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Buenos Aires - - Martes 28 De Septiembre

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Atentado a la AMIA. Perseguirás justicia.

Uno de los atentados más crueles de la historia nacional no tiene acusados ni culpables ni pistas firmes. 27 años, 85 muertos, 300 heridos, 44 millones de argentinos son la memoria activa.

Historia

A las 9.53 del 18 de julio de 1994 con la voladura de la Asociación Mutual Israelita-Argentina, y los edificios colidantes, estalló por los aires no solamente un símbolo de integración cultural y social, un proyecto de nación solidaria, sino que todas las instituciones argentinas. La interminable saga de mentiras, complicidades y encubrimientos, cinco presidentes de distintos signos acusados de manipular la causa, la guerra entre servicios de inteligencia del mundo, jueces y fiscales que terminaron en parte del juicio como acusados, y hasta un fiscal federal misteriosamente suicidado, enumeran sólo algunos de los hilos de un ovillo macabro, que arrancó vidas, y destruyó la confianza de un país en sus representantes. No solamente la Justicia, o el poder policial o los legisladores, perdieron el respeto popular, sino que el periodismo empezó a verse como un resorte de los intereses de quienes no desean que los ciudadanos reclamen y persigan justicia. Esos atentados, que visto en retrospectiva deberían constituir una misma línea con la bomba en la Embajada de Israel de 1992, golpearon no solamente la comunidad judeo-argentina, la sexta más grande del mundo, sino al ser argentino “El atentado a la AMIA es una gran pústula en la ilusión argentina. Fue un producto de la sombra, sale de esa Argentina oculta, de propietarios de los bienes materiales y de sus símbolos más falsos y precarios que legítimos y verdaderos. Lo que cuesta admitir que ese hecho brota junto a quienes  nos obstinamos en la ilusión de un país de integración humana, e intenta poner sobre ella la sombra de la muerte, como si la que pudimos sortear estuviera al acecho, esperando otra oportunidad”, reflexiona el escritor Noé Jitrik.

El sitio y al año para el asesinato de 85 personas, y más de 300 heridos, sin contar las millonarias pérdidas para la vecindad de Pasteur 633, Balvanera,  no significa una casualidad. La AMIA cumplía cien años apoyando los proyectos comunitarios de la colectividad, y se constituyó en  la matriz generadora de importantes iniciativas como el Consejo Central de Educación Judía, la Federación de Comunidades Judías de la Argentina, y la Fundación Tzedaká, entre otras. Desde sus humildes inicios, en la gestión de un cementerio bajo los preceptos del judaísmo, intensificó sus lazos con la sociedad, excediendo a los hijos de la estrella de David, y en 1920 ya proponía abiertas bolsas de trabajo y cursos de oficios y artes. Orgullosamente la sede había sido inaugurada en 1945 y era un punto de encuentro ciudadano en Buenos Aires, sin prejuicios. 1994 debía ser un año de festejos para la AMIA y se transformó en una montaña de escombros y llantos.

Un par de años antes aconteció un poderoso llamado de atención que aún está impune. La voladura de la Embajada de Israel de la calle Arroyo, que se cobró 29 víctimas, un centenar de heridos y destrozó viviendas, una escuela, un convento, una iglesia y un geriátrico. Ocurrido un caluroso 17 de marzo de 1992 a las 14.47, quedó en manos la investigación de la Corte Suprema de Justicia, que aún jamás sustanció el juicio no informó de avances “Cuando fue el atentado de la Embajada –confesaba el cineasta Eduardo Milewicz- yo estaba filmando una serie de televisión en la calle Arroyo, justo enfrente. Había una toma que no salía, decidimos irnos, y cinco minutos después nos enteramos de la explosión. Me llamó la atención que nunca nadie me haya pedido las cintas del video, algún material que hayamos registrado” Mal augurio. Al igual que el escenario de una Corte, que un mes antes del crimen de la AMIA,  se declaraba incompetente en  el criminal acto perpetrado en una de las zonas más custodiadas de la ciudad, y que Hezbollah, la organización terrorista musulmana, anunciaba que realizaría atentados luego del Campeonato Mundial de Fútbol de Estados Unidos 1994, sin necesariamente reconocer la autoría.

En el frente interno, además, era  efervescente año eleccionario, el presidente Menem había conseguido la reforma constitucional en 1993 a través del Pacto de Olivos con el radicalismo de Raúl Alfonsín, y emergía un clima de agitación social, con la desocupación en aumento, repetidas denuncias de corrupción contra funcionarios, y un estructura policial sumamente cuestionada, especialmente la bonaerense, con casos de gatillo fácil, y lazos con nefastos grupos de tareas de la dictadura. Además molestaba el exagerado alineamiento de Menem con Estados Unidos, las relaciones carnales, que involucraban a los argentinos en un lejano, y peligroso, conflicto de Medio Oriente –recuérdese que por insistencia norteamericana se dio de baja el proyecto del misil Cóndor, que había sido financiado en parte por Siria. Conjeturas que hicieron eclosión esa mañana del 18 de julio de 1994, en la cual se segaron inocentes con total impunidad. Y que también brotó  una nueva muestra de la solidaridad argentina, en especial de los estudiantes y médicos de los cercanos Hospital de Clínicas y la Facultad de Medicina, ambos de la Universidad de Buenos Aires. Hoy un gigantesco mural sobre la calle Uriburu recuerda el heroísmo, y desinterés, de los jóvenes que asistieron a los heridos, sin mediar el peligro de los derrumbes. Junto a ellos, decenas de colaboradores de la colectividad, bomberos y policías que removían toneladas de cemento, hierro y vidrio, buscando un milagro. El 10 de agosto de 2016, se identificó la última víctima como “Augusto Daniel Jesús”, la número 85, un joven de veinte años que asistía, junto a su madre, a un curso para el cuidado de enfermos, en la mutual.     

 “No sólo odiaban la vida los autores materiales e intelectuales de la masacre, también odian la vida los que persiguieron la injusticia, porque la impunidad no es sólo falta de justicia, la impunidad es falta de ética, de empatía, de alegría, de amor, de moral, de decencia, de honradez. La impunidad no fue algo que surgió espontáneamente. La impunidad la construyeron funcionarios públicos y dirigentes comunitarios inescrupulosos. La impunidad no tiene vida propia, la crean los hombres con sus dichos y con sus actos, con sus mezquindades. Un monstruo que se instaló en nuestro país, se adueñó de la justicia y no se quiere rendir. Persiste con fuerza”, decían los referentes de las víctimas en el homenaje de julio 2020, con un panorama que aún no presenta avances pese a los promesas del presidente Fernández, que afirmó  en una reunión con la colectividad que el tema AMIA se halla dentro de la agenda del Ejecutivo. 

En este 2021, en el contexto pandémico, y sin las posibilidades de las concurridas manifestaciones de años anteriores, el homenaje se realizó a las 9:53 del viernes 16 de julio, bajo el lema "Conectados contra la impunidad", y convocado por la AMIA, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y Familiares de las Víctimas. Las organizaciones invitaron a participar a través de la consigna "Desde donde estés, decí presente. Sigamos haciendo memoria y exigiendo justicia", y pudo verse en AMIA online, en el canal de YouTube, y en la página de Facebook –acto disponible en la site de la Mutual- Además se prepararon una serie de homenajes a los fallecidos y sobrevivientes, varios de ellos trabajadores de AMIA.

Los oscuros días después

Luego de una opaca investigación, que incluyó pistas falsas, alegatos cuestionables, controversiales terroristas y una voluntad poco democrática de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales, se arribó al primer juicio en 2001, por la denominada “conexión local” o “Causa Brigadas” Algo que ya la comisión investigadora del Congreso Nacional había objetado en 1997, “falta de voluntad gubernamental en investigar y contribuir realmente en el esclarecimiento”, cuando todo apuntaba a inculpar policías bonaerenses y un reducidor de autos, y una enrevesada pista iraní; que sería también el norte del proceso posterior del fiscal Nisman. En 2009 la Corte Suprema anularía todo lo actuado. En 2015, Nisman encabezaría un segundo juicio de la “conexión  local”, ahora contra los funcionarios del gobierno de Menem, el primer juez de la causa Galeano y sus fiscales –él mismo era parte de este grupo-,  Rubén Beraja, ex presidente de la DAIA,  y el ex jefe de la Policía Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires, gestión de Macri, Jorge Alberto Palacios (a quien además acusaba de amenazas y escuchas ilegales a familiares de AMIA, y otros miembros de la colectividad y opositores, cosa que se corroboró) ​ El 28 de febrero de 2019 fueron condenados por encubrimiento y corrupción el ex juez de la causa AMIA Juan José Galeano, el ex jefe de los servicios de inteligencia Hugo Anzorreguy, Carlos Telleldin y otros altos funcionarios del menemismo. A Telleldín, en el tercer juicio de la AMIA,  un personaje que había cobrado 400 mil dólares durante sus primeras declaraciones, pagados por el Estado Nacional, se lo acusaba de partícipe necesario del atentado, por haber facilitado el vehículo, pero fue absuelto en 2020.   

“En 2005, luego de la sentencia del Tribunal Oral Federal 3 que anuló gran parte de la instrucción de la causa AMIA a cargo del ex juez Juan José Galeano y del informe del veedor Claudio Grossman, Memoria Activa llegó a un acuerdo de solución amistosa con el Estado y éste asumió su responsabilidad internacional por incumplir el deber de prevenir y de investigar diligentemente, además de su responsabilidad por encubrir. Reconoció también la violación del derecho a la vida e integridad física y a las garantías y protección judicial. Se comprometió, entre otras cuestiones, a investigar diligentemente, juzgar y sancionar a los responsables por el atentado y su encubrimiento, a reformar el sistema de publicidad de los fondos reservados de la agencia de inteligencia, a reparar a las víctimas, etc. Argentina incorporó este acuerdo a su legislación a través del decreto 812/2005. En 2009, pedimos dar de baja la solución amistosa: el Estado no estaba cumpliendo con los compromisos asumidos (no sólo en términos de resultados sino que no hacía ningún esfuerzo para intentar cumplirlos) Hubo muy pocos avances y mucho de lo que sí mejoró después retrocedió”, aparece en el sitio de Memoria Activa, en un hecho histórico donde el Estado Argentino reconoce su culpabilidad en la falta de esclarecimiento de la “deshonra nacional”, como la calificaba el presidente Kirchner. 

Después de 22 años se descubrieron pruebas en una freezer de la Policía Federal de que la voladura fue por una camioneta Traffic, “Con este hallazgo quedan definitivamente despejados los fantasmas. Se descartan las ideas de que el explosivo estaba en el volquete que estaba frente a la AMIA; la teoría de la implosión; la hipótesis de que la bomba ingresó al edificio de Pasteur 633 en los materiales de construcción con los que se trabajaba en el lugar, o la de que se plantaron el motor y los restos de la camioneta para armar una escena", aseguraron al diario La Nación los fiscales Sabrina Namer, Roberto Salum y Leonardo Filippini, aunque no aclararon entonces por qué unos años antes, sin mucha difusión, se había condenado a los dueños de la empresa de volquetes,  que habían puesto uno en la puerta de la AMIA, cuatro  minutos antes de la explosión, determinándose además que habían comprado unas diez toneladas del explosivo utilizado: nitrato de amonio o amonal. Tantas preguntas  para una investigación comandada por una Secretaría de Estado que el presidente Macri cerró en 2018 por “falta de resultados y escasa transparencia”, una que él mismo había creado para reemplazar a la Unidad de Investigación creada por el presidente Kirchner en 2004,  en la figura del controvertido fiscal Nisman, quien estuvo casi desde el comienzo de la causa, y tenía un oscuro antecedente en la represión del alzamiento de La Tablada en 1989. Nisman sería encontrado muerto en su departamento el 18 de enero de 2015 y sus restos reposan en el Cementerio de La Tablada, a veinte metros de los muertos en AMIA, en un sector denominado “Los mártires”

Historias de la AMIA

Paola era hija de Ana Czyzewski –relata el periodista Alfredo Leuco- Aquel día había ido a la sede de la AMIA a ayudar a su madre en la auditoría externa de la mutual. Estaban felices. Los tres años de la Facultad de Derecho le iban a permitir a Paola colaborar con su madre, iban a trabajar juntas por primera vez. Paola tenía 21 años. Le gustaba navegar en su computadora y soñaba con viajar por Europa y tener dos hijos varones, que hasta había bautizado de antemano como Kevin y José. Ana fue a otro sector del edificio a enviar un fax  y eso la salvó. Después de la explosión y el derrumbe la rescataron ilesa entre las piedras y las maderas. Ahora el cuerpo de Paola está cubierto por una gran piedra blanca en el cementerio de La Tablada, que dice Víctima del Atentado de la AMIA…Ana es una madre de la calle Pasteur que sigue el camino bíblico, “justicia, justicia perseguirás”

 “Faltaban 15 minutos para la diez de la mañana y a esa hora mucha gente iba al trabajo  -ahora en la pluma Walter Goobar- Luisa Miednik, ascensorista de la AMIA desde hacía 27 años, entró al edificio cinco minutos antes de la explosión. Había bajado del colectivo 99 en Viamonte y Pasteur y le llamó la atención el silencio de la calle. En los departamentos de la zona los moradores desayunaban leyendo el diario.  Sebastián Barreiro, de tres años,  caminaba por Pasteur de la mano de su mamá. Iban hacia el Hospital de Clínicas y cerca de las diez de la mañana pasaron por la puerta de la AMIA. Rosa, la mamá, se salvó. Ingrid Finkelchtein tenía 18 años y su vida estaba dedicada al grupo Duran Duran. Esa mañana había ido con su madre, con su amiga íntima Carla Josch y Analía, la hermana de Carla, a buscar un empleo. Las cuatro murieron en la Bolsa de Trabajo de la AMIA. Jorge Antunez tenía 18 años y trabajaba de mozo en un bar de Tucumán y Pasteur. Había llegado de San Juan hace dos años y planeaba terminar séptimo grado en una escuela nocturna.  David Barriga, un obrero boliviano de 28 años que trabajaba en las refacciones de la AMIA, le había pedido a su hermano Julio que lo acompañara a una inmobiliaria porque quería comprarse un terrenito. No alcanzaron a salir: la bomba detonó a las 9.53 y ninguna de las 85 víctimas estaba preparada para morir” Una tragedia argentina que grita Justicia.

Fuentes: Salinas, J. J.  AMIA. El atentado. Buenos Aires: Planeta. 1997; La infAMIA. Buenos Aires: Colihue. 2018; Memoria Activa 1994-1998. Especial Página/12. Buenos Aires. 1998; Nakache, J. Cuestión de Estado. Buenos Aires: Milá-AMIA. 2009; www.memoriaactiva.com; www.amia.org.ar/

Imágenes: AMIA

Fecha de Publicación: 18/07/2021

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