Buenos Aires - - Jueves 03 De Diciembre

Home Argentina Historia Cafés de Buenos Aires: aroma y esencia del porteño

Cafés de Buenos Aires: aroma y esencia del porteño

El 26 de octubre se celebra a los cafés de la ciudad, que fueron, son y serán un símbolo de amistad, luces, amores y buena vecindad.

Historia
Café bar Buenos Aires

“De chiquilín te miraba de afuera/como esas cosas que nunca se alcanzan” arranca el inmortal tango “Cafetín de Buenos Aires” (1948) de Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores. Y si bien los clásicos cafés porteños tienden a desaparecer, los nuevos cafés de franquicias continúan sin proponérselo la vieja tradición de la mesa compartida con el humeante brebaje árabe –o etíope-, “el café es un club sin reglamento ni disciplina y acaso sin responsabilidad, como no sea la tangencial e inesperada crónica pueda depararle. Los que allí llegan no van con el propósito de tomar café. Un temblor metafísico y ensueño sin relativismos los conduce a beber su taza de ilusiones y de inspiraciones y a encontrar algo así como una patria de almas,  sin limitaciones jurídicas, ni normas reguladoras”, brindaba Vicente Martínez Cuitiño una certera definición antropológica en 1949. ¿Quién no ha perdido las dimensiones de espacio y tiempo frente a un pocillo? ¿Y cuántas historias se destejieron y tejieron en una mesa redonda con sillas thonet? Eso late en el ADN de Buenos Aires.

“En los años del Virreinato aparecen los primeros cafés de Buenos Aires –escribe Ricardo de la Fuente Machain- que, siguiendo una arraigada costumbre española, hacían de mentideros, donde se propaga cualquier versión por disparatada que sea a favor del que se dice o parece, protectores del anonimato. Implicaban un grado superior a las clásicas tertulias pueblerinas de las farmacias…también a las pulperías en donde se reunían la gente de la campaña y los orilleros…los Cafés vinieron a llenar la necesidad sentida por las clases más elevadas  de la sociedad, y en especial la juventud, de comunicarse de las novedades, y participar desde lejos en la vida pública con sus críticas” En la Recova Vieja apareció el “Almacén del Rey” en 1769 y diez años después, el café “De los Trucos” en una de la esquinas de la actual Plaza de Mayo, no por el juego de cartas criollo, sino por una especie de billar muy similar al contemporáneo pool. Allí y en “Los Catalanes”, de las actuales San Martín y Perón, se encendería la mecha revolucionaria de los patriotas de Mayo

Continúan siendo foco de debate –y resistencia- civil durante el rosismo y los tiempos de la separatista Buenos Aires, se destacaba el Café del Plata, donde se podían degustar los primeros helados del Río de la Plata (1856), aunque no le ganaba al “café y leche”, no café con leche, y donde el azúcar no refinada venía en el plato cubierta con una gran taza. Entonces el parroquiano debía verterla sobre la taza y le servían el café, y la leche, hasta desbordar al plato. El acompañamiento era gigantes  tostadas con manteca,  y azúcar encima.    

Avanza el siglo y los cafés se confunden con fondos y academias, las cunas del tango, “la academia era simplemente un café en que servían mujeres y se tocaba música, generalmente en organillo; allí se bebía acompañado por estos dulces estimulantes y se bailaba entre copa y copa, con la misma camarera. Institución criolla en su origen e italianizada más tardes” anoticiaba Juan Carlos Giusti, y las ubica en su mayoría en la calle Corrientes y aledaños. Francisco Canaro (1888-1964) relataba que “Suárez y Necochea era el foco céntrico de los principales locales de diversión de La Boca. La casa en que trabajábamos se llamaba café “Royal”…era servido por camareras que vestían de negro…se tomaba café a la turca (un café que dejaba espesa borra en el fondo del pocillo)” y menciona que competía con “La Popular”, el “Bar de la Negra Carolina”, una negra norteamericana que recibió al escritor norteamericano Jack London, y el café Marconi de Olavarría el 600, cuna del socialismo –y de la izquierda- argentina.

En los diez brillan las grandes confiterías como “Del Águila”, “El Molino” y “París” junto con los cafés que imponen la clásica pareja de mesas de madera y sillas redondas en un espacio damero. Los escritores empiezan a tomar sus mesas como segundo hogar y espacio ficcional, en una costumbre  que se rastrea en el Manuel Gálvez de El mal metafísico (1916), tramado en el café “La Brasileña”, hasta Julio Cortázar en el primer capítulo de Los Premios (1960) que transcurre en la “London” de avenida de Mayo –se encuentra una figura del escritor actualmente en local, al igual que otra del poeta tanguero Enrique Cadícamo en “La Puerto Rico” de la calle Alsina “Rubén, es una tontería entrar a llenarse de humo y ensuciarse en este antro”, le decía el dramaturgo García Velloso al poeta nicaragüense Rubén Darío, y la responde para la posteridad, “Vamos, Enrique, entremos que este es el café de los inmortales, y por ello estaremos en nuestro elemento”, bautizándolo cuando estaba a cien metros del emplazamiento de hoy de la avenida Corrientes. Todavía eran antros exclusivos de los varones, las mujeres entraban por una puerta lateral, si existía, e iban directo al reservado. Recién en los sesenta las mujeres serían los motores del resurgimiento de los cafés como “La Paz”, hoy irreconocible en la avenida Corrientes, el “Politeama”, en la calle Paraná, o el “Bar o Bar”, mudado en la calle Tres Sargentos. También fueron la llama en el “Florida Garden”, un típico café de los cuarenta, quizá la época de gloria del tradicional cafetín porteño, e insuflan libertad y arte en la Manzana Loca del Di Tella.

Cafés Notables, en tu mezcla milagrosa, de sabihondos y suicidas

Del  “9 de Julio” en Mataderos al “Miramar” de San Cristóbal, pasando por el “Rivera Indarte” de Flores o “El Progreso” de Barracas, son más de cuarenta los cafés reconocidos como Notables por el gobierno de la Ciudad. Esa alma de la auténtica porteñidad, y que nos conecta con nuestras tradiciones, aún la podemos encontrar en dos ejemplos escogidos por el gusto popular y la leyenda urbana.  El Gran Café Tortoni”, inaugurado en 1858 por el francés Touan en Esmeralda y Rivadavia,  llegó a la avenida de Mayo el 26 de octubre de 1893 –fecha del “Día de los Café” desde 2000-, obra magna de Alejandro  Christophersen (1866-1946). En aquellos días invitaba distintivo, además de un exquisito café negro, a saborear la leche merengada, helado de leche, claras de huevo batidas a nieve y canela o el exquisito chocolate con churros. Durante los festejos de la Revolución de Mayo en 1910 recibe el título del “Mejor Café de Buenos Aires” Unos años después albergaría la famosa Peña de Tortoni (1926-1943) de Quinquela Martín y Alfonsina Storni, entre varios geniales artistas argentinos, y que contaba con un excepcional piano Steiway, donde tocó Arturo Rubinstein o cantó Carlos Gardel, y que con su subasta ayudó a financiar en el monumento a Storni en Mar del Plata, obra de otro peñero, el escultor Luis Perlotti. Otra peña singular que funcionó allí es la criollista “Camoatí” de Ricardo Lavalle y Alejandro Usussi “A pesar de la lluvia yo he salido/a tomar un café. Estoy sentado/bajo el toldo tirante y empapado/de este viejo Tortoni conocido”, son los versos de Baldomero Fernández Moreno.

Otro versos, ahora de Homero Manzi, “San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo/ Pompeya y más allá la inundación” en el imperecedero tango “Sur” (1948) coescrito con Aníbal Troilo. Homero era el poeta de otro café notable, desaparecido en 1958, el “Café Benigno” de la calle La Rioja, en Parque Patricios. Manzi, el poeta mayor de la luna y el misterio arrabalero.  Pero dicen que en una de las mesas de San Juan y Boedo, cuando se llamaba “Café Canadian”, antes “Nippón” –que aún vuelve al presente tallado en uno de los vidrios exteriores-, antes “Del Aeroplano”, Manzi imaginó en 1947 la poesía de “Sur”, un tango que define a Buenos Aires. Para los años sesenta cambia a “Café Esquina Homero Manzi”, esta balsa que rescataba a los náufragos de toda hora con un  caliente café exprés, abierta los 365 días del año. Diez años después el escritor Isidoro Blastein (1933-2004), dueño de una librería cercana, lo transforma en un nuevo punto de la intelectualidad bajo la estela del populista Grupo Boedo de los veinte. Sobrevivió a duras penas en los noventa de un cierre definitivo, declarado Sitio Histórico Nacional, y hoy aún se pueden ver a los herederos de los Barletta, Filiberto, Hebequer o Arlt leyendo  mil horas, o garabateando otras tantas,  en una mesa con el mismo cortado chico.    

 

Analistas a la mesa y en el  Estaño, me diste en oro un puñado de amigos

Un inglés comentaba en 1825 que los mozos porteños son “extremadamente curiosos y hacen preguntas indiscretas pero en tal forma que uno no puede enfadarse. Uno de esos caballeros que entabló conversación conmigo me hizo varias preguntas sobre Inglaterra y los ingleses, declarando que eran sus clientes extranjeros preferidos…Pero, súbitamente, inquirió por qué razón los ingleses tenían la cara tan rubicunda…”, cerraba de quienes nos  prestan la oreja sin mirar a quien, también ellos en vías de extinción,  con sus chaquetas cortas celestes y el repasador desteñido en la manga. Y a veces daban un poquito más, “los mozos de “Los Inmortales” no eran camareros comunes. No ganarían mucho de propina, pero vivían en un clima de inteligencia que los hacía comprensivos. Conocían a los hombres que realmente tenían algo en el espíritu y a los que discutían por entretener al hambre. Pero a todos, en trance de llegar de la calle a la hora de comer demasiado temprano y con un palillo entre los dientes, era seguro que le servirían el café con leche, pan grande y mucha manteca, que valía por un cena. Deuda de honor aquel completo salvador, que siempre se pagaba con el primer peso ganado”, recordaba José Antonio Saldías. Una solidaridad entre parroquianos y mozos, una pequeña comunidad con aroma de café, que no excluía a los trompas, “junto al mostrador, atalayando el breve panorama…el patrón lo hace todo: comanda la máquina exprés, sirve los pedidos, maneja la caja, lava las copas y taza, sostiene la cháchara, dormita de pie, prepara los especiales de crudo y queso y por las noches, arremangados los pantalones, baldea el piso…puede ser criollo, italiano o catalán, pero generalmente es gallego, de la estirpe que, reclamando en una oportunidad por la protesta vehemente y vociferante de un señor que desembuchó su bronca contra el mozo poco diligente que no lo atendía, le aclaró con acento bien galaico y el gesto fiero: Díjole, señor, que la casa no atiende alcajueterías”, rememoraba José Barcia “La fe en mis sueños/ Y una esperanza de amor” suena de fondo con la voz del Polaco Goyeneche o Edmundo Rivero, gracias totales, mi cafetín de Buenos Aires.

Coda allegro, no réquiem,  del café de Buenos Aires, corazón porteño que seguramente sobrevivirá a cualquier virus, cualquier moda: como decía el poeta Néstor Astur Fernández, “Mil nombres de fantasía/ y exotismo ¿para qué?/ Si al final, todo café/será el café de la esquina”

 

Fuentes: Giusti, J.C. Los cafés en “La vida de nuestro pueblo” Tomo II. Buenos Aires: CEAL. 1982; Cafés de Buenos Aires. Buenos Aires:DGPCABA. 1999; Del Pino, D. y otros. Buenos Aires. Los Cafés. Volumen 1. Buenos Aires: Librerías Turísticas. 1999  

Fecha de Publicación: 27/10/2020

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

Historias de café
El Cafetín.

Temas

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Argentinos por el mundo
viajero El mundo según Fede

Fede viaja por el mundo y comparte sus experiencias en redes sociales. Conocé la historia de este sa...

Tradiciones
carnaval de Sastre Un Sastre sin disfraces

Este verano no podremos ver las espectaculares producciones que la localidad santafesina de Sastre o...

Tradiciones
Serenata de Cayafate La magia de Cafayate y su serenata

Se trata de uno de los festivales folclóricos más importante del país que se realiza todos los años...

Tradiciones
El Carnaval de Chimbas Ritmo y alegría en el Carnaval de Chimbas

El Carnaval de Chimbas es la gran fiesta sanjuanina y una de las más importantes de la provincia.

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades