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Caras y Caretas: te conozco, mascarita

En octubre de 1898 comenzaba a circular una revista que aún es recordada por los argentinos, pese a que finalizó su primera época en 1941. Un díscolo Fray, su alma.

Historia
revista argentinos

Cuando los españoles Eustaquio Pellicer y Manuel Mayol, en compañía de Fray Mocho, deciden reflotar Caras y Caretas de este lado del Río de la Plata, ya que tuvo una prima mayor montevideana, el periodismo argentino era uno de los principales de la región. El ritmo de nuevas publicaciones ronda las setenta anuales, y las redacciones esparcidas en todos los barrios superan las mil quinientas. Los rápidos cambios económicos, sociales y demográficos de Buenos Aires producían un lectorado complejo, mezcla de criollos e inmigrantes, con ocupaciones y saberes dispares. Pero ávidos de consumos culturales que los integraran pronto a un país en construcción. Y Caras y Caretas será por costos, una décima parte del  precio de las revistas ilustradas y fotográficas del tipo “La Ilustración Sudamericana” (1892-1905), y, especialmente, por calidad periodística y publicitaria, un manual del argentino -porteño- Costumbres por aprender y nombres a memorizar, circunstancias a vivir y lenguas urbanas, todo eso quedará registrado en este “semanario festivo, literario, artístico y de actualidades” hasta que el diario Crítica (1913-1962) sea quien imprima una educación sentimental del pueblo. 

“Festivo”, puede ser con las caricaturas maliciosas de Cao y Mayol desde la tapa,  “literario y artístico”, poco, pero de “actualidades”, mucho. Y más que por las crónicas de un Juan José de Soiza Reilly, la actualidad brotaba en el costumbrismo de los aguafuertes y reseñas de Fray Mocho, Nemesio Trejo -inventor de la crónica policial amarillista- o Félix Lima, las novedosas coberturas fotoperiodísticas de Salomón Vargas Machuca, las primeras viñetas de humor gráfico, y las semblanzas con pretensiones líricas, donde podían firmar Leopoldo Lugones o Rubén Darío.

Los cien mil ejemplares semanales exprimían la agenda porteña al son de los “caricaretas”, tal eran conocidos sus periodistas, incluso abrían frentes poco explorados, “El tema es de actualidad. Muchos comentarios se han tejido alrededor del hecho. En verdad, lo merece…Trátase de una inteligente niña -la señorita María Angélica Barreda-, la primera mujer en la República Argentina que ha obtenido el título de abogada…el procurador general Dr. Manuel Escobar no ha permitido que la señorita Barreda, a pesar de haber nacido en La Plata, preste juramento para ejercer su profesión en la provincia de Buenos Aires”, arranca enfático el desconocido cronista y completa, “el doctor Escobar -distinguido jurisconsulto, cuya erudición está de acuerdo con la vieja idea de justicia masculina- rechazó el pedido de la primera doctora argentina, aconsejando a la suprema corte que no se concediese a una mujer el derecho de ejercer libremente la profesión de  abogado. El procurador se basa en que no existe ley que acuerde en el beneficio al sexo femenino. Para que este veredicto sea mucho más pintoresco agrega que tampoco existe ley que lo prohíba…muchos abogados se han manifestado a favor de la señorita Barreda, uno de ellos “la suprema corte no podrá rechazar el pedido porque no es patriótico ni humanitario…no es justo querer aplicar una ley a nadie que no existe””, recogía Caras y Caretas en 1910. Barreda, por su parte, aseguraba que había sido complicada su cursada debido a las “hostilidades de compañeros y profesores”, y comentaba indignada, “lo más curioso es que la cámara de apelación en lo civil de la ciudad de Buenos Aires, aceptó mi título acordándome el derecho de abogar. El 19 de mayo último presté juramento en el Cabildo, en la misma sala donde se reunió la Junta de 1810, y ante los mismos muebles que actualmente la adornan”, concluía exhibiendo orgullosa el diploma firmado por el rector de La Plata, el enorme educador Joaquín V. González.

Ponete la Careta y cuidate de las Caras

“La careta que fue un día símbolo/de franca saturnal, de alegre farra/ hoy todo la llevamos a porfía/ de la existencia en la infernal gabarra/ Y sólo cruza el mundo sin careta/  algún loco infeliz o alguna esteta”, pone de manifiesto la revista en 1899,  que la vida moderna porteña, donde el rico se podía cruzar con el pobre en Avenida de Mayo, emergía un novísimo roce peligroso. La careta, entonces, metáfora de una sociedad necesitada de la apariencia para sobrevivir sin conflicto. Caras y Caretas fue consciente de que debajo de las Caretas hervía una sociedad en ebullición, previa al yrigoyenismo, y emprendió la crítica a las Caras de turno -moderada, claro, en parte debido a que muchos de estos periodistas alternaban con empleos públicos para subsistir - Así cubre las primeras marchas obreras -y reprimidas- del Primero de Mayo , o la huelga de sastres y  modistas, “que en medio de la víspera al Centenario deja media Buenos Aires sin hilvanar”, y que se reúnen “en la sociedad Colonia Italiana de la calle Rodríguez Peña… discursos en varios idiomas, predominantemente el ruso y el italiano… al lado de una obrera modestísimamente  vestida se ve a un colega de gran sombrero, y elegante traje,  unidos  en el reclamo”, que incluye, transcribía, además de las ocho horas laborales,  y el reconocimiento de las organizaciones sindicales, la clausura de los talleres donde se trabaja a destajo, o sea los clandestinos. Sí, en 1909.

Y cuando no cargaba las tintas periodísticas, la realidad social se filtraba en las viñetas costumbristas, y que presentaban también las caretas de los nuevos personajes de la ciudad, podía ser el vendedor de pescado italiano o el almacenero español, o el temible para la sociedad porteña, proletario/ huelguista/anarquista/sedicioso. Estas máscaras emergen en textos plagados de lunfardo y cocoliche, piezas realistas del impacto de Mario Zavattaro -primer dibujante telúrico de Alpargatas antes que Molina Campos- y fotografías sensacionalistas. En “La Huelga” de 1902, un relato de Carlos Correa Luna, dibujos de Alonso, tres carreros, un criollo, un español y un italiano, conversan, “yo sé que ustedes dicen que la propiedá es cosa é robo…je, que ti amure el carro un cuentero y vamó a ver  si no da parte al chaferola -policía- como cualquier caminante –dice el criollo- que nos aumenten la quincena… estamos en lo que justo… pero eso de degoyar cómo anda gritando el tuerto y los que viven del pico, hay la mar de diferencia… Y pá qué después de todo… para hacer los mismos frailes, con alforjas distintas”, recupera el fragmento Eduardo Romano. Una semana más tarde se informa sobre una huelga donde se detuvieron 150 personas, y fueron expulsadas 79 del país,  según la Ley de Residencia o Ley Cané. Acompañado de abundante material fotográfico en el mismo puerto, se resalta que entre los expulsados había argentinos, el dirigente obrero Luis Saporito entre ellos,  y que el subsiguiente Estado de Sitio fue “apoyado por la opinión imparcial del país (sic)”

En Caras y Caretas asoma un horizonte a trabajar, cosmopolita sin ocultar las diferencias ni las contradicciones, entre criollos y gringos, el malevo Pascual y el tano Juan,  “patria grande, che, vamos a hacer nosotros y los gringos trabajando, dándole al talón y a la musculatura y  al pensamiento…Mirá Basguaele, arreglemó la diferencia con este cuez, e decá a lo dotore que se rasquen la cabeza, eh…Endonce, viva la libertá”, se lee en “La cuestión del criollismo” de Correa Luna. Por otra parte, el criollismo que alentó desde esas mismas páginas a los Evaristo Carriego y Ricardo Rojas.

Fray Mocho, ¡Bárbaro no….bagre!

Aunque no ejerció la dirección, la línea editorial costumbrista de José S. Álvarez (1858-1903), o el más conocido Fray Mocho, orientó la revista al menos en su primera década gloriosa. Este entrerriano, que en la secundaria del Colegio de Concepción del Uruguay ya había dirigido dos periódicos, pronto se destacó en su provincia, más cuando encabezó una huelga estudiantil en Paraná. Llegado a Buenos Aires colabora en innumerables diarios ligados a Sarmiento y los hermanos Gutiérrez, en las secciones policiales y sociales, y acrecienta su valorización de la cultura inmigratoria sin renegar su nativismo inicial. Fray Mocho se transforma en la voz de los que no tienen voz.  Y pocos escritores argentinos tendrán los vivaces diálogos, retazos de vida, de Fray Mocho. Funcionario policial, desiste de los salones y prefiere conversar con el bagre -como se le decía a los pobres- Desde un costumbrismo reformista, el autor de “Un viaje al país de los matreros” (1897), aquel libro de memorias de los rebeldes gauchos de sus cuchillas litoraleñas, ño Ciriaco, Yacaré y Chimango, Fray Mocho anticipa los aguafuertes con crítica social, maestro de los costumbristas Lima, Correa Luna y Santiago Dallegri, y fuente del género chico criollo teatral y el sainete. Y más allá con un cross a la mandíbula, o más acá con humor, Roberto Arlt y Guillermo Divito.

“Un noche, meses más tarde, nos hallábamos la Ópera con un compañero de rutas”, escribía en el “Hijo de Doñ´ Amalia” en Caras y Caretas (1901) sobre un caudillo de provincias, “-y el compañero dijo- “Pero aura miraba´l “Conejito” qu´es el nuevo diputado de nuestra provincia y qu´está allí en el palco con varios amigos…es el hijo´e Doñ´ Amalia, ¿se acuerda?...aquella china del bañao que nos sacó cuando nos perdimos…” –Y yo- Miré hacia el palco y ví, lustroso y rozagante, un tape -como se le decía a los personas con rasgos aindiados- de edad mediana que miraba como distraído la sala resplandeciente, y me acordé del modesto fogón campero a cuya orilla, una pobre china vieja chamuscaba la carne de un lagarto que sazonaría, a falta de sal, con buena voluntad y con cariño de madre”. Y finalmente, una advertencia a quien quiera oír, en otro mal llamado cuento, más bien el aguafuerte “Patriotismo…y caldo gordo”, “mirá hermano…. Yo sé lo que te digo… si la historia y el patriotismo, manejado con cierta malicia, no te pueden abrir cancha, es porqu´e estás destinao a vivir de tu trabajo… es bueno que tentés…La Historia… si aprendes a manejar la vida de nuestros guerreros… no hay caldo más sustancioso qué el que toman los patriotas… -hablan de Taquito, un compañero de Facultad- cuando hizo el descubrimiento de que aquella hija natural del trompa -patrón- de San Martín, recién estaba estudiando, y sin embargo se relacionó con -Vicente Fidel- López y Don Bartolo -Mitre-, terciando en una polémica entre -Paul- Groussac y - Estanislao S. - Zeballo … Ya la ves, ¿cómo no lo podrías hacer vos?…-y ante “a mí no me da el cuero” del amigo, le espeta- ”sos sonso y te la das por lo romántico, cosa que Taquito no tenía… ha de ir al Congreso y es caudillo…y si me apurás mucho –llega- hasta president´e la república. Con la historia y el patriotismo, che, se lleg´a todo en esta tierra”, sentenciaba en Caras y Caretas de 1902.

 

Fuentes: Romano, E. Revolución en la lectura. El discurso periodístico-literario de las primeras revistas ilustradas rioplatenses. Buenos Aires: El Calafate Editores. 2004; Mocho, F., Lima, F. y otros. Los costumbristas del 900. Buenos Aires: CEAL. 1980; Aparicio, P., Oropeza, M. (comp) Centenario. Una mirada periodística. 1900-1910. Buenos Aires: DGMCABA. 2011 

 

Fecha de Publicación: 13/10/2020

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