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Buenos Aires - - Domingo 24 De Octubre

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Alfredo Palacios. Abogado. Atiende gratis a los pobres.

El primer diputado socialista de América, un parlamentario de carrera, adelantado en los derechos humanos y sociales, Palacios también fue uno de los primeros que combatió a la corrupcion estatal.

Historia
Alfredo Palacios

Alfredo Palacios integra un cuadro selecto de los estadistas que trazaron el siglo XX. Los aportes en la jurisprudencia de los derechos humanos, el convencional Palacios fue el promotor del artículo 14bis en la reforma de la Constitución Nacional de 1957, derechos del trabajo, y sus posiciones en defensa de los desprotegidos, las primeras leyes contra la trata de personas y contra el trabajo infantil, y la causa americana, condenando las intervenciones norteamericanas desde los diez a los sesenta, conforman una senda de pensamiento argentino que se entronca con los arquitectos de la Nación, Sarmiento y José Manuel Estrada fueron sus maestros. Sin llegar a la presidencia, y perteneciendo a un partido minoritario como el Socialista, el impacto en la vida cotidiana y social de Palacios resulta sorprendente, y puede compararse con Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón. Como decían sus coetáneos fue uno de los grandes argentinos contemporáneos por su idealismo y desinterés, americanismo y altruismo, Palacios que tuvo hasta el día de su muerte en la chapa en su humilde domicilio, “Alfredo Palacios. Abogado. Atiende gratis a los pobres”

Alfredo Lorenzo Palacios nacería en Buenos Aires con el estigma de la época de hijo natural, un 10 de agosto de 1878, en una casa de Tucumán al 500, descendencia de Aurelio Palacios, un influyente abogado uruguayo, con siete hermanos y cinco medio hermanos. Si bien el padre de buen pasar, que había participado en la defensa de Paysandú de las violencia de la Triple Alianza y tenía un visión americanista, algo que influenciaría al joven Alfredo, reconoció a sus  finalmente 19 hijos poco antes de morir, la madre de Alfredo estaba en una penosa situación y consigue instalarse en una casona derruida de Palermo, Charcas 4741; que sería la casa de toda la vida de Palacios, hoy Casa Museo. De niño trabaja para costearse los estudios y, cuando consigue un puesto de redactor en un diario popular -donde en 1894 elogiaría el primer proyecto de la jornada de ocho horas, presentado en el Concejo Deliberante porteño para los empleados municipales, a instancias de Juan B. Justo- , destina la mitad del sueldo a la familia, y la otra a la compra de libros y la escuela “En el socialismo me inició mi madre Ana a los 11 años. Ella puso en mis manos el Nuevo Testamento, con el sermón de la montaña, y llegó a apasionarme la figura de Jesús. Luego hice mías las palabras del doctor Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista que decía: 'Socialismo es la lucha en defensa y por la elevación del pueblo trabajador que, guiado por la ciencia, tiende a realizar una libre e inteligente sociedad humana basada sobre la propiedad colectiva de los medios de producción, o sea la tierra, las máquinas, los medios de transporte'", narraría Palacios de aquel tiempo finisecular, en donde comienza destacarse por su poder de oratoria y sus nuevas ideas, alejadas de los evangelios, cercanas a los teóricos socialistas y marxistas.

El 31 de mayo de 1900 presentaría su tesis “La Miseria en la República Argentina” y los académicos de la Facultad de Derecho de la UBA de entonces, la rechazaron argumentado que contravenía el artículo 40 de la Ordenanza General Universitaria, uno que prohibía atentar contra las instituciones. Allí sostenía Palacios, “Sabiendo que nuestros Gobiernos tienen por norma de conducta el despilfarro y que las defraudaciones y los latrocinios se cometen a diario y quedan impunes. (…) Que contesten esos suicidas morales que formando círculos han rodeado a todos los gobernantes para lucrar a la sombra de las grandes empresas. Ellos son los responsables de la ruina del país, ellos que han hecho levantar palacios con los dineros del pueblo para habitarlos después de la catástrofe, encastillados en su asqueroso egoísmo, o que con las arcas repletas desparraman a manos llenas en el viejo Continente el oro que malversaron…la democracia sólo la conocemos de nombre”, siendo uno de sus escritos iniciales sobre el tema de la corrupción, y en defensa de los trabajadores, que no contaban con ningún derecho -Palacios se interioriza personalmente de la paupérrima situación de los obreros en Buenos Aires y Montevideo, algo que repetiría varias veces en sólidos estudios de campo que fundamentaban sus proyectos. Para egresar debió presentar otro trabajo sobre quiebras, aunque nunca olvidaría este autoritarismo en los claustros, y Palacios sería un inspirador, y ferviente promotor, de la democrática Reforma del 18.

Ese mismo año se acerca al Partido Socialista, fundado por Justo solamente cuatro años atrás, y habla para un nutrido grupo de trabajadores en un local de la sociedad italiana de Callao y Corrientes. A partir de ese momento inicia una compleja relación con su partido, Palacios una figura carismática con un voto propio, a veces peca de egolatría,  de un pensamiento de izquierda reformista, constitucional y republicano, y que en más de una oportunidad ocasionaría divisiones no solamente en el seno de los socialistas, sino en la izquierda en general. Uno de las últimas discusiones entre alas moderadas y radicales de los socialistas, el apoyo de Palacios a la Revolución Cubana, en un viaje a La Habana para conocer a Fidel Castro.

Alfredo Palacios

El Nuevo Derecho, “Hemos condenado a la montonera sin oírla”

En el cambio de siglo el Orden Conservador, diseñado por Roca,  resulta inadecuado en la resolución de los novedosos conflictos sociales, que se comprueba no puede ser atendidos solamente con represión violenta, y leyes autoritarias y antidemocráticas, como la Ley de Residencia de 1902 -y luego la Ley de Defensa Social de 1910, ambas leyes que Palacios solicitaría repetidamente su derogación por anticonstitucionales. En este contexto ocurre la victoria en La Boca de Alfredo Palacios el 13 de marzo de 1904 a pedido de los estibadores, y la comunidad italiana en general, que colaboran en la campaña de Palacios, su abogado defensor, trasladando los discursos en los patios de los conventillos, en castellano, italiano y genovés. Y quien pega los carteles de Palacios es el niño Benito Quinquela Martín.  Se impondría con 830 votos al representante del roquismo, y del presidente Quintana, Alberto Rodríguez Larreta “Victoria Socialista. Las elecciones en Buenos Aires han dado el primer diputado socialista en América del Sud”, titulaba el diario partidario La Vanguardia.

Con su conocida rebeldía, e invocando la libertad de cultos consagrada en la constitución, se opone a jurar sobre la biblia y levanta la mano por la Patria y la Ley Magna; una práctica hoy habitual pero revolucionaria en el novecientos. Palacios arranca una brillante carrera parlamentaria, cientos de proyectos económicos, sociales y culturales presentó en más de 50 años, y su triunfo inaugural fue la Ley de Descanso Semanal Nro. 4661, que fue promulgada en setiembre de 1905, estableciendo el descanso semanal en domingo en la Capital Federal. Pese a que no llegaba a los treinta años, sin experiencia en el cuerpo legislativo, y que estaba sólo con mayoría conservadora, consiguió hábilmente que se discuta en partes el proyecto de Ley Nacional del Trabajo de Joaquín V. González, en la colaboración de Juan Bialet Massé. La primera ley del trabajo argentina surgió de la brillante estrategia de Palacios, que sabía que un legislación global sería rechazada por una hegemonía patronal y terrateniente. Palacios la denominó dentro del “El Nuevo Derecho”, asentado en la paz social y la concordancia limpia entre el capital y el trabajo, y que resultaría el título de su libro más famoso, editado por la popular editorial Claridad en 1923.

La larga y extraordinaria labor en el ámbito legislativo tiene la salvedad de que nunca Palacios pudo completar sus mandatos. Ejerció como diputado nacional en los períodos 1904-1908, 1912- 1916 y 1963-1965 - fallecería hallándose en el desempeño de tal mandato- Y fue senador nacional en los períodos 1932-1935, 1935- 1942 y 1961-1962. Un breve racconto de los notables proyectos convertidos en leyes dará dimensión de cómo vivimos marcados por las ideas de Palacios; Ley 5291, promulgada el 14 de octubre de 1907, relativa al trabajo de Mujeres y Menores; Ley 9143 de 1913, que amplió las penas a la explotación sexual en el país; Ley 9511, promulgada el 2 de diciembre de 1914, que dispone la inembargabilidad de los sueldos, jubilaciones y pensiones que no excedan de determinado importe; Ley 9688, sobre accidentes de trabajo, el proyecto del Dr. Palacios fue presentado el 8 de mayo de 1907, esa ley quedó sancionada el 11 de octubre de 1915 -año que era desafiliado al partido por su afición a resolver las cuestiones en duelos. Palacios renunciaría a su banca además-;  Ley 11544, promulgada el 12 de setiembre de 1939, estableció la jornada máxima de 8 horas a nivel nacional;  Ley 11933, promulgada el 15 de octubre de 1934, relativa al régimen de protección de la maternidad para empleadas y obreras de empresas particulares;  Ley 11110, promulgada el 11 de febrero de 1921, que creó la Caja Nacional de Jubilaciones y Pensiones para los empelados y obreros de empresas particulares de servicios públicos, antecedente de las cajas de jubilaciones; y Ley 16.459 del 10 de junio de 1964, salario vital mínino.  Asimismo presentaría proyectos que esperarían décadas en sancionarse como el voto femenino o el divorcio vincular. También desde su banca fomentó la construcción de escuelas primarias en zonas rurales del país, Palacios realizaba frecuentes viajes al Interior y trabajaba con los especialistas de cada zona, como fue el caso con el médico Salvador Mazza y sus planes para erradicar la desnutrición infantil y combatir las enfermedades endémicas, y propicia la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social, el Instituto Nacional de la Vivienda y el establecimiento de pensiones a la vejez, y  su último proyecto, el Instituto Nacional de Investigaciones Pediátricas. En esos recorridos por las rutas profundas, conociendo mano a mano la realidad de sus compatriotas, Palacios repetía con tristeza, hemos condenado a la montonera sin oírla”

Cuando en 1914 se dispone a tratar el presupuesto, el diputado Palacios pide que se interpele al ministro Ramos Mejía por el Palacio de Oro, o el Congreso de la Nación, uno de los mayores negociados y corruptela de la historia argentina, en donde ahora están sentados diputados y senadores. Y no era algo nuevo, ya los diputados Mitre y Piñeiro, en 1900 y 1907, habían llamado la atención de una obra que arrancó costando 6 millones de pesos, que en ese momento llevaba 32 millones, y que terminaría en 50 millones. Palacios no se andaba con pelos en la lengua, pese a su puntiagudo bigote,  y exclamó frente al ministro, que se negaba a debatir además la escandalosa obra del Puerto de Buenos Aires -que reemplazaría al inútil Puerto Madero, otro testigo de la corrupción de los hijos de la Generación del 80-: “Aquí se ha realizado un ‘Negotium’. Y conste que empleo esta palabra como eufemismo, pues la verdadera calificación está en la conciencia y en los labios de todo el pueblo…Necesitamos saber quiénes son los delincuentes para aplicar el rigor de la Ley”, en palabras que son apoyadas por Lisandro de la Torre; luego ellos denunciarán firmes los negociados de la Década Infame. Palacios y de la Torre, ambos Fiscales de la República.  Muchos años después la constructora pagaría una leve multa, a raíz de la investigación de Palacios; que tuvo la asesoría en ingeniería de Jorge Newbery, pionero de la aviación, juntos realizarían los viajes en el mítico globo El Patriota sobre Buenos Aires.

Alfredo Palacios10.08

Palacios, el Fiscal de la República, arma en mano

“La juventud no podrá honrosamente llamarse así si permitiera, sin que la masacren, que gobernara el país una dictadura militar. En mi carácter de decano de esta casa de estudios, declaro que si se constituye una junta militar, dictaré en el acto un decreto repudiándola y desconociéndola, e incitando a la juventud a que se prepare a derrocarla, aún con el sacrificio de sus vidas”, exclamaría a sus alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires luego del golpe del 6 de septiembre de 1930; Palacios que a partir de 1922 erige una destacada carrera docente en La Plata y Buenos Aires, inaugurando cátedras de derecho laboral y seguridad social. En todo el continente Palacios era considerado Maestro de América,  aclamado por los estudiantes, con su inconfundible chambergo y el poncho.

Pese a no concordar con el presidente Yrigoyen, Palacios no tenía enemigos en la política sino adversarios, advierte el daño irreparable al orden institucional instalado por Uriburu, y será un defensor de la institucionalidad en el extendido fraude patriótico conservador, que finaliza el 4 de junio de 1943 -este movimiento militar lo hostigaría y el político se exiliaría voluntariamente en Uruguay, en 1944. Mientras defiende a los radicales que van presos a principios de los treinta, entre ellos Marcelo T. de Alvear y Ricardo Rojas, a quienes conocía de la vieja bohemia del Café Los Inmortales, vuelve al ruedo político, y salva su vida de milagro, en medio de una balacera en Bragado.  Además de las leyes progresistas, que anticipan las del regimen peronista, Palacios pioneramente instala la discusión en el parlamento de la soberanía en las Islas Malvinas y Archipiélago Sur, y promueve la sanción de la Ley 11904, por la cual se conoce públicamente la historia de las islas en la versión de Paul Groussac. Insiste con el tema en 1936, 1939 y más adelante en 1961 y 1964.

La llegada del peronismo pone en una situación incómoda a Palacios, y al socialismo en general, debido a que muchas medidas del nuevo regimen eran retomadas del marco social anteriormente propuesto por ellos, aunque remozadas con doctrinas cristianas y sindicales. Además Palacios se había opuesto en un principio a la Unión Democrática en 1946, considerando que no podían los socialistas marchar de la mano de los aristócratas, aunque termina cediendo a la presión partidaria, y llama “fascista” a Perón. El líder justicialista le espetaría un “payaso” Cuando alguna vez ciertos peronistas quisieron acercar el veterano socialista con el tres veces presidente de los argentinos, con tantos posibles puntos de acuerdo, recibieron de respuesta, “Díganle a Perón que este payaso no trabaja en ese circo” Sería encarcelado en 1951, supuestamente por adherir a la intentona golpista de ese año,  y pasaría dos largos años entre la Comisaría 23, y la Penitenciaría Nacional de Las Heras, en Palermo. Con la autodenominada Revolución Argentina, el viejo político es designado en la embajada de Uruguay en 1955, en la cual restablece las relaciones diplomáticas y sienta bases de una futura integración económica. Dejaría el cargo denunciando los fusilamientos de peronistas, quienes pasan a defenderse gratuitamente con Palacios.

Vuelve al Congreso a la altura del mito, y realiza uno de sus últimos actos legendarios. El 20 de mayo de 1961, revólver en mano, Palacios secuestra una picana eléctrica empleada por la policía de San Martín. Días antes, había interpelado al ministro del Interior de Frondizi, Alfredo Vítolo por la ley marcial, las torturas policiales, las proscripciones políticas y los presos. Fallece el 20 de abril de 1965 en Buenos Aires,  y el Senado a fin de adherirse al duelo nacional, expresaba, “defendió con idéntica sabiduría y emoción los derechos inalienables del pueblo, a través de iniciativas justicieras, enseñando que la justicia social requiere para su plena vigencia, un clima de libertad, de respeto recíproco y de auténtica democracia” En 1999 Alfredo Lorenzo Palacios sería consagrado por dirigentes políticos, intelectuales e historiadores, en amplísima mayoría, “El Legislador del Siglo XX”

“Llevo el mismo amor a la libertad que traje -el doctor Palacios en 1915, al momento de renunciar a su banca por una cuestión ética: no podía pertenecer a un partido que lo había expulsado- No he admitido nunca la imposición para pensar, para sentir, para querer -Palacios, un eterno Don Juan- y me ha molestado siempre el paso del rebaño...siento aversión por el prudente que nos hablaba Lucrecio, que gozaba desde su templo tranquilo, cómo erraban los hombres por un mar agitado…el diputado que se sentó en esta banca defendió siempre con lealtad los ideales…de las fuerzas obreras, que constituyen una garantía del engrandecimiento de la Nación”

Alfredo Palacios

 

Fuentes: García Costa, V. Alfredo Palacios. Buenos Aires: CEAL. 1971 y Alfredo Palacios. Entre el clavel y la espada. Una biografía. Buenos Aires: Planeta. 1996; Homenaje a Alfredo Palacios. Buenos Aires: Editorial Círculo de Legisladores de la Nación Argentina. 1998; Oddone, J. Historia del socialismo argentino. Buenos Aires: La Vanguardia. 1954 https://www.aadtyss.org.ar/files/constructores/5/Alfredo%20L.%20Palacios.pdf

 

Imágenes: Ministerio de Cultura Argentina

Fecha de Publicación: 10/08/2021

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