Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Arturo Illia. Un médico para un país enfermo

El 7 de julio de 1963 un modesto doctor de pueblo se adjudicaba una de las elecciones más reñidas, sólo comparable al 2003. Illia, el presidente valiente y honesto.

A principios de 1963 la realidad política argentina se hallaba entrampada entre la proscripción del peronismo, las internas militares de colorados y azules, que se dirimían a cañonazos en plena ciudad de Buenos Aires, y la reglas volátiles del gobierno títere del presidente Guido. La Unión Cívica Radical había sufrido en tanto la escisión en dos facciones, la UCRI (Intransigente), cercana a la línea frondicista y al acuerdismo con el peronismo en sus diversas tendencias, y UCRP (del Pueblo), liderada por Ricardo Balbín, que agrupaba antiperonismo, e yrigoyenismo, por igual. En este marco surgía la figura de Arturo Illia, del riñón de popular sabattinismo cordobés, con la firmeza de un liderazgo que pueda interceder entre militares, nacionalistas, desarrollistas y sindicalistas. La clara victoria en las elecciones anuladas para gobernador de Córdoba, unos meses antes, lo depositaban en la carrera presidencial, que los militares a regañadientes abrieron a fin de atenuar las tensiones. Illia, “la Tortuga”, para algunos, el presidente más honesto de los argentinos para otros, que juró en traje propio sin el frac tradicional, y caminaba por las calles sin custodia, a partir del 7 de julio de 1963 forjó una de las mejores gestiones del siglo pasado.

La candidatura del humilde médico de Cruz del Eje, que vivía en una casa donada por el mismo pueblo, empezó desde el mismo golpe de 1962 contra el presidente Frondizi “¿Sabe para quién estamos trabajando? Para Arturo Illia”, repetía Balbín a seguidores, e incrédulos, que no comprendían su decisión de apartarse de los candidateables en la Convención Nacional. Mucho se ha especulado sobre este determinación, Balbín el eterno presidente postergado según Adrián Pignatelli, aunque a ciencia cierta se sabe que su círculo más cercano había recomendado que se abstenga, debido a las altas chances de una derrota. También debe considerarse que Balbín reconocía en Illia, “un puñal en las costillas” decía su mentor Amadeo Sabattini, una capacidad de negociación que él mismo carecía, tanto por sus contactos con los militares colorados golpistas enceguecidos, como con los sindicalistas neoperonistas y de izquierda. No por nada de haber sido electo Balbín en 1958, Illia hubiese sido su ministro del Interior, a quien conocía muy bien de sus épocas de estudiantes de medicina, y del congreso nacional en diputados, en 1948.

“Las Fuerzas Armadas no deben gobernar; el Ejército se constituirá en el sostén de los derechos del pueblo. El comunismo siempre surge después de la dictaduras, nunca antes”, señalaba famoso Comunicado 150, redactado por el periodista Mariano Grondona para los militares azules de Onganía, y dejaba abierta la puerta de nuevos comicios, convocados el 14 de enero de 1963, pese a que los militares colorados se alzaron en armas para impedir las elecciones. Un escenario político caótico se cernía con decretos que terminaron prohibiendo a los candidatos del Frente Nacional y Popular, que agrupaba a la UCRI, los peronistas -bajo la Unión Popular- y pequeños partidos.  Vale mencionar que esta actitud frentista fue en un principio alentada desde el mismo gobierno bajo el mando de los azules pero que de a poco fueron cortando estos lazos por la maniobras de Perón desde España. Tampoco veían con buenos ojos que el radicalismo se presente dividido, como finalmente ocurrió, porque temían una UCR nuevamente unida y victoriosa, por lo que azuzaron la discordia entre Balbín, y Oscar Alende, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires que representaba a los intransigentes, y desarrollistas, de Frondizi. Para ello finalmente consolidaron una cuña, el partido del golpista Aramburu, Unión del Pueblo Argentino, que proponía cumplir los objetivos liberales de la autodenominada Revolución Libertadora de 1955, y finiquitar la desperonización del país “Él tiene lo que hace falta”, “Orden en todos los órdenes”, y, llanamente, “Llenemos el Congreso de gorilas”, fueron algunos de los eslóganes. La democracia restringida estaba servida.

Mientras Perón y, contra su propio partido, Frondizi  llamaban a la “abstención revolucionaria”,  Balbín buscaba fortalecer al candidato de la UCRP rechazando los ofrecimientos del general Onganía para conformar un frente, y las negociaciones con los militares del radical conservador Miguel Ángel Zavala Ortiz.  El 18 de abril se proclamó la fórmula Illia- Carlos Perette, un radical entrerriano afín al nacionalismo, y se lanzó el documento “La UCRP y el momento actual”, a favor de la pacificación y unión nacional,  un adelanto del programa de gobierno.  

Puertas adentro del radicalismo, la fórmula no despertó ninguna simpatía, y recuerda Héctor Marino, del Comité Nacional, que los miles de afiches impresos en el mítico diario El Mundo de la calle Río de Janeiro, “La fórmula para un país enfermo”, “Paz, seguridad y Trabajo”, “Trusts petroleros o Illia-Perette”, y “Cuídelo”, tuvieron que ser retirados por él y un afiliado.  Para todo el país. En el panorama que traza Pignatelli, Illia obligadamente tuvo una campaña signada por la austeridad, con escaso apoyo del Comité Nacional, y recurriendo a la voluntad de los militantes con el aviso recordado de “…no tenemos con qué” -del otro lado, con los millones del Estado, el partido de los militares inundaba las calles con “Aramburu lo tiene todo” En el cierre de campaña en el Luna Park, el dirigente radical diría, “no importa quién llegue al alto del asta, lo que importa es la libertad nacional”, en una plataforma que apostaba a la libre competencia electoral, y al imperativo de subordinar las corporaciones militares, y sindicales, al gobierno civil.

 

“Illia trae la novedad que se puede gobernar en libertad y en acierto”

El 7 de julio de 1963 cuarenta y nueve partidos compitieron a nivel nacional. Ante la sorpresa e incomodidad de propios y extraños, la UCRP se alzó como ganadora con el 25,15% de los votos (2.441.064), superando al voto en blanco ordenado por el peronismo (19,72%, o sea 1.888.435 sufragios, menos que en las anteriores elecciones. Muchos peronistas votarían contra Aramburu, no a favor de Illia) y a otros partidos como la UCRI de Oscar Alende (16,40%), UDELPA (7,49%, más de un millón de votos obtuvo el partido de los militares), el Partido Demócrata Progresista (6,8%), el Partido Demócrata Cristiano (4,48%) y el Partido Socialista Argentino (2,48%), que había llevado al histórico Alfredo Palacios como candidato. Al no contar con el número de electores necesarios para alzarse con la presidencia, vigente el sistema D´Hont en detrimento de la Ley Sáenz Peña,  la presidencia se dirimió en el Colegio Electoral. Un 31 de julio se produjo una negociación laboriosa que logró demócratas cristianos, socialistas y conservadores apoyaran al UCRP, y coronaran a Illia y a Perette en el Ejecutivo. Esta movida desbarató el intento de una inaudita alianza entre Illia y Aramburu, quien éste golpista del 55 mantenía reuniones reservadas con Balbín. También la actitud de los demócratas cristianos  de apoyar a la primera minoría fue decisiva, motivada por la injerencia del embajador norteamericano que pretendía imponer a Aramburu, y abjurar la caída de los contratos petroleros que prometió Illia “El presidente trae la novedad que se puede gobernar en libertad y en acierto”, afirmaba Balbín.

El electo presidente creyó que la legitimidad alcanzada en las urnas, y el colegio, darían una solidez a un gobierno que nacía débil, tal vez en un eco del yrigoyenismo que afianzaba su legitimidad en los principios constitucionales, sin buscar otros resortes, “La Constitución Argentina es, sin duda alguna, una de las más libérrimas, humanistas y generosas de la tierra”, contaba Illia al Congreso Nacional. Por ejemplo, la caída de Yrigoyen en 1930 mucho debe a la presión de los medios, al igual que el derrocamiento de Illia el 28 de junio de 1966, que nunca tuvo una política comunicacional porque la consideraba innecesaria.  Pero volviendo a ese día de julio de 1963, por la noche la Argentina contaba con tres presidentes: Frondizi, que jamás había renunciado, Guido, el presidente en ejercicio, y el vencedor Illia.

“El concepto social de la democracia no es nuevo, ni es sólo nuestro, se nutre en la filosofía social contemporánea. Este concepto de la democracia, justo es reconocerlo, es también compartido por la mayoría de los partidos políticos argentinos.

[...] Esta es la hora de la reparación nacional a la que todos tenemos algo que aportar. Esta es la hora de la gran revolución democrática, la única que el pueblo quiere y espera; pacífica sí, pero profunda, ética y vivificante, que al restaurar las fuerzas morales de la nacionalidad, nos permita afrontar un destino promisorio con fe y esperanza… En este proceso de recuperación y transformación social argentina, el Poder Ejecutivo cumplirá su parte”, confiaba Illia al Congreso en la asunción de octubre de 1963, ante una infinidad de partidos, e ideologías, en cada banca.

La llegada de Ilia a Balcarce 50 marca un momento muy particular en la política criolla. Illia fue de los pocos presidentes que cumplió lo que prometió. Tal como había predicho en campaña, el presidente anuló los “ruinosos” contratos petroleros suscriptos por Frondizi, causando el enojo de la administración Kennedy en el mismo senado de Estados Unidos, y el pedido de “indemnizaciones” -a los pocos días sería asesinado el presidente norteamericano. Otra de sus promesas de campañas fue la Ley de Medicamentos, cara a su espíritu de médico de los pobres,  que luego de corroborar que en más de 30 mil remedios se falseaban los componentes, obligaba a las farmacéuticas transnacionales a presentar declaraciones juradas que certifiquen la calidad, y veracidad, de los productos. Jamás presentaron una mísera nota.

 

Dicen que soy Tortuga

Entre sus varios logros de gobierno se encuentran la Ley 16.459, del salario mínimo, vital y móvil, previa a la constitución del Consejo del Salario; haber elevado el presupuesto en cultura y educación, un 25%, el más alto de la historia; un significativo incremento del sector industrial; aumento de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, llegando a un 42%; inicio de grandes obras como Zárate-Brazo Largo y el Chocón; y una exitosa diplomacia en la efectiva recuperación de las Islas Malvinas, que ubicándola en el agenda colonial en los foros internacionales, a futuro hubiese conquistado una restitución pacífica de los ingleses. Sin embargo quedará en la historia como “Tortuga”, un mote que se disputan haberle puesto el periodista Jacobo Timerman desde la revista Primera Plana, y el humorista Landrú, “al que le puse la Tortuga fue a Illia, al que apreciaba mucho y del que era muy amigo. Un hombre digno. Era calmo, arrugado, ¡porque había nacido en Pergamino!” Flaco favor de un amigo, desde su influyente revista Tía Vicenta a la poderosa Primera Plana, y luego la militar Confirmado, y luego toda la claque mediática, alentaron el golpe de Estado por una supuesta lentitud y tibieza del mandatario. Incluso el mismo Balbín se transformó en una enemigo íntimo, criticando en privado a Illia, sin comprender que era un estilo de política de paciencia y negociación, tal vez desfasada de una realidad que asistía a cambios vertiginosos en política (movimientos guerrilleros), sociedad (ascenso de los jóvenes) y economía (fin del ciclo pujante de la posguerra) “¿Y si les digo que tampoco sé cómo se corta un Pan Dulce?”, era la tapa de Primera Plana de diciembre de 1963, con un caricatura del presidente firmada por Flax (Lino Palacio) Fueron casi tres años de erosionar a un presidente que tenía una sola culpa: cumplir lo que había prometido en campaña.

Cinco de la mañana del 28 de junio 1966, el presidente Illia pernoctaba en la Casa Rosada, y salía más bien poco, salvo a ver alguna película de cowboys por Lavalle, sin edecanes ni guardias -reconstrucción de Gerardo Brá en la revista Todo es Historia:

- ¿Quién es usted? - le preguntó al doctor Illia

- Soy el General -Julio- Alsogaray y debo cumplir órdenes del Comando en Jefe del Ejército.

- Usted se vale de la fuerza de los cañones contra la Ley y la Constitución- lo increpó el presidente

- Señor, si ustedes se resiste voy a verme obligado hacer uso de la violencia- dijo Alsogaray con gravedad.

- Siga con ella. Yo no estoy acá por intereses personales sino por el mandato del pueblo.

Como Illia se negaba a retirarse, y defendía la democracia y las instituciones argentinas, aparece un nervioso coronel Luis Perlinger:

- Señor presidente: en nombre de la Fuerzas Armadas le invito a que se retire

- Usted no representa las Fuerzas Armadas- contestó Illia

- Rectifico, entonces, en nombre de las fuerzas que poseo…

- Tráigalas- le dijo el presidente.

Entraron al despacho policías con lanzagases cargados. A las 7.20, el presidente Illia optó por abandonar Balcarce 50 ante la sordina de la sociedad. Al igual como entró Don Arturo, como una ciudadano convencido que “esta es la hora de los grandes renunciamientos en aras del bienestar de la comunidad; quien así no lo entienda está lesionando al país y se está frustrando a sí mismo” El presidente lllia, un presidente que no cedió.

 

Fuentes: Illia, R. Arturo Illia. Su vida, principios y doctrina. Buenos Aires: Ediciones Corregidor. 2003;  Cisneros, A. Escudé, C. Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas. Buenos Aires: Cari.1999; Novaro, M. Historia de la Argentina 1955-2010. Buenos Aires: Siglo XXI. 2010; Pignatelli, A. Ricardo Balbín. El presidente postergado. Buenos Aires: CEAL. 1992; - https://www.historiahoy.com.ar/una-eleccion-disputada-n1075

Imágen: Télam

Rating: 5.00/5.