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Águilas imperiales en la Independencia. Crámer, soldado de la libertad

Los veteranos de Napoleón combatieron con los ejércitos criollos desde Argentina a Venezuela. Entre el valiente Brandsen y el sanguinario Rauch, Ambroise Crámer, militar, topógrafo, estanciero, unitario.

Historia
Batalla Chacabuco

La derrota de Waterloo de 1815 tuvo imprevistas consecuencias para la restauración absolutista europea, que apuntaría ahora a recuperar, o expandir, colonias, en particular en la insurgente América Latina. Una enorme mano de obra de guerreros, desempleada, que batalló en las estepas rusas, la selva alemana y el desierto egipcio, imbuída de libertad, igualdad, fraternidad, y las modernas técnicas militares del Gran Corso, ponía proa a la tierra de las revoluciones. Al igual que Bolívar, el gobierno argentino representado por Bernardino Rivadavia realiza una caza de talentos en París, donde se refugiaban los mejores oficiales de Napoleón, las Águilas Imperiales. El Ejército de los Andes del Libertador San Martín recibiría con las brazos abiertos a los Brandsen, los Bruix, a los Viel y un poco después, a los Rauch y Lavaysee, varios a bordo de La Celeste zarpando de Calais. En esta nave pisaba puerto de Buenos Aires Ambroise Crámer, Legión de Honor, que ya había combatido a los españoles, temido por su arrojo en Pamplona como demostraría en Chacabuco, primera victoria sanmartiniana en Chile. En la trayectoria de Crámer, edecán de Belgrano, fundador de Tandil y pionero topógrafo de la provincia de Buenos Aires, estanciero introductor del ganado ovino, y opositor a Rosas, degollado en 1839, una historia argentina.  

Muchas veces costaba a estos veteranos de mil batallas acoplarse con los ejércitos en formación sudamericanos. Además, como generalmente se les respetaba los altos grados obtenidos combatiendo media Europa, entraban en permanente fricción con los subordinados, sin contar la barrera idiomática. Amigos de los lances de honor, no pocas veces que resultaban duelos a los sables con soldados rasos, quienes tampoco rehuían a los filos del acero. De todos modos lentamente se fueron ganando los antiguos imperiales el aprecio y respeto, y hubo pocos casos que hayan debido ser separados de los batallones patriotas. San Martín daría de baja al valiente alférez Barberot, destacado en Maipú, por indisciplina, al igual que al general Brayer, con justa leyenda bien ganada por pelear en muletas en Silesia, pero que aquel día de 1818 que selló la independencia en el Cono Sur, solicitó al Gran Capitán permiso “para pasar por los baños de La Colina” (sic). Y San Martín, ante la insistencia, respondió, “Señor general, el último tambor del Ejército Unido tiene más honor que vuestra señoría”. Distinto serían Federico Brandsen y Alejo Bruix, ambos héroes de la Independencia, muriendo con valor en Ituzaingó y El Callao.

 

Valientes franceses, héroes argentinos

Brandsen nació en París el 28 de noviembre de 1785 y, admirador de Napoleón, ingresó en 1811 al ejército imperial, destacándose en las campañas de Alemania e Italia. Por su heroísmo en el campo fue ayudante personal del Emperador francés y, con el regreso del Gran Corso de la isla de Elba, retornó fiel a su lado, siendo gravemente herido en Bavilliers. Con el confinamiento final en la isla de Santa Elena de su jefe, Brandsen conoce en París a Rivadavia, quien lo tienta con nuevas aventuras en distantes parajes. Apenas llega al país, San Martín, a sabiendas de los méritos, convoca a su lado, confiándole un escuadrón de granaderos que realizaron la campaña chilena de Bío Bío. Partió con el Libertador al Perú, combatió en Nazca en 1820, y en Chancay, con 36 hombres a su mando batió a 150 jinetes realistas. Recibió la Orden del Sol de manos de San Martín, que lo designó general de brigada del naciente ejército peruano, pero Bolívar desconfió de él y fue desterrado. Regresó a Buenos Aires, el presidente Rivadavia dio el grado de coronel, y delegó el histórico Regimiento Primero de Caballería. El mismo que perecería casi completo por una incomprensible orden del Alvear el 20 de febrero en 1827, que lo mandó a la muerte segura en un zanjón de Ituzaingó, Guerra contra el Brasil, con Brandsen sable largo en alto, vivando la Argentina.

Alejo Bruix nacido a fines del siglo XVIII en Francia, hijo de un célebre almirante, paje de niño de Napoleón, peleó en el duro invierno ruso. El director supremo Pueyrredón, impresionado con la foja de servicio, envía a Chile, y Cancha Rayada y Maipú fueron los campos testigos de un valor inusual. Luego integró los Coraceros de Lavalle, derrotando en Perú a un enemigo muy superior en Riobamba. A los órdenes de Santa Cruz ejecutó la campaña de Quito y combatió en Junín y Ayacucho. Coronel de los Granaderos participa Bruix del asedio a El Callao, último bastión realista, y sufre una caída mortal “Así murió uno de los más bravos oficiales del ejército peruano, al que tantas veces las balas habían respetado”, señala un cronista. Balas que también respetaron a Crámer hasta que las lanzas de los mazorqueros lo atravesaron en la batalla de Chascomús, el alzamiento de los estancieros Libres del Sur contra el Restaurador de las Leyes en 1839.

 

Ambroise Crámer, pionero de la Patagonia

El fuerte está edificado encima de una loma, que tiene bajadas hacia el río, con barrancas en ciertas partes”, así arrancaba el parte de Crámer al gobernador Martín Rodríguez, en una misión a Carmen de Patagones en 1821, el punto más austral donde llegaba el gobierno argentino, confín de la provincia Buenos Aires.  Allí había sido enviado este francés nacido en París el 7 de febrero de 1790 -otros sostienen el 7 de septiembre- para realizar tareas de reparación de un precario puerto y reconocimiento de litoral patagónico como medida de soberanía. Apenas 400 habitantes, Carmen de Patagones fundada en 1779, Crámer describe que los primeros pobladores vivieron en cuevas y que de a poco fueron construyendo unas doscientas casas de adobe “incómodas” Y que el fuerte es “un cuadrado imperfecto con tres bastiones sin acabar… toda su defensa consiste en una pared de tres varas y media de alto…en partes de tosca: todo esta fortificación están muy mal estado”, recomendando un pronto apoyo estatal para levantar un enclave que sería vital en la Guerra contra el Brasil, cuatro años después, debido al bloqueo del Río de la Plata. Este francés se había ganado no solamente el respeto de los unitarios porteños sino que portaba de fama en los campos de batalla ibéricos y chilenos, siendo uno de los oficiales que cruzó las cordilleras de Los Andes desde San Juan, en la gesta del Libertador de 1817.

Recibido con honores de la escuela militar napoléonica en 1807, a los pocos años es capitán de los temidos “Voltijeros”, unidades de infantería ligera, hábiles en la lucha cuerpo a cuerpo y el manejo de la bayoneta. Organizó a los Cazadores del Ejército de los Andes en Cuyo, con la recomendación de Pueyrredón, una pensión de 200 pesos y el grado de sargento mayor, y tuvo un destacada participación en la Batalla de Chacabuco, 12 de febrero de 1817, al frente del Regimiento N° 8 de Infantería, formado por esclavos negros. Recibió la Legión del Mérito de Chile base a que fue de los primeros que chocaron con las filas realistas bajo las órdenes de O´Higgins, bayoneta abriendo paso entre las carnes. Pero Crámer, nunca queda claro el motivo, entra en desinteligencias con San Martín, George Beauchef -otro francés napoléonico- menciona la altanería y soberbia de Ambroise, que parecía sugería estrategias al Libertador, y regresa a Buenos Aires, dado de baja. Pueyrredón tiene otros planes y parte a Tucumán como edecán de Belgrano en 1818. Regresa Crámer a Francia en 1820 y allí encarga las conocidas litografías de las batallas de Chacabuco, Maipú -que el Gran Capitán conservó en el dormitorio de Boulogne Sur Mer-, San Martín y Belgrano, a Theodore Gericault.

Volvería para rebelarse en Arequito y combatir por Buenos Aires en Cepeda y Cañada de Gómez, persiguiendo luego al caudillo entrerriano Francisco Ramírez. Fue uno de los militares de confianza de la “experiencia feliz” del gobernador Martín Rodríguez, quien le encargó la citada expedición a Carmen de Patagones -apenas sobrevive a un naufragio frente a las desoladas playas bonaerenses- y las expediciones contras los ranqueles, fijando en 1823 la fortaleza y el ejido urbano que daría nacimiento a Tandil. Cansado de guerrear, quien era Jefe de Ingenieros del ejército, solicita la baja, con uso del uniforme -por las dudas-, y se afinca Don Ambrosio, estanciero en la zona de influencia del fortín Chascomús, al sur del río Salado. Adquiere en enfiteusis la estancia “La Postrera” en 1828, ya casado con María; de quien uno de los familiares Pedro de Alcántara Capdevila figura en el catastro como propietario de tierras en la actual Mar del Plata. Recibe de agrimensor en 1826, el sabio Felipe Senillosa entrega el diploma de la Comisión Topográfica que pasa a integrar, y Crámer efectúa importantes relevamientos en la provincia de Buenos Aires. Hombre de fortuna posee la pulpería “Paso de la Postrera”,  cercana a su estancia, y r clave para vadear el Salado, de modo que servía como punto de reunión para viajantes y paisanos cantores. Además es pionero en la cría de ovejas merinas. Y cada tanto sale a guerrar con otro compañero de armas napoleónico, el sanguinario general Rauch, alemán que masacró tolderías enteras, niños, mujeres y ancianos, y que, luego de una boleada cuando huía de la derrota de sus tropas en 1829 que respondían a Lavalle, contra los federales de Rosas, sería asesinado por el mítico ranquel Arbolito.

Así estaba el panorama para Crámer que no dudó en colgar la bombacha de estanciero y calzarse el pantalón de soldado en el movimiento revolucionario de noviembre de 1839 contra el rosismo. Desde un tiempo atrás se venía reavivando la oposición contra el régimen punzó y el celeste, color unitario, era exhibido sin tapujos en aleros y pulperías, como la de Crámer. Los estancieros, autodenominados Libres del Sur, azuzaban al gauchaje y convencen a un federal como Manuel Rico diciendo que ellos, los unitarios, representaban el “verdadero federalismo”. En el fondo las reales causas del levantamiento, como le ocurría y perjudicaban a Crámer, eran el bloqueo extranjero y el manejo discrecional de tierras; Rosas estaba a punto de liquidar la enfiteusis y exigirles exorbitantes cánones. Además eran alentados por el inminente desembarco de Lavalle, algunos ofrecen sus playas en Buenos Aires, pero inexplicablemente el León de Riobamba ingresa por Entre Ríos y abre su calvario personal. Otros, lo empezarían en Chascomús, Dolores y Monsalvo, completamente librados a su suerte, con la represión que empieza con el asesinato de Manuel Maza en el despacho de la legislatura -su hijo Ramón, a quien desesperadamente Manuel quiso poner a salvo, fue fusilado luego como el principal cabecilla.   

Crámer comandó una pequeña partida de gauchos de Monsalvo, mal entrenados, y el 7 de noviembre de 1839 se enfrentaron a los federales de Prudencio Rosas en las orillas de la Laguna de Chascomús, Batalla de Chascomús. La disparidad de hombres a favor de los punzó, además de mejor equipamiento, no amedrentó a los tres mil leales de los Libres del Sur, comandados por Pedro Castelli, hijo del vocal de la Primera Junta, e hicieron retroceder Rosas, hermano de Don Juan Manuel, pero el coronel Nicolás Granada volcó la batalla para los leales al gobernador de Buenos Aires. Granada, además, que traicionó a los estancieros. El coronel Crámer fue muerto en combate a los lanzazos, una vez más en primera fila blandiendo un sable imperial, y las versiones difieren sobre el destino del cadáver. La cabeza. Unos señalan que fue enterrado en el campo de armas por sus peones, otros que la cabeza Ambrose Crámer, al igual que la de Castelli, quedó meses enteros pudriéndose en la plaza principal de Dolores.

 

 

Fuentes: Rodríguez, A. Ambrosio Cramer. Un soldado de la libertad en Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1956; De Marco, M. A. Pioneros, soldados y poetas de la Argentina. Buenos Aires: El Ateneo. 2014; Sáenz Quesada, M. Los estancieros. Buenos Aires: Editorial Belgrano. 1980; Patagones.gob.ar

Imagen: Revista El Arcon de Clio

Fecha de Publicación: 07/02/2022

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