Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Antártida Argentina: la Patria Blanca

Breve panorama histórico de la presencia nacional en una tierra hecha por héroes que plantaron la celeste y blanca en el Polo Sur para siempre. Prohibido olvidar.

El sexto continente fue objeto de sueños y empresas desde la conquista de América. Y sigue siéndolo,: la Antártida. Casi el 10 por ciento presenta de la masa terrestre, de un planeta agotado en ecosistemas,  y con las mayores reservas de hidrocarburos y agua dulce, el oro del siglo.  Su medioambiente incontaminado permite tareas científicas imprescindibles en vastos campos como la geología, la meteorología, astrofísica y telecomunicaciones. Es más, varias predicciones sobre el cambio climático provienen de sus hielos, verdaderas fuentes de conocimiento y vida. Y fueron los argentinos quienes, pioneros absolutos, en los años heroicos de las primeras expediciones suecas y británicas, establecieron el primer asentamiento humano permanente un 22 de febrero de 1904. Por casi cuarenta años solamente vivieron argentinos en un medio donde la temperatura ronda los 50 grados bajo cero, con vientos blancos de 300 kilómetros por hora, y seis meses prácticamente a oscuras. La última frontera de la Humanidad es custodiada por 230 compatriotas, la mayor presencia en la actualidad en los confines, y siguen cumpliendo la tarea de unos de los grandes de nuestras tierras blancas, el  general Jorge Leal: “Afirmar la capacidad argentina de alcanzar todos los rincones de lo que considera su territorio soberano, buscando afirmar así los derechos de la soberanía territorial esgrimidos por el país en la Antártida Argentina", en palabras que sostienen los ideales de su maestro, y la máxima figura que los argentinos nunca deberíamos olvidar cuando se habla del actual departamento Antártida Argentina, el general Hernán Pujato.

Esta historia de soberanía nacional se remonta a los comienzos de la llegada de los españoles, que a principios del siglo XVII avistan las costas de las islas Shetland del Sur, más de un siglo antes que James Cook fracasara en la búsqueda de la Terra Australis Incognita y se anticiparon al también inglés William Smith, que cartografió este archipiélago cercano al Pasaje de Drake y lo reclamó para la Corona, conflicto que continúa entre Inglaterra, Argentina y Chile, la base de las operaciones virreinales.  Sin embargo, en 1818, antes de la llegada de Smith, el porteño Juan Pedro Aguirre había solicitado permiso para pescar a las Provincias Unidas del Sur, primer documento a favor de la postura nacional, y al año siguiente un barco argentino, el San Juan Nepomuceno, volvió con un preciado cargamento de 14 mil cueros de foca desde la isla Decepción. En 1815 existen conjeturas de que el Almirante Brown, persiguiendo a los españoles por el Cabo de Hornos, pudo haber sido el primer argentino en divisar continente blanco. Incluso hay evidencia arqueológica que los pescadores futuros argentinos hacían base desde varias décadas atrás, pero ocultaban la información por temor a la competencia inglesa.

El hecho de una explotación comercial exitosa comprobada, sumado a la expedición rusa al mando del alemán Von Bellingshausen, primer hombre en divisar el continente antártico firme, detonó la conocida “Edad Heroica”, envuelta en intereses científicos y geopolíticos de las potencias.  El inglés Robert Falcon Scott, el alemán Erich Von Drygaski y el sueco Otto Nordenskjöld fueron los adelantados en la fiebre blanca.   Bajo la expedición sueca llegaría a pisar la Antártida el primer argentino, el  entrerriano alférez de navío José María Sobral,  un 14 de febrero de 1902, parte de la misión científica en  la  isla Cerro Nevado, y a instancias de Horacio Ballvé, un teniente de marina que fue de los primeros en impulsar la ocupación nacional. En la casa que aún se mantiene en pie resistieron casi dos años hasta que el ARA Uruguay –hoy buque-museo que puede visitarse en Puerto Madero- pudo abrirse camino, un viejo velero que fue refaccionado bajo el mando del capitán Julio Irízar. Aquel rescate exitoso fue una verdadera hazaña impensable en su época para el mundo entero, el presidente Roca instó a una cadena nacional de oración por los expedicionarios y los marinos rescatistas, y el  2 de diciembre de 1903 entra al puerto de Buenos Aires la corbeta con los mástiles y el casco destruido pero con los hombres a salvo, incluído Sobral “Como nadie Sobral tenía clara conciencia de la necesidad que era continuar interviniendo activamente y permanentemente en la Antártida Argentina”, acota su biógrafo Laurio Destéfani.

Inmediatamente el 2 de enero de 1904 el presidente Roca debido a la “alta conveniencia científica y práctica de extender a dichas regiones las observaciones que se hacen en la isla de Año Nuevo y en el Sur de la República” por decreto “Autorizase al Jefe de la Oficina Meteorológica Argentina para recibir la instalación ofrecida por el señor William S. Bruce en las islas Orcadas del Sur, y establecer un nuevo observatorio meteorológico y magnético en las mismas”, y confirma una supuesta donación del científico escocés –en verdad recibió cinco mil pesos por los equipos. Aquí entra en escena Hugo Acuña, un empleado de 18 años de la División Ganadería del Ministerio de Agricultura de la Nación, y que fue enviado por el Correo Argentino a las Islas Orcadas del Sur para habilitar la primera estafeta postal.  Iza la bandera un 22 de febrero de 1904, fecha que se conmemora el Día de la Antártida Argentina.  E inaugura las estaciones argentinas que superan la veintena hoy en día, aunque algunas sólo funcionan en verano "El himno resuena en una mandolina que también tocará la marcha de Ituzaingó. Es la primera vez que se conmemora la fecha patria del 25 de Mayo debajo de los 60º de latitud S." anotaría Acuña en su diario en 1904, desconociendo que Sobral  ya había recordado las fechas patrias en compañía de los suecos.      

Hasta mediados de los cuarenta del siglo pasado su avanza lento, con hechos relevantes como la instalación de la primera empresa en la región, la Compañía Argentina de Pesca, las fundacionales transmisiones radiales en 1927 por José Manuel Moneta, y los roces diplomáticos en aumento con Inglaterra y Chile por la soberanía, con la destrucción de las tomas de posesiones nacionales en territorio por los británicos. Es tiempo que emerja el visionario Plan Pujato, que se mantiene más de setenta años después.

El San Martín de los Antárticos Argentinos, el general Pujato

“1. La creación de un instituto científico específico; 2. La realización de una expedición polar a la Antártida Continental y el establecimiento de una base al Sur del Círculo Polar; 3. La compra de un buque Rompehielos que posibilitara la penetración del Mar de Weddell y la instalación de una base en su extremo austral; 4. La conquista del Polo Sur; 5. La instalación de una población con familias”.  Eran tales los objetivos del coronel Hernán Pujato presentados al presidente Perón en 1949. El militar tuvo que vencer las reticencias de sus compañeros de armas, y del propio Perón, hasta que un providencial acercamiento a Eva Perón en el consulado argentino en Bolivia despeja el camino. Argentina contaba por primera vez de una estrategia nacional sobre la Antártida.  En poco más de una década pasaría la Nación de contar de uno a ocho bases, Melchior (1947), Decepción (1948), Alte. Brown (1951), Esperanza (1952), Bahía Luna (1953), hoy llamado Cámara, San Martín (1951), Esperanza (1952) y Belgrano (1955), veintiocho refugios, un Instituto Antártico Argentino, hoy “General Hernán Pujato”, y el rompehielos ARA Gral. San Martín (1953), que hasta la entrada operativa del ARA Alte. Irízar (1979) fue el principal buque de las campañas antárticas argentinas, desempeñando tareas de logística, investigación y asistencia. Y todo esto por el tesón inquebrantable de Pujato, un patriota a la altura de los próceres de la Independencia.

El coronel Hernán Pujato había nacido en Diamante, Entre Ríos, en 1904, hijo de un caudillo local, que nunca encajó en su pueblo,  e hizo la carrera militar en Buenos Aires y Mendoza. Allí descubrió su pasión por el montañismo e intentó un  ascenso al Aconcagua frustrado en 1929 –perdió varios dedos pero descendió con un compañero a cuestas.  En los treinta se hace amigo de Leopoldo Lugones, ambos hombres de gran cultura, y se obsesiona en Comodoro Rivadavia con la Antártida, “allí descubrí que el Ejército no es Buenos Aires sino las soledades inmensas de la Patria”, admitía Pujato según recogen Agustina Larrea y Tomás Balmaceda.  Contra viento y marea conforma un heterogéneo grupo que zarpa en febrero de 1951 en el refaccionado carguero Santa Micaela, una donación de los hermanos Perez Companc.  Finalmente sobre la Bahía Margarita desembarcaron el 8 de marzo de 1951 en la base más austral del mundo del momento. Pujato enterró allí tierra de Yapeyú en homenaje a San Martín “Él hablaba de Patria y uno empezaba a lagrimear” admitían sus subordinados sobre el general Pujato quien fue “retirado” por la autodenominada Revolución Libertadora.

“Tuve el orgullo de enarbolar la bandera de la patria en la Base San Martín. Dos años después pude volver y fundar la Base Belgrano, hacedora de héroes que sueñan y, en la soledad absoluta, dan un ejemplo a todos los argentinos”,  decía Pujato, quien falleció en 2003 con la “alegría en mi alma por cumplir con el deber de un soldado argentino… ajeno a la política”. Los golpistas de 1955 retrasaron la estrategia argentina de ocupación argentina plena donde solamente se puede mencionar  la firma del Tratado Antártico (1961),  consolidado en las décadas posteriores como el marco jurídico más apropiado para proteger al vasto continente antártico, con base en los principios de paz, libertad de investigación científica y cooperación internacional. La República Argentina pertenece al grupo de los doce signatarios originales y entre ellos a los siete países reclamantes de territorio, siendo parte consultiva del mismo. La oficina del Tratado funciona en Buenos Aires desde 2004 a pesar de las quejas británicas.

La Argentina reivindica soberanía sobre el denominado “Sector Antártico Argentino”, definido por el paralelo 60º Sur y el Polo Sur, y los meridianos 25º y 74º de longitud Oeste. Estos dos últimos corresponden a los límites extremos longitudinales de la Argentina: 74º Oeste marca el punto más occidental del límite con Chile (el Cerro Bertrand, Provincia de Santa Cruz) y el meridiano 25º Oeste corresponde a las islas Sándwich del Sur (Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur). La superficie del Sector Antártico Argentino es de aproximadamente 1.461.597 km², de los cuales 965.314 km² corresponden a tierra firme.

La gesta de Leal y un horizonte celeste y blanco

Operación 90 fue el misterioso nombre de la epopeya argentina que alcanzó el Polo Sur geográfico, recorriendo tres mil kilómetros íntegramente dentro del Sector Antártico Argentino en SnowCat (uno de ellos se exhibe en el Museo de la Dirección Antártica de Ejército en la ciudad de Buenos Aires) Quien lideró la proeza, que había sido anticipada por la aviación naval en 1962, fue el salteño general Jorge Leal, un discípulo dilecto de Pujato, y que venía trabajando desde 1953 en la Antártida, fundador de Base Esperanza, el puesto argentino más destacado hoy con trece casas y una sede de Radio Nacional. También fue un importante asesor para el Tratado Antártico. Planeó la operación en 1960 pero los vaivenes políticos recién posibilitaron la puesta en marcha de la operación a mediados de 1964 y el primer objetivo se cumplió con la instalación de la Base Sobral –hoy inactiva- en abril de 1965 por la Patrulla 82 del Teniente Adolfo  Goetz, una especie de vanguardia que iba jalonando el camino en trineo para los móviles de la nieve SnowCat –en estos trineos estaba el célebre perro Poncho, quien fue además un eficiente rescatista  durante una década.  Grietas que casi se engullen al Salta, uno de los vehículos, pérdida de trineos, y una temperatura que cayó a los 50° bajo cero,  hacían que avanzar 50 kilómetros demorara 38 horas. Con las manos entumecidas y el ánimo chamuscado por el frío, los nueve hombres que habían partido el 26 de octubre de la Base Belgrano, izaron el 10 de diciembre de 1965 la enseña patria en el vértice sur del continente “No era un capricho atlético, sino un requisito para reclamar soberanía sobre nuestro territorio. En los estrados internacionales nos decían que no podíamos reivindicar el suelo que nunca habíamos pisado”, dijo uno de aquellos héroes nacionales, el  suboficial principal Ricardo Ceppi, en un homenaje a los 50 años de la hazaña. Leal luego estuvo varios años al frente de la Dirección Nacional del Antártico, apoyando la investigación científica, más presencia pacífica de pobladores y nuevos reclamos soberanos, pero fue hostigado por la última dictadura militar, sufriendo tres veces de arrestos.  “Yo soy militar en serio pero nunca intervine en ninguna revolución", dijo hace dos años en uno de sus últimos reportajes, "Para mí, los gobiernos militares no sirvieron de nada”, sostuvo Leal, fundador en 1984 de Centro de Militares para la Democracia Argentina, y quien falleció en 2017 con la satisfacción de concretar el plan de Pujato. 

El 29 de octubre de 1969 con la inauguración de la primera pista área en la Antártida, en la Base Marambio, la Argentina consolida su presencia territorial, en una época que establece además el turismo ecológico en el sexto continente desde Ushuaia. Una constancia soberana ininterrumpida que se refuerza con el primer nacimiento en la Antártida continental,  Emilio Marcos Palma, en enero de 1978 –con un muy discutible sentido geopolítico impulsado por la dictadura. En el siglo XXI el Instituto Antártico Argentino (IAA), dependiente del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, renueva “el firme compromiso con la cooperación científica internacional, la protección del medio ambiente y el mantenimiento de la paz en el continente -pilares fundamentales del Tratado Antártico- y está al servicio de los intereses de la Nación Argentina”, según el sitio gubernamental cancilleria.gob.ar.   

Pasaron más de cien años desde que Sobral llevó a nuestro país a la Antártida, setenta que Pujato ideó una acción conjunta, y medio siglo que Leal plantó bandera en el Polo Sur, “sobre las tierras que nos pertenecen por todos los títulos habidos, defenderemos nuestros derechos”, decía el general Pujato en 1952, “debemos lanzar las generaciones de argentinos en la dirección de nuestra pertenencia antártica con todo tesón, con toda decisión y con toda energía”, cerraba el Primer Comandante Antártico un destino nacional enraizado ineludiblemente a las inmensidades blancas, tierras del futuro.

Fuentes: Larrea, A. Balmaceda, T. Antártida. Historias desconocidas e increíbles del Continente Blanco. Buenos Aires: Ediciones B. 2021; Nordenskjöld en revista Antártida.  Nro. 9 Julio 1979. Buenos Aires;  Quevedo Paiva, A. Historia de la Antártida. Buenos Aires: Argentinidad. 2012; http://www.marambio.aq/index1.htm; http://www.culturademontania.org.ar/Historia/HIS_historia-antartida-argentina.htm

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