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Buenos Aires - - Viernes 19 De Agosto

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Argentina. Diciembre 2001. Vidas robadas.

La mayor crisis social y económica de los últimos cien años no solamente imprimieron a fuego las trágicas escenas del microcentro porteño. A un país entero dieron otro tiro en la oscuridad.

Historia

No hubo un solo diciembre 2001, sino que cada uno de los argentinos llevará la marca de la angustia y el caos por generaciones. Hay tantos diciembre de 2001 como ciudadanos. Los medios el 19 y 20 de diciembre, a los 20 años, se concentrarán en las historias difundidas de la avenida 9 de Julio, los bancos del microcentro o la Plaza de Mayo. Y en los cruentos asesinatos perpetrados en Buenos Aires, Carlos Almirón, Gustavo Benedetto, Diego Lamagna, Alberto Márquez y Gastón Riva, y los casi 300 lesionados con unas fuerzas de seguridad que nos retrotraían a las violentas represiones a la marcha de los obreros en 1982 o, sin eufemismos, el bombardeo de los militares a indefensos en la misma Plaza de Mayo en 1955, el mayor acto terrorista del siglo pasado. Cacerolas y piquetes, inéditamente unidos, después nunca más, que ponían el pecho a balas de plomo y gritaban el basta de un pueblo burlado, vejado y hambreado. Un frente popular y asambleatario que se repetía en ciudades y pueblos de la Argentina el 19 y 20 de diciembre de 2001. Este malambo, infernal y nacional, va de recobrar las voces de los héroes y las mártires, 39 en total en la Argentina, que nunca llegan al bronce. En el diario no hablan de vos.

Diciembre 2001

En el infinito juicio de la englobada “Masacre de Plaza de Mayo”, que aún continúa porque si bien la Cámara Federal de Casación Penal confirmó las condenas a los máximos responsables, al ex secretario de Seguridad Enrique Mathov y al ex jefe de la Policía Federal Rubén Santos, más otros 15 reos, cabe para ellos el recurso de la Corte Suprema de la Nación; uno de los condenados es el ex subcomisario Omar Bellante. Único imputado por el encubrimiento del homicidio de Benedetto en la puertas de una sucursal del Banco HSBC de Avenida de Mayo y Chacabuco, el ex policía Marcelo Sánchez declaró ante el Tribunal Oral Federal Nº6 que fue Bellante quien abrió fuego primero contra los manifestantes, citado en fiscales.gob.ar, "Se desabrochó el saco, desde atrás sacó una pistola y les dijo 'les voy a tener que tirar' mientras les apuntaba". Antes, el testigo había explicado porque estaba ese grupo numeroso de policías dentro del banco: "Las cosas se descontrolaron en la calle y un superior nos llevó hasta ahí". Confirmó, además, que ese grupo no tenía ningún tipo de munición anti-tumulto, es decir, balas de goma o gases lacrimógenos. Luego de los más de setenta disparos a una multitud desarmada, Sánchez dijo que "escuché después una voz que les ordenó que juntaran las vainas que habían quedado en el piso", completó Sánchez, y acotaría que al salir, "Me llamó la atención el gran charco de sangre". El 22 de mayo de 2016 fue condenado Bellante a la pena de 3 años de prisión en suspenso.

Diciembre-2001

Lohana Berkins, activista trans fallecida en 2016, hizo mucho para esta realidad de Marea Verde, con la denodada lucha por los derechos civiles e identitarios. Hacia 2001 era ya una conocida militante, presidenta de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual y fundadora de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, que no pudo con su espíritu libertario, una vez más. Apenas escuchó el Estado de Sitio decretado por el presidente de la Rúa el 19 de diciembre de 2001, “me puse mi tradicional bermuda, mis sandalias bolivianas, agarré la olla y salí tras las vecinas. Éramos tres a los gritos, pa, pa, pa. Ya entonces empezaban a salir todos desde los edificios”, contaba a María Moreno en “La comuna de Buenos Aires” (Editorial Penguin Random House).

Partió Lohana de la casa de San Juan y Tacuarí a las puertas de la Casa Rosada, “Llegamos a la plaza. Eso fue glorioso, ¿no? Entre que salí de la puerta de mi casa y que llegué a Plaza de Mayo, habían transcurrido tres horas. No cabía un alfiler. También, no habían transcurrido ni cuatro horas cuando la cana comenzó la represión”, confiesa que se salvó de las balas y los palazos para meterse en otra gresca, “Cuando me iba para mi casa, al pasar por donde antes estaba Madres -de Plaza de Mayo- me encuentro un piquete travesti. Era la cuadra del hotel donde vivían. ¿Qué había pasado? Cuando ellas quisieron bajar a cacerolear, la dueña del hotel las amenazó con que si iban las echaba. Entonces toda la gente de la cuadra se juntó para decirle: “Mirá, o las dejás participar o te quemamos el hotel”… Allí se superó todo el desprecio, la frialdad y la indiferencia que las travestis vivimos durante años. Había una cosa muy fuerte de solidaridad. En el clamor popular la gente no sé si sabía quién era uno, quién no era”. Milagros del 19 y 20 de diciembre, que resignaba cerraba la nota Lohana a Moreno, no se repitieron. Nunca más.

Diciembre-2001

Santa Fe. “Paren de tirar, que hay pibes acá”

El periodista Ricardo Robins en “[diciembre 2001 – 20 años] Testigos de una masacre surrealista”, sumapolitica.com.ar, hace un narración del horror vivido en la provincia Santa Fe, con nueve víctimas, aunque sólo dos derivaron en condenas. En uno de los capítulos tristes relata el asesinato de Graciela Acosta por un disparo en la espalda en Villa Gobernador Gálvez, “Marcelo -Nocetti- sí tiene el teléfono con el que sale al aire por LT 8 pero allá arriba, en las manos levantadas como si fuera un delincuente. Se le acerca otro agente, un morocho petiso y retacón, vestido con ropa común de la fuerza.

—Vos sos como Dios, estás en todos lados.

Es Luis Armando Quiroz, un suboficial que hace guardias en el hospital donde trabaja la mujer de Marcelo y lo reconoce. El policía sonríe mientras gatilla. El periodista de 38 años no entiende del todo la escena ni por qué usan las armas reglamentarias en lugar de las de disuasión.

—¿Las pistolas también llevan balas de goma? —le pregunta.

—A estos negros de mierda si no los paramos con balas de verdad no los paramos con nada —responde Quiroz.

A una cuadra ve un tumulto y corre. Hay una mujer tirada. Aún no sabe que se llama Graciela Acosta. Que tiene 35 años y es madre de siete chicos. Que morirá más tarde por el balazo que acaba de recibir.Pero esos ojos negros gigantes de terror no se le olvidarán jamás”. La bala provino del arma de Quiroz y el testimonio de Nocetti fue clave para que el policía sea condenado por homicidio, cumpliendo 11 años de pena. Quiroz ahora está libre y Nocetti, varias veces intimidado en el proceso judicial, ya no vive más en Villa Gobernador Gálvez.

Marcelo Pacini se acercó una calurosa tarde santafesina a la puerta de un supermercado del norte de la ciudad. Se rumoreaba que repartirían bolsones de comida, al igual que en varios centros de consumo, ese 19 de diciembre de 2001 a fin de descomprimir la tensión social y evitar saqueos. Recibió un disparo. Tenía 16 años.

Diciembre-2001

Su hermano mayor, Víctor Pacini, recuerda detalles, en diálogo con ellitoral.com, "El 19 de diciembre fue un infierno para mi familia. Ese día llega el comentario al barrio de que iban a repartir mercadería en el supermercado; estaban haciendo cola y se armó un revuelo. Fue el momento en que a Marcelo le dispararon en la calle. Dijeron que habían roto un vidrio, pero el único vidrio roto fue el del escopetazo que salió de adentro para afuera". Y agrega la misma entrevista, "Todo quedó en la nada, como si nada hubiese pasado. Siempre hubo promesas. Hoy en día luchamos para que mi mamá no recuerde porque ya está grande. La vida tiene que continuar y si nos ponemos a recordar el pasado quedamos estancados. Si me pongo a recordar a mi hermano, lo que yo viví con él y lo que me quitaron, no sería capaz de quedarme tranquilo". La familia Pacini nunca recibió Justicia. Seguramente Marcelo viaja en el manubrio de Claudio “Pocho” Lepratti, el “Ángel de la Bicicleta”, que en una humilde escuela rosarina gritó en esos mismos días negros un “Paren de tirar, que hay pibes acá” y, de respuesta, recibió un balazo del agente Esteban Velásquez, condenado a 14 años de prisión.

Diciembre-2001

Córdoba. “Se nos fue la vida esperando justicia”

David Moreno era un niño que gustaba jugar a la pelota en Villa 9 de Julio de Córdoba. El 20 de diciembre de 2001 llegó curioseando a la calle Piedra Labrada al 8000 en Villa 9 de Julio, frente al Supermercado MiniSol. Habían un fuerte rumor de bolsones de comida y David quería colaborar en su mamá Rosa y sus cuatro hermanos, en un casa donde faltaba todo.  La ciudad de Córdoba estaba en el 13% de indigencia y el 40% de pobreza según las estadísticas oficiales. Miró las zapatillas gastadas, soñó con días de pesca en la vereda del comercio de barrio, y recibió una balacera de la Guardia de Infantería. Murió en el dispensario de Argüello siendo una de las tres víctimas fatales de la represión en Córdoba. “Sí, David fue asesinado por la policía de nuestra provincia de la forma más aberrante e injustificada. Fue el 20 de diciembre de 2001, cuando el país estalló porque había que cambiar todo -dijo Rosa a cinco años del asesinato de su hijo-. Y como en toda rebelión popular no faltó la violencia, confusión, vandalismo, saqueos, intento de saqueos y promesas engañosas de entregar bolsones con alimentos en lugares estratégicos e insinuantes: frente a un supermercado”, cerraba la destrozada madre, quien pudo ver al policía Hugo Cánovas Badra juzgado y condenado a 12 años y ocho meses de prisión recién en 2017. Sin embargo aún caben apelaciones que reduzcan la pena al instructor de tiro Cánovas Badra. No fue un disparo improvisado.

Diciembre-2001

“Nos ha costado enfermedades. Todo este estrés y el dolor te va haciendo perder salud. Ya pasaron 20 años, pero a nosotros se nos fue la vida esperando justicia y se nos va a ir la vida con la ausencia de ese hijo que no tenemos y extrañamos”, amplía a www.latinta.com.ar, y pide por los muertos de 2001, “que no pase un año sin que se haga memoria” Un mes después de la masacres en todo el país el periodista del diario Clarín Alberto Amato reflexionaba, inquiría urgente, “¿Actuó el 20 de diciembre algún tipo de “escuadrón de la muerte”? Si la Justicia logra responder estos y otros interrogantes, dilucidará otro que no está formulado más que en forma tácita: cuál es la voluntad política de investigar una matanza casi sin precedentes en la ya de por sí violenta historia contemporánea de la Argentina”. Para algunos analistas estos procesos por crímenes de lesa humanidad en plena democracia, sin prensa ni apoyo a las víctimas, ni marchas épicas de todes o juntos a vivar en los tribunales, son los “juicio olvidados”. Perseguirás Justicia, Argentina.

 

 

Imágenes: Télam

Fecha de Publicación: 18/12/2021

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