la flexibilización laboral, caía a piedradas una dura situación económica que presagiaba un estallido social, con saqueos que se multiplicaban desde los primeros días de enero, al ritmo de una hiperinflación que llegaría el 3000% anual. Difícil será comprobar si hubo una movida deliberada para acelerar la situación crítica, el famoso “golpe de mercado” que se cobró varios muertos a lo largo del país, que bordeaba los 20 millones de pobres,  pero es un hecho que los productores rurales, y las grandes empresas, demoraron la liquidación de divisas, y retacearon la liquidación de impuestos, casualmente. Para seguir con la casualidades los futuros ministros de Menem, Guido Di Tella y Domingo Cavallo, aseguraron que el peronismo impondría un dólar “recontra alto”, y no pagaría la deuda externa. A la mañana siguiente hubo una devastadora corrida bancaria.   

Por aquellos días el dirigente Jorge Altamira sostenía, “en un voto a Menem, se esconde un Alsogaray”, en un impensada fórmula que unía peronismo y antiperonismo, un riojano que invocaba el caudillismo y que decía venir por la revolución productiva, el salariazo y la soberanía nacional, sumado a un liberal porteño que pretendía “achicar al Estado, liquidar a los caudillos, y terminar con los derechos a los trabajadores” Más hechos extraños ocurrieron después del triunfo en las urnas de la fórmula multipartidaria FREJUPO -Frente Justicialista Popular-,  Carlos Menem-Eduardo Duhalde, el 14 de mayo de 1989.   

Menem Duhalde Ruckauf

Menem lo hizo

A fines de mayo arreciaron los saqueos en Rosario, Tucumán y el Gran Buenos Aires, ante la pasividad de las policías locales, y en los barrios marginales corría el rumor de grupos armados por sediciosos militares, Los Carapintadas. El saldo fueron quince personas muertas. Según “El Jefe” de Gabriela Cerrutti, Menem recibe en su despacho de gobernador de La Rioja, una llamada urgente del presidente Alfonsín, “Presidente -dijo el tambaleante presidente saliente- este es un asunto de Estado y quiero participarlo. La situación es grave y según nuestras informaciones puede empeorar -Alfonsín había desplegado 2000 gendarmes, y mil prefectos, en zonas críticas- Acabo de firmar el decreto declarando Estado de Sitio. Necesito su apoyo”, a lo que electo presidente tantea a su interlocutor, “yo estoy volviendo a Buenos Aires el jueves, o el viernes” “Doctor, hoy es lunes. Estamos en un estallido social”, advirtió el dirigente radical, “puedo intentar estar allí el miércoles”, dice Cerrutti que contestó un “feliz” Menem.

Se reunirían el 31 de mayo aunque no hablaron del traspaso sino de los indultos que Alfonsín impulsaría a los militares genocidas que todavía no habían sido condenados, y la intención de Menem fue sumar a los carapintadas de la intentona de 1987. Unos días después Rodolfo Terragno se transformó en el encargado de negociar la salida anticipada, que en principio fue negada por Menem y sus colaboradores “Vos sabés que así no llegamos, Carlos”, retrucó Terragno, en una reconstrucción de Jorge Lanata vía Joaquín Morales Solá, y ofreció el primero, o el 17 de agosto, fecha más del agrado de Menem por su connotación sanmartiniana. Sin embargo, las declaraciones de los futuros funcionarios nacionales, en especial el Plan BB (Bunge & Born), de ajuste y nueva moneda, incendió las horas previas al pactado agosto. Bunge & Born, holding a quien el presidente Perón llamara “pulpo parásito, y vendepatria, que chupa la riqueza nacional”, en 1946.

“Menem no desmintió las declaraciones ni paró ninguna de las declaraciones políticas que piden la renuncia del gobierno. -El sindicalista Saúl- Ubaldini quiere hacer una marcha en mi contra y anda anunciando escarmientos -de acuerdo a Morales Solá, de Alfonsín a sus colaboradores en Olivos- Lo que está buscando esta gente es que los argentinos salgan a la calle y nos saquen a empujones del gobierno. Yo no puedo permitir que esto suceda -el triste recuerdo del golpe al presidente Illia en 1966-…hablé con -el vicepresidente- Víctor Martínez y lo convencí: ambos vamos a renunciar. Mañana mismo lo anuncio en radio y televisión”, cerraba un derrotado presidente el 11 de junio de 1989, dos veces, por Menem, y por la Historia.

Mientras tanto el electo presidente organizaba un asado multitudinario en la Estancia La Celia, “la extraña alianza formada por montoneros, carapintadas, masseristas, los Yoma, Alberto Samid y Jorge Antonio llegaba a reclamar su cuota de poder”, sentencia Cerrutti. En simultáneo se acordaban con las radicales, que aún gobernaban varias provincias y retenían un numeroso bloque legislativo, una serie de medidas que dinamitaría el Estado de Bienestar, o al menos, los ruinas que dejó la dictadura.

Un 8 de julio de 1989 se daría definitivamente vuelta la página de la Argentina y, se haría el “verdadero peronismo dejando de lado a los que se quedaron en el 45”, no más combatiendo el capital, sino teniendo relaciones carnales con el Capital.

Camino a La Meca del Poder

Dicen que Juan Perón le confió a Jorge Antonio cuando conoció a Menem en Madrid, “Quedate cerca de éste que tiene premio” Antonio sería uno de sus grandes amigos, y financista el empresario, en campañas y negocios. De estas historias hay miles que contaba el mismo Menem, que nació el 2 de julio de 1930 en Anillaco, o al menos eso dice él, pese a que en la partida figure nacido en ciudad de La Rioja, “sé que ha nacido en Anillaco (gota caída del cielo, en quechua) aunque digan que fue en La Rioja”, remarcaba en las entrevistas, y recoge Olga Wornat, “aunque ese nombre no figure en los libros de historia. En “Facundo”, Sarmiento describe, “país desolado, clima abrasador, suelo seco, semejante a Palestina” -sus padres serían parte de los 8 mil inmigrantes sirios arribados en el novecientos- Pero -Raúl- Scalabrini Ortiz dio la respuesta acertada, “tierra sin nada, tierra de profetas” Y supe entonces que cada uno de nosotros podía elaborar su propio destino y que, en la medida en que lo asumiera, podía interpretar el destino ajeno”, remataba Menem, que en árabe tiene el significado religioso “el elegido de Dios”

Pasó su infancia y adolescencia en la riojana Quebrada del Río de los Sauces, recordaba Menem que de niño boxeó con un oso de circo (sic), y de muchacho empezó a acercarse a sectores nacionalistas, y devorar las biografías de los caudillos, en particular Facundo Quiroga, de quien adoptaría las inconfundibles patillas. En Córdoba, a la par que estudiaba abogacía desde 1949, comenzó a jugar al básquet y, en 1951, su equipo ganaría uno de los Campeonatos Evita, donde recibiría el galardón en el Luna Park de manos de Perón y su esposa. Profundamente impresionado con el fenómeno peronista, vuelve a su provincia con el título en 1955, y organiza grupos justicialistas en la clandestinidad, uno nucleado en el Centro de Estudios Juan Manuel de Rosas - de sus primeras medidas en la presidencia fue la repatriación de sus restos.

Para 1957 es el referente de la juventud peronista proscripta y colabora activamente en la defensa de sindicalistas detenidos por la autodenominada Revolución Libertadora. Conoce a Ana María Luján, uno de sus grandes amores, antes que sus padres arregle su compromiso con Zulema Yoma en Damasco, madre de sus hijos Carlos y Zulema. En el mismo viaje de 1964 recala en Madrid para su primer encuentro privado con Perón, a quien acompañaría en el fracasado retorno de 1972. Sin cargos electivos anteriores, abortados siempre sus intentos de obtener una banca por las circunstancias políticas, el 11 de marzo de 1973 arrasa con un 70% en las elecciones por la gobernación de La Rioja, una de las provincias más atrasadas y pobres de la República. Obtiene la ansiada gobernación con el apoyo de organizaciones guerrilleras peronistas,  y grupos de cristianos ligados a los sectores populares, entre ellos el obispo Enrique Angelelli “Organizarse para tomar el poder”, rezaba la bandera durante su jura en el pueblo que nació su idolatrado Quiroga, San Antonio, pero progresivamente fue virando a la derecha, acompañando al gobierno de Isabel Perón. Y en tanto despejó el campo para la persecución y represión de los grupos de izquierda, que lo habían ayudado a tomar el poder, en materia económica aplicó una serie de impopulares medidas de ajuste, liberalización y recorte del gasto público, que son un precedente de lo que vendría veinte años después.  

Detenido por el golpe de marzo de 1976, no cumple su promesa de emular al presidente chileno Salvador Allende, y resistir a los tiros en su despacho. Fue encerrado en el buque “33 Orientales”, frente a Buenos Aires, junto a otros dirigentes políticos peronistas, “a mí no me torturaron físicamente, lo mío fue tortura moral”, repetía Menem, que dice haber escuchado gritos desgarradores en los prolegómenos del peor terror sufrido por los argentinos. Donde recibe un “golpe mortal” es cuando ya en el presidio de Magdalena, el autodenominado presidente Videla, le impide asistir al velorio de la madre. Pasó por Mar del Plata -allí conoció a los hombres cercanos al dictador Massera-, Tandil y Las Lomitas -Formosa, donde tendría un hijo; Menem, abonado a los problemas de alcobas y algo más-, y regresó a La Rioja en 1981.

“Es lo mismo que cuando un árbol deja de dar frutos porque sus ramas están añosas, y le quitan fuerza también al tronco ¿Qué es lo que hay que hacer? La poda. Ha llegado el momento de la poda para que el justicialismo vuelva a crecer con la fuerza de otras épocas…aquí, en el Interior está la verdad del peronismo. Algunos miran como que esto se agotara en 1983…tenemos que pensar en 1990”, vaticinaba Menem a horas de recuperar la gobernación riojana el 30 de octubre de 1983, y aventurando la renovación partidaria posterior, que lo depositaría el 8 de Julio de 1989 en el papel de salvador de la Nación “Estos hechos han formado parte de una especie de causalidad permanente”, se excusaría en 1998 el presidente Menem de los incontables casos de corrupción de su gobierno, ariete imprescindible del éxito modernizador del menemato. Aquella eficacia devastadora de las privatizaciones, y concesiones, que agrietaron una sociedad entera entre “ganadores” y “perdedores”, eliminando clases completas como la orgullosa clase media. Causalidades “del destino”, y modelos “sin anestesia”,  de un “elegido”, y que abrieron las fauces del abismo de 2001.  

Menem Zulema Yoma

Fuentes: Lanata, J. Argentinos. Tomo 2. Siglo XX. Desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa. Buenos Aires: Ediciones B. 2003; Cerrutti, G. El Jefe.Buenos Aires: Planeta. 1993; Wornat, O. Menem. La vida privada. Buenos Aires: Planeta. 1999.

imágenes: Télam

Fecha de Publicación: 08/07/2021

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